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18 de septiembre de 2009

El Vaticano y los Grandes Genocidios del Siglo XX (46)

El soplo esperado del protestantismo norteamericano.

El poder secular permitió la restauración del poder político del papado romano, según ya vimos, en 1929. Desde entonces el Vaticano intentó imponerse sobre toda Europa, a expensas del concurso protestante norteamericano e inglés. Aunque cortejó esos poderes protestantes para librarse de caer nuevamente bajo el golpe mortal del ateísmo, quiso levantar un imperio mundial europeo, un Sacro Imperio Romano restituído, que gobernase el mundo sin la interferencia protestante. Pero la profecía indicaba que la extensión de su poderío sobre el mundo entero no podría hacerse efectiva sin el soplo de vida que le daría al final, el protestantismo norteamericano.

Teniendo en cuenta las profecías bíblicas, más definidamente del Apocalipsis, la iglesia remanente ha estado advirtiendo al mundo, desde mediados del S. XIX, que cuando los principíos católico-romanos se impusiesen por ley en los EE.UU.—más definidamente el día de culto religioso cuya única autoridad descansa sobre el papado romano—entonces el papado habrá logrado el mayor triunfo de su historia, y su influencia se hará ejercer inmediatamente sobre toda la tierra. “Y hacía que la tierra y sus habitantes adorasen a la primera bestia (el anticristo romano), cuya herida mortal fue sanada” (Apoc 13:12).

Hace ya un siglo, anticipándose a lo que estamos viendo venir, escribió la pluma inspirada lo siguiente. “En este homenaje al papado [la imposición por ley del día de culto papal que Roma ostenta como símbolo de su supremacía] los EE.UU. no estarán solos. La influencia de Roma en los países que una vez reconocieron su dominio está aún lejos de ser destruída... Hasta el mismo tiempo final llevará hacia delante su obra de engaño. Y el revelador declara, también refiriéndose al papado: ‘Todos los habitantes de la tierra lo adorarán, cuyos nombres no están escritos en el Libro de la Vida” (Apoc 13:8). “Su herida mortal fue sanada, y toda la tierra se maravilló, y siguió a la bestia [anticristo romano]” (Apoc 13:3). “Tanto en el viejo como en el nuevo mundo, el papado recivirá homenaje en el honor que se le dé a la institución del domingo, que descansa únicamente sobre la autoridad de la Iglesia Romana” (GC, 579).

Esta predicción se está cumpliendo notablemente ahora, luego que el comunismo ateo de la Unión Soviética se desintegró al final del S. XX. Las naciones católicas que habían caído bajo el yugo comunista al concluir la Segunda Guerra Mundial, reaparecen repentinamente ostentando su identificación con la Iglesia Católica en un porcentaje a veces notablemente incrementado. Los sueños que los papas de la primera mitad del S. XX tuvieron de destruir el comunismo para levantar un imperio europeo procatólico con gobiernos fascistas, los está logrando ahora al comenzar el S. XXI. Todo esto, gracias a haber logrado hacer caer a la Unión Soviética mediante un pacto secreto que hizo el papa Juan Pablo II con el gobierno norteamericano de Reagan, al concluir la década de los 80.

“La Palabra de Dios ha dado advertencias respecto a tan inminente peligro; descuide estos avisos y el mundo protestante sabrá cuáles son los verdaderos propósitos de Roma, pero ya será tarde para salir de la trampa. Roma... está acumulando ocultamente sus fuerzas y sin despertar sospechas para alcanzar sus propios fines y para dar el golpe en su debido tiempo. Todo lo que Roma desea es asegurarse alguna ventaja, y ésta ya le ha sido concedida. Pronto veremos y palparemos los propósitos del romanismo. Cualquiera que crea u obedezca la Palabra de Dios incurrirá en persecución” (CS, 638).

7. La crisis final.

No es mediante imposiciones constitucionales o legales que se logra convertir al mundo. Aunque se logre momentáneamente cierta paz y armonía forzada como la que se dio bajo el régimen fascista de Franco en España, tal fachada de libertad no dura mucho, como tampoco dura mucho una tapa sobre una olla con agua a la que se ha puesto fuego debajo. Para que la armonía y la paz reinen supremas, se requiere una conversión voluntaria del interior, efectiva únicamente mediante la intervención del Espíritu Santo. Por esta razón, el Señor vendrá no para llevarse todo el mundo al cielo, sino para salvar a un remanente que habrá revelado tal conversión. En la ciudad de Dios “no entrará ninguna cosa impura, ni quien cometa abominación o mentira, sino sólo los que están escritos en el Libro de la Vida del Cordero” (Apoc 21:27).

