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10 de noviembre de 2009

La Correcta Interpretación de Daniel

El reavivamiento medieval de la interpretación histórica no surgió con los valdenses y otros grupos que estaban fuera de la Iglesia Católica -y que no reconocían la supremacía del obispo de Roma-, sino que procedió de intrépidos católicos, algunos de los cuales se sintieron constreñidos a clamar contra las perversiones inconcebibles de esa iglesia y a aplicarle algunos de los símbolos proféticos de las Escrituras. Aplicaciones similares también fueron hechas por ciertos escritores judíos. El número creciente de disidentes, a partir del Renacimiento, casi siempre fundamentó las críticas que hacía a la iglesia en las profecías de Daniel y Apocalipsis. En la mente de hombres pensadores, estas profecías fueron recuperando gradualmente el lugar que les correspondía.

La Reforma se basó en las profecías.

Todos están de acuerdo en que la gran Reforma protestante fue un redescubrimiento de las verdades evangélicas de la iglesia primitiva, las cuales predominaron en el tiempo de su mayor pureza. Pero esto pudo lograrse gracias a un nuevo énfasis en el propósito de las profecías bíblicas acerca del anticristo. Durante dos siglos antes de Lutero, hombres de inclinación espiritual habían dado énfasis, con creciente claridad, a la salvación por medio de Cristo, protestando por las grandes perversiones de Roma, entre tanto que permanecían dentro de la Iglesia Católica. Pero cuando Lutero captó la verdad de la identidad profética del anticristo, esto lo alentó a él, y a centenares más en diferentes países, a romper con Roma. A la luz de las repetidas y explícitas representaciones y admoniciones proféticas, se sintieron impelidos a "salir" de la Babilonia papal. Estuvieron dispuestos a ir a las mazmorra o a la hoguera antes que claudicar en su obediencia a los designios divinos que ahora discernían claramente. Y esto fue usado como un grito de guerra, porque las descripciones proféticas fueron predominantes en el pensamiento de la Reforma, y ahora se discernían y aplicaban con claridad.

La contrarreforma estimula interpretaciones contrarias.

La acusación virtualmente unánime de que el papado es el anticristo de la profecía, acusación lanzada por todos los grupos protestantes en todos los países, indujo a los dirigentes católicos romanos a procurar que se desviara el dedo acusador, y que se alejara la atención de los protestantes del sistema católico medieval. En esto alcanzaron mucho éxito. Francisco Ribera y Luis de Alcázar jesuitas españoles del siglo XVI, se levantaron para hacer frente al desafío, formulando interpretaciones aparentemente razonables, aunque contrarias a las de la Reforma.

Ribera sostenía que el anticristo era un individuo aún por aparecer, un gobernante impío de Jerusalén que ejecutaría sus designios al fin de los siglos en tres años y medio literales. En esto contaba con el pleno apoyo del gran polemista católico, el cardenal Roberto Belarmino. Esta interpretación que coloca al anticristo en el futuro, recibe con justicia el nombre de futurista. Esta idea futurista pronto se convirtió en la interpretación habitual católico-romana en cuanto al anticristo, y es ahora la más difundida entre los católicos.

Por otra parte, Alcázar sostenía lo que recibió el nombre de preterismo, con lo cual se afirma que prácticamente todas las profecías terminaron con la caída de la nación judía y con la destrucción de la Roma pagana; y que el anticristo había sido algún emperador romano como Nerón, Domiciano o Diocleciano. La enunciación de estos dos puntos de vista -futurismo y preterismo- mostraba el espectáculo anómalo de dos explicaciones opuestas y mutuamente excluyentes que surgieron de la misma Iglesia Católica; pero lograron su propósito: confundir la interpretación profético protestante.

