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6 de enero de 2010

El Período Patriarcal



I. El Asia occidental antes del siglo XV AC
El período antediluviano.-
Los recuerdos de las naciones antiguas respecto al período anterior al diluvio eran vagos e inciertos, aunque era bien conocida la existencia de una historia antediluviana. Las listas de reyes babilónicos, por ejemplo, hacen una clara distinción entre los reyes que vivieron antes del diluvio y los que vivieron después. Estos textos pretenden también que la monarquía descendió originalmente del cielo y que todos los gobernantes del período antediluviano habían tenido reinados excepcionalmente largos de un total de muchos miles de años. Aparte de esto, estos registros sólo consignan los nombres de los reyes y los supuestos años de sus reinados, sin conservar datos históricos definidos.
El período dinástico inicial.-
Al pasar al período posterior al diluvio, notamos una vez más gran vaguedad en la tradición babilónica. Los registros babilónicos generalmente comienzan la historia del período postdiluviano con las dinastías de Kish, Uruk (la Erec bíblica), Ur, y otras ciudades. Una dinastía sigue a la otra en secuencia ininterrumpida durante miles de años. Esta tradición se fundaba en los registros escritos más remotos. Sin embargo, los cronistas babilonios posteriores ignoraban totalmente la época que había transcurrido antes de conocerse la escritura. El arqueólogo moderno ha hallado los restos de aquella época anterior que designa según los lugares donde se descubrieron por primera vez ciertos tipos de objetos. Por lo tanto, habla del período Halaf o del período Ubaid, por cuanto por primera vez se hallaron materiales arqueológicos de cierto período anterior a la escritura en Teli Halaf al norte de Mesopotamia, otros en Tell el-Ubaid al sur.
En su sentido verdadero la historia comienza tan sólo con la aparición de documentos históricos. Para los tiempos más remotos existen las ya mencionadas listas de dinastías compiladas por escribas babilonios posteriores, que dan numerosos nombres de gobernantes los cuales se supone que reinaron sobre Mesopotamia durante miles de años. Cuando la ciencia de la asiriología estaba en su infancia, los eruditos depositaban mucha confianza en estas listas y fácilmente fechaban los períodos históricos más antiguos de la cultura mesopotámica en el séptimo milenio AC. Hoy día sabemos que los escribas posteriores que compilaron estas listas usaron archivos viejos sin entenderlos. Por haber vivido en una época -durante los reinos asirio y neobabilónico- cuando un gobernante reinaba sobre toda la Mesopotamia, creyeron que las mismas condiciones habían prevalecido en los períodos más antiguos. Como poseían registros de dinastías primitivas que habían reinado en ciudades diferentes, creyeron que cada una de ellas había reinado sobre todo el país, y por lo tanto colocaron una dinastía después de la otra. Sin embargo, sabemos ahora gracias a buenos documentos contemporáneos, que muchos de estos reyes fueron sólo gobernantes locales y que varias dinastías existieron en forma paralela al mismo tiempo. Este aumento del conocimiento, desde 1922, ha resultado en un acortamiento drástico de la cronología de la remota historia mesopotámica. Por ejemplo, el rey Enshakushanna fue ubicado hace unos 50 años por el Prof. H. V. Hilprecht, alrededor del 6500 AC, pero es ubicado en el siglo XXV AC por los eruditos actuales.
Por cuanto han tenido que reducir mucho estas fechas antiguas, los eruditos colocan ahora los comienzos de la civilización en Mesopotamia por el siglo XXXV AC, y los primeros registros escritos, en el tercer milenio. Dado que todas estas fechas han estado sujetas a continuas variaciones durante muchos años, y los eruditos no han llegado a un acuerdo respecto a su exactitud, todas las fechas atribuidas al período en cuestión deben ser usadas con cautela, y están sujetas a posibles modificaciones futuras. El hecho importante es la gran reducción de las fechas, lo cual las acerca más y más a las fechas que pueden derivarse del registro bíblico.
La civilización súmera.-
La civilización más remota de la cual se tenga conocimiento por registros ajenos a la Biblia es la de los súmeros. Vivían en las tierras bajas de los ríos Eufrates y Tigris, cerca del golfo Pérsico, que en tiempos antiguos se extendía mucho más tierra adentro que en la actualidad. Ciudades tales como Kish, Uruk (la Erec bíblica), Ur y Eridu fueron fundadas y pobladas por los súmeros. La relación étnica entre los súmeros y otros pueblos conocidos es aún un misterio por cuanto su idioma no tiene afinidad con ningún otro idioma conocido de la tierra. Sin embargo, los súmeros eran una nación muy civilizada con una organización política floreciente. El rey se consideraba como representante de los dioses, y era su sumo sacerdote. Todas las tierras y las propiedades pertenecían al templo, para el cual producían su cereal el labrador y el artesano sus artículos de uso diario, y del cual ambos recibían su sustento en forma de raciones cotidianas.
Uno de los inventos más importantes de los primeros súmeros fue la creación de un sistema de escritura, la primera escritura conocida. Necesitando llevar un registro de entregas y raciones, idearon un medio para llevar cuentas. Usaron tablillas de arcilla como material de escritura, y al principio dibujaron signos pictóricos en la arcilla blanda utilizando el principio de los jeroglíficos. Pronto las figuras se convirtieron en signos convencionales grabados en la arcilla con un punzón, pues el proceso de dibujar señales en la arcilla húmeda resultó insatisfactorio. Ya que estos signos consisten en muchos trazos pequeños en forma de cuña, horizontales, perpendiculares y diagonales, esta escritura ha recibido el nombre de escritura cuneiforme, o en forma de cuña. Muchos pueblos distintos, tales como los babilonios y asirios (semitas), los horeos y heteos (arios), adoptaron este sistema de escritura cuneiforme con sólo leves modificaciones. Algunos, como los escribas cananeos de Ugarit y los persas posteriores, aceptaron la idea de escribir con signos cuneiformes, pero idearon una escritura alfabética propia con un número limitado de caracteres. Los cananeos tenían menos de 30 signos, los persas menos de 50, mientras que la escritura cuneiforme silábica súmera constaba de varios centenares de caracteres.
En el campo de la artesanía, la arquitectura y el arte, los antiguos súmeros alcanzaron un alto nivel. Las ruinas de templos en Uruk, Eridu y Ur han destacado esto, y el sensacional descubrimiento de las tumbas reales de Ur ha testificado de una extraordinaria habilidad en la producción de joyas, instrumentos musicales y muebles, habilidad difícilmente superada en ningún otro lugar en la antigüedad.

La dinastía de Akkad.-
Después de que los súmeros hubieron reinado sobre Mesopotamia durante un período desconocido, Sargón de Akkad fundó el primer imperio semítico, ubicado por los historiadores en el siglo XXIV AC. Los semitas parecen haber vivido hacia el norte de las ciudades-estados súmeras, pues se han hallado textos en Mari y otras partes que confirman la existencia de ciudades semíticas organizadas en el período de las primeras dinastías súmeras. Sin embargo, no desempeñaron un papel muy importante antes de la época de Sargón. El fue el primer gran guerrero de la historia, y se contaban muchas leyendas acerca de su nacimiento, campañas militares y otras hazañas.