Una Europa confesional es lo que busca el papado, y luego un mundo igualmente confesional. ¿Será demasiado pedir o soñar? Pero, ¿cuál será el resultado? La imposición de normas religiosas a una generación corrupta provocará al final, las escenas de violencia más grandes conocidas en la historia de la humanidad. Esto se dará cuando los ángeles suelten los vientos que tienen sujetos de las pasiones humanas (Apoc 7:1-3). Los poderes en contensión se soltarán. ¿Qué poder podrá sujetar a tantos millones que pasarán a ser poseídos por los mismos demonios, los ángeles caídos que se rebelaron con Lucifer contra Dios en el cielo, y que fueron confinados a este mundo por elección humana, hasta su destrucción final? (Jud 6).

Llama la atención que la pluma inspirada presentase como “ilustración” muchas escenas que tomó del medioevo para señalar lo que volvería a tener lugar en el fin del mundo. Si no tomó las escenas que se produjeron durante y después de la Segunda Guerra Mundiales mediante gobiernos clero-fascistas, es porque no vivió para contarlas. Pero nuestro análisis de tales hechos aberrantes y deplorables nos muestran que Dios los permitió en un compás de espera de sujeción de vientos violentos, para que pudiésemos entender la naturaleza de los eventos finales que sin duda alguna, se desatarán pronto en el S. XXI. ¿Qué fue lo que terminó produciendo la represión exterior y político-religiosa clero-fascista del S. XX? Guerra civil, violencia y genocidio por doquiera. Cuando no se resuelven los problemas básicos e inherentes al ser humano, lo único que logran las medidas gubernamentales es detener una presión que, al explotar, se vuelve incontrolable. Habrá una explosión final que conducirá al fin mismo del mundo.

“Los protestantes volcarán toda su influencia y su poder del lado del papado; mediante un decreto nacional que imponga el falso día de reposo, darán vida y vigor a la corrompida fe de Roma, reviviendo su tiranía y opresión de las conciencias” (Mar 177, 1893). “El llamado mundo protestante formará una coalición con el hombre de pecado, y la iglesia y el mundo estarán en corrupta armonía” (7CBA 986, 1981). “Cuando se haya logrado esto, en el esfuerzo para asegurar completa uniformidad, sólo faltará un paso para apelar a la fuerza” (CS, 498, 1911). “Habrá un vínculo de unión universal, una gran armonía, una confederación de fuerzas de Satanás. ‘Y entregarán su poder y su autoridad a la bestia'” (2MS, 447-448, 1891). “Todo el mundo cristiano estará involucrado en el gran conflicto final entre la fe y la incredulidad” (RH, Feb 7, 1983). “Toda la cristiandad quedará dividida en dos grandes categorías: la de los que guardan los mandamietnos de Dios y la fe de Jesús, y la de los que adoran la bestia y su imagen y reciben su marca” (CS, 503, 1911; cf. Apoc 12:17; 14:12).

La historia de un milenio y medio prueba notablemente el cumplimiento de la profecía bíblica con respecto al papel que cumpliría el papado romano. Sería el fruto de la “rebelión” (Dan 8:12) o “apostasía” (2 Tes 2:3) del cristianismo que se manifestó cuando se unió con el mundo pagano en el S. IV de nuestra era, más específicamente, en la época del emperador Constantino. El levantamiento del papado fue lento pero gradual, “de pequeños comienzos” (Dan 7:8), hasta lograr imponerse sobre toda la cristiandad universal (católica) dos siglos más tarde, una vez que cayeron los césares de Roma (2 Tes 2:5-8). Según el profeta, se engrandecería a sí mismo y hasta por encima del Príncipe del Ejército, el Hijo de Dios mismo, pretendiendo ser su vicario (Dan 8:11: “tomará de él el continuo” ministerio sacerdotal intercesor del Príncipe, Cristo Jesús). Daniel lo presenta como “un rey altivo de rostro, maestro en intrigas” (Dan 8:23), que “hará a su voluntad, se ensoberbecerá y se exaltará sobre todo dios, en forma blasfema contra el único Dios verdadero (Dan 11:36). Anunció que “su poder se fortalecerá, pero no con su propia fuerza. Causará grandes destrucciones y prosperará. Y destruirá a los fuertes y al pueblo de los santos. Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano. Se considerará superior, y por sorpresa destruirá a muchos” (Dan 8:24-25).

