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5 de agosto de 2009

Las Estigmas Parte I



El apóstol Pablo está ya anciano. Ha pasado muchas tribulaciones, por el evangelio del Señor Jesús, y ahora escribe a los hermanos de esas iglesias, que ha tenido el privilegio de fundar, de guiar a los pies del Señor Jesús. En la carta que vamos a estudiar en esta tarde, le escribe a las iglesias de Galacia, provincia Romana. Y noten como termina esta carta. La lectura bíblica que nuestro pastor nos leyó. Gal. 6:11 = "Mirad con cuán grandes letras os escribo de mi propia mano". Interesante. Pablo escribe con letra grande. Por que será ? Como con la letra de un niño de Escuela Primaria que está aprendiendo a escribir. Sin embargo, no era que Pablo no sabía escribir; no era que solo había llegado hasta la escuela primaria. El tenía educación formal hasta la Universidad. Había sido alumno del gran profesor de teología, del gran rabino Gamaliel. A sus pies había aprendido. Por que es que el apóstol escribe con letra grande ? Noten que dice, escribo la salutación de mi propia mano. Normalmente, el apóstol Pablo dictaba sus cartas. Usaba amanuenses. Escribas. Normalmente ellos escribían, y entonces el apóstol tomaba la carta después de escrita, la volvía a leer para constatar que estaba correcto lo que él quería decir, y luego, para autenticar la carta, él mismo tomaba la pluma y escribía el saludo final de puño y letra suya. Esta era una costumbre normal en casi todas sus epístolas. El no escribía sus propias cartas, porque tenía un problema en su vista. Uds. recuerdan cuando él les escribió a los Corintios, que dice en 2 Cor. que él le pidió al Señor, quítame este aguijón en la carne! Tres veces le suplicó al Señor, pero Dios le contesto: bástate mi gracia. Porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Camino a Damasco, cuando iba persiguiendo al Señor Jesús, Cristo se le apareció en una luz tan grande, que cegó al caminante. Y esa luz tan tremenda que lo dejó ciego por tres días, era la luz que irradiaba del rostro del crucificado y resucitado, del Jesús de Nazaret. Y para que nunca se olvidase que él había visto cara a cara al hijo de Dios, en esa luz, para que nunca se olvidase que había sido perseguidor del pueblo de Dios, y que Dios lo había llamado en el camino a Damasco, Dios le devolvió la vista. En un milagro. Ananías puso sus manos sobre él, y dice la Escritura que cayeron de sus ojos como escamas. Y volvió a ver. Pero nunca como antes. Dios tenía el poder de curarlo completamente. Le restituyó la vista, pero le dejó un aguijón en la carne. La vista, no completamente sana, no porque el Señor no tuviese el poder de sanarlo, sino simplemente para que nunca jamás se olvidase, que el Señor le había dado la vista por gracia, y para que se recordase que había sido perseguidor de la Iglesia de Cristo. Y que por amor el Señor le había llamado a ser Su discípulo, a ser Su apóstol.

