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17 de septiembre de 2009

Un viento, un gusano, y una planta



“Bueno y recto es Jehová; por tanto, Él enseñará a los pecadores el camino. Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera” (Salmo 25:8, 9).

¿Cuál es el simbolismo de la enramada que Jonás se construyó? ¿Qué ironía se encuentra aquí? ¿Por qué Dios hizo crecer la planta, y luego la hizo secar? ¿Estaba Jonás enfrentando un castigo para sí mismo? ¿Qué le estaba enseñando Dios a Jonás? ¿Cómo vemos aquí una poderosa manifestación de la gracia de Dios en la vida de este profeta? ¿De qué modo podemos nosotros estar en peligro, como Jonás, de dar por sentada la gracia de Dios hacia nosotros?

AUNQUE SEA DIFÍCIL ENTENDERLO
para nosotros (que creemos que nuestro propósito como pueblo es llevar las buenas nuevas de la salvación a los “paganos”), el malhumorado profeta Jonás expresó una profunda insatisfacción acerca de la misericordia de Dios hacia los impíos ninivitas. Él lamentó que ellos escucharan sus advertencias y se arrepintieran. Dios entonces le pide a Jonás que reconsidere su sombría actitud, mientras este estaba sentado bajo una enramada que construyó para tener sombra. Jonás sigue su diálogo con Dios. Y aunque en este capítulo final del libro se registran algunos de los conceptos teológicos más profundos del Antiguo Testamento, lo que vemos aquí es, más que nada, otra manifestación de la gracia de Dios hacia su hijo descarriado. Al estudiar esta semana, recuerda quién es Jonás, los privilegios que había tenido, lo que Dios había hecho por él... ¿y sin embargo esa actitud?

Esto debería darnos esperanza a nosotros, aunque no nos enseñara nada más.

LA ENRAMADA DE JONÁS

“En tabernáculos [“enramadas”, NVI] habitarán siete días; todo natural de Israel habitará en tabernáculos, para que sepan vuestros descendientes que en tabernáculos hice yo habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios” (Levítico 23:42, 43).

Dios preparó entonces una “lección objetiva” para Jonás (PR 203). Como el “gran pez” en el Mediterráneo, una planta, una oruga y un fuerte viento fueron los instrumentos de Dios. Y, como el “gran pez”, estos obedecieron. Se observa un nuevo énfasis sobre el recurrente tema del control de Dios sobre la naturaleza que él ha creado.

En Jonás 4:5, Jonás sale de la ciudad y se construye una “enramada”. Busca los siguientes versículos, en los que en hebreo aparece la misma palabra (aunque en plural): Levítico 23:42, 43; Nehemías 8:14-16. ¿Cuál es el significado que se da en Jonás al uso de esta palabra, basado en lo que significó en los otros textos?

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Los “tabernáculos” o “enramadas” tenían el propósito, entre otras cosas, de recordar a los hijos de Israel su liberación milagrosa de Egipto y el cuidado de Dios por ellos después de su liberación. Aparentemente para Jonás, la liberación estaba bien para los hebreos, pero no para los paganos. Tal vez Jonás, cuya única preocupación era ahora su comodidad personal, no notó la ironía de su acción.

La palabra hebrea para “tabernáculos” o “enramadas” es sukkot, el plural de sukkah (la palabra que aparece en Jonás) es también el nombre de la fiesta judía de Sukkot, o Fiesta de los Tabernáculos. Durante ella, hasta hoy, los judíos tradicionales viven en una enramada, una sukkah, como un recordatorio de las moradas temporarias en las que sus antepasados vivieron durante la liberación de Egipto.

Lee la última parte de Jonás 4:5. ¿Qué estaba esperando Jonás? ¿Tal vez tenía alguna esperanza de que la ciudad de todos modos fuera destruida? ¿Qué nos dice esto acerca de su carácter; pero más importante, qué nos dice acerca del carácter del Dios que lo soportó con tanta paciencia? Y ¿nos soporta también a nosotros?

LAS PROVIDENCIAS DE DIOS

¿Qué verbo reaparece al comienzo de Jonás 4:6, que ya hemos visto antes?


