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15 de julio de 2009

El Número Uno - Parte 1

Análisis Del Numero 1

No puede abrigarse ninguna duda en cuanto a la significación de este número primario. En todos los lenguajes es símbolo de unidad. Como número cardinal denota unidad. Como número ordinal, primacía. Siendo la unidad indivisible, y no constituida por otros números, es por ello independiente de todos los demás, y su fuente. Lo mismo sucede con la Deidad. La Gran Primera Causa es independiente de todo. Todos tienen necesidad de El, y El no precisa de ayuda de nadie.

"Uno" excluye toda diferencia, por cuanto no hay ningún segundo con el que pueda ni armonizar ni entrar en conflicto.

Cuando encontramos escrito: "Oye, Israel: Jehová es nuestro Dios, Jehová uno es", ello no niega la doctrina de la Trinidad, sino que excluye absolutamente todo otro Señor: excluye, por tanto, toda idolatría.

Por ello el primer mandamiento declara: "No tendrás DIOSES AJENOS" (Ex. 20:3).

Declara que hay en Dios una suficiencia que no necesita de ningún otro; y una independencia que no admite a ningún otro.
Señala el principio. Tenemos que comenzar con Dios. Todas nuestras obras y palabras deben estar caracterizadas por las primeras palabras de la Biblia: "En el principio DIOS". Nada es correcto que no comience con El. "Dios primero" es la voz de la Escritura. El testimonio de Cristo es: "Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Mt. 6:33). La gran proclamación es "Dios primero".

Los ángeles anunciaron: "Gloria a Dios en lo más alto". Este fue el comienzo de su anuncio. Y fue después de esto! que se refirieron a la "buena voluntad" para con los hombres. Este debe ser también el gran principio que gobierne todo nuestro testimonio y nuestra obra. No podemos dar "gloria a Dios" sin hacer bien a los hombres. Y no hay una verdadera buena voluntad para con los hombres que no surja de un deseo de glorificar a Dios. La rápida decadencia, que es la gran marca de estos últimos tiempos, proviene del descuido de este magno principio. Dios es excluido, y el hombre es exaltado. Por ello "el evangelio de Dios" (Ro. 1:16) está siendo rápida y casi universalmente cambiado por el evangelio del hombre, que es el evangelio de la sanidad, y que es además llamado ya de una manera abierta socialismo cristiano". Pero se trata de un socialismo sin Cristo. No comienza con la gloria de Dios, y no puede acabar ni acabará en ningún verdadero bien para el hombre. Comienza con el hombre; su objeto es mejorar la vieja naturaleza aparte de Dios y reformar la carne; y la medida de su éxito es la medida en la que el hombre pueda llegar a ser "bueno" sin "Dios".

Los caminos y los pensamientos del hombre están en oposición a los de Dios. Dios dice: "Buscad primeramente". El hombre dice "cuidaos primero de lo primero". Y él es a sus propios ojos este "primero", y su gran objetivo es ser independiente de Dios.

La independencia, para Dios, es Su gloria. La independencia, en el hombre, es su pecado, su rebelión, su vergüenza.
Por ello, en la Palabra de Dios, Dios es el primero, y antes que todos.

"Así dice Jehová Rey de Israel,
y su Redentor, Jehová de los Ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, Y fuera de mí no hay Dios".
(Is.44:6)

"Escúchame, Jacob, y tú, Israel, a quién llamé:
Yo soy, yo soy el primero, yo también el postrero. -
Mi mano fundó también la tierra, .
Y mi mano derecha extendió los cielos". " (Is. 48:12,13) "

"Antes de mí no fue formado otro dios, Ni lo será después de mí. Yo, sí, yo soy Jehová,
Y fuera de mí no hay quien salve".
(Is.43:10,11)
"YO soy el Alfa y la Omega, el primero y el último".
(Ap.l: l1,17; 2:8; 22:13)

Así Jehová enfatiza esta gran verdad fundamental. Todo es confusión cuando el hombre rehúsa reconocerla. Todo es paz allí donde es reconocida.

El primero es el único. No puede haber dos primeros. El hombre habla ignorantemente de "los dos primeros" o de "los tres primeros", cuando en realidad se refiere a los primeros dos a los primeros tres, etc. La Palabra de Dios no habla con esta imprecisión. El es el único. El es el primero en prioridad temporal. El es el primero en superioridad de rango, y El es el primero en supremacía absoluta.

La redención y la salvación comenzaron con Dios. Suya fue la palabra que la reveló por primera vez (Gn. 3:15). Suya fue la voluntad que la propuso por primera vez (He. 10:7). Suyo fue el poder solo que la llevó a cabo. Por ello, "la salvación es de Jehová" (véanse Ex. 14:13; 22 Cr. 20:17; Jon. 2:9; etc.). Suya es la voluntad de la que todo procede. "He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad", dijo el Redentor (Sal. 40:7,8; He. 10:7) cuando El vino a hacer aquella voluntad.