El restablecimiento provocado por la Reforma, dañado por desviaciones posteriores.
La interpretación antagónica del jesuita Alcázar comenzó a ser adoptada por protestantes declarados como Hugo Grocio (1583-1645) de Holanda y Henry Hammond (1605-1660) de Inglaterra, lo cual causó división y pérdida de confianza en el enfoque histórico continuo de las profecías por parte de muchos protestantes. El resultado fue una segunda desviación de la interpretación correcta, esta vez entre los protestantes. Sin embargo, hubo algunos como Joseph Mede, que no sólo permanecieron firmes frente a las perversiones, sino que fueron impelidos a estudiar de nuevo todo el campo de la profecía, y a introducir de nuevo el milenarismo futuro y la escuela histórica de interpretación. Esto dio como resultado una exposición cada vez más clara y correcta. El preterismo penetró en la escuela racionalista de los teólogos alemanes del siglo XVIII; el futurismo halló cabida entre los protestantes del siglo XIX, y en décadas recientes generalmente ha sido aceptado por los fundamentalistas.

El Cuerno Pequeño y el Siglo III

La aplicación profético, hoy frecuente, del cuarto reino de Dan. 2 y 7 al período helenístico, y por consiguiente del cuerno pequeño de Dan. 7 a Antíoco Epífanes, generalmente se remonta a Porfirio (233-c. 304), neoplatónico y defensor del paganismo. Alarmado por la difusión creciente del cristianismo, y comprendiendo que la profecía ocupaba un puesto clave en el pensamiento de los cristianos primitivos, Porfirio trato de contrarrestar la fuerza de la profecía de Daniel argumentando que el libro no era una profecía escrita por Daniel en el siglo VI a. C., sino un bosquejo histórico engañoso, redactado por un autor posterior al tiempo de los Macabeos. Esto es, Porfirio afirmaba que el libro había sido fraguado después de que los sucesos históricos tuvieron lugar, pero que habían sido puestos en tiempo futuro como una predicción.

Esta interpretación antagónica no fue aceptada por los cristianos de Occidente, sino que su aceptación se limitó a unos pocos del Cercano Oriente. En términos generales, la teoría de Porfirio quedo latente hasta los tiempos posteriores a la Reforma, cuando fue exhumada de su oscuridad por Hugh Broughton (1549-1612) de Inglaterra. Pero desde entonces se Ira difundido mucho (sin duda por ignorarse su origen y verdadero propósito) en el Viejo y en el Nuevo Mundo, para contrarrestar la escuela de interpretación histórica que afirma que el cuerno pequeño de Dan. 7 es el papado histórico que surgió de entre las diez divisiones del cuarto poder - el romano-, y que floreció durante la Edad Media. Esta teoría de Antíoco Epífanes se ha difundido mucho ahora entre los modernistas y se encuentra en la mayoría de los comentarios críticos.

La interpretación del Nuevo Mundo con frecuencia es más clara.

Los que emigraron al Nuevo Mundo trajeron consigo la interpretación de Daniel, común entre los protestantes del siglo XVII en Gran Bretaña y el continente europeo. La profecía ocupó un lugar prominente en el pensamiento de los colonizadores desde el tiempo en que llegaron a Norteamérica. Surgieron expositores de todos los estratos sociales. El primer comentario norteamericano acerca de Daniel -publicado en 1644- fue obra de Efraín Huit, The Whole Prophecie of Daniel Explained (Toda la profecía de Daniel explicada). El alejamiento físico del escenario del Viejo Mundo y de sus relaciones dio como resultado un tipo de exposición independiente, con frecuencia más clara que algunas interpretaciones de los círculos del Viejo Mundo, porque el preterismo, el racionalismo, etc., todavía no habían hecho impacto en Norteamérica.

El despertar del siglo XIX.

En un tiempo cuando el postmilenarismo prevalecía en las iglesias y el preterismo iba ganando el favor de la crítica erudita, y antes de que se desarrollara el futurismo, ya florecía el premilenarismo histórico.

La interpretación profético histórica ha tenido predominio en tres períodos: primero, en los comienzos de la era cristiana; después en los períodos de la Reforma y de la época posterior a la Reforma; y finalmente, a comienzos del siglo XIX. En su conjunto, éste es el marco de fondo del despertar del siglo XIX en el Viejo Mundo y del movimiento de la 2da venida de Cristo del Nuevo Mundo, en los cuales muchos expositores independientes fueron pioneros en la presentación de interpretaciones paralelas.

Antecedentes de la interpretación del siglo XIX.