Ahora, Uds. pueden comparar la terminación de alguna de sus otras epístolas. Por ejemplo, en Col. 4:18 él termina la epístola de la misma manera. Dice: "La salutación la escribo de mi propia mano. Acordáos de mis prisiones. La gracia sea con vosotros. Amen". Otra vez él dicta la carta a través de un secretario, pero la salutación, el saludo final, lo escribe de su propio puño y letra. En 2 Tes. 3:17 escribe de la misma manera: "La salutación es de mi propia mano, de Pablo, que es el signo en toda carta mía. Así escribo". El apóstol quería estar seguro que los hermanos tuviesen la certeza que esa carta era verdaderamente suya. Por eso la firmaba de puño y letra. Resulta que ya en su época andaban circulando algunas cartas que decían ser de Pablo, pero eran falsificadas. Así dice allí mismo en 2 Tes. 2:2 = "No os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis ni por espíritu ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra". Parece que andaban circulando algunas cartas, que decían ser del apóstol Pablo, pero que él no las había escrito. Por eso Pablo, cada carta que escribía o dictaba, la firmaba de su propio puño y letra. Pero en esta carta a los Gálatas, en el capítulo seis, él escribe una salutación un poquito más larga. Un poquito más extensa. Con dificultad, porque tiene que escribir con una letra grande, ya que sus ojos no le permiten ver bien, él dice: "Mirad con cuán grandes letras os escribo de mi propia mano". Y entonces sigue diciendo: "Todos los que quieren agradar en la carne, estos os obligan a que os circuncidéis, solamente para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo. Porque ni aun los que se circuncidan guardan la ley. Pero para gloriarse en vuestra carne, quieren que vosotros os circuncidéis. Pero lejos esté de mi gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesús Cristo. Porque el mundo es crucificado para mi y yo al mundo. Porque en Cristo Jesús, ni la circuncisión vale nada, ni la incircunsición, sino una nueva criatura, una nueva creación. Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos y al Israel de Dios". Y entonces llegamos a nuestro texto. El versículo 17 es el texto que he escogido para que sea la base de nuestra meditación en esta tarde. "De aquí en adelante nadie me cause molestias. Porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús".

Qué quiere decir el apóstol Pablo cuando escribe de su propio puño y letra , nadie me cause molestias, porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús. Cuáles eran esas marcas que traía el apóstol Pablo en su cuerpo, las marcas de Cristo ? Bueno, es interesante lo que significa esa expresión. En el idioma en el que escribió el apóstol Pablo, en Griego, marca se dice "Stigma". En plural "Stigmata". Y él escribe y usa esa expresión. Ahora, esa expresión, era una expresión que se usaba en la época del apóstol Pablo. Qué quería decir Stigma o Stigmata ? Bueno, se usaba para distintas cosas. Aun hoy en día se le da el mismo uso a esa palabra marca. Una marca es algo que se imprime o que se marca en alguna cosa. Por ejemplo, no se cuantos de Uds. se criaron o tuvieron la oportunidad de vivir en el campo. Cuántos de los que están aquí han visto como se marca el ganado ? Bueno, parece que muchos de Uds. aunque viven en la ciudad de Nueva York, has estado alguna vez en el campo o se criaron allá, en donde, en Dominicana, en Puerto Rico. Allá también se marca el ganado como se marcaba en épocas del apóstol Pablo. Uds. saben cómo se hace. Se toma un hierro que tiene la marca que se quiere imprimir en el animal, y se pone ese hierro al fuego, y se espera hasta que ese hierro o esa marca se ponga al rojo vivo. Y entonces se ata el animal y se imprime esa marca sobre el animal, quemándole el cuero, para que quede indeleble, para toda la vida de ese animal. Para qué se marcan los animales ? Para distinguirlos. Para saber quién es el dueño. Esa marca identifica de quién es propiedad ese animal. Así si alguna vez se roban ese animal, y se lo encuentra por allá, inmediatamente se lo puede identificar. No le pueden borrar la marca, porque está allí impresa sobre el animal. Si se pierde ese animal y alguno lo encuentra, inmediatamente puede identificar su dueño a través de la marca que lleva el animal.

