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16 de julio de 2009

Apocalipsis Capítulo 12



Versículos 3-6, 13-17. (cap. 13: 1-2, 11). El pueblo de Dios es minoría.-
Delante de Juan fueron presentados bajo los símbolos de un gran dragón rojo, una bestia semejante a un leopardo y una bestia con cuernos como de cordero, los gobiernos terrenales que especialmente se dedicarían a hollar la ley de Dios y a perseguir a su pueblo. La guerra sigue adelante hasta la terminación del tiempo. El pueblo de Dios, simbolizado por una mujer pura y sus hijos, fueron presentados como una ínfima minoría. En los últimos días sólo existirá un remanente. De los que lo forman Juan habla como de aquellos que "guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo"

Versículo 7. Guerra en el cielo.-
La oposición a la ley de Dios comenzó en los atrios celestiales con Lucifer, el querubín protector. Satanás decidió ser el primero en los concilios celestiales e igual a Dios. Inició su obra de rebelión con los ángeles que tenía bajo su mando, procurando difundir entre ellos el espíritu de descontento. Y obró en forma tan engañosa, que muchos de los ángeles fueron ganados para su causa antes de que se conocieran plenamente sus propósitos. Aun los ángeles no pudieron discernir plenamente su carácter, ni ver dónde conducía su obra. Cuando Satanás tuvo éxito en ganar a muchos ángeles para su bando, presentó su causa ante Dios argumentando que el deseo de los ángeles era que él ocupara la posición de Cristo.

El mal continuó trabajando hasta que el espíritu de descontento maduró y se transformó en una abierta rebelión. Entonces hubo guerra en el cielo, y Satanás y todos los que simpatizaban con él fueron expulsados. Satanás había luchado por el dominio en el cielo, y perdió la batalla. Dios no podía confiarle honores y supremacía por más tiempo, y éstos, junto con la parte que había desempeñado en el gobierno del cielo, le fueron quitados.

Desde ese momento Satanás y la hueste de sus aliados han sido enemigos declarados de Dios en nuestro mundo, y han luchado continuamente contra la causa de la verdad y la justicia. Satanás ha seguido presentando a los hombres, como lo presentara a los ángeles, su falsa imagen de Cristo y de Dios, y ha conquistado al mundo para su lado. Aun las iglesias que pretenden ser cristianas se han puesto al lado del primer gran apóstata

La influencia de una mente sobre otra.-
El [Lucifer] actuó en forma tan engañosa, que los sentimientos que inculcó no pudieron ser examinados hasta que se desarrollaron en las mentes de los que los recibieron.

La influencia de una mente sobre otra, que es un poder tan grande para el bien cuando está santificada, es igualmente fuerte para el mal en las manos de los que se oponen a Dios. Satanás ha usado este poder en su obra de inculcar el mal en las mentes de los ángeles, dando a entender que estaba buscando el bien del universo. Lucifer había sido sumamente ensalzado como querubín ungido; era muy amado por los seres celestiales, y su influencia era poderosa sobre ellos. Muchos de ellos escucharon sus sugestiones y creyeron sus palabras. "Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo".
Satanás fue arrojado y estableció su reino en este mundo, y a partir de entonces siempre ha estado luchando incansablemente para apartar a los seres humanos de su lealtad a Dios mediante engaños. Usa el mismo poder que utilizó en el cielo: la influencia de una mente sobre otra. Los hombres se convierten en tentadores de sus prójimos. Los poderosos y corruptos conceptos de Satanás son albergados, y ejercen un poder dominante y compulsivo. Los hombres, bajo la influencia de esos conceptos, se unen entre sí en alianzas malignas

Satanás se niega a obedecer a Cristo.-
El [Satanás] declara que no puede someterse para estar bajo las órdenes de Cristo, que sólo obedecerá las órdenes de Dios. Los ángeles buenos lloran al oír las palabras de Satanás, y al ver cómo desprecia seguir la dirección de Cristo, el supremo y amado Comandante de los ángeles.

El Padre decide el caso de Satanás, y declara que debe ser expulsado del cielo por su atrevida rebelión, y que todos los que se unieron con él en su rebelión deben ser expulsados con él. Entonces hubo guerra en el cielo. Cristo y sus ángeles lucharon contra Satanás y sus ángeles, pues éstos estaban decididos a permanecer en el cielo con toda su rebelión; pero no prevalecieron. Cristo y los ángeles leales triunfaron, y arrojaron del cielo a Satanás y a sus rebeldes simpatizantes

La rebelión transferida a este mundo.-
Cuando Satanás se rebeló, hubo guerra en el cielo y fue expulsado él con todos sus simpatizantes. Su puesto en el cielo había sido muy encumbrado. Disponía de un trono radiante de luz; pero se desvió de su lealtad al bendito y único Soberano, y cayó de su condición original. Todos los que simpatizaban con él fueron expulsados de la presencia de Dios, condenados a no ser reconocidos más en los atrios celestiales como si tuvieran derecho a ellos. Satanás se convirtió en el antagonista declarado de Cristo. Plantó el estandarte de la rebelión en la tierra, y alrededor de él se agruparon sus simpatizantes

Versículos 7-9. Efe. 6: 12; 1 Juan 2: 6.