Tanto Daniel como el apóstol Pablo anticiparon también el celibato católico (Dan 11:37; 1 Tim 4:3). ¡Cómo destacan las profecías la mentira y el engaño de ese poder apóstata que se levantaría en medio de la cristiandad! (1 Tim 4:2). “La aparición de ese inicuo es obra de Satanás, con gran poder, señales y prodigios mentirosos, y con todo tipo de maldad que engañará a los que se pierden... porque habrán rehusado amar la verdad para ser salvos” (2 Tes 2:9-10). Conforme a lo anunciado por ambos profetas, el “rey altivo” e “inicuo” iba a sentarse “en el templo de Dios [la iglesia], como Dios, haciéndose pasar por Dios” (2 Tes 2:4). ¿Cómo se opondría a Dios? Pretendendiendo ser su vicario, pero cambiando su ley (Dan 7:25).

Durante un milenio y medio se vio al papado enquistado en medio del cristianismo, reclamando arrogante y blasfemamente ser el alma espiritual sobre el cuerpo político de los reyes y gobernantes de Europa y del mundo, ostentanto títulos como el de Vicario del Hijo de Dios y Santo Padre que le corresponden únicamente a Dios y a su Hijo. ¡Cuántas veces quisieron sacárselo de encima tanto príncipes y reyes cristianos sin poder hacerlo! ¡Y a pesar de tanto desengaño sufrido en sus manos a lo largo de la historia, las naciones, iglesias cristianas y religiones están sucumbiendo hoy de nuevo, en las postrimerías del mundo, a sus hechizos mentirosos!

¿Cuál es nuestra misión hoy, y la misión acrecentada que tendremos para cuando la crisis estalle? Dar al mundo el clamor apocalíptico final, para que todo aquel que quiera ser salvo vea la luz, y logre escapar de la destrucción y condenación finales: “Y oí otra voz del cielo que decía: ‘¡Salid de ella [confusión de pueblos y religiones babilónica], pueblo mío, para que no participéis de sus pecados, y no recibáis de sus plagas! Porque sus pecados se han amontonado hasta el cielo, y Dios se acordó de sus maldades'”. Ese salir de la confederación de fuerzas religioso-políticas otra vez combinadas por la Iglesia de Roma, tendrá que ver con la recepción del sello de Dios [Su Ley], como marca de pertenencia al Dios Creador y a su Hijo Redentor. Mediante ese sello divino el Señor protegerá a su pueblo mientras regresa para rescatarlo de los poderes engañados y apóstatas de este mundo (Apoc 12:17; 14:12-14; 17:14). Para los que habrán rechazado ese último llamado divino a los habitantes de la tierra, el resplandor glorioso de la venida del Señor los consumará (Apoc 16; 2 Ped 3:10-13).

8. La sentencia final divina sobre los opresores y los oprimidos.

La unión de la Iglesia con el Estado, característica de todo el medioevo y de su resurgimiento final en el fin del mundo, está representada mediante los pies de la estatua de las naciones que Daniel debió describir e interpretar al pasmado rey de Babilonia. A la altura de los pies se ve una mezcla tipo matrimonial entre la religión y el estado (Dan 2:33,41-43). Pero así como una soldadura de hierro con barro cocido no será sólida jamás, así tampoco esos pies fueron capaces de mantener todo el sistema de gobierno de las naciones del cual la última generación sería heredera. “En los días de estos reyes [o gobernantes]”, declaró Daniel a Nabucodonosor, “el Dios del cielo levantará un reino que nunca jamás será destruido, ni será entregado a otro pueblo. Desmenuzará y dará fin a todos aquellos reinos, y él permanecerá para siempre” (Dan 2:44).

La sentencia divina sobre la Roma papal se anticipa en la Biblia también de otras maneras. “Pero se sentará el tribunal [divino] en juicio, y le quitarán su dominio, para que sea destruido por completo y para siempre. Y el reino, el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, serán dados al pueblo de los santos del Altísimo [“los que guardan los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús”: Apoc 14:12], cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán” (Dan 7:27). “Sin mano humana [es decir, por la mano divina directamente], será quebrantado” (Dan 8:25). “Plantará sus tiendas reales entre los mares, en el monte glorioso y santo [es decir, en Israel, símbolo del verdadero pueblo fiel de Dios en el fin que guarda sus mandamientos: Apoc 7:4-8; 14:1,12]. Pero llegará a su fin, y no tendrá quién le ayude” (Dan 11:45).