Sargón derrotó al más fuerte de los reyes súmeros, Lugal-zage-si de Uruk, y luego conquistó otros pueblos súmeros, tales como Ur, extendiendo su dominio sobre todo el valle mesopotámico desde el golfo Pérsico hasta el Mediterráneo, o, según él lo expresó, desde "el mar inferior hasta el superior". Pretende haber cortado cedros en los montes occidentales, probablemente del Líbano, y de este gran gobernante semítico más tarde se registra una campaña militar a Anatolia.
Sin embargo, su gobierno no permaneció indisputado, y él, como también sus hijos, tuvieron que sofocar varias revueltas de ciudades súmeras. Su nieto Naram-Sin aún pudo mantener unido el imperio. Puede apreciarse su extensión en ese tiempo por el hecho de que uno de sus monumentos ha sido hallado en la región superior del Tigris, y uno de sus palacios, una fortaleza impresionante, ha sido descubierto bien al occidente, en Tell Brak sobre el Chabur superior, tributario del Eufrates superior. Sin embargo, tuvo que luchar contra los elamitas y los guteos, bárbaros montañeses que penetraron en la tierra fértil desde los montes Zagros y procuraron establecerse en Mesopotamia.
Los guteos.-
Bajo los sucesores de Naram-Sin los guteos se hicieron más poderosos, y finalmente lograron poner fin al reino de Akkad, después que los semitas hubieron reinado sobre el Asia occidental durante más de 150 años. Los 124 años de dominio tradicional de los guteos sobre Mesopotamia constituyen un período oscuro. Se conoce muy poco de dicho tiempo. En escritos posteriores, este lapso siempre fue considerado como un tiempo de aflicción, y los guteos fueron descritos como rudos bárbaros. Sin embargo, su gobierno parece haber sido sólo nominal. Esto se advierte porque varias ciudades fueron regidas por gobernantes súmeros independientes, uno de los cuales, por lo menos, el príncipe de Ur, tuvo la osadía de llamarse rey. Lagash es otra ciudad, que bajo su poderoso príncipe Gudea, parece haber sido semiindependiente. Se han hallado muchas estatuas o inscripciones de Gudea en las ruinas de su ciudad. En ellas informa que consiguió madera y piedra del norte de Siria, y diorita del sudeste de Arabia, y que llevó a cabo campañas militares contra Elam y Persia.
La restauración súmera.-
Los guteos fueron finalmente expulsados del país por Utukhegal de Erec, quien fue celebrado posteriormente como libertador del pueblo, del gobierno extranjero, y llegó a ser rey sobre el país. Utukhegal fue sucedido por uno de sus gobernadores, Ur-Nammu de la ciudad de Ur, fundador de la poderosa, así llamada tercera dinastía de Ur, que reinó sobre Mesopotamia cerca de un siglo, alrededor del 2000 AC. Abundantes documentos de este período nos presentan un cuadro claro de la historia y cultura de la época. Hacia fines de este período, nació Abrahán y se crió en la ciudad de Ur, centro de una rica vida política e intelectual. En las escuelas de Ur, se enseñaba lectura, escritura, aritmética y geografía, y las casas comunes de Ur estaban mejor construidas, según nos dicen los arqueólogos, que las modestas casas corrientes en el Iraq moderno. Había en la ciudad comodidades que parecen tan modernas como un sistema de cloacas, y los edificios y monumentos públicos estaban tan bien planeados y construidos, que hoy están mejor conservados que muchos edificios de épocas posteriores. La torre-templo de Ur es todavía el edificio antiguo mejor preservado en toda Mesopotamia.
Después que cinco reyes de Ur hubieron reinado sobre Mesopotamia durante poco más de 100 años, el rey semítico Ishbi-Ira de Mari conquistó la importante ciudad súmera de Isin y fundó la dinastía de Isin, mientras que los elamitas, al mismo tiempo, conquistaron Larsa, otra ciudad súmera, y fundaron allí una dinastía. El país fue dividido entre estas dos casas reinantes, y fue gobernado por ellas durante más de 200 años. Aunque existen registros de muchos de estos reyes de las dinastías de Isin y Larsa, se sabe muy poco de la historia política de ese período, en el cual vivieron los patriarcas Abrahán e Isaac. El suceso político más importante de dicho lapso fue la aparición de los amorreos, quienes, después de salir del desierto de Arabia, tomaron posesión del norte de Mesopotamia, y por un tiempo ocuparon el trono de Larsa.
La dinastía amorrea o primera dinastía de Babilonia.-
Después que los amorreos se hubieron consolidado en Mesopotamia, y después de ocupar grandes secciones del país, hicieron de Babilonia su capital y fundaron la primera dinastía de Babilonia. El mejor conocido de todos sus gobernantes es el poderoso Hammurabi, sexto rey de la dinastía, cuyo reinado fue ubicado por Albright y Cornelius entre 1728 y 1686 AC, fechas que son ahora aceptadas en general por los eruditos. Hammurabi es más conocido por su código (ver sec. 5 del artículo sobre "Arqueología" y también la nota adicional al final de Exo. 21), que muestra muchas semejanzas con el código civil de los israelitas, y por esta causa se lo identificó anteriormente con el rey bíblico Amrafel de Gén. 14, identificación que no puede ser correcta por varias razones.
Hammurabi logró conquistar toda la parte sur de Mesopotamia después de haber derrotado a Rim-Sin de Larsa, el último rey de aquella dinastía. Entonces se volvió hacia el norte, tomó la gran ciudad de Mari y depuso a su gobernante. Aun es posible que haya extendido su gobierno sobre Asiria, que se había hecho poderosa en la parte noreste de Mesopotamia durante los dos siglos anteriores. Finalmente el imperio de Hammurabi se aproximó en extensión al de Sargón, unos 600 años más antiguo.
En la época de Hammurabi hubo gran número de producciones literarias. En verdad, fue conocida como la época clásica de la literatura entre los babilonios posteriores. En esa época se escribieron los grandes poemas épicos y mitos de los súmeros. Pertenecen a estas grandes producciones literarias el poema épico de la creación "Enuma elish", el poema de Gilgamés que contiene el relato súmerobabilónico del diluvio, el poema épico de Adapa, en el cual algunos eruditos han creído descubrir reminiscencias de la historia de la caída del hombre, el mito de Etana, y muchos otros mitos que tratan de las aventuras de héroes y dioses nacionales.
En tiempos de Hammurabi los amorreos llegaron a la mayor extensión de su poder. Este pueblo, habiendo penetrado en las tierras fértiles del Asia occidental a principios del segundo milenio, por infiltración y conquista se había convertido en el señor no solamente de Mesopotamia, sino también de Siria y Palestina, donde formó la clase reinante durante siglos, como lo sabemos por fuentes bíblicas y extrabíblicas. Fue la gente con quienes tuvo que tratar Abrahán en Palestina (Gén. 14: 13), y a quienes derrotó Moisés cuando llevó a los hijos de Israel a la tierra de la promesa (Deut. 3: 8; 4: 47).