Versículo 10. Satanás expulsado por la muerte de Cristo.-
La expulsión del cielo de Satanás como acusador de sus hermanos fue llevada a cabo por la gran obra de Cristo al dar su vida. El plan de redención siguió adelante a pesar de la persistente oposición de Satanás. El hombre fue estimado de suficiente valor para que Cristo sacrificara su vida por él. Como Satanás sabía que el imperio que había usurpado al fin le sería arrebatado, resolvió no ahorrar esfuerzos para destruir al mayor número posible de las criaturas que Dios había hecho a su imagen. Odiaba al hombre porque Cristo había manifestado por él tal amor perdonador y tal compasión, y se preparó ahora para hacerlo objeto de toda clase de engaños por los cuales pudiera perderse; se entregó a su obra con más energía debido a que su propia condición era desesperada

(2 Cor. 5: 19; Fil. 2: 6.) Satanás desarraigado de los afectos del universo.-
Satanás se separó de raíz de los afectos del universo cuando consumó su enemistad contra Cristo, hasta el extremo de hacerlo colgar de la cruz del Calvario con el cuerpo herido y magullado y el corazón quebrantado. Entonces se vio que Dios había procedido con abnegación entregándose en su Hijo por los pecados del mundo, porque amaba a la humanidad. El Creador fue revelado en el Hijo del Dios infinito. Aquí se contestó para siempre la pregunta: "¿Puede Dios ser abnegado?" Cristo era Dios, y condescendió en hacerse carne; tomó la humanidad y se hizo obediente hasta la muerte para poder ser sometido al sacrificio infinito

(Juan 3: 14-17; Gál. 6: 14; Heb. 9: 22.) El poder acusador de Satanás es quebrantado.
Cristo en la cruz no sólo atrae a los hombres para que se arrepientan delante de Dios por las transgresiones de su ley -pues Dios a quienes perdona hace que primero se arrepientan-, sino que Cristo ha satisfecho la justicia; se ha ofrecido a sí mismo como expiación. Su sangre derramada, su cuerpo quebrantado, satisfacen las demandas de la ley transgredida, y así salva con un puente el abismo que ha hecho el pecado. Sufrió en la carne para que con su cuerpo magullado y quebrantado pudiera amparar al pecador indefenso. La victoria obtenida por su muerte en el Calvario quebrantó para siempre el poder acusador de Satanás sobre el universo, y silenció su acusación de que la abnegación era imposible en Dios y que, por lo tanto, no es esencial en la familia humana

Versículo 11. (Deut. 33: 25). Poder para vencer día tras día.-
Todos los que quieran pueden ser vencedores. Esforcémonos fervientemente para alcanzar la norma puesta delante de nosotros. Cristo conoce nuestra debilidad, y a él podemos ir diariamente en busca de ayuda. No es necesario que ganemos fortaleza para un mes por adelantado. Debemos vencer día tras día

El secreto del triunfo sobre el pecado.-
Nos convertimos en vencedores ayudando a otros a vencer por medio de la sangre del Cordero y la palabra de nuestro testimonio. La observancia de los mandamientos de Dios producirá en nosotros un espíritu obediente, y Dios puede aceptar el servicio que es hijo de tal espíritu

Versículo 17. (cap. 14: 9-12). La maligna obra maestra de Satanás.-
Los que aman a Dios y guardan sus mandamientos son los más detestables para la sinagoga de Satanás, y los poderes del mal manifestarán su odio hacia ellos hasta lo máximo posible. Juan previó el conflicto entre la iglesia remanente y los poderes del mal, y dijo: "El dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo".

Las fuerzas de las tinieblas se unirán con los seres humanos que se han entregado bajo el dominio de Satanás, y serán revividas las mismas escenas que se vieron durante el juicio, el rechazo y la crucifixión de Cristo. Los hombres serán transformados en demonios al entregarse a las influencias satánicas; y los que fueron creados a la imagen de Dios, que fueron hechos para honrar y glorificar a su Creador, se convertirán en habitación de dragones, y Satanás verá en una raza apóstata su obra maestra de mal: hombres que reflejen la imagen del diablo

Sólo dos bandos en la tierra.-
Hay solamente dos bandos en esta tierra: los que se agrupan debajo de la bandera ensangrentada de Jesucristo y los que se reúnen alrededor de la negra bandera de la rebelión. En el capítulo 12 del Apocalipsis se presenta el gran conflicto entre los obedientes y los desobedientes [se cita Apoc. 12:17; 13:11-17]

Efe. 6: 10-12.) La tierra, un escenario de horrores.-
[Se cita Apoc. 12:17] Los instrumentos satánicos han convertido a la tierra en un escenario de horrores que ningún lenguaje puede describir. Guerras y derramamientos de sangre son llevados a cabo por naciones que pretenden ser cristianas. El desprecio por la ley de Dios ha traído su inevitable resultado.

El gran conflicto que ahora se está llevando a cabo no es solamente una lucha del hombre contra el hombre. De un lado está el Príncipe de la vida, actuando como sustituto y fiador del hombre; del otro, el príncipe de las tinieblas con los ángeles caídos bajo su mando [se cita Efe. 6:12-13, 10-11]

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