Las primeras palabras registradas por el Señor Jesú están repletas de significado. Aquí tenemos otra ilustración de la significación de los números en la Escritura. El Señor Jesús tiene que haber hablado desde el tiempo en que hablan todos los niños; pero ni una de las sílabas que El pronunció ha sido registrada por voluntad del Espíritu Santo en las Escrituras hasta que tenía doce años. Y luego es el único pronunciamiento desde Su nacimiento hasta que entró en Su ministerio en Su bautismo. Sólo una oración en todos aquellos veintinueve años. Desde luego que unas palabras así señaladas por el Espíritu Santo deben estar llenas de significado. ¿Y cuáles son? Están registradas para nosotros en Lc. 2:49: "¿NO SABIAIS QUE YO DEBO ESTAR EN LOS ASUNTOS DE MI PADRE?" ¡Solemnes palabras! ¡Palabras repletas de significación! Especialmente por la luz que estas primeras palabras arrojan sobre Sus últimas palabras: "CONSUMADO ESTA". ¿Qué era lo que estaba consumado? "Los asuntos del Padre". Sí, era la voluntad de) Padre. "He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad". Esta es la voluntad del Padre, que me envió: Que de todo lo que me ha dado, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el último día" ano 6:39). La salvación no fue una segunda intención de Dios. Formaba parte de Su "propósito eterno". Se originó en Su "voluntad". No fue meramente por el bien del hombre, sino por la gloria de Dios en un millar de formas que no vemos ahora o aún. Es por ello que cuando Jesús entregaba de vuelta Su obra en manos del Padre, podía decir: "Yo te he glorificado en la tierra: he llevado a término la obra que me diste a realizar" (Jn. 17:4).

Podemos encontrar otra ilustración de la significación del número "uno" o "primero" al observar Las primeras palabras ministeriales del Señor Jesus en Su bautismo (Mt. 3:13-17) fue ungido para Su ministerio, e inmediatamente a continuación de ello leemos: "ENTONCES Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo". Durante cuarenta días ayunó y fue tentado. Ni una de las palabras que El pronunció durante aquellos cuarenta días ha quedado registrada. Pero las primeras palabras registradas de Su ministerio son: "Escrito está". Y se repiten tres veces: "Escrito está"; "Escrito está"; "Escrito está".

Su ministerio oficial quedó cerrado con Su oración sumo sacerdotal al Padre en Jn. 17, porque a su fin se dirigió al Huerto de Getsemaní para ser entregado, y al cabo de pocas horas a Su muerte. En aquellas últimas palabras de Su ministerio tenemos la misma triple referencia a la Palabra de Dios: v. 17, "Tu palabra es verdad"; v. 14, "Yo les he dado tu palabra"; y v. 8, "les he dado las palabras que me diste...

¿Qué es lo que este hecho nos dice? Si tenemos oídos para oír, nos dice que el principio y fin de todo ministerio es la Palabra de Dios. Sí, es toda la suma y sustancia del testimonio ministerial. El Señor exaltó así la Palabra de Dios, y con la significación de Sus primeras palabras ministeriales nos enseña esta gran lección.

El primer libro de la Biblia nos provee también con otra ilustración. En Génesis vemos la soberanía y supremacía divina. Soberanía en Creación, dando la vida y sustentando la vida.

El nombre con el que Dios se reveló de manera especial a los patriarcas, dice El (Ex. 6:3), fue EI-Shaddai (Dios Omnipotente
o Todopoderoso) . Este título aparece En Génesis, 6 veces, en el resto del Pentateuco 3 veces = 9 (3²) o nueve veces en total; el cuadrado de tres, el número de la perfección divina.

La primera aparición del nombre Todopoderoso (Omnipotente) está también llena de instrucción, pero la consideraremos en el número Cinco.

Todo a través de este primer Libro vemos esta supremacía y soberanía divinas: soberanía de la voluntad en la elección y en el llamamiento: al llamar a Abram y no a otro (Hch. 7:2); escogiendo a Isaac y no a Ismael (Gn. 17:18-21); aJacoby noa Esaú (ibid. 25:23, etc.); a Efraín y no a Manasés (ibid. 48:19; He. 11:21).

Este primer libro es el un libro. Contiene en embrión a todos los otros libros, y ha sido con razón llamado "el semillero de la Biblia". Su título divino es "EL PRINCIPIO", esto es, el primero: "En el principio Dios", esto es, Dios primero. Aquí tenemos el comienzo de la vida, el comienzo de la profecía (Gn. 3:15). La predicción de la simiente de la mujer, y el comienzo de la enemistad entre su simiente y la simiente de la serpiente.

El pacto hecho con Abraham (Gn. 15) fue incondicional, porque hubo sólo una parte contratante. La Ley tuvo un mediador, por lo que hubo dos partes para aquel pacto. "y el mediador no lo es de uno solo [esto es, de una sola parte contratante], pero Dios es uno" (Gá. 3:20). Sólo Dios se ligó en el pacto con Abraham, por lo que recibe el nombre de "el pacto de la PROMESA".

Luego tenemos los sufrimientos de Cristo, y la gloria que debería seguir tras ellos, prefigurado en José. Su muerte como sustituto se prefigura en el carnero de Isaac. "El camino de Caín" y el camino de Dios se ven en los frutos de Caín y en el cordero de Abel, mostrando la verdadera y única vía de acceso y de adoración a Dios.