Cuando yo estuve estudiando en la Universidad, me tocó estudiar con compañeros de todas partes del mundo. Algunos de ellos venían de tan lejos como del África. Y había unos muchachos que estudiaban con nosotros allí en el Seminario, que yo siempre los miraba. Eran muy sonrientes. Una sonrisa hermosa. Esos dientes blancos. Pero yo notaba que en rostro de esos muchachos, tenían unas terribles marcas. Pero no eran así como de un accidente, o algo así. Uno de ellos tenía cortado aquí a un lado. Marcas pero paralelas, como que hubiesen sido hechas de adrede, con un cuchillo. Y el otro tenía arriba, aquí de los pómulos, tres marquitas a cada lado, también hechas con un cuchillo o algo filoso. Cuando yo tuve un poquito más de confianza con ellos, me animé a preguntarles: qué son esas marcas que Uds. tienen en el rostro ? Oh, me dijo uno de ellos sonriente, estas son las marcas que nos identifican de la tribu a la cual nosotros pertenecemos en nuestro país. Allá en el África, nos identifican, cuando el niño llega a los 12 años de edad, pasa por un ritual en el cual él llega a formar parte de la tribu como un guerrero. Y entonces cada tribu tiene su marca, con que le marcan en el rostro. Nosotros podemos viajar por cualquier parte del África, y cualquier persona que nos ve, inmediatamente sabe a que país pertenecemos, a que zona del país pertenecemos, a que tribu indígena pertenecemos, e incluso, por la manera como están hechas las marcas, pueden identificar la familia a la cual nosotros pertenecemos. Interesante. Se marca el rostro para identificar la procedencia, el lugar de donde viene la persona. A qué tribu pertenece.

Ahora, en le época del imperio romano, la palabra stigma, marca, se usaba de una manera muy peculiar. Si tuviésemos que describir al Imperio Romano con algo que describiese sus habitantes, podríamos decir que el Imperio Romano era en verdad una gran fábrica de esclavos. Saben Uds. que de los 100 millones de habitantes que tenía el Imperio Romano, 60 millones de esos eran esclavos ? Si Ud. caminaba por cualquier calle del Imperio Romano, ya sea por Antioquía o por Efeso, Tesalónica, Atenas, Corinto, o la misma ciudad de Roma, de cada cinco personas que Ud. veía en la calle, tres de esos cinco, eran esclavos. Una nación de esclavos. Y tenían leyes muy estrictas. Como eran tantos los esclavos, eran mayoría, el 60%, para que no se rebelasen en contra de los amos, los trataban en forma muy cruel, despiadada. Podían, el amo, el dueño de los esclavos, que muchas veces tenía en su territorio y bajo su cuidado, cientos y a veces miles de esclavos, los trataban prácticamente como si fuesen animales, o aún peor que los animales. Podían hacer de ellos lo que quisiesen. Un esclavo no tenía ninguna voz ni ninguna opinión. Cualquier error era castigado de la forma más inhumana. Si un esclavo osaba responderle a su amo, se le daban tantos latigazos, que podían hasta matarlo. Y si un esclavo osaba levantar la mano ante su amo, le cortaban la mano, o muchas veces tenía que pagar esa osadía con su propia vida. Eran tratados sumamente fuertes los esclavos. Ahora, cada amo marcaba a sus esclavos como propiedad suya, así como se marcaban los animales. Como si fuesen animales. Ya sea en la oreja, ya sea en el rostro, en el brazo, o en algún lugar visible del cuerpo, se les imponía a los esclavos una marca distintiva, para mostrar a quien pertenecían. Y esa marca se llamaba stigma. Una marca sobre el cuerpo que identificaba la propiedad, a quien pertenecía ese esclavo. Esa marca decía que ese hombre era un ser inferior. Un ser que no era libre. Que no tenía ningún derecho. Que era apenas un mueble más, una propiedad más de su amo. Los griegos llamaban esa marca de posesión stigma, o sea en plural, da stigmata. Nosotros usamos esa palabra derivada del griego, para hablar acerca de una marca de inferioridad, una marca de degradación. Decimos por ejemplo, esa gente está marcada con el estigma de su posición social. Todavía hasta el día de hoy se usa esa expresión.