Ninguno de los sucesores de Hammurabi lo igualó en talento y cualidades políticas. Aunque la dinastía duró más de cien años después de la muerte de Hammurabi, el reino de Babilonia se debilitó y tuvo que tolerar la infiltración de otros pueblos montañeses conocidos como coseos que finalmente tomaron posesión del país. Sin embargo, no fueron los coseos sino los hititas los que pusieron fin a la primera dinastía de Babilonia. Alrededor de 1550 AC invadieron el país y saquearon Babilonia. Esta nueva nación, que acababa de entrar en el horizonte político del antiguo mundo del Cercano Oriente, llamará nuestra atención por un momento al Asia Menor, donde se formaba un nuevo imperio.
La Antigua Anatolia.-
Los primeros registros escritos del Asia Menor, o Anatolia, nos llegan de comerciantes asirios que habían fundado colonias donde llevaban a cabo un próspero comercio con la población oriunda de Anatolia. La mayoría de estos documentos, que ya suman varios miles, son conocidos como Tablillas de Capadocia. Provienen de Kültepe, la antigua Kanish, la principal colonia de esos comerciantes asirios en el siglo XIX AC. Estos traficantes importaban estaño y telas costosas de Asiria que cambiaban por plata y cobre, en que era rica Anatolia. Sabemos muy poco de la población oriunda de Anatolia en aquel tiempo, aunque los textos asirios mencionan a algunos reyes, tales como Anitta, que era al parecer un gobernante poderoso. Es interesante saber que usaba un trono de hierro durante una época en que, según muchos eruditos, el hierro era aún desconocido.
Los hititas.-
Alrededor de 1600 AC los hititas históricos aparecieron en Anatolia, y fundaron un reino con su capital en Hatusas, actual aldea de Bogazkoy, cerca de Ankara, la moderna capital de Turquía. Por haber adoptado la escritura cuneiforme babilónico y habernos dejado muchos textos, podemos reconstruir su historia y su cultura. Cuando invadieron el país, asimilaron muchas de las prácticas religiosas de los pueblos autóctonos de Anatolia, y otras de los horeos, babilonios y otros.
También conservaron por escrito los textos religiosos de sus precursores anatolios, y les añadieron traducciones hititas interlineales. Dado que los hititas llamaron "hattili" al idioma de estos pueblos desconocidos de la Anatolia primitiva, al paso que llamaban a su propio idioma "neshumli", los eruditos han dado el nombre de protohititas a los precursores de los hititas. Los protohititas eran probablemente la gente con la cual trató Abrahán en Hebrón (Gén. 25: 9), y son mencionados repetidas veces en los registros más antiguos de la Biblia (Gén. 26: 34; Exo. 3: 8, 17, etc.).
En la segunda mitad del siglo XVI AC los hititas, bajo su rey Mursilis I, incursionaron contra Babilonia y saquearon la ciudad capital, poniendo fin al mismo tiempo a la primera dinastía de Babilonia. Sin embargo, se abstuvieron de posesionarse de Babilonia, y regresaron a Anatolia donde crearon un reino fuerte que duró hasta alrededor de 1220 AC. Por ese tiempo, ese reino fue destruido a su vez por los pueblos del Mar (ver artículo sobre antecedentes históricos en el tomo I de este comentario), que invadieron Anatolia en busca de nuevas tierras. Sin embargo, estos sucesos posteriores no corresponden con nuestro período, y no serán tratados aquí.
Los hurritas y mitanios.-
El pueblo hurrita está mencionado en muchos textos seculares desde principios del segundo milenio AC. Hablaban un idioma indoeuropeo y son conocidos en la Biblia bajo el nombre de horeos (Gén. 14: 6; 36: 20, 21; Deut. 2: 12, 22). Habiendo llegado del norte, se establecieron en el norte de Mesopotamia, y fundaron el reino de Mitani, situado entre la gran curva del Eufrates y sus tributarios, los rios Balikh y Khabur. Cuando los reyes egipcios de la decimoctava dinastía en los siglos XVI y XV AC constituyeron su imperio asiático mediante la conquista de Palestina y Siria, tuvieron varias guerras con el reino de Mitani. Sin embargo, hacia fines del siglo XV AC las dos naciones llegaron a un acuerdo político, y vivieron en buenas relaciones. Para ese tiempo los hititas se habían vuelto peligrosamente fuertes, y eran considerados como enemigos en potencia de los egipcios. Los hititas finalmente lograron derrotar al reino de Mitani y absorberlo como parte del imperio hitita.
Los coseos en Mesopotamia.-
Después de que los hititas invasores saquearon a Babilonia en el siglo XVI AC y se retiraron, los coseos aprovecharon la oportunidad para dominar el país. Estos coseos, que habían llegado probablemente de los montes Zagros y se habían establecido en Babilonia algún tiempo antes, comenzaron una dominación sobre la parte inferior de Mesopotamia que duró varios siglos. Una vez más llegamos a un período oscuro de la historia de Mesopotamia del que tenemos poca información. Sin embargo, se conoce la mayoría de los nombres de los reyes coseos, y existen algunas cartas que sus reyes Kadashman-Kharbe I y Burna-buriash II escribieron a Amenhotep III y IV (Aknatón) de Egipto. Estos constituyen eslabones importantísimos entre la cronología de Egipto y Mesopotamia.

Los coseos parecen haber introducido una especie de sistema feudal, y dividieron el país en grandes Estados que, en algunos casos, tenían pueblecitos y aldeas. Sin embargo, no son claras las obligaciones de los grandes terratenientes hacia el rey. Sólo la gran ciudad de Nippur parece haber disfrutado de una posición semiindependiente, con un gobernante local subordinado en forma nominal al monarca coseo.
Condiciones del Asia occidental en el tiempo probable del Exodo.-
En el siglo XV AC, probablemente el tiempo del éxodo, los coseos gobernaban sobre las poblaciones semíticas oriundas de la baja Mesopotamia como señores feudales, sin la aspiración de extender su gobierno a ninguno de los países que los rodeaban. Los hurritas indoeuropeos u horeos, reinaban sobre las poblaciones de habla aramea de la alta Mesopotamia. Hacia el oeste del reino mitanio se extendía el imperio hitita, que en ese tiempo incursionaba vigorosamente en el norte de Siria, territorio pretendido en parte por Egipto y en parte por los reyes mitanios.
Las poblaciones autóctonas de Siria y Palestina estaban formadas por arameos en el norte, cananeos en el sur y fenicios en la región costera, con amorreos como gobernantes locales sobre la mayor parte del país. Después de las campañas militares de Tutmosis III, grandes partes de Siria y Palestina pertenecieron a Egipto. Eran tributarios del faraón, quien tenía guarniciones en algunas ciudades y representantes de elevada jerarquía en unos pocos centros tales como Yarimuta en Siria y Gaza en Palestina.