Así, ya en la primera línea de la revelación se nos muestra que el hombre no puede ser salvo por las obras, sino por la sola gracia. El fundamento de toda verdad se encuentra aquí. La verdad del Evangelio resplandece con fulgor aquí. Todo se encuentra en un libro, y ello en el primero.

EL PRIMER MANDAMIENTO
"Éste es el primero y gran mandamiento", Mt. 22:37, 38, o en Mr. 12:29,30: "Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es un solo Señor; y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, y con toda tu fuerza".

La referencia es a Dt 6:4. Se trata aquí de un "primero" en orden, primero en tiempo, y primero en importancia. El primero en la Ley, el mayor en la Ley, y por ello uno de los cuatro pasajes escritos en las filacterias de los judíos.

Las palabras hebreas pueden ser variamente traducidas, pero la cita del Señor Jesús, escrita por el Espíritu Santo en los Evangelios, fija el sentido de las palabras. En hebreo el orden es: "Oye, oh Israel, Jehová nuestro Elohim, Jehová Uno... Los judíos lo repiten así en el día de hoy: "Oye, oh Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor Uno es.., y toda la congregación repite la palabra Uno.. durante varios minutos.

Si el Señor no hubiera suplido el verbo que fija el sentido, bien hubiéramos podido leerlo como lo hacen los judíos, porque con ello se fija (aunque no sean conscientes de ello) la doctrina de la Trinidad. Porque se hace mención de las tres Personas, y luego se declara que son uno: "El Señor, nuestro Dios, el Señor, uno es..; esto es, los tres, Padre, Hijo Y Espíritu, uno son.

Pero hay otra peculiaridad en este pasaje. En todos los MSS. y textos impresos se escriben o imprimen siempre las últimas le- tras de las palabras primera y última en mayúsculas, esto es, mayores que las otras. Así:

"ShemA Israel.Jehovah, Elohenu.Jehovah, EchaD...

En hebreo, la primera de estas dos letras más grandes es la (ayin), y la segunda es la, (dáiet). El rabí Bochin hace la siguiente observación: "Es posible confesar un Dios con la boca, aunque el corazón esté lejos de El. Por esta razón, se dan como mayúsculas, con las que, con la tsere suscrita, se forma un testigo.., para que todos sepan, cuando profesan la unidad de Dios, que sus corazones deberían estar involucrados, y libres de todo otro pensamiento, porque Dios es un testigo, y conoce todas las cosas. Sin embargo, desconocemos cuál sea la verdadera razón de que estas dos letras sean más grandes. El sentido real de las palabras, en base a su significado, es: Oye, oh Israel Jehová (el Existente Eterno) nuestro Elohim (nuestro Dios Trino y Uno), Jehová "uno es...

Lo que se predica aquí de Jehová no es en absoluto la unidad de Dios, sin que es a El que pertenece de derecho el nombre Jehová, que El es el uno y único Dios, y que no puede haber otro. Está igualmente opuesto a todas las formas de Teísmo y de Deísmo, que son creaciones de la mente humana, lo mismo que al politeísmo por una parte, y a las deidades nacionales o locales por la otra. Toda la declaración .tiene que ver con la revelación. Sólo Israel podía decir: Jehová es "nuestro Dios", porque El se había dado a conocer; "Sus caminos notificó a Moisés, ya los hijos de Israel sus obras" (Sal. 103:7).

Con esto concuerda la elección de la palabra Echad, que se emplea para "uno". En hebreo hay dos palabras empleadas para el número "uno": (Echad), "uno", unus; y (Yachid), "un único", unicus.

Este último término, Yachid significa unidad absoluta, o unicidad, un único. Aparece sólo doce veces en el Antiguo Testamento (3 x 22), de la siguiente manera:
Pentateuco, 3 veces.
Resto del Antiguo Testamento, 9 veces (32).

Gn. 22:2: "Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac".
Gn. 22:12,16: "No me rehusaste tu hijo, tu único hijo".
Jue. 11:34: "Ella era... su hija única".
Sal. 22:20: "Libra... mi única" (RV).
Sal. 25: 16: "Estoy solo y afligido".
Sal. 35:17: "Recobra... mi única de los leones" (RV).
Sal. 68:6: "Dios hace habitar en familias a los desamparados".
Pr. 4:3: "Yo fui... delicado y único delante de mi madre" (RV).
Jer. 6:26: "Luto como por hijo único".
Am. 8:10: "Como en duelo por el unigénito".
Zac. 12:10: "Como se llora por hijo unigénito".
Éstos son todos los pasajes en que aparece la palabra Y achid, y vemos aquí, por tanto, el significado de la palabra. Pero ésta no es la palabra que se emplea en Dt. 6:4, y nunca se emplea de Jehová. Se emplea del Señor Jesús como el Hijo unigénito; pero nunca de Jehová, el Dios trino y uno.

En cambio, (Echad) se emplea así porque no denota una unidad absoluta, sino una unidad compuesta. Siempre uno de otros que hacen la unidad. Su primera aparición es:

Gn. 1:5, "Un día" (de siete). Las siguientes son:
Gn. 2:11: "El nombre del uno era Pisón,) (esto es, uno de cuatro).
Gn. 2:21: "Tomó una de sus costillas".
Gn. 2:24: "Se harán una sola carne".

