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11 de noviembre de 2009

Interpretaciones antes de la Reforma sobre Daniel 2

Transcurrieron los siglos. Joaquín de Floris (o Flora, m. 1202), destacado expositor medieval, de nuevo se ocupó de la exposición de Dan. 2 en una forma un poco confusa. Para él, los cuatro imperios son: (1) Los caldeos y medos-persas, (2) los macedonios, (3) los romanos y (4) los sarracenos. La piedra que llena la tierra era todavía futura. Poco después Juan Wyclef, profesor de Oxford y "la estrella matutina de la Reforma", afirmó en el siglo XIV que las "cuatro monarquías" de Dan. 2 claramente comprendían a Asiria-Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma. Walter Brute, erudito lolardo contemporáneo de Wyclef, afirmaba que los "pies [de hierro y barro] de la imagen" representaban al dividido "Imperio de Roma" que "aún perdura"; en tanto que la piedra representa el venidero reino de Cristo.

Los reformadores virtualmente unánimes en la exposición típica.


Cuando alboreó la Reforma del siglo XVI, el dinámico Martín Lutero, después de presentar la reconocida secuencia de los cuatro imperios -Babilonia, Persia, Grecia, Roma-, afirmaba: "Todo el mundo concuerda en esto". También declaraba que la piedra es el reino venidero de Dios. En esta interpretación recibió el apoyo de Melanchton, de Virgilio Solis, Selnecker y Ecolampadio. En Suiza, Tobías Stimmer, y en Gran Bretaña, George Joye, Hugh Latimer, Thomas Becon y Thomas Brightman -todos del siglo XVI-, siguieron la misma interpretación como la creencia común de los reformadores.

La contrarreforma niega que Roma ha caído.

La presión de la acusación unánime de todos los grupos protestantes, de que la Iglesia Católica era el anticristo profetizado, fue vivamente sentida por el papado, y dio como resultado una interpretación contradictoria de las profecías durante la Contrarreforma y después de ella. El cardenal Belarmino (m. 162l), el más capaz de los polemistas jesuitas, para apartar de las mentes que dicha profecía se aplicaba a la iglesia de Roma, argumentaba, basado en Dan. 2, que el anticristo no podría aparecer, de acuerdo a la demanda profética, hasta que se efectuara la división del Imperio Romano.

Insistía en que esa especificación inspirada todavía no se había realizado, argumentando que las dos piernas del coloso metálico representaban a la Roma Oriental y a la Roma Occidental; y que cuando cayó la Roma Occidental, la pierna [parte] Oriental continuó todavía; y cuando sucumbió el Imperio Romano Oriental, en 1453, para ese entonces la pierna Occidental había sido restaurada en la forma del Santo Imperio Romano. Por lo tanto, Roma, según él, siempre había tenido una pierna para sostenerse; y Roma debía dividirse antes de que apareciera el anticristo. De esta manera insistía en que el papado no era el anticristo.

Los expositores posteriores a la Reforma colocan la piedra en el futuro.

Algunos credos -como A Short Catechisme [Catecismo breve] de la Iglesia Anglicana, autorizado por Eduardo VI en 1553- declaraban que el reino pétreo todavía era futuro. Sin embargo, Calvino apoyaba el concepto de que la piedra era el reino espiritual de la iglesia que habría de quebrantar a todos los reinos terrenales. Esto explica su proceder autoritario.

En los tiempos posteriores a la Reforma, concordando con el erudito Joseph Mede (m. 1638), surgieron John Tillinghast, párroco independiente; Thomas Beverley, clérigo independiente; William Sherwin; Pierre Jurieu, hugonote francés; Sir Isaac Newton; Thomas Newton, obispo anglicano; Heinrich Horch; Jean de la Fléchère, colaborador suizo de Wesley; Hans Wood, laico irlandés; John Willison, teólogo escocés; James Bicheno, disidente inglés; y Christian G. Thube, pastor alemán, todos los cuales enseñaron la secuencia de Babilonia, Persia, Grecia y Roma, la que entonces era considerada comúnmente como irrefutable. Los pies y los dedos eran las naciones en que se había dividido Roma. Y con suma frecuencia se afirmaba que la piedra era el venidero reino de Cristo.

