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27 de junio de 2009

La Elección de un Nuevo Papa, Benedicto XVI



EFE /El cardenal alemán Joseph Ratzinger, de 78 años, hasta ahora decano del Colegio Cardenalicio y durante más de 20 años defensor de la pureza del dogma católico, fue elegido

el 265 Papa de la historia de la Iglesia y sucesor de Juan Pablo II, del que fue su brazo derecho. Ratzinger ha adoptado como nombre Benedicto XVI, el segundo más escogido por los Pontífices, después de Juan, que han sido hasta el momento 23, y que junto a Gregorio, que ha habido 16. Para remontarse a un Papa alemán, hay que volver la mirada hasta el 1055, cuando fue elegido Pontífice Víctor II, que ocupó el Sillón de Pedro desde el 16 de abril de ese año hasta el 28 de julio de 1057. Han pasado desde entonces más de 900 años. En tan sólo un día y medio de cónclave, los 115 purpurados se decantaron por una figura de transición sin posibilidades de reinar otros 26 años.

El nuevo Papa fue elegido en la cuarta votación del cónclave para elegir al sucesor de Juan Pablo II que comenzó el lunes en la Capilla Sixtina del Vaticano y al que asistieron 115 cardenales procedentes de 52 naciones.

Cuando todo daba a entender que esta segunda jornada acabaría con fumata negra, pasadas las 17.50 horas local (15.50 GMT) comenzó a salir un ligero humo de la chimenea instalada en el techo de la Capilla Sixtina. En un principio no se distinguió bien el color, pero inmediatamente se vio que no era negro hasta convertirse en "Fumata blanca". Era el anuncio de que la Iglesia tenía un nuevo Papa. Poco después, el repique de campanas de la basílica de San Pedro confirmaba que el Trono de Pedro tenía nuevo inquilino.

En medio del nerviosismo, emoción, alegría, interés por conocer el elegido y el nombre por parte de las decenas de miles de personas que abarrotaron la plaza de San Pedro, a las 18.43 local (16.43 GMT) el cardenal protodiácono, el chileno Jorge Arturo Medina Estévez se asomó a la logia de las bendiciones de la basílica de San Pedro del Vaticano y anunció al pueblo la elección las palabras del ritual.

"Annuntio vobis gaudium magnun: Habemus PAPAM" (Os anuncio una gran alegría, tenemos Papa). Agregando, mientras la muchedumbre contenía la respiración: "Eminentíssimun ac Reverendíssimum Dóminum, Dóminum Josephum Sanctae Romanae Ecclesiae Cardinalem Ratzinger, qui sibi nomen imposuit Benedictum XVI (el eminentísimo y reverendísimo señor Joseph, cardenal Ratzinger, que ha adoptado como nombre Benedicto XVI). Una cerrada ovación y gritos de "Benedicto, benedicto" acogieron el anuncio.

Cinco minutos después, a las 18.48 horas local (16.48 GMT) Benedicto XVI, precedido de la Cruz, se asomó al balcón central para saludar a los fieles e impartir la bendición Urbi et Urbi.

"Un simple y humilde trabajador en la viña del Señor"

Sus primeras palabras, en italiano, fueron: "Querido hermanos y hermanas, tras el gran Papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mi, un simple y humilde trabajador en la viña del Señor".

"Me consuela el hecho que el Señor sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos insuficientes (en referencia a él) y sobretodo confío en vuestras palabras", añadió Benedicto XVI.

El nuevo Papa agregó: "En la alegría del Señor resucitad, confiando en su ayuda permanente, vamos adelante. El Señor nos ayudará y María, su Madre Santísima, estará de nuestra parte. Gracias".

Fin de de Sede Vacante

Con su elección se pone fin a una etapa de Sede Vacante de la Iglesia Romana, comenzada a las 21,37 horas del pasado 2 de abril, cuando falleció Juan Pablo II.

El primer Cónclave del tercer milenio, según precisó el maestro de ceremonias pontificias, el arzobispo Piero Marini, comenzó a las 17.25 horas (15.25 GMT) del lunes, cuando pronunció el "Extra Omnes", todos los ajenos, fuera".

La primera fumata negra se produjo a las 20,04 horas local (18,04 GMT), dos horas y media después. La segunda, primera de ayer, a las 11,52 horas local (09.52 GMT) y esta tarde la blanca, el anuncio de que los más de mil millones de católicos del mundo tiene nuevo pastor.

EFE/El cardenal Joseph Ratzinger, ya Benedicto XVI, superó ampliamente los 77 votos necesarios para ser elegido Papa en la cuarta votación, tras rozar esa mayoría de dos tercios en la ronda anterior, según los primeros testimonios con los que se están reconstruyendo los momentos decisivos del cónclave.