Por esto, cuando se emplea dos veces, repitiéndose la palabra, "uno, uno", se traduce como "el uno y el otro"; pero es siempre uno donde hay otros. (Y por ello a veces es cada, como en Nm. 7:85.)

Gn. 49:16: "Como una de las tribus de Israel". Nm. 13:23: "Un sarmiento con un racimo de [muchas] uvas".

Incluso nos encontramos con el plural Echadim (como Elohim), unos. Al hablar de los dos bastones representando a las casas de Israel y de Judá, dice, en Ez. 37:19: "y se harán unos en mi mano".

Sal. 34:20: "Él guarda todos sus huesos; ni uno de ellos será quebrantado".

En todos éstos y otros pasajes Echad es colectivo. Es uno de otros, y es por ello la palabra empleada en Dt. 6:4. J ehová (el Padre), Elohim (el Hijo), y Jehová (el Espíritu) es Echad: Un Dios Trino y Uno.

Esta es la enseñanza del número uno en su aplicación a este primer mandamiento. Hay sólo un Señor, y consiguientemente no hay otro para dividir el corazón. Por ello amarás al Señor con todo tu corazón. Así se menciona primero la base para la reivindicación, y luego se da este primero y gran mandamiento, basado sobre ella. Pero ello nos lleva a otra ilustración en Zac. 14:9.

EL UN REINADO MILENIAL

"Y Jehová será rey sobre toda la tierra.
En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre".

No habrá en aquel día glorioso nadie que discuta el gobierno de Jehová. No habrá diferencia de ley, ni de voluntad entonces. Todo será armonía, unidad, concordia. Este es el secreto de la paz milenial. En la Oración del Señor ambas van juntas, siendo la una consecuencia de la otra.

"Venga tu reino".
"Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra".

Cuando hay más de una voluntad, no puede haber paz ni reposo. Debe haber necesariamente conflicto y confusión.

Éste es el secreto de toda perturbación en las familias, partidos y naciones.

En ocasiones oímos de un "control por partida doble", pero es una ficción. ¡Existe sólo de palabra, no en realidad!

Este es el secreto del reposo para el corazón ahora: "Una voluntad". En tanto que haya dos voluntades no puede haber paz. En tanto que nuestra voluntad no esté sujeta a la voluntad de Dios, no podemos conocer el reposo.

Ahí es donde el Señor Jesús, como hombre, tuvo reposo en medio del rechazo que sufrió. En Mt. 11,Juan el Bautista tiene dudas, vv. 2, 3; la gente de aquella generación lo rechaza, vv. 15-19; las ciudades que vieron Sus más poderosas obras no creen en El, vv. 20-24. Luego leemos en los siguientes versículos (25,26): "EN AQUEL TIEMPO, tomando Jesús la palabra, dijo: TE ALABO, PADRE, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios Y a los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, PADRE, porque así te agradó". Y luego, volviéndose a Sus cansados siervos, que habían padecido similares pruebas y decepciones, les dice: "Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, y yo os haré descansar".

En otras palabras, el descanso sólo se puede encontrar en la sujeción a la voluntad del Padre. Este es el secreto del actual reposo para nuestras almas. Y éste es el secreto de la paz y de la bendición mileniales para la tierra.

¡Cuán sencillo! Pero ¡cuán extraños somos a este reposo! ¡Cómo se afanan los siervos del Señor de un lado a otro para lograr esta gran bendición, y no entran en ella! ¿Y por qué? ¿Se debe a que no creemos que Su voluntad sea mejor que la nuestra. Si estuviéramos ocupados con el Señor en lugar de con nosotros mismos, con el Bendiciente en lugar de con la "bendición", pronto adquiriríamos tal conciencia de Su gracia, gloria y poder que nos quedaríamos convencidos de que Su voluntad es mejor que la nuestra; y luego, en lugar de ocupamos con nosotros mismos y de indagar acerca de cómo abandonar nuestra voluntad, veríamos que Su voluntad es tan buena que realmente aborreceríamos la nuestra, y desearíamos sólo la Suya.

Esta bendición no se alcanza mediante ningún "acto de rendición" o "acto de fe", sino que nuestra propia voluntad simplemente se desvanece en la contemplación de la Suya al verla como totalmente llena de gracia y de benignidad.

Los modernos métodos del hombre comienzan todos mal.

Comienzan con nosotros mismos, nos ocupan con nosotros mismos, y de ahí su fracaso. El método divino pone "a Dios primero", y así se asegura el buen fin.

Es cuando nuestros corazones están así delante de Dios, y por ello con Dios, que aprendemos la maravillosa sabiduría de Su camino y la perfección, dulzura y bienaventuranza de Su voluntad. Anhelamos poseerla, la ansiamos, y deseamos entrar en su gozo; y nuestra propia voluntad se desvanece sin esfuerzo, y sin saberlo, hasta que descubrimos posteriormente lo que ha tenido lugar por una feliz experiencia.
En los tiempos del Milenio ésta será la bendición de toda la tierra. Porque en aquel día habrá un Rey, una voluntad, "Jehová será uno, y uno su nombre".