Los colonos norteamericanos sostienen las interpretaciones tradicionales.

Los escritores norteamericanos de la colonia y de los comienzos de la república (siglos XVII y XVIII) concordaron con las interpretaciones del Viejo Mundo. Ephraim Huit, de Connecticut, primer expositor sistemático de Daniel (1644) en el Nuevo Mundo, mantuvo los cuatro imperios tradicionales, y la piedra como el reino venidero de Cristo, destacando que la mezcla de barro y hierro en los pies era la mixtura de la Iglesia Católica con los estados seculares de Europa. Al mismo tiempo, el erudito Thomas Parker, de Massachusetts, insistía en que el reino pétreo no se establecería hasta el segundo advenimiento de Cristo, advenimiento que provocaría la destrucción de los reinos y la caída del anticristo. Y Samuel Hutchinson, laico de Boston, declaraba que la piedra "todavía no" había sido cortada del monte.

Increase Mather, comentador prolífico de las profecías y rector de Harvard (m. 1723), mencionaba las cuatro monarquías y especificaba las divisiones, afirmando asimismo que la piedra todavía no se había convertido en la montaña que llenaría todo el mundo. Su hijo, Cotton Mather, teólogo congregacional, sostenía lo mismo. Y Nicholas Noyes, pastor de Salem, afirmaba que la imagen metálica se sostenía sobre sus "tambaleantes piernas", como si hubiera recibido un golpe demoledor de la "Piedra". Ezekiel Cheever, maestro de escuela del mismo período en la Nueva Inglaterra, también afirmaba que el reino de Cristo no se establecería antes de que pasaran las cuatro monarquías.

Benjamín Gale, médico de Connecticut, sostenía que los pies y los dedos de los pies de la imagen eran la última forma de la tiranía romana, en la cual "los poderes civiles y eclesiásticos se unen y se mezclan". Samuel Osgood, director general de correos de 1789 a 1791, enseñaba que el período de los pies estaba terminando rápidamente y que la piedra representaba el segundo advenimiento de Cristo. Joshua Spalding, premilenarista de Salem, también enseñaba la típica sucesión de los cuatro imperios, y hacía corresponder el segundo advenimiento con la piedra que hiere a la imagen. Y finalmente David Austin, que fue pastor presbiteriano, interpretaba que la arcilla y el hierro representan el poder estatal y el poder eclesiástico, y afirmaba que su destrucción se realizaría mediante el impacto predicho de la piedra.

El siglo XIX presenta un cuadro impresionante.

En el siglo XIX, Manuel Lacunza, jesuita y escritor chileno, interpretó que los diez dedos de las piernas de hierro de la imagen metálica representaban a los reinos romano-góticos de Europa occidental, los cuales eran nominalmente cristianos; y que la piedra era el reino de Cristo. Destacaba la persistente división a pesar de los vínculos establecidos mediante los matrimonios de la realeza, y afirmó que la iglesia de la Edad Media no era el reino representado por la piedra.

En Gran Bretaña hubo muchos prominentes expositores -anglicanos, presbiterianos, bautistas y otros no conformistas- que propagaron la misma enseñanza entre 1805 y 1822, haciendo destacar los mismos cuatro poderes mundiales y los pies y sus dedos de hierro y de barro de la Europa dividida -no pocos de ellos los presentaron por nombre-, y la piedra como el reino venidero de Cristo, de Dios o del Mesías. Además, el obispo Daniel Wilson, de la India, François Samuel Robert Louis Gaussen, de Suiza y J. H. Richter, de Alemania, difundieron la misma enseñanza.

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