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15 de abril de 2009

El Espiritismo



LA DOCTRINA de la inmortalidad del alma ha preparado el camino para el espiritismo moderno. Si se admite a los muertos ante la presencia de Dios y de los santos ángeles, y se les da el privilegio de disponer de un conocimiento muy superior al que antes poseían, ¿por qué no podrían regresar a la tierra para iluminar e instruir a los vivientes? ¿Cómo pueden rechazar los que creen que los muertos son conscientes lo que les llega como luz divina transmitida por medio de espíritus glorificados? Este es una canal que se considera sagrado, por cuyo medio Satanás obra para cumplir sus propósitos. Los ángeles caídos que ejecutan sus órdenes aparecen como mensajeros del mundo de los espíritus. Mientras pretende poner a los vivos en comunicación con los muertos, el enemigo ejerce sobre sus mentes su mágica influencia.

Tiene poder incluso para hacer surgir delante de los hombres la apariencia de sus amigos fallecidos. La falsificación es perfecta: la expresión familiar, las palabras, el tono de la voz, son reproducidos con maravillosa nitidez. Muchos se consuelan con la seguridad de que sus amados están disfrutando de las venturas celestiales, y sin sospechar del peligro prestan oídos a espíritus seductores y a doctrinas de demonios.

Cuando se los convence de que los muertos en realidad regresan para comunicarse con ellos, Satanás hace aparecer a los que descendieron a la tumba sin estar preparados. Dicen que están felices en el cielo, e incluso que ocupan puestos elevados allí; y así se enseña por todas partes el error de que no hay diferencia entre los justos y los impíos. Los pretendidos visitantes del mundo de los espíritus algunas veces formulan advertencias o amonestaciones que resultan correctas. Entonces, cuando han logrado infundir confianza, presentan doctrinas que minan directamente la fe en las Escrituras. Al aparentar profundo interés en el bienestar de sus amigos de la tierra, insinúan los más peligrosos errores. El hecho de que dicen algunas verdades, y a veces son capaces de predecir eventos futuros, da a sus declaraciones una apariencia de veracidad; y las multitudes aceptan tan rápidamente esas falsas enseñanzas, como si fueran las más sagradas verdades de la Biblia. Se pone a un lado la ley de Dios, se desprecia el Espíritu de gracia y se desconoce la santidad de la sangre del pacto. Los espíritus niegan la divinidad de Cristo e incluso ponen al Creador a su misma altura. De este modo, bajo un nuevo disfraz, el gran rebelde prosigue su lucha contra Dios, que comenzó en el cielo, y que por casi seis mil años ha continuado en la tierra.

Muchos tratan de explicar las manifestaciones espiritistas atribuyéndolas enteramente a fraudes y prestidigitación por parte del médium. Aunque es cierto que numerosas veces se han presentado trucos como si fueran manifestaciones genuinas, también ha habido señaladas demostraciones de poder sobrenatural. Los ruidos misteriosos con los cuales comenzó el espiritismo moderno no fueron el resultado de trucos o habilidades humanos, sino obra directa de ángeles malignos, que de ese modo introdujeron uno de los engaños más eficaces para la destrucción de las almas. Muchos serán entrampados gracias a su opinión de que el espiritismo es sólo impostura humana; cuando se enfrenten con manifestaciones evidentemente sobrenaturales serán engañados e inducidos a aceptarlas como el gran poder de Dios.

Esas personas pasan por alto el testimonio de las Escrituras con respecto a las maravillas realizadas por Satanás y sus instrumentos. Con la ayuda del enemigo los magos de Egipto pudieron falsificar la obra de Dios. El apóstol Juan, al describir el poder milagroso que se manifestará en los últimos días, dice: "También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tienda delante de los hombres. Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer" (Apoc. 13: 13, 14). No se trata aquí de meras imposturas. Se engaña a los hombres mediante los milagros que los instrumentos de Satanás pueden realizar, y no por los que pretenden hacer.

Una forma moderna de hechicería
La sola palabra hechicería ahora provoca desprecio. La pretensión de que los hombres puedan comunicarse con los espíritus se considera una fábula de la Edad Media. Pero el espiritismo, ese engaño colosal cuyos conversos se cuentan por centenares de miles, e incluso de millones, que ha incursionado en los círculos científicos, que ha invadido las iglesias, que ha sido recibido en los cuerpos legislativos e incluso en las cortes de los reyes, es sólo un reavivamiento, con un nuevo disfraz, de la hechicera condenada y prohibida en la antigüedad.

Satanás seduce a los hombres hoy, como lo hizo con Eva en el Edén, mediante el deseo de obtener conocimiento prohibido. "Seréis como Dios -dijo-, sabiendo el bien y el mal" (Gén. 3: 5). Pero la sabiduría que imparte el espiritismo es la que describe el apóstol Santiago, "que [no] desciende de lo alto.. terrenal, animal, diabólica" (Sant. 3: 15).