Su compatriota alemán, el purpurado y arzobispo de Colonia, Joaquim Meinsner, lo reconoció expresamente en una conversación con la prensa de su país, al afirmar que "obtuvo más votos de los dos tercios necesarios", sobre los 115 electores presentes.

También corroboraron ese extremo de forma más sibilina otros cardenales que hoy fueron interrogados a distancia por los periodistas, mientras abandonaban la Residencia de Santa Marta, donde se alojaron durante los dos días de la elección.

Diversos príncipes de la Iglesia, sin romper el silencio que juraron sobre lo sucedido entre los muros de la Capilla Sixtina, hicieron el mismo gesto ostensible, elevando la mano, cuando se les preguntó si Ratzinger había obtenido muchos más de 77 votos.

El primer relato de los más avezados vaticanistas, imposible como siempre de contrastar, apunta a que Benedicto XVI rozó el quórum en la tercera votación, después de haber sumado nuevos sufragios en la segunda a los que obtuvo en la primera, efectuada el lunes pasado.

Se habría tratado en este caso de una rápida y creciente suma de apoyos, más allá de lo que apuntaban las previsiones iniciales, que acabó de configurar un nutrido consenso en torno al ex Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

En ese punto, son muchos los observadores de la vida del Vaticano los que sostienen que el cardenal italiano Carlo María Martini, gran elector del llamado sector "reformista", pudo invitar a los "suyos" a que dirigieran sus votos hacía su rival y representante del ala "conservadora".

Continúan las cábalas

Las cábalas, porque siguen siendo eso muchos de los análisis de urgencia de estas primeras horas sobre el primer cónclave del siglo XXI, apuntan a que la homilía de Ratzinger en la misa que precedió al encierro acabó inclinando la balanza a su favor.

Esa tesis la sostiene el cardenal octogenario y, por tanto, no elector Luigi Poggi, quien mantiene que, mientras hablaba el cardenal alemán, muchos de sus colegas coincidieron con sus miradas en que debía ser el elegido.

En su figura confluían muchas de las virtudes y condiciones que se habían planteado para la sucesión de Juan Pablo II, además de haber sido su mano derecha: gran capacidad intelectual, firmeza y hasta la edad (79 años) para pensar en un Papado de transición.

Es indudable que el protagonismo del ya Papa Benedicto XVI tras la muerte de Juan Pablo II, como decano del Colegio Cardenalicio, le permitió hacerse bien visible y hasta enunciar algo parecido a un programa de Pontificado en sus intervenciones públicas.

Sus detractores, que los tiene -o al menos hasta su elección los tenía-, le acusaron en ese sentido de jugar con ventaja cuando auspició que los cardenales se comprometieran a no hablar con la prensa en la semana que precedió al cónclave.

Para entonces ya se hablaba que Ratzinger tenía asegurados entre 40 y 50 votos y el apoyo de importantes miembros de la Curia romana, donde el pasado otoño, coincidiendo con el empeoramiento de Juan Pablo II, se había comenzado a hablar de forma seria de su candidatura.

En ciertos círculos se cita a los purpurados colombianos Dario Castrillón Hoyos y Alfonso López Trujillo como algunos de sus principales sostenedores, paralelamente al Opus Dei.

Los latinoamericanos

Volviendo al Cónclave, los vaticanistas más agudos estiman capital el alineamiento al lado de Joseph Ratzinger de influyentes purpurados italianos, como el patriarca de Venecia, Angelo Scola, y los grandes electores Camilo Ruini y Angelo Sodano.

La candidatura supuestamente alternativa del arzobispo de Milán, Dionigi Tettamanzi, de la que tanto se habló en los prolegómenos, quedaba de esta manera abandonada a su propia suerte.

La rapidez con que fue elegido el primer Pontífice de la Iglesia católica del Siglo XXI no dio pie a la entrada en liza, en escrutinios más avanzados de los papables no europeos y, más concretamente, de los latinoamericanos, como se había barajado.

Para la memoria, y quien sabe si para el futuro inmediato, quedan los nombres de los mas citados, desde el hondureño Oscar Rodríguez Maradiaga, al brasileño Claudio Hummes o el argentino Jorge Mario Bergoglio.

El nuevo Obispo de Roma, en cualquier caso, es el alemán Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, que supo concitar una rápida mayoría en torno a su figura, marcada por un pasado concreto como guardián de la ortodoxia, aunque ya se sabe que hay muchos papas en la historia que poco tienen que ver con el cardenal que fueron.

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