El versículo 6 comienza con la frase: “Y preparó Jehová Dios”. Esta es la segunda de las cuatro veces que este verbo aparece en el libro de Jonás (ver la lección 6); la primera vez se usó para indicar que Dios había “preparado” el pez que tragó a Jonás. Cada vez que se usó (Jonás 1:17; 4:6-8), Dios es el sujeto del verbo, el que hace la preparación o providencia. Su uso destaca una vez más el dominio soberano de Dios sobre toda la naturaleza en la realización de sus propósitos.

Es claro (por lo que ocurrió después) que Dios no había abandonado a Jonás, aun cuando el profeta estaba tan desanimado por la gracia que Dios les daba a los paganos, que quería morirse.

Mientras Jonás está sentado en una enramada que había construido para esperar qué resultaría de Nínive, Dios hizo crecer una planta para darle sombra adicional (aparentemente la enramada no era suficiente), con el fin de que “le librase de su malestar”. Y, evidentemente, cumplió su propósito.

Además, así como había ocurrido con el gran pez, el autor no identifica la especie ni se detiene en hablar del milagro de su crecimiento tan rápido. Sencillamente se supone que Dios puede hacer estas cosas.

Lee Jonás 4:6 al 8. Resume en tus propias palabras lo que sucedió.

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Allí está Jonás, deprimido por la liberación de Nínive de su destrucción, pero ahora gozoso por una planta que le da algo de sombra. ¿Qué debemos pensar de este personaje?

En el transcurso de los eventos, Dios “prepara” esta planta, luego un gusano para que destruya la planta y más tarde un viento “recio”. En lugar de que Nínive sea castigada, Jonás mismo parece estar frente a una especie de castigo divino; está recibiendo un anticipo pequeño de lo que él, aparentemente, quería que en forma completa ocurriera con esos gentiles paganos. La gracia que hizo crecer la planta, que lo había hecho muy feliz, ahora le fue quitada, y se sintió miserable.

Jonás padecía de uno de los males más comunes que afectan a la raza humana: el egoísmo, uno de los pecados más terribles. Busca los siguientes textos: Lucas 9:23; Romanos 6:4-7; 1 Corintios 9:19; Filipenses 2:1-7. ¿Qué nos dicen estos pasajes, y qué nos prometen, que puede ayudarnos a vencer el pecado que hizo que Jonás sufriera esa desgracia moral y espiritual?

LA IRA DE JONÁS REGRESA

Jonás le había pedido a Dios que destruyera, y Dios hace exactamente eso. Él destruye, pero no lo que Jonás quería ver destruido. Jonás tenía que aprender algunas cosas por dura experiencia.

Jonás otra vez quiere morirse; sin embargo, esta vez, no le pide directamente a Dios que lo mate (tal vez pensó que tal pedido era inútil). Sin embargo, su mórbido deseo de morir, afirmado por segunda vez, sugiere una profunda enfermedad espiritual. Esas son las últimas palabras de Jonás en la narración (Jonás 4:8, 9). Él sigue oponiéndose a Dios, como lo hizo desde el principio. Pero Jonás no tiene la última palabra. Dios le hace otra vez una pregunta.

¿Qué le dijo Dios a Jonás? Jonás 4:9.

Las preguntas divinas ejercen una suave presión sobre Jonás para poner al descubierto su actitud. Esta es la segunda vez que Dios le pide a Jonás que analice su enojo, usando ahora el problema de la planta marchita.

Nota que, en el versículo 4, Dios le preguntó a Jonás si era justo enojarse por el acto de la liberación de Nínive. Ahora, en el versículo 9, le está preguntando a Jonás si es correcto enojarse por la destrucción de la planta. Tal vez Dios le estaba mostrando a Jonás el contraste entre una ciudad entera y una planta, queriendo que Jonás viera de qué modo su perspectiva estaba fuera de equilibrio y sus prioridades tan confundidas: enojado porque Dios no destruyó una ciudad, enojado porque Dios destruyó una planta.

¿De qué manera respondió Jonás a la pregunta de Dios? Jonás 4:9.