Las interpretaciones de 25 siglos demuestran que nuestra tarea es la de recuperar y continuar las honrosas y ortodoxas exposiciones proféticas mantenidas a través de los siglos, las cuales se han ido acumulando y desarrollando, y ahora han sido restauradas y perfeccionadas y han adquirido una nueva importancia a la luz de estos últimos tiempos. Es lógico y natural que nuestro énfasis especial se enfoque ahora sobre estos segmentos de las profecías que atañen a los últimos días y que hasta ahora no se habían percibido o hecho resaltar. En el pasado aún no había llegado el tiempo para su cumplimiento y reconocimiento natural, su aplicación y énfasis.

Interpretaciones básicas recibidas de otros.

Todas nuestras interpretaciones básicas de hoy, correspondientes a todas las grandes profecías cronológicas (tales como la terminación, en 1844, de los 2.300 años de Dan. 8: 14, y su comienzo que coincide con el de las 70 semanas de Dan. 9: 25), pueden remontarse hasta distinguidos expositores de antaño. De modo que nosotros, los adventistas del séptimo día, tan sólo estamos en la misma corriente de los expositores correctos de los siglos, y reconocemos, agradecidos, nuestra deuda con los nobles pioneros. Somos los herederos de las verdades proféticas de los expositores del pasado y los heraldos especiales de los cumplimientos de los últimos días.

Teniendo tal marco histórico ante nosotros, nos hallamos preparados para seguir el desarrollo progresivo y específico tanto de la interpretación de la simbólica estatua de metal de Dan. 2, como de las cuatro bestias, de los diez cuernos, del cuerno pequeño de la cuarta bestia y de los tres tiempos y medio de la profecía de Dan. 7; así como también del carnero, del macho cabrío y sus cuernos respectivos, y del más largo período profético de Daniel, cap. 8; de las 70 semanas que llegan hasta el Mesías Príncipe de Dan. 9, a la vez que de la profecía paralela y literal de los cap. 11 y 12 del libro de Daniel .

Amplitud progresiva de los bosquejos cronológicos de Daniel.

A medida que avanzamos debe tenerse en cuenta un punto: las profecías de Daniel son únicas en el AT. Los escritos de los profetas anteriores no suministraron una cronología de sucesos futuros. A veces el primer advenimiento de Cristo y su segunda venida parecían presentarse juntos sin indicar el tiempo que habría de separarlos y sin hacer una diferencia entre los triunfos espirituales de la iglesia en el mundo presente y las glorias del reino eterno de Dios en la tierra renovada. Por otro lado, los bosquejos proféticos de Daniel presentan la secuencia y continuidad cronológica del plan divino de los siglos.

Cubren las centurias en ininterrumpida progresión desde el tiempo de Daniel hasta el establecimiento del reino de Dios y la tierra nueva. Presentan el marco del reino, dentro del cual se lleva a cabo el glorioso plan divino de la redención, en la primera y la segunda venida de Cristo. Este itinerario inspirado de los siglos revela el tiempo del primer advenimiento, y el "tiempo del fin" que precede al segundo advenimiento. Las profecías de Daniel revelan claramente la mano decisiva de Dios en la historia y su dominio de los asuntos mundiales; presentan la filosofía divina de la historia y su significado; despliegan el proceso del gran plan de redención de Dios, con la terminación catastrófica de los siglos en el futuro; y por último presentan la única esperanza del mundo y su final glorioso. Lo que fue revelado a Daniel en visión podría compararse con una película cinematográfica silenciosa, pues Daniel veía transcurrir la sucesión de los hechos, como en el caso de la piedra que fue arrojada y golpeó a la imagen metálica de Dan. 2, pulverizando sus componentes y convirtiéndose en una montaña que llenó para siempre toda la tierra. En otros casos, sus visiones podrían compararse con una película con sonido o una transmisión por televisión, en las cuales Daniel escucha las palabras blasfemas pronunciadas por el cuerno pequeño del cap. 7, o contempla la sucesión de las bestias simbólicas, el surgimiento de los diez cuernos, el desarraigo de tres de éstos y el crecimiento desafiante del cuerno pequeño, a lo cual siguen las escenas del juicio. De modo que Daniel proporciona un nuevo tipo de profecía: el bosquejo profético cronológico con sus diferentes períodos. Ahora nos ocuparemos de esta serie de cuadros proféticos de Daniel, en la forma como sus diversos elementos fueron comprendidos por los expositores a través de los siglos.

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