LA UNIDAD DEL ESPÍRITU

Ésta es la unidad de los miembros del un cuerpo de Cristo, animados todos por el mismo Espíritu. Es una unidad que nosotros no podemos hacer. Nos ha sido hecha para nosotros en Cristo. Tan sólo podemos preservarla, y vivir en su poder por el Espíritu Santo, que es "el vínculo de la paz". Desde luego que precisa de su cuidadosa preservación, porque se opone a todas las ideas de unidad en iglesias y sectas. Es una unidad espiritual.

En Ef. 4:4-6 se expone la unidad del cuerpo y de sus miembros. Y nótese su séptuple naturaleza. Se expone en un Epanodos, esto es, las oraciones están dispuestas en una introversión, en la que lo primero responde a lo último, lo segundo a lo penúltimo, etc. El Señor queda exaltado al quedar situado en el centro de todo:
A - Hay un solo CUERPO,
B - y un solo ESPIRITU,
C - como también fuisteis llamados en una misma ESPERANZA de vuestra vocación;
D - UN SEÑOR,
C - una FE,
B - un BAUTISMO,
A - un Dios y Padre de todos -los miembros de este Cuerpo-, el cual está sobre todos, por todos, y en todos.

Nótese aquí que en A y en A tenemos el un Cuerpo. En B y B tenemos el Espíritu y Su Bautismo. En C y C, las gracias de la "fe" y "esperanza,., mientras que en D el Señor aparece como la gran cabeza de este un Cuerpo, la piedra clave de este arco de verdad divina.

PRIMERAS APARICIONES DE PALABRAS

Éstas son siempre importantes. Los antiguos comentaristas judíos llaman especialmente la atención a las mismas, y ponen un gran énfasis sobre ello como siempre teniendo alguna significación.
Tomemos, por ejemplo, las siguientes palabras:
"Aleluya"
¿Dónde aparece por primera vez? En Sal. 104:35:
..Sean barridos de la tierra los pecadores, Y los impíos dejen de existir. Bendice, alma mía, a Jehová.
ALELUYA".

¿Y dónde aparece por primera vez en el Nuevo Testamento? En Ap. 19:1-3: "Oí como una gran voz de una gran multitud en el cielo, que decía: ¡ALELUYA! La salvación, el honor, la gloria y el poder son del Señor Dios nuestro; porque sus juicios con verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera que corrompía a la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella. Y por segunda vez continuaron diciendo: ¡ALELUYA!

En estos dos casos, en el Antiguo Testamento y en el Nuevo, la primera aparición de la Palabra "Aleluya,. tiene que ver con juicio. Es por ello que se alaba a Dios. Esto no concuerda con las enseñanzas de la falsa caridad y de la traidora tolerancia de la actualidad. Los siervos de Jehová, que están impregnados del espíritu de las Escrituras, deben y pueden alabarlo por la destrucción de Sus enemigos, que son también los de ellos.

PROFETA

La primera aparición de esta palabra tiene relación con Abraham, Gn. 20:7. Dios dice a Abimelec, rey de Gerar, acerca de Abraham y su mujer: "Ahora, pues, devuelve la mujer a su marido; porque es PROFETA, y orará por ti, y vivirás...

Con esto aprendemos que la palabra profeta no hace meramente referencia a uno que predice, sino a uno que da testimonio por Dios como Su portavoz. La palabra hebrea aparece en Ex. 7:1, "Aarón será tu profeta", mientras que en 4:16 se traduce la misma palabra como "en lugar de boca,.. Esto es exactamente lo que significa; y el hombre que hablaba por Dios era reconocido por el pueblo como "varón de Dios".

"Santo"

La primera aparición de (Ko-desh), santo, se encuentra en Ex. 3:5. No se encuentra en el Libro de los Comienzos (Génesis); no aparece hasta que Éxodo abre sus páginas: el Libro de la ,,' Redención, que registra cómo Dios acudió para redimir a Su pueblo de Egipto (Ex. 15:13). La criatura no puede comprender nada acerca de la santidad excepto sobre la base de la redención.

"Novia"

La primera aparición de la palabra novia (Kalah), aplicada a la Novia de Jehová, se encuentra en Is. 49:18. Esto fija el sentido del término como aplicándose sólo a Israel, y no a la Iglesia, que es "el Cuerpo de Cristo", parte del "Cristo místico"; en otras palabras, parte del Novio. Se nos señala así al hecho de que Israel es la novia. Comparar Is. 61:10; 62:5.

"El Día de Jehová"

Esta importante expresión aparece por primera vez en Is. 2:12, y si leemos su descripción tal como nos es dada por el Espíritu Santo, y observamos su carácter y objeto, así como su propósito, tendremos una clara comprensión de su sentido.

Es el día en que Jehová se levantará para sacudir con fuerza la tierra; cuando el hombre será humillado y abatido; y cuando sólo Dios será exaltado.