Imagínate esta escena. Aquí está este pecador, mortal, que merece la muerte: desafiando abiertamente a Dios, el Creador, aun después de ver todos esos milagros, uno tras otro, y él mismo haber sido librado por uno de los milagros más asombrosos de la historia sagrada. Y, no obstante, ¡Dios sigue trabajando con él! No hay dudas de que lo que vemos aquí es un pequeño ejemplo de lo que Dios ha estado haciendo con su pueblo a lo largo de la historia, mostrándole más gracia, más misericordia y más paciencia de la que él alguna vez mereció.

Desde nuestra perspectiva, el enojo de Jonás parece ridículo. Parece estar totalmente ciego a su propia condición espiritual. Por supuesto, ¿quién entre nosotros no se ha sentido de la misma manera alguna vez, enojado por algunas cosas que ocurrieron de cierta manera y aun echándole la culpa a Dios, aunque sea inconscientemente? Sin embargo, no hay duda de que el enojo de Jonás, para él, era perfectamente justificado, así como nos ocurre a nosotros también. Lee los siguientes versículos: ¿Qué nos dicen ellos que puede ayudarnos a poner nuestras pruebas en una perspectiva correcta? Isaías 55:8, 9; Lucas 11:9-13; Romanos 8:32; 1 Corintios 13:11, 12.

¿COMPASIÓN DE QUÉ?

“Y dijo Jehová: Tuviste tú lástima de la calabacera, en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació, y en espacio de otra noche pereció” (Jonás 4:10).

Considera cómo contestó Dios a Jonás en el versículo citado arriba. Dios usa el verbo “tener lástima” al describir la simpatía de Jonás por la planta (en el versículo 10); usó el mismo verbo hebreo con respecto a sí mismo, en el versículo 11, en relación con su actitud hacia Nínive, invitando a comparar ambas expresiones. Jonás tiene lástima por una planta; Dios tiene lástima por los habitantes de Nínive. ¿Podría haber un contraste mayor entre un Dios santo y la humanidad caída?
Es notable que Dios use el mismo verbo, “tener lástima”, o “tener piedad”, tanto para la actitud de Jonás como para la suya propia, procurando que Jonás se diera cuenta de lo que estaba haciendo. Jonás estaba dolorido por la planta sólo porque extrañaba su sombra.

Nota la elección del verbo “pereció” en el versículo 10, que nos recuerda las veces anteriores en que apareció esa palabra en la narración. ¿De qué modo se usó en esos casos?

Jonás 1:6 ______________________________________________________________

Jonás 1:14 _____________________________________________________________

Jonás 3:9 ______________________________________________________________

Jesús usó el equivalente griego de esta palabra en Juan 3:16, donde está en juego la “pérdida” de todo el mundo. Por la manera cuidadosa de escribir, el narrador muestra la trivialidad de la preocupación de Jonás por la planta que le dio sombra, cuando se la compara con todo lo que estaría en juego si se cumplía el castigo divino sobre Nínive. Y, en un sentido real, los problemas que afrontaron los marineros y los habitantes de Nínive son el mismo de Jonás (la mayor parte de la gente que es arrojada al mar durante una tormenta, muere). Por supuesto, estos mismos problemas son los que afrontamos todos: la vida o la muerte. En realidad, el problema va aún más allá de la vida o la muerte de esta existencia terrenal, que es sólo un vapor (Santiago 4:14) y la muerte sólo un sueño temporario (1 Corintios 15:51). Más bien, el problema verdadero resulta ser el tener la vida eterna (Juan 3:15) o la destrucción eterna (versículo 16).

Necesitamos recordar que cada persona que vemos afronta ya sea la vida eterna o la condenación eterna (Juan 5:29). ¿De qué modo podemos evitar ser como Jonás, es decir, concentrarnos tanto en nuestras propias preocupaciones que nos olvidemos lo que realmente es importante y cuál es nuestro propósito como adventistas del séptimo día?

UN ASUNTO DE GRACIA

Consideremos de nuevo lo que Dios le dijo a Jonás en Jonás 4:10. Jonás acaba diciendo, básicamente: Sí, tengo el derecho de estar enojado, aun hasta la muerte, porque tú me quitaste mi planta. Pero la forma en que Dios le contesta muestra la verdadera situación de Jonás: él realmente no tiene ningún derecho sobre esa planta ni ninguna autoridad sobre ella. No había trabajado por ella, no la había ganado, ni siquiera cuidado. La planta que le dio sombra fue un acto totalmente sobrenatural de Dios en favor de Jonás.