El príncipe de las tinieblas tiene una mente maestra, y adapta con habilidad sus tentaciones a los hombres de acuerdo con sus diversas condiciones y su nivel cultural. Obra "con todo engaño de iniquidad" (2 Tes. 2: 10) para dominar a los hijos de los hombres, pero sólo puede conseguir sus fines si ellos se entregan voluntariamente a sus tentaciones. Los que se someten a su poder mediante la complacencia de sus malos rasgos de carácter, no se dan cuenta adónde los va a llevar su conducta. El tentador logra su ruina, y entonces los utiliza para arruinar a otros.

Nadie necesita ser engañado
Pero nadie necesita ser engañado por las pretensiones mentirosas del espiritismo. Dios ha dado al mundo luz suficiente para que pueda descubrir su trampa. Si no hubiera otra evidencia, bastaría para el creyente el hecho de que los espíritus no hacen diferencia entre la justicia y el pecado, entre los más nobles y puros apóstoles de Cristo y los más corruptos siervos de Satanás. Al presentar a los hombres más viles como si estuvieran en el cielo sumamente encumbrados allí, Satanás virtualmente le dice al mundo: "No importa cuán impío eres; no importa si crees o no en Dios y en la Biblia. Vive como quieras: el cielo es tu hogar".

Aún más, los apóstoles, tales como los representan espíritus mentirosos, contradicen lo que escribieron bajo la inspiración del Espíritu Santo cuando estaban en la tierra. Niegan el origen divino de la Biblia, y con ello destruyen el fundamento de la esperanza cristiana y apagan la luz que señala el camino al cielo.

Satanás está haciendo creer al mundo que la Biblia es pura ficción, o en el mejor de los casos un libro apropiado para la infancia de la especie, pero al que ahora no hay que darle tanta importancia o hay que ponerlo a un lado porque está pasado de moda. Y en lugar de la Palabra de Dios ofrece manifestaciones espiritistas. Ese es un instrumento que está totalmente bajo su dominio; por se medio logra que el mundo crea lo que él quiere. Pone en las sombras, donde quiere que esté, el Libro que lo va a juzgar junto con sus seguidores; y del Salvador del mundo hace un hombre común. Y así como la guardia romana que vigilaba la tumba de Jesús difundió las noticias falsas que los sacerdotes y ancianos le pusieron en los labios para negar la resurrección, los creyentes en las manifestaciones espiritistas tratan de hacernos creer que no hay nada milagroso en las circunstancias de la vida de nuestro Salvador. Después de tratar de poner a la sombra a Jesús, llaman la atención hacia sus propios milagros, y afirman que éstos exceden en mucho a los de Cristo.

El profeta Isaías dice: "Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿ No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos? ¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido" (Isa. 8: 19, 20). Si los hombres hubieran estado dispuestos a recibir la verdad tan claramente expuesta en las Escrituras, de que los muertos nada saben, verían en las pretensiones y manifestaciones del espiritismo la obra de Satanás, que obra con poder y señales y prodigios mentirosos. Pero, antes de renunciar a esa libertad tan agradable para el corazón carnal, como asimismo a los pecados que aman, las multitudes cierran los ojos a la luz, y siguen su camino, sin importarles las advertencias, mientras Satanás tiende sus redes alrededor de ellas y las apresa. "Por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira" (2 Tes. 2: 10, 11).

Los que se oponen a las enseñanzas del espiritismo están atacando no sólo a los hombres, sino a Satanás y a sus ángeles. Han entrado en lucha contra principados, potestades y huestes de maldad en las regiones celestes. Satanás no cederá un centímetro de terreno a menos que tenga que retroceder gracias al poder de los mensajeros celestiales. El pueblo de Dios debería estar en condiciones de enfrentarlo, como nuestro Salvador, con las palabras: "Escrito está". Satanás puede citar ahora la Escrituras como en los días de Cristo, y pervertirá sus enseñanzas para apoyar sus engaños. Pero las claras afirmaciones de la Biblia serán armas poderosas en todo conflicto.

Los que quieran estar en condiciones de resistir en los momentos de peligro, necesitan comprender el testimonio de las Escrituras con respecto a la naturaleza del hombre y al estado de los muertos, porque en un futuro cercano muchos tendrán que enfrentar a espíritus de demonios mientras representan a parientes o amigos amados, y declaran las más peligrosas herejías. Esos visitantes apelarán a nuestras más tiernas simpatías y obrarán milagros para sostener sus pretensiones. Debemos estar preparados para hacerles frente con la verdad bíblica de que los muertos nada saben, y de que los que aparecen son espíritus de demonios.
Satanás se ha estado preparando hace mucho tiempo para la ofensiva final que va lanzar con el fin de engañar al mundo. Puso el fundamento de su obra cuando le dijo a Eva en el Edén: "No moriréis... el día que comáis de él serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal" (Gén. 3: 4, 5). Poco a poco ha preparado el camino para su obra maestra de engaño: el desarrollo del espiritismo. Aún no ha logrado el pleno cumplimiento de sus designios; pero lo conseguirá en los últimos tiempos, y el mundo será incorporado en las filas de este engaño. Rápidamente se están adormeciendo como consecuencia de una fatal seguridad, para despertar solamente cuando se derrame la ira de Dios.

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