“El Señor lo matará”, confirmó el apóstol Pablo, “con el aliento de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida” (2 Tes 2:8). “Y la bestia [anticristo romano papal] fue apresada, y con ella el falso profeta [protestantismo apóstata] que había hecho las señales ante ella. Con esas señales había engañado a los que recibieron la marca [el domingo] de la bestia [anticristo romano papal], y adoraron su imagen [la unión de la Iglesia y el Estado por la América Protestante equivalente al sistema monárquico-papal del medioevo, y que se cumple cuando impone el día religioso romano]. Los dos [el papado y el protestantismo apóstata] fueron lanzados vivos en el lago de fuego que arde con azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que estaba sentado sobre el caballo” [Cristo como Rey de reyes y Señor de señores en su Segunda Venida] (Apoc 19:20; cf. v. 11-16).

Su reino, la Babilonia simbólica que representa a Roma (cf. Apoc 17:9), no es eterno como la consideraron los poetas paganos y posteriormente los católicos. Por el contrario, Roma será destruida conjuntamente con su rey, el papado y toda su corte. “Entonces un ángel poderoso alzó como una gran piedra de molino, y la echó al mar, diciendo: ‘Con tanto ímpetu será derribada Babilonia, esa gran ciudad, y nunca jamás será hallada. No se oirá más en ti voz de arpistas, músicos, flautistas, ni trompeteros; ni artífice alguno se hallará más en ti... Ni luz de antorcha alumbrará más en ti, ni voz de novio o novia se oirá más en ti. Tus mercaderes eran los magnates de la tierra, y tus hechicerías extraviaron a todas las naciones. Y en ella fue hallada la sangre de los profetas, de los santos, y de todos los que han sido sacrificados en la tierra” (Apoc 18:21-24).

“¡Alégrate sobre ella, cielo! ¡Alegraos vosotros, santos, apóstoles y profetas! Dios ha pronunciado juicio en vuestro favor contra ella” (Apoc 18:20). “Entonces volveréis, y veréis que hay diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios, y el que no le sirve” (Mal 3:18). “Vi que este cuerno [anticristo papal romano] combatía a los santos y los vencía, hasta que vino el Anciano de días [Dios el Juez], y pronunció juicio a favor de los santos del Altísimo. Y vino el tiempo, y los santos poseyeron el reino” eterno (Dan 7:21-22). “Y vi las almas de los decapitados por el testimonio de Jesús y por la Palabra de Dios, que no habían adorado a la bestia [anticristo papal romano] ni su imagen, y no habían recibido la marca [imposición dominical] en su frente o en su mano. Estos volvieron a vivir y reinaron con Cristo mil años” (Apoc 20:4). “Y reinarán por los siglos de los siglos” (Apoc 22:5). “Y serán míos—dice el Señor Todopoderoso—en el día en que yo recupere mi especial tesoro… (Mal 3:17).

“Ciertamente consolará el Eterno a Sion, consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto del Eterno; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto… Ciertamente volverán los redimidos del Eterno; volverán a Sion cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán” (Isa 51:3,11). “Pero, según su promesa, nosotros esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, donde habita la justicia. Por eso, oh amados, ya que esperáis estas cosas, procurad con diligencia ser hallados en paz con él, sin mancha ni reprensión. Y entended que la paciencia de nuestro Señor significa salvación” (2 Ped 3:13-14).

“Y oí una gran voz del cielo que decía: ‘Ahora la morada de Dios está con los hombres, y él habitará con ellos. Ellos serán su pueblo. Y Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos. Y no habrá más muerte, ni llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron'. Entonces, el que estaba sentado en el trono dijo: ‘Yo hago nuevas todas las cosas'. Y agregó: ‘Escribe, porque mis Palabras son ciertas y verdaderas'. Y me dijo: ‘Hecho está. Yo Soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tenga sed, le daré gratis de la fuente del agua de la vida. El vencedor tendrá esta herencia, y yo seré su Dios y él será mi hijo'” (Apoc 21:2-7).

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