Ahora, cuando Pablo escribe esta epístola, él dice, yo traigo en mi cuerpo las stigmatas del Señor Jesús. Por qué dice él que estaba marcado en su cuerpo con las stigmatas, con las marcas del Señor Jesús ? Aquí hay algo interesante. Pablo al escribir la epístola, escribe como un siervo, como un esclavo. No como un hombre libre. Noten que interesante. En casi todas sus epístolas, él comienza diciendo: Pablo, siervo de Jesús Cristo. Ahora, la versión en español ha dulcificado un poquito la expresión original del griego. Pero el término griego que se usa allí es "doulos". Y doulos quiere decir esclavo. Simplemente un hombre esclavo. Así es que Pablo, y Uds. pueden ver en todas sus epístolas, Rom. 1:1; Fil. 1:1; Tito 1:1 etc., comienzan diciendo, Pablo, siervo, esclavo del Señor Jesús Cristo. Y así es como escribe la epístola a los Gálatas. Como un esclavo, como un siervo de su amo, el Señor Jesús.

Ahora, cuáles eran las marcas que como esclavo tenía Pablo en su cuerpo ? Oh, como me hubiese gustado a mi conocer personalmente al apóstol Pablo. Cómo me hubiese gustado ver el cuerpo del amado apóstol. Si con la imaginación lo traemos aquí esta tarde, junto a nosotros, podríamos verlo, y notaríamos que en su rostro, en su cara, alrededor de sus ojos, tiene horribles cicatrices. Yo le preguntaría: Pablo, de donde salieron esas marcas tan horribles que tienes en tu rostro ? Y él me contestaría: Oh, una vez fui apedreado en Listra, y me arrastraron cara abajo, fuera de la ciudad, y me tiraron afuera pensando que estaba muerto. Hechos 14:19. Horrendas cicatrices en su rostro lo apedrearon, le tiraron piedras, que lo lastimaron, lo dejaron sin conocimiento. Algunas de esas piedras hirieron terriblemente su frente, su cabeza, de tal manera que cayó inconsciente. Y esa gente en Listra pensaron que lo habían matado, lo arrastraron fuera de la ciudad, y allá lo dejaron medio muerto. Oh, cómo me hubiese gustado conocer personalmente al apóstol Pablo. Pero podemos verlo en esta tarde por la imaginación. Imagínense Uds. que lo estamos viendo. Si pudiera ver yo las espaldas del apóstol Pablo, todas cruzadas por horribles cicatrices que atraviesan de un lado a otro las espaldas del apóstol. Yo le preguntaría, hermano Pablo, y esas horribles cicatrices tan marcadas que tienes en tu espalda, Pablo, de donde salieron esas marcas ? Y él me respondería, de mis hermanos, de los judíos. Pero dejemos que él mismo nos de la respuesta.

2 Cor. 11:24 = "De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno; tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar". De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno; cuanto es eso ? 195 azotes en la espalda! Ahora, yo no se hermanos si Uds. saben el tipo de azote que se usaba en aquella época. Era un rebenque, un palo, un fuete, que tenía en la punta de ese palo, atados lonjas, cinchos de cuero. A lo largo de esos cinchos de cuero tenía clavado en el cuero como clavos de hierro. Y en la punta de cada una de las lonjas de cuero, tenía una bola así pequeñita redonda de hierro, pero con puntas salientes en todo el rededor, con clavos horrendos. Y ese azote se daba en la espalda, de tal manera hermanos, que cuando esos clavos se clavaban y el azote se pegaba fuertemente, rompía toda la espalda, la destrozaba, trituraba, no solamente la piel, sino también los músculos, hasta que se veía el esqueleto de la persona; la columna vertebral quedaba al descubierto, completamente destrozada la espalda. Por eso la ley romana no permitía que fuesen 40 azotes. Lo máximo según la ley romana eran 39 azotes. No podían llegar a 40. Cinco veces el apóstol había recibido 39 azotes de esa manera, hermanos. Y como si eso fuera poco, sobre mojado, tres veces he sido azotado con varas. Imagínense, sobre las heridas recién cicatrizadas, volver a ser azotado con varas. Para arrancar otra vez aquella sangre seca, y volver a sangrar la espalda. Que horribles cicatrices tendría el apóstol Pablo en su espalda.