Léase todo el pasaje de Is. 2:10-22, y obsérvese cómo se enfatiza, y cómo su importancia es expuesta adicionalmente al ser presentada por medio de dos figuras, que van paralelas: el polisíndeton, empleándose la palabra "Y" veinte veces en nueve versículos, Y sinonimia, esto es, donde diferentes palabras de sentido similar son amontonadas y repetidas. Aquí tenemos siete palabras Y veinte repeticiones de las mismas a fin de mostrar la elevación de la soberbia natural del hombre, y la profundidad a la que puede ser abajado y humillado en el Día de Jehová...

Esta es la primera aparición de la expresión:

La altivez de los ojos del hombre será abatida, Y la soberbia de los hombres será humillada; Y será exaltado Jehová sólo en aquel día.
Porque Jehová de los ejércitos tiene reservado un día.. (v. 11).

LAS PRIMERAS PREGUNTAS
Del Antiguo y Nuevo Testamento están también llenas de instrucción?

Gn. 3:9: "¿Dónde estás tú?. Esta pregunta fue hecha por Dios al pecador que se oculta de Su santa presencia, para llevarlo a la convicción, para mostrarle que estaba perdido, que era culpable y que estaba arruinado. Este es el objeto del Antiguo Testamento. La Ley es lo que da el conocimiento del pecado, y lleva al pecador a la convicción.

El primer mandamiento es: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón", etc. La imposibilidad de obedecer este mandamiento convence al pecador de su impotencia, y lo lleva a refugiarse lleno de agradecimiento en la omnipotencia de Dios, ya clamar por un Salvador.

Por ello, la primera pregunta del Nuevo Testamento es, en M t 2:2, "¿Dónde está EL QUE HA NACIDO?. ¿Dónde está el Salvador que necesito? El me ha buscado y me ha llevado a la convicción. ¿Dónde está, para que yo pueda encontrarlo, y conocerlo, y adorarlo, y servirlo?"

EL PRIMER CUMPLIMIENTO DE PROFECÍA EN EL NUEVO TESTAMENTO
Aquí se abre un extenso campo de instrucción, echando para nosotros las líneas y mostrándonos los principios en base a los que el Espíritu Santo interpreta Su propia profecía. Está en el Evangelio según Mateo (1:22,23):
A - "Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo…
B - " He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, B 11 y llamarán su nombre Emmanuel…
A - que traducido es: Dios con nosotros..."

Observemos aquí que la profecía se cita de Is. 7:14. En Mateo se dice especialmente que había sido "dicho por el Señor"; y en Isaías esta escrito: "El Señor mismo os dará una señal".

Así se enfatiza el hecho de que "nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (21 P. 1:21).

Por cuanto éste es el primer cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento en el Nuevo, podemos esperar encontrar en él el carácter genérico de toda profecía, y el gran ejemplo de la propia interpretación del Espíritu Santo.

La profecía que aquí se presenta como cumplida esta así escrita en Is. 7:14: "He aquí que la virgen9 concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emmanuel".

Pero hay otra profecía asociada con ésta, que se registra en el siguiente capítulo:
"El rey de Asiria... invadirá... pasando hasta Judá, inundará y pasará adelante... y extendiendo sus alas, abarcará la anchura de tu tierra, oh Emmanuel.
Reuníos, pueblos, y seréis quebrantados...

Trazad un plan, y fracasará; proferid palabra, y no se cumplirá; porque DIOS ESTA CON NOSOTROS (Emmanuel)
(1s.8:7-10)

Ahora bien, en esta primera cita de una profecía como cumplida, señalamos los siguientes hechos para nuestra instrucción:
l. La profecía ha sido, como ya hemos visto, dada por Jehová, y los profetas, así llamados, son sólo los instrumentos o agentes. Con esto concuerda 2 P. 1: 20,21, donde se dice que "hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo".

Ahora bien, la palabra Jehová denota a Aquel que existía ya en la eternidad pasada y que existirá siempre en la eternidad venidera.

En el Antiguo Testamento encontramos la palabra (Jehová) que implica la interpretación. Mientras que en Apocalipsis tenemos la interpretación que implica la palabra, "que es y que era y que ha de venir" (1:4,8; 4:8).

El nombre de Jehová, por tanto, es la clave ala comprensión de Su Palabra, porque El ha magnificado Su palabra conforme a todo Su nombre (cf. Sal. 138:2, BAS). Su Palabra, por tanto, en un sentido aún más elevado, se relacionará con 10 que ERA, y ES, Y ha de VENIR.

Obsérvese, no obstante, que en el Nuevo Testamento (en Apocalipsis) Jehová Jesús, como el Hijo del Hombre, está para cumplir toda Su santa promesa, y llevar a cabo toda Su responsabilidad. Por ello, Su nombre es:
En el A.T., Él será I Él es I Él era. En Apocalipsis, Él es I Él era I Él ha de venir.
El futuro se ha transformado en presente, y lo que era presente se funde en el pasado.

El presente en griego se expresa con el participio (no con el indicativo, que es sólo apropiado para un comienzo o final definidos), indicándose así el cumplimiento continuado de la profecía entre el pasado y el futuro, fluyendo desde el anuncio de la profecía hasta el período de la crisis.

En el Apocalipsis la triple afirmación aparece otras dos veces (11:17; 16:5). Pero éstas se refieren al período posterior a la Venida de Cristo, y por ende desaparece el aspecto futuro de Su nombre. Es mencionado entonces sólo como "el que eres y que eras...