La escritura cuneiforme era conocida en todas partes y usada ampliamente en todos los países del Asia occidental. Esto explica nuestro conocimiento comparativamente amplio de la historia de esa época. Aun en Palestina, regida durante los siglos XVI y XV AC por Egipto, era común el empleo de la escritura cuneiforme. Se usaba esta escritura no sólo en la correspondencia de los gobernantes asiáticos entre sí, sino también en su correspondencia con la corte egipcia, como sabemos por las cartas de Amarna. Por lo tanto, los escribas egipcios tenían que aprender este sistema de escritura debido a sus relaciones con los amigos y súbditos asiáticos del rey. Al mismo tiempo en Palestina se hacían experimentos con un nuevo sistema de escritura alfabética, inventada por unos mineros palestinos del Sinaí. Con el tiempo, este sencillo sistema de escritura llegó a ser, con modificaciones posteriores introducidas por los griegos, tal vez la escritura más perfecta que haya sido jamás inventada.
La vida cultural alcanzó un elevado nivel en la mayor parte del Asia occidental durante el período patriarcal. Las ciudades contaban con fuertes sistemas de fortificaciones y palacios y templos bien construidos. La artesanía y el arte estaban muy desarrollados, y la estrategia militar había sido perfeccionada hasta un nivel en que permaneció durante muchos siglos. El mayor adelanto había sido hecho unos dos siglos antes del tiempo de Moisés, cuando algunos pueblos conocidos con el nombre de hicsos, que probablemente llegaron desde más allá de las montañas del Cáucaso, introdujeron el caballo y el carro. Esto señaló el comienzo de la guerra mecanizada, y el punto de partida de los ejércitos con vehículos.
Los conceptos religiosos de todas las naciones del occidente de Asia eran algo similares. Todos estos pueblos eran politeístas, y adoraban ídolos como representaciones visibles de sus dioses. Sus lugares de culto eran o bien templos o lugares sagrados al aire libre, llamados "altos" en la Biblia. Los ritos religiosos consistían en sacrificios de animales y otras ofrendas. En algunos casos se ofrecían seres humanos. Los dioses generalmente personificaban las fuerzas de la naturaleza. En la mayoría de los pueblos los papeles principales eran representados por dioses solares y lunares pero las principales deidades de otros pueblos eran los dioses de la tormenta y otras divinidades de la naturaleza. Los dioses de la fertilidad -Baal entre los cananeos, Tammuz en Mesopotamia- eran los más comúnmente adorados, y se honraba muchísimo a numerosas deidades menores a manera de santos patronos locales.
Todas las naciones paganas de la antigüedad creían en la inmortalidad del alma, cuyo bienestar se hacía depender del cuidado del cuerpo y de los ritos en favor de los difuntos. Por lo tanto, se cuidaba mucho la manera de sepultar los muertos. A fin de que el difunto pudiese tener todo lo que necesitaba para disfrutar de los placeres de la vida, generalmente en las tumbas se colocaban alimentos y bebidas, muebles, herramientas, armas y joyas para ser usados en la vida del más allá.
II. Egipto antes del siglo V AC
La historia del período más antiguo de Egipto tanto como la del Asia occidental, está envuelta en misterio y leyendas. Los eruditos han creído hallar reminiscencias de algunos sucesos prehistóricos en los antiguos mitos egipcios, tales como el que describe la lucha entre los dioses Osiris y Seth por el trono de Egipto. Pero dista mucho de ser seguro el que estos mitos tengan fondo histórico. Por otra parte, los investigadores de la prehistoria han excavado algunas aldeas y cementerios que ellos ubican en el período predinástico; pero es tan difícil precisar la fecha exacta de estas reliquias supuestamente primitivas como lo es establecer las fechas más antiguas de Mesopotamia, cosa que no se ha logrado todavía.
Sin embargo, hay claras evidencias de que la cultura egipcia debió su progreso a la Mesopotamia. Los primeros edificios monumentales fueron construidos de ladrillo, como en el valle del Tigris y del Eufrates, con los mismos rasgos arquitectónicos conocidos como paredes con paneles embutidos. En ambos países se usaban motivos artísticos similares en sellos y en la decoración de vasijas y otros objetos. También la idea de la escritura parece haber sido transmitida a los egipcios por los súmeros, aunque los egipcios desarrollaron una escritura diferente, enteramente independiente. Entre otras realizaciones culturales que Egipto recibió probablemente de Mesopotamia, deben enumerarse la metalurgia, la rueda del alfarero y el sello cilíndrico.
La cronología del Egipto antiguo.-
Al igual que la del Asia occidental, la antigua cronología egipcia ha experimentado reducciones drásticas desde el comienzo de este siglo, cuando los eruditos ubicaban el principio del período dinástico en el sexto o quinto milenio AC, y el gran egiptólogo norteamericano James H. Breasted afirmó enfáticamente que el calendario fue introducido en Egipto en 4241 AC, "la fecha fija más antigua en la historia del mundo que nos es conocida" (A History of Egypt [Historia de Egipto], pág. 14). Descubrimientos posteriores han demostrado el error de las conclusiones que determinaron esta fecha y otras antiguas. Así los eruditos han sido obligados a reducir tanto la cronología egipcia que ahora se coloca el comienzo del período dinástico entre 3100 y 2800 AC. Aun así los eruditos no han llegado a la unanimidad respecto a la cronología de Egipto.
Las fechas dadas de aquí en adelante son las más bajas, es decir, las últimas aceptadas por los egiptólogos en la actualidad. Es un hecho reconocido por ellos que las del período anterior a 2200 AC pueden tener un error de 50 a 100 años, y que las del 2200 a 2000 AC pueden tener un error de 25 a 50 años. Sólo a partir de la duodécima dinastía, desde 1991 a 1778 AC, podemos estar seguros de la corrección de nuestras fechas, por cuanto se basan en textos astronómicos. Para el período posterior a 1778 AC nuevamente no hay exactitud durante 200 años, y para las fechas de la decimoctava dinastía, desde alrededor de 1580 AC, tenemos que calcular un margen de error de unos pocos años.
Hacemos estas observaciones a fin de prevenir al lector para que no acepte fácilmente como fidedignas cualquiera de las muchas fechas contradictorias que hallará en los libros para los períodos antiguos de la historia egipcia. La mayoría de estos libros ya son anticuados, y los que se han impreso recientemente contienen fechas que quizá tengan que ser reducidas tan pronto como se obtengan más evidencias. Por lo tanto, las fechas del tercer milenio que se dan de aquí en adelante, son las comunes entre los egiptólogos, pero no son necesariamente correctas. Sin embargo, el historiador necesita fechas para reconstruir la historia, porque no puede presentar un cuadro de la sucesión de acontecimientos haciendo caso omiso de la cronología, aun cuando conozca sus incertidumbres.
El período protodinástico-Primera y segunda dinastías.-
Poco se sabe de este período, durante el cual todo el país parece haber estado por primera vez unido bajo una sola corona. Tradicionalmente esta hazaña es atribuida al rey Menes, primer monarca de la primera dinastía. Antes de esta unificación -sea quien fuere el que la realizó- había en Egipto dos países. Esto se refleja en los títulos del rey, en el nombre egipcio del país, en la organización doble del gobierno retenida a través de su historia, y en muchas otras evidencias.