Oh, si yo pudiese ver las muñecas y los tobillos del apóstol Pablo. Horribles cicatrices aquí alrededor de las muñecas y en los pies; arriba de los pies alrededor de los tobillos. Yo le preguntaría, hermano Pablo, y esas horribles cicatrices que tienes en tus brazos y en tus piernas, de donde han salido hermano Pablo ? Y él me respondería: Oh, de mis prisiones. Calabozos y mazmorras, como dice el versículo 23 = "En azotes sin número, en cárcel, en peligro de muerte muchas veces". Si mis hermanos, aquella vez cuando él fue a predicar con su compañero Silas ? En la ciudad de Efeso. Y allá se hizo un tumulto, y los tomaron y los pusieron en la cárcel en la celda de más adentro, y se le pidió al carcelero que no los dejase escapar. Y dice la Escritura que aprisionaron sus manos y sus pies en el cepo. El cepo era un instrumento que habían inventado los romanos para apretar los pies y las manos de tal manera, que no se pudiesen mover. Eran dos maderas paralelas que se les cortaba por dentro un semicírculo, pero era un semicírculo pequeño. Entonces se ponía esa madera con los dos pies así extendidos, se ponía la madera de arriba donde calzaban los dos círculos en los dos pies, y la madera de abajo, y entonces se comenzaban a ajustar. Apretarlas para que se fuesen apretando más y mas, hasta que no se podían mover los pies. Y se cortaba la circulación. Se ponían esos pies azules por la falta de sangre. Algo terrible. Y cada vez que el prisionero quería moverse o quería acomodarse, tenía que mover los pies, y le causaba un terrible dolor; y luego las cadenas que tenían en sus manos, no olviden que todos los años que pasó el apóstol Pablo esclavo, siempre estuvo atado a un soldado con cadenas. Esas esposas de hierro seguramente deben haber dejado horribles cicatrices en sus muñecas. Pero Pablo nos dice, oh estas cicatrices son las marcas del Señor Jesús.

Pero yo le preguntaría en esta tarde a Pablo, pero Pablo, no será que tu te estás jactando un poco de lo mucho que tu has sufrido y padecido por el Señor Jesús ? No será que estás hablando de tus sufrimientos por Cristo, con cierto orgullo y vanagloria por eso ? Y Pablo me respondería: No! Si él mismo lo escribió allí en nuestro texto de Gal. 6:14 = "Lejos esté de mi el gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesús Cristo". No, el apóstol Pablo no se está gloriando de esas cicatrices. Pero entonces Pablo, por que es que las mencionas ? Por que es que escribes en tu epístola, allí en el versículo 17, de aquí en adelante nadie me cause molestias, porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús. Si no estás vanagloriando, si no te estás enorgulleciendo de esas marcas, entonces por que mencionas esas marcas que traes en tu cuerpo, como las marcas del Señor Jesús ? Ah, mis hermanos, la respuesta a esa pregunta está en la misma epístola a los Gálatas. Es más, la respuesta está en el propósito por el cual el apóstol Pablo escribe la epístola a los Gálatas.