Algo que no podemos ganar, ni por la cual podemos trabajar, ni crear por nosotros mismos, y sin embargo es totalmente un regalo de Dios, ¿a qué se parece? Ver Job 4:17-21; Efesios 2:5-10; Romanos 3:28; 4:13-16.

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De nuevo, ¿cuán diferente fue Jonás del resto de la humanidad? ¿Cuán a menudo damos por sentado los dones que Dios nos ha otorgado? Dios nos muestra gracia y misericordia, y casi podemos acostumbrarnos a ellos, como si nos correspondieran. Nos olvidamos, no sólo que son dones de la gracia (porque, ¿qué otra cosa puede ser la gracia sino un regalo?), sino también lo que costó para que se nos pudiera conceder la gracia. Todos nosotros, en cada momento de nuestras vidas, recibimos la gracia de Dios, probablemente de muchas más maneras de las que nos damos cuenta. Y, tal vez ese sea el mismo problema que tuvo Jonás: no nos damos cuenta de ella.

Lee 2 Timoteo 1:8-10. Nota lo que dice acerca de lo que se nos ha dado en Cristo “antes de los tiempos de los siglos”. Si algo nos fue dado antes de que comenzara el mundo, nos fue dado antes de que lo pidiéramos, o aun antes de que pudiéramos ganarlo. Por eso era gracia.

Resume 2 Timoteo 2:8-10, haciendo una comparación entre lo que vemos aquí y la manera en que Dios trata a Jonás. ¿Qué están diciendo estos versículos? Haz una lista de lo que Dios ha hecho por nosotros, sólo por gracia, de acuerdo con estos versículos. ¿Por qué especifica Pablo que no fue por obras?

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Una familia de adultos jóvenes solía ir a comer a un restaurante cada domingo de noche. Un domingo, por alguna razón, decidieron no ir. Uno de los niños, de seis años, al oír la noticia, exclamó: “Bueno, yo esperaba salir a comer hoy”. ¿De qué maneras estamos nosotros en peligro de hacer lo mismo con la gracia de Dios? Por cuanto se nos ha dado tan libremente, y en tal abundancia, ¿suponemos que siempre la recibiremos, o que es algo que se nos debe?

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR

Lee, en Palabras de vida del gran Maestro, las páginas 322 a 334; y, si es posible, lee en Testimonies for the Church, tomo 8, las páginas 329 a 335.

Nínive fue reducida a ruinas en el año 612 a.C. Pero la generación que oyó la predicación de Jonás experimentó una maravillosa liberación, y el Dios de los hebreos “fue exaltado y honrado en todo el mundo pagano, y su Ley fue reverenciada” (PR 202). Y el libro de Jonás registra uno de los eventos más grandiosos en la historia de la redención.

“El Hijo de Dios dio todo por nuestra redención: la vida, el amor y los sufrimientos. ¿Y es posible que nosotros, seres indignos de tan grande amor, rehusemos entregarle nuestro corazón? Cada momento de nuestra vida hemos sido participantes de las bendiciones de su gracia, y por esta misma razón no podemos comprender plenamente las profundidades de la ignorancia y la miseria de las que hemos sido salvados” (CC 44, 45).

“Era el propósito de Dios que su gracia se revelara entre los gentiles tanto como entre los israelitas. Esto había sido anunciado claramente en las profecías del Antiguo Testamento. El apóstol usa algunas de estas profecías en su razonamiento. ‘¿O no tiene potestad el alfarero —pregunta—... para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?’ ”(HAp 310).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR

1. ¿Qué otro profeta quiso morir cuando estaba desanimado? (1 Reyes 19). ¿Hay semejanzas entre la situación de Jonás y la de Elías? Si es así, ¿cuál es la similitud? ¿Cuáles son las diferencias?

2. Elena de White, en una de las citas de arriba, dijo que en cada momento de nuestras vidas hemos sido participantes de la gracia de Dios. ¿Aun cuando éramos inconversos o no creyentes, o en abierta rebeldía? ¿Cómo entiendes lo que significa esta afirmación? ¿De qué maneras aun los inconversos participan de esta gracia?

RESUMEN

Dios nos ama, aun a pesar de nuestra hipocresía.

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