El sistema de escritura usado al principio de la primera dinastía parece carecer de antecedentes reconocibles. No hay evidencia de que la escritura en Egipto pasase por etapas de desarrollo, como ocurrió con los súmeros en Mesopotamia. Por eso se llega a la conclusión de que los egipcios adoptaron principios de escritura plenamente desarrollados por su relación con algún otro pueblo. Puesto que es evidente que los súmeros poseían un sistema de escritura antes que los egipcios, hay una gran posibilidad de que la idea de la escritura pasara de los súmeros a los egipcios. Las primeras inscripciones de las dinastías primera y segunda son cortas y tienen forma abreviada. Por eso son difíciles de leer. Sin embargo, el sistema de escritura ya estaba completamente desarrollado y permaneció esencialmente idéntico durante muchos siglos.
La escritura jeroglífica egipcia es escritura pictórica pura. Un signo puede representar el objeto dibujado, o según el principio jeroglífico, algo de un sonido similar pero de significado totalmente distinto. Un ejemplo inglés puede utilizarse para aclarar este principio: la figura de una lira, un instrumento de cuerdas, puede ser utilizado en un jeroglífico en vez de una persona que no dice la verdad. En el mismo sentido los egipcios usaban la figura de una casa, llamada per para representar una casa, pero usaban el mismo signo en otro contexto para la palabra caminar, por cuanto el caminar era también llamado per en el idioma egipcio. Un sistema de escritura tal necesitaba muchos centenares de signos para expresar cada pensamiento concreto y abstracto. Por lo tanto, era difícil aprender el sistema egipcio de escritura. Los signos individuales fueron más tarde abreviados en la escritura cursiva, llamada hierático, y aún más en la escritura demótica posterior, pero siguieron complicados en su esencia hasta que la escritura griega alfabética reemplazó al sistema antiguo durante el período cristiano.
Han sido halladas tumbas reales de los reyes de las primeras dos dinastías en la ciudad sagrada de Abydos. Sin embargo, también han sido desenterradas tumbas de algunos de los mismos reyes en Saqqara, la necrópolis de Menfis, capital del bajo Egipto. Por lo tanto, no es seguro cuáles de estas estructuras deben ser consideradas como tumbas y cuáles solamente como cenotafios. Las primeras tumbas fueron construidas de ladrillos y madera, pero hacia fines de la segunda dinastía se construyeron las primeras cámaras funerarias de piedra.
Por medio de la piedra de Palermo que contiene anales fragmentarios de dicho período, nos enteramos de que, a partir de la segunda dinastía, se llevaba a cabo un censo fiscal cada año por medio; que la creciente anual del Nilo era cuidadosamente observada y regularmente registrada para futuras referencias; que la construcción naval desempeñaba un papel importante en la economía egipcia; y que la industria del cobre había alcanzado tal grado de eficiencia que el faraón Khasekhemui hizo fundir una estatua de cobre de sí mismo de tamaño natural.
El reino antiguo-Dinastías tercera a sexta.-
La edad de las pirámides comenzó con la tercera dinastía. La construcción de edificios monumentales de piedra fue increíblemente rápida. Cincuenta años después que la piedra había sido usada por primera vez para revestir una tumba, el rey Zoser edificó la pirámide escalonada de Saqqara enteramente de piedra, de 65 m de altura. La rodeó con numerosos edificios de piedra y una muralla. El conjunto tenía unos 600 m de largo por 138 m de ancho. Durante los siguientes 75 años se dominó tan bien el trabajo en piedra, que el rey Khufu (Keops) pudo levantar el mayor monumento pétreo que se haya construido jamás, la gran pirámide de Gizeh. Esta tenía 160 m de altura y estaba hecha de 6.250.000 toneladas de piedra, cada piedra con un promedio de 2 1/2 toneladas. Su hijo Kefrén y su nieto Micerino construyeron pirámides adyacentes muy poco menores y que aun se hallan en pie con toda su majestad.
Los faraones construyeron tumbas -las pirámides no son sino tumbas reales- que debían perdurar por la eternidad y asegurar para siempre la conservación del cuerpo del faraón. Estos monarcas de antaño consiguieron levantar monumentos que han resistido las fuerzas destructoras de la naturaleza y del hombre durante millares de años, pero no pudieron garantizar la protección de sus cuerpos y de los tesoros que llevaron consigo a la tumba. Ninguno de los cuerpos de los constructores de las pirámides ha escapado a la mano de los ladrones, y sus tesoros compartieron la suerte de sus dueños.
Los recursos nacionales de Egipto fueron gastados de esta manera durante siglos, para asegurar sepulturas a los faraones endiosados. Mientras vivía el faraón toda la población masculina de Egipto estaba sujeta a ser convocada durante las estaciones cuando no se trabajaba en los campos, para trabajo en las canteras, para el transporte de bloques de piedra y para los mismos trabajos de construcción. Cuando se terminaba algún monumento tal y el faraón moría, no había alivio para la pobre gente, por cuanto el sucesor real recomenzaba todo el proceso para construir una nueva pirámide. Esto prosiguió durante siglos, y como consecuencia se agotó la economía egipcia, por lo que las pirámides se hicieron más pequeñas con cada generación, y el desasosiego que fermentaba causó finalmente una revolución que puso fin a este despilfarro de los recursos nacionales.
El reino antiguo alcanzó un alto nivel cultural. Esto se ve especialmente en sus monumentos arquitectónicos. Las realizaciones técnicas y científicas de los constructores de las pirámides aún hoy son notabilísimas. Es maravilloso que hayan podido manipular cantidades tan enormes de piedra sin conocer la rueda -que se conoció en Egipto varios siglos más tarde- y sin poleas ni grúas. Pudieron realizar un trabajo de primera clase sólo con el potencial humano y la ayuda de sogas, palancas y rampas inclinadas.
La precisión alcanzada es casi fantástica, y apenas si puede ser mejorada por los constructores modernos. La gran pirámide puede una vez más servir como ejemplo para ilustrar esta precisión. Ese monumento fue erigido sobre una plataforma originalmente despareja, que había sido aplanada con tanta exactitud que la desviación del verdadero plano desde la esquina noroccidental a la sudoriental alcanza a sólo un 0,004 por ciento. Esta misma precisión existió respecto a la cuadratura de la pirámide que muestra un error de sólo 0,09 por ciento entre sus lados norte y sur, y de sólo un 0,003 por ciento entre sus lados oriental y occidental.
Aunque los egipcios tenían un sistema complicado de matemáticas, sus textos matemáticos muestran que podían computar correctamente el volumen de una pirámide truncada o de un cilindro. En el reino antiguo su ciencia médica alcanzó un nivel de eficiencia que mejoró muy poco durante miles de años. Esta llegó a ser tan famosa en el mundo antiguo, que hasta los griegos hicieron de un médico egipcio de canosa antigüedad, su dios de la medicina. También en arte y Literatura se estableció el modelo para los períodos siguientes de la historia egipcia y hubo muy pocos cambios en todas estas actividades a lo largo de la historia antigua de Egipto. Este alto nivel cultural de la civilización del reino antiguo fue reconocido por las generaciones posteriores al considerar ese tiempo como el período clásico de Egipto.
Fue autocrático el gobierno egipcio durante el período del reino antiguo. El faraón era monarca absoluto. Era considerado como "el dios bueno" de Egipto. Nubia fue parcialmente subyugada y se explotaron sus minas de oro; se enviaron expediciones al Sinaí en busca de cobre y turquesas, o a Biblos en procura de madera de cedro. También se emprendieron algunas campañas militares a Palestina, pero no se procuró con empeño crear un imperio en el exterior.
Este reino antiguo, recordado como el período glorioso de la historia egipcia, llegó a su fin en el siglo XXII AC, y fue seguido por una época de caos y anarquía. Los factores decisivos de su caída fueron la pobreza creciente de la población pues toda la riqueza nacional se usaba para las construcciones reales; el aumento continuo del poder de los gobernadores locales, y el hecho de que un faraón débil, Pepi II, reinara demasiado tiempo (noventa años).
El primer período intermedio-Dinastías séptima a undécima.-
El siguiente siglo y medio fue testigo de un verdadero caos (c. 2150-2000 2150-2000 AC), pues muchos gobernantes locales procuraban imponerse como reyes sobre todo el país. Los príncipes de Coptos, Heracleópolis, Siut y Tebas se autodenominaron reyes, pelearon entre sí y procuraron imponerse en todo el país. Algunos asiáticos, probablemente los amorreos que aparecieron en todo el Cercano Oriente en esta época, invadieron el delta y reinaron sobre parte del norte del país desde Athribis, su capital.
Los textos de ese período presentan un cuadro de las condiciones sociales existentes. Todas las barreras parecen haber sido derribadas. Los ricos se empobrecieron, las tumbas de los personajes ilustres fueron violadas y despojadas, y muchas personas se suicidaron para escapar de las penurias de la vida. Por primera vez en la historia egipcia, los textos hablan de hombres que se volvieron escépticos. Sin embargo, fue también un período de una nueva valoración de los factores espirituales, y muchos proverbios sabios y moralmente elevadores provienen de la literatura del primer período intermedio, que Breasted llamó "la edad del carácter". Cuando todos los valores materiales resultaron inseguros, se inició la búsqueda del bien imperecedero y, por lo tanto, en la literatura de este período se habla mucho de la jerarquía de la verdad, la justicia y el orden.
El reino medio-Dinastías undécima y duodécima.-
Después de una larga lucha, algunos príncipes de Tebas, clasificados como faraones de la undécima dinastía, derrotaron a todos sus rivales y llegaron a ser los gobernantes supremos de Egipto en la segunda mitad del siglo XXI AC. Una vez más se enviaron expediciones al Sinaí en busca de cobre y turquesas, y se construyeron edificios monumentales para el señor real, "el dios bueno". Sin embargo, una revolución puso fin a esta dinastía, y después de un interregno de pocos años, el último visir del faraón anterior llegó a ser monarca de Egipto y fundó la poderosa dinastía duodécima.
Durante doscientos años los gobernantes de esta dinastía, que trasladaron la capital de Tebas a Lisht en el Egipto central, gobernaron el país con mano fuerte pero con sentido de responsabilidad. Se consideraban como pastores del pueblo y aceptaron su tarea como una dura responsabilidad y no como un privilegio. Estabilizaron la economía del país, reanudaron el comercio exterior y las expediciones mineras al Sinaí y Nubia, y fortificaron las fronteras contra las repetidas incursiones de los asiáticos y los nubios. Cuidaron de la preparación de los futuros reyes nombrando al príncipe heredero como corregente del padre, tan pronto como el faraón comprendía que su hijo tenía suficiente edad para asumir las responsabilidades del gobierno.
Si el éxodo ha de ubicarse en la decimoctava dinastía, Abrahán debe haber visitado Egipto durante la duodécima dinastía, cuando hubo hambre en Palestina y conoció a un faraón que lo trató con consideración y respeto (ver Gén. 12: 16, 20). En una de las tumbas de un noble egipcio llamado Inmhotep, está pintada en colores la llegada de 37 hombres y mujeres palestinos. Este mural de alto valor artístico y bien conservado nos da un cuadro vívido de los asiáticos de la época. Muestra sus vestiduras multicolores, que eran distintas del vestido blanco egipcio, sus armas, zapatos, una lira y otros objetos y peculiaridades interesantes. Al mirar este cuadro, uno puede evocar la familia de Abrahán cuando llegó a Egipto, así como esas 37 personas cuyas figuras ha conservado para nosotros tan vívidamente el pincel de un artista.
El reino medio tuvo muchas relaciones generalmente pacíficas con Palestina y Siria. Sólo se registra una campaña militar contra la ciudad palestina de Siquem durante ese período, aunque la falta de registros quizá no permita un cuadro exacto de los sucesos. Egipto parece haber considerado a sus vecinos asiáticos como naciones dependientes en cierta medida pues había representantes de la corona ubicados en las ciudades principales de Palestina y Siria. Hasta pueden haber controlado en realidad gran parte de la vida económica de Siria y Palestina, y seguramente promovieron relaciones amistosas entre los gobernantes locales y el poderoso faraón de Egipto.
La ciudad portuaria fenicia de Biblos fue casi una metrópoli egipcia durante ese período. Sus príncipes autóctonos, que tenían nombres típicamente amorreos, imitaron los títulos, el ceremonial de la corte y el idioma de Egipto. Recibían preciosos regalos de los faraones a cambio de madera de cedro, y se hacían sepultar como reyes egipcios, pero en escala más modesta.
El segundo período intermedio-Dinastías decimotercera a decimoséptima.-
La vida floreciente del reino medio llegó a un fin repentino, pero no son claras las razones. La siguiente dinastía fue débil y tuvo que compartir el poder con gobernantes locales. Hacia fines del siglo XVIII AC hubo una invasión de extranjeros, conocidos con el nombre de hicsos. En las listas de reyes egipcios estos gobernantes extranjeros forman las dinastías decimoquinta y décimosexta. El historiador judío Josefo explica que hicsos significa "reyes pastores", pero sabemos que este nombre es una corrupción del término egipcio hega Khasut, que significa "gobernante de países extranjeros". Su relación étnica es aún incierta, pero sus nombres, tales como Jaqub-hur o Anat-hur, indican que muchos de los reyes hicsos fueron semitas, aunque algunos pueden haber sido hurritas.
No es seguro si los hicsos invadieron a Egipto y llegaron a ser señores del país por conquista militar o por una infiltración pacífica. Puesto que introdujeron el caballo y el carro, desconocidos para los egipcios hasta ese entonces, parece probable que los hicsos, con su equipo militar superior, conquistaron a Egipto. Establecieron su capital en la ciudad de Avaris, en el delta oriental.
Algunos de estos reyes hicsos, como Khian, parecen haber reinado sobre todo el país pues sus monumentos se han encontrado en todo Egipto, y aun en Nubia. Otros gobernantes hicsos pueden haber estado satisfechos con sólo un gobierno nominal, mientras que otros gobernantes locales ejercían el poder en sus distritos. Sabemos, por ejemplo, que durante todo el período del gobierno de los hicsos los príncipes egipcios de Tebas se atribuyeron prerrogativas reales, y aparecen sin interrupción en listas egipcias como las dinastías decimotercera y decimoséptima. Otra dinastía autóctona, la así llamada decimocuarta con asiento en Xois, pretendía tener autoridad en el delta occidental.
Desgraciadamente nuestros registros de esta época tan interesante son muy pocos y fragmentarios. Como gobernantes extranjeros, los hicsos fueron naturalmente odiados por los egipcios. Después de su expulsión, todos sus monumentos y registros fueron sistemáticamente destruidos y su memoria fue raída. De ahí que tengamos sólo unos pocos monumentos de la época que escaparon a la furia de los fanáticos egipcios, junto con algunas referencias despectivas de escritores posteriores, y las leyendas distorsionadas de épocas muy posteriores, como las que ha conservado Josefo para nosotros.
Estas son las razones por las cuales gran parte del segundo período intermedio pertenece a los tiempos más oscuros de la historia antigua egipcia, hecho deplorado por historiadores y estudiosos bíblicos, por cuanto se considera una realidad que José ejerció el cargo de visir de Egipto bajo uno de los faraones hicsos. Hay un acuerdo casi universal entre los eruditos respecto a este punto. Sea cual fuere la fecha que acepten para el éxodo, concuerdan en que la narración respecto a José se ubica mejor en el período de los hicsos. La cronología bíblica también estaría de acuerdo con tal opinión. No sólo hallamos evidencias arqueológicas que muestran que el caballo y el carro aparecieron en Egipto durante dicho período, sino que también la primera vez que se los menciona en la Biblia es en relación con la historia de José (Gén. 41: 43; 46: 29; 47: 17). El hecho de que durante el período de los hicsos se realizó un gran cambio social en el cual la propiedad privada (excepto la propiedad de los templos) pasó a manos del rey, también puede ser explicado mejor por los sucesos registrados en Gén. 47: 18-26.
El fin del período de los hicsos llegó a principios del siglo XVI AC. Una vez más nuestros registros respecto de su expulsión son muy escasos. Un relato legendario de un tiempo algo posterior cuenta de una lucha de Apofis, uno de los últimos reyes hicsos, con Sekenenre, príncipe de Tebas. Este relato sería de poco interés si no fuera porque la momia de Sekenenre, que todavía se conserva, muestra que este príncipe murió de terribles heridas en la cabeza, probablemente sufridas en una batalla. Por lo tanto, se presume que Sekenenre inició la guerra de liberación, con resultados fatales para él. Su hijo Kamosis continuó la guerra con algún éxito, como sabemos por dos registros de su época, pero el verdadero libertador de Egipto del yugo extranjero fue Amosis, hermano de Kamosis, quien llevó la guerra hasta las puertas de Avaris, capital de los hicsos. Cuando Avaris fue finalmente tomada, los hicsos se retiraron a Palestina e hicieron su fortaleza en la ciudad de Saruhén (Jos. 19: 6). Esta ciudad también fue tomada después de una campaña de tres años, o después de tres campañas anuales (el registro es ambiguo). Luego los hicsos fueron expulsados hacia el norte, donde desaparecen, aunque es posible que las guerras de Tutmosis III, cien años más tarde, fueron aún reñidas contra el residuo de los hicsos.
El reino nuevo-Dinastías decimoctava a vigésima.-
Puesto que el período histórico de este artículo termina a fines del siglo XV AC, solamente se examinará aquí la historia de Egipto durante los primeros reyes de la dinastía decimoctava de los siglos XVI y XV AC. En el tomo II se trata de los últimos reyes de esta dinastía, del período de Amarna.
No hay interrupción dinástica entre los libertadores de la dinastía decimoséptima y la poderosa dinastía decimoctava, pero desde los tiempos precristianos la dinastía decimoctava se ha contado a partir de Amosis, hermano de Kamosis, que se computa tradicionalmente como el último rey de la decimoséptima. Los primeros cuatro reyes de la nueva dinastía, Amosis, Amenhotep I, Tutmosis I y II, reinaron en total unos 65 años (alrededor de 1570-1504 AC), estuvieron muy atareados consolidando su reino y organizando el país como unidad política y económica. Sólo Tutmosis I tuvo tiempo de llevar a cabo campañas militares de alguna importancia. Reconquistó Nubia, que se había independizado durante el período de los hicsos, y también realizó una campaña a Palestina y Siria. Penetró hasta el río Eufrates, descrito en los textos egipcios como "esa agua invertida que fluye aguas arriba en vez de aguas abajo", por cuanto el Eufrates fluye en dirección casi opuesta a la del Nilo.
Alguno de los primeros reyes de la dinastía decimoctava, tal vez Amenhotep I o Tutmosis I, fue probablemente el nuevo rey de Egipto "que no conocía a José" (Exo. 1: 8), el faraón que con espíritu de nacionalismo contempló con suspicacia y odio a los semíticos israelitas dentro de sus fronteras, y comenzó la opresión que resultó, finalmente en el éxodo.
Después del corto reino de Tutmosis II, cuarto monarca de la dinastía decimoctava, su viuda Hatshepsut, que era hija de Tutmosis I, llegó al trono y gobernó a Egipto con mano fuerte aunque pacífica durante poco más de veinte años (1504-1482 AC). Fue obligada por una rebelión iniciada en el templo a aceptar como corregente a su sobrino Tutmosis III, sacerdote secundario del templo de Amón, pero consiguió mantenerlo en segundo plano durante mucho tiempo. Los años de su reinado fueron pacíficos y prósperos. Envió expediciones comerciales a Punt, que es probablemente Somalía, y explotó las minas de Sinaí y Nubia de donde extrajo cobre, turquesa y oro. En Deir el-Bahri, en Tebas occidental, construyó el grandioso templo mortuorio que aún está considerado como el más hermoso de todos los templos egipcios, y erigió varios de los obeliscos más altos que hayan apuntado hacia el cielo en la tierra del Nilo.
La cronología bíblica y las circunstancias históricas parecen concordar en que Hatshepsut puede haber sido la madre adoptiva de Moisés. Tal vez haya tenido el propósito de nombrar como sucesor a su hijo adoptivo pues odiaba amargamente a su sobrino Tutmosis III, como lo demuestran los registros. Sin embargo, puede haber comprendido muy pronto que tal plan tendría pocas probabilidades de triunfar frente a la determinada oposición del poderoso sacerdocio de Egipto. Fueran cuales hubieran sido los planes de ella, los sacerdotes se aseguraron de que Tutmosis III, uno de sus protegidos, fuese colocado en el trono, aunque lo único que lograron fue que se lo tolerase como corregente mientras vivió Hatshepsut.
Está envuelto en el misterio el fin de Hatshepsut, después de un reinado de más de veinte años. El que se haya debido a una muerte natural o a un acto de violencia, es tema de especulación. Su cuerpo no ha sido aún hallado, y puede haber sido destruido como lo fueron sus monumentos e inscripciones. Tan pronto como ascendió al trono, el nuevo faraón hizo todo lo posible para erradicar la memoria de su odiada tía y anterior corregente.