Saben Uds. que había una gente, una gente que se llamaban judaizantes. Han oído Uds. hablar de los judaizantes? Quienes eran los judaizantes ? Eran supuestamente hermanos cristianos, que se habían, entre comillas, convertido al evangelio de Cristo. Pero eran judíos. Y ellos creían que para ser salvos, no solamente había que aceptar a Cristo, sino que había que guardar toda la ley ceremonial del Antiguo Testamento. Todas las formas judías: circuncidarse, hacer los sacrificios en el templo, guardar las fiestas judías y todo lo demás. Ellos decían, la salvación no es solamente por fe en Cristo, también es por las obras de la ley, porque el que no guarda la ley no puede ser salvo. Hay que guardar toda la ley judía. Y estos hombres judaizantes le estaban causando grandes problemas al apóstol Pablo. Ellos seguían los pasos de Pablo. Donde quiera que él iba, detrás de él venían estos hermanos judaizantes. Y venían haciendo mucho daño. Ridiculizaban el ministerio de Pablo. Negaban la predicación de Pablo. Decían que lo que él predicaba, no era el evangelio completo. Enseñaban que solo la fe en Cristo, como enseñaba Pablo, no era suficiente. La salvación es a través de las obras de la ley más creer en el Señor Jesús. En los rituales del Antiguo Testamento, allí se encontraba el camino a la salvación. Y saben lo que hacían estos judaizantes ? Acusaban a Pablo de ser un falso apóstol. De no ser un verdadero apóstol de Cristo. Oh, mis hermanos, la espada aguda de ataque y antagonismo y denunciación y descrédito se desenvainó en contra del apóstol Pablo en forma terrible. Le decían, oye, y tu quién eres ? Acaso tu eres uno de los apóstoles ? El ha cambiado el evangelio, él ha adulterado el evangelio, y lo que él enseña no es la verdad. No se dejen engañar por el apóstol Pablo, porque tal apóstol como él dice. Mis hermanos, en defensa de su apostolado, en defensa de su llamado al ministerio y a predicar el evangelio verdadero de Cristo, que Pablo escribe la carta a los Gálatas. Si Uds. notan, al comienzo de la carta, él dice en el versículo 6: "Maravillado estoy que tan pronto os halláis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No es que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema". Y entonces él dice en el versículo 10: "Busco ahora yo el favor de los hombres o el de Dios ? O trato de agradar a los hombres ? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo, no sería esclavo de Cristo, mas os hago saber hermanos", versículo 11, "que el evangelio anunciado por mi, no es según los hombres, pues yo no lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesús Cristo mismo". Y entonces él cuenta su testimonio, de como él perseguía la iglesia, pero un día camino a Damasco Jesús lo escogió para ser Su apóstol, y le dijo, tu serás un testigo mío, del poder salvador de la sangre de Cristo Jesús. Es en defensa de su apostolado, es en defensa de su santo ministerio, es en defensa de su alta vocación a la predicación del evangelio de Cristo Jesús, que él escribe la epístola a los Gálatas. Y es en este contexto que tenemos que entender la mención de las marcas del Señor Jesús. Dicen que no soy apóstol de Cristo, dicen que soy un falso apóstol; mis hermanos, que nadie me cause molestias, porque yo traigo en mi cuerpo las marcas que demuestran que soy un apóstol del Señor Jesús. Las marcas del sufrimiento; oh, mis hermanos, el sacrificio no se puede ridiculizar. Es muy difícil descartar, minimizar, o ridiculizar aquello que cuesta sacrificio, sufrimiento y tremenda devoción. Nadie puede negar, que algo que se ha logrado con gran sacrificio, es verdaderamente verdadero. Quien podría decirle al apóstol Pablo, que era un falso apóstol ? Quien iba a estar sufriendo como él sufría por el Señor Jesús, si en verdad no predicaba el evangelio verdadero ? Cómo un apóstol falso iba a estar dispuesto a sufrir todo lo que el apóstol sufrió, llevando las marcas en su cuerpo del sufrimiento, si lo que él predicaba era una ilusión, una mentira, un evangelio falso, un evangelio no completo. Saben hermanos, lo que cuesta sufrimiento, lo que cuesta lágrimas y devoción, especialmente en la obra del Señor, cuando alguien pone su vida en el altar del sacrificio por Cristo, se valora como lo que realmente es. Y justamente las marcas del Señor Jesús son para demostrar la validez de nuestro llamamiento al apostolado y al ministerio de Cristo Jesús. Para eso el Señor nos da las marcas de Cristo.

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