Entonces será simplemente aquel "que es y que era... Se contempla la venida como ya habiendo tenido lugar, y que el Día del Señor [el Día de Jehová] ya ha sido inaugurado; por ello, no queda nada futuro en el nombre en relación con la palabra profética.

Así, el hecho de que las palabras fueron dichas "por el Señor.. nos da la primera clave a su desarrollo profético.

2. El tema de la profecía es Cristo, porque "el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.. (Ap. 19:10).

3. Esta profecía fue originalmente pronunciada en relación con el fracaso del hombre como hombre en la persona de Acaz (Is. 7:10-14).

Del mismo modo que la profecía de Gn. 3:15 fue dada en relación con el fracaso del hombre en Adán, y que los profetas fueron primero suscitados como un orden especial de testigos acerca del fracaso de Israel. Así, el Espíritu Santo relaciona en esta profecía el fracaso del hombre y la promesa del Mesías, tomando los diferentes hilos de Sus varios pronunciamientos, y combinándolos en un Estableciéndose con ello el principio de que la profecía vino a existir tras el fracaso del hombre. 4. Por otra parte, El toma las palabras fuera de aquellas combinaciones que fueron la causa directa de su pronuncia- miento original. Así, la profecía es resuelta en sus elementos por el Espíritu Santo, y por Él mismo los elementos son recombina- dos conforme a Sus planes.

5. El toma los hilos de los pasajes que siguen al realmente citado, que explican la razón de por qué las combinaciones originales en las que fueron escritas las palabras no permitieron el cumplimiento total de la profecía en el tiempo en que fueron habladas o escritas.

6. Él relaciona los significados de los nombres con la verdad profética, y, girando sobre el sentido de la profecía más que sobre las meras palabras, ve en Acaz a los idólatras e incrédulos judíos concertando un pacto con su enemigo gentil.

7. Desarrolla, define y añade al sen tido original de la palabra hebrea Almah, porque en su cumplimiento definitivo la mujer que tendría el hijo sería virgen. El uso de Almah en Isaías lo hacía correcto para el cumplimiento histórico, pero no impedía por ello el cumplimiento futurista.

8. Por ello, toda la profecía de Is. 7 y 8 puede recibir su cumplimiento sólo separando aquel cumplimiento en tres partes: Preterista, Presentista y Futurista. Luego, como el que habla es Jehová, el Señor, como ya hemos visto, es interpretada en conformidad al significado de Su nombre, que incorpora el pasado, el presente y el futuro, como el Dios siempre existente y eterno, "que es y que era y que ha de venir" (Ap. 1: 4, 8).

De ello se sigue, en base esto, que no puede ser correcta ninguna interpretación de la profecía que se limite a sólo una de estas tres partes, negando las otras dos. Esto no sería "trazar bien la palabra de verdad". Y de esto se sigue también que el poder para dividir así la profecía y recombinar las tres divisiones puede ser sólo el del autor de la profecía, el Señor el Espíritu.

Los intérpretes que adoptan uno de estos tres principios quedan por ello divididos en campos opuestos y hostiles en contra de los que adoptan otro de estos principios. Pero no es hasta que comprendamos el gran principio establecido por el Espíritu Santo aquí, y los apliquemos todos, y todos juntos, que podremos tener una comprensión adecuada de la profecía.
Ahora pongamos estos principios a prueba.

Primero: El preterista
Acaz, muy inquieto ante la alianza de Efraín con Siria, se sintió tentado de concertar una contraalianza con el rey de Asiria. Le fue dada una señal en el sentido de que no tenía por qué ceder a la tentación, porque aquella alianza caería. Nacería un niño a una cierta moza, que sería llamado Emmanuel, y antes que aquel niño supiera distinguir entre el bien y el mal, la tierra que él temía (esto es, Efraín y Siria, consideradas como una sola) sería abandonada por sus dos reyes.

En el siguiente capítulo se dio otra señal a Acaz. Otra vez nacería un niño, esta vez a la profetisa, y sería llamado Maher- salal-has-baz, y antes que él pudiera decir "padre mío" o "madre mía", tanto Siria como Efraín serían despojados por el rey de Asiria

Las palabras citadas en Mt. 1 son tomadas en parte de Is. 7: 14, y muestran de una forma clara que Acaz no tuvo que esperar al nacimiento de Cristo para ver la prometida "señal", sino que tiene que haber sucedido en su propio día. Y así fue. Así queda cumplida la interpretación preterista en el pasado.

Segundo: El futurista
Pero parte de la cita en Mt. 1, "Dios con nosotros", está tomada de Is. 8:10, lo que claramente se proyecta al mismo tiempo que el Sal. 2, donde los reyes de la tierra toman consejo contra el Mesías, y es, por ello, exclusivamente futurista.

[El] rey de Asiria... pasando hasta Judá...
Extendiendo sus alas, abarcará la anchura de tu tierra, oh Emmanuel.
Reuníos, pueblos, y seréis quebrantados; Oíd, todos los que sois de lejanas tierras; Ceñíos, y seréis quebrant4dos;
Disponeos, y seréis quebrant4dos. Trazad un plan, y fracasará;
Proferid palabra, Y, no se cumplirá;
Porque DIOS ESTA CON NOSOTROS (Immanau El).
Porque Jehová me dijo de esta manera con su mano fuerte sobre mí,
Y me enseñó que no caminase por el camino de este pueblo". (Is.8:8-12).

Esto se continúa en el v. 21, y es evidentemente futurista, como lo es el tiempo de tiniebla, cuando los juicios del Apocalipsis se abaten sobre la tierra. (Véase Is. 8:8-9:7).

"La que está ahora en angustia" en 9:1 es evidentemente Sión, o la nación, que dirá en el tiempo del fin: "Un niño nos es nacido". Este es el tiempo de Ap. 12 Y del Sal. 87, donde Cristo es contemplado como nacido de Sión. Es el tiempo en que asume el reino y establece su reinado milenial (Lc. 1:31-33).

Así, es cierto que una sección de estos tres capítulos no puede ser plenamente interpretada excepto sobre líneas futuristas.

Tercero: El presentista
Las líneas presentistas, o aquellas que corren a través de las, edades entre el pasado (la época propia del profeta) y el futuro -: (el día de la crisis), son también claramente discernibles.
En 7:17 leemos las palabras, que siguen de inmediato a la profecía del nacimiento de este misterioso niño

"Jehová hará venir sobre ti, Sobre tu pueblo y sobre la casa de tu padre. Días cuales nunca vinieron desde el día en que Efraín se apartó de Judá,
Esto es, hará venir al rey de Asiria".
(Is. 7:17)

Para comprender esto, es necesario saber que Nabucodonosor asumió la herencia de los reyes de Asiria. Por ello, los babilonios recibían el nombre de asirios, incluso en tiempos tan posteriores como los de Jenofonte, que así se refiere a ellos en su Anábasis. E incluso Darío, que sabemos que era medo, sigue siendo llamado "el rey de Asiria" en la Palabra de Dios. (Véase Esd. 6:22, y comparar 22 R. 23:29 y 22 Cr. 35:23.)

Así, "el asirio" de la profecía de Isaías, en el tiempo del fin, no es necesariamente un rey de la reavivada Asiria, y se nos enseña que estas profecías del rey de Asiria pasan a todas las cabezas de los cuatro imperios gentiles de los que se habla en Daniel.

La profecía del rey de Asiria de que se habla en estos capítulos de Isaías se desarrolla en un cumplimiento continuado presentista, cubriendo todo el período de "los tiempos de los gentiles".

Otra prueba de la necesidad de este cumplimiento presentista se da en Is. 8:13:
"A Jehová de los ejércitos, a él santificad; Sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo. Entonces Él será por santuario; Pero a las dos casas de Israe1, por piedra para tropezar, y por peña de escándalo, y por lazo y por red al morador de Jerusalén. Y muchos entre ellos tropezarán, y caerán, y serán quebrantados y serán atrapados y apresados. Ata el testimonio, Sella la instrucción entre mis discípulos. Esperaré, pues, a Jehová, El cual escondió su rostro de la casa de Jacob, Yen él confiaré.
He aquí, yo y los hijos que me dio Jehová Somos por señales y presagios en Israel, De parte de Jehová de los ejércitos, que mora en el monte de Sión".
(Is.8:13-18)

Aquí tenemos el presente carácter de la dispensación tal
como es descrita en Ro. 9-11, el período de la ceguera de Israel. Esto queda perfectamente clarificado si comparamos Is. 8:14 con Ro 9:32, 33.

Cristo es la Piedra de tropiezo y la peña de escándalo para las masas; pero en El sigue creyendo un remanente de Sus discípulos, el "remanente conforme a la elección de la gracia". Cristo y Sus discípulos hoy en día son las "señales y maravillas" del Señor a Israel, porque los discípulos son contados como los "hijos" del Señor:

"La posteridad [lit: una simiente] le servirá;
Será ella contada por una generación de Jehová".
(Sal. 22:30, RV)

Esto queda adicionalmente expuesto en los significados de todos los nombres empleados. La salvación de Jehová (éste es el significado del nombre ISAIAS) será cumplida por Jehová estando con Su pueblo (EMANUEL). Esta salvación es necesaria, y dada como consecuencia del asirio apresurándose al despojo y a la presa de la nación (MAHER-SAI.AL-HAS-BAZ). Luego, un remanente volverá, esto es, se arrepentirá (SEAR-JASUB, Is. 7:3), se apoyará en Jehová y esperará en El. Este es el propósito y la enseñanza de toda la Profecía de Isaías; porque se trata de una profecía, un todo, completo en sus partes, a pesar de la "alta crítica", que querría aserrarlo en diversas partes.

Así es, por tanto, la importante lección que aprendemos en este primer cumplimiento registrado de la profecía en el Nuevo Testamento, del que aprendemos que la profecía es sólo comprensible como un todo orgánico, cuando queda así subdividida por (y por nosotros bajo la conducción de) el Espíritu Santo en sus cumplimientos preterista, presentistan y futurista según el significado del nombre Jehová: "que es y que era y que ha de venir".

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