Tutmosis III, que reinó unos 33 años (1482-1450 AC), llegó a ser el monarca más importante del nuevo reino. En una campaña militar a Palestina y Siria, durante el primer año de su reinado, derrotó en la famosa batalla de Meguido a una coalición dirigida por el príncipe de Kadesh. Esta fue la primera batalla de la antigüedad de la cual se conserve un registro detallado. Tutmosis sometió toda Palestina y Siria; convirtió los bosques de cedros del Líbano en propiedades de la corona; colocó guarniciones en las ciudades principales del Asia occidental; apareció en persona casi cada año en sus dominios extranjeros para demostrar su poder y desanimar cualquier tipo de aspiraciones a la independencia o a la rebelión. La riqueza de Asia fluyó hacia el Egipto en forma de tributos que fueron usados en enormes construcciones, tales como templos, palacios y fortificaciones.
Amenhotep II (1450-1425 AC), hijo de Tutmosis III, que fue probablemente el faraón del éxodo, fue también un gran deportista que sobresalió en el manejo del arco, la caza y los deportes acuáticos, pero fue también un gobernante despiadado y cruel. Se registran varias de sus campañas militares, motivadas por rebeliones en diferentes partes del imperio. Todos los intentos de las naciones sojuzgadas para alcanzar la independencia fueron sofocados con crueldad y terror. Amenhotep fue sucedido en el trono por uno de sus hijos menores, Tutmosis IV (1425-1412 AC). Hay la evidencia de que el nuevo rey no había sido nombrado originalmente como sucesor de su padre pero que recibió ese honor inesperadamente. Esta desusada elevación al puesto del príncipe heredero se explicaría lógicamente si su hermano mayor, el heredero forzoso, hubiera sido muerto en la décima plaga (Exo. 12: 29).
Condiciones en el imperio egipcio en la fecha probable del éxodo.-
Egipto alcanzó su apogeo político bajo los reyes de la dinastía decimoctava en el siglo XV AC. Quedó unido bajo un monarca poderoso y disfrutó del prestigio nacional que la nación había ganado por la expulsión de los hicsos y la formación de un imperio que se extendió en el África como también en Asia. Los reyes de la dinastía decimoctava, por ser descendientes de los libertadores de Egipto de un yugo extranjero, eran más reverenciados y apreciados que cualesquiera otros reyes anteriores. Esto también explica la estabilidad de la dinastía, que duró unos 250 años.
Nubia era una valiosa sección del imperio pues poseía ricas minas de oro que producían tanto oro, que se hizo legendaria la riqueza del faraón respecto a este metal precioso. Los reyes de Babilonia, Mitani y Asiria pedían oro en casi cada carta con palabras tales como éstas: "Que mi hermano envíe oro en gran cantidad, sin medida... porque el oro es tan abundante como el polvo en la tierra de mi hermano". Nubia, que era administrada por un virrey llamado el "hijo de Kush del rey", también proveía ganado vacuno, cueros, marfil y piedras semipreciosas. Por eso era una posesión importante.
Palestina y Siria habían llegado a ser parte del imperio egipcio en tiempos de Tutmosis III. En estas naciones se les permitió conservar su trono a los príncipes del país pero se ubicaron guarniciones egipcias por todo el territorio en ciudades situadas estratégicamente. Comisionados de alta jerarquía, como representantes de la corona, vigilaban atentamente los movimientos y la conducta de los distintos príncipes locales. También recibían y remitían el tributo anual, que producía una corriente continua de riquezas de Asia a Egipto, tales como madera de cedro, aceite de oliva, vino y ganado.
Las minas de cobre de Sinaí fueron intensamente explotadas y se mantuvieron relaciones comerciales con Chipre, Creta y algunas de las islas jónicas. El faraón egipcio mantenía buenas relaciones con los reyes de Babilonia, Asiria y Mitani. Estos reyes se llamaban el uno al otro "hermano".
La supremacía de Egipto en Siria y Palestina era indisputada, y el pueblo del país del Nilo nunca se había sentido más seguro y poderoso que durante este período. La afluencia de riquezas de países extranjeros hizo innecesario que se colocasen pesadas cargas sobre los ciudadanos egipcios, y por primera vez en la historia de Egipto se organizó un ejército regular, constituido mayormente por extranjeros, que reemplazó al ejército del pueblo que había servido al rey desde tiempos inmemoriales durante los períodos anuales cuando estaban libres de los trabajos del campo. Al ser liberados los ciudadanos del país de su servicio tradicional en el ejército o en las obras públicas, hubo que llenar su lugar con esclavos proporcionados por las campañas militares en países extranjeros. La necesidad del trabajo de esclavos extranjeros fue también uno de los motivos que llevó a oprimir a los hebreos, que vivían en el delta oriental, y a negarse obstinadamente a permitir su partida.
La vida cultural de Egipto había alcanzado un alto nivel. Los diversos templos construidos durante ese tiempo muestran un gusto artístico y arquitectónico refinado. La artesanía estaba muy desarrollada y producían hermosos objetos de arte durante la dinastía decimoctava, como lo demuestra el rico contenido de la tumba del rey Tutankamón. Textos astronómicos, matemáticos y médicos revelan que florecieron las ciencias. Pudo pues Egipto pretender con justicia que no sólo era la nación más poderosa de su tiempo sino también la más civilizada.
Tales eran las condiciones reinantes en el país donde vivieron los hebreos durante el tiempo de su opresión, y las realizaciones culturales que conocieron durante su permanencia en Egipto.
Bibliografía
La historia antigua se basa en los hallazgos de la arqueología considerados en el capítulo anterior. Por lo tanto, la bibliografía que aparece al final de ese capítulo está muy relacionada con la historia de la antigüedad. Casi todos los libros de historia antigua que tratan el período estudiado en este artículo ya son obsoletos, puesto que durante las dos últimas décadas nuestro conocimiento histórico ha avanzado tanto que todas las reconstrucciones previas carecen de autoridad. Sobre todo, esto se aplica al campo de la cronología, que ha cambiado radicalmente en los últimos años, dándose ahora fechas muy posteriores a las que antiguamente se daban. Con estas reservas se enumeran los siguientes libros sobre historia antigua.
Breasted, James H. A History of Egypt (2ª ed.). Nueva York, Charles Scribner's Sons, 1912. 634 págs. Una historia de Egipto que se extiende desde los orígenes hasta la conquista persa. Contiene una descripción de la evolución del pensamiento religioso y el desarrollo político del imperio. La segunda edición, que tiene escasas diferencias con la de 1906, ha sido reimpresa muchas veces y necesita una revisión. Sin embargo, no existe otra obra de su envergadura.
The Cambridge Ancient History, tercera edición. Editado por I. E. Edwards y otros. Tomo 1, Parte 1: "Prolegomena and Prehistory"; Parte 2: "Early History of the Middle East". Tomo II, Parte 1: "History of the Middle East and the Aegean Region, c. 1800-1300 AC. Cambridge: University Press, 1970-1973, la obra completa en doce volúmenes, con cada capítulo escrito por un especialista en la materia, es la historia antigua más detallada que se pueda conseguir.
Gardiner, Alan H. The Egypt of the Pharaohs. Oxford: University Press, 1961. Obra de divulgación que abarca el período comprendido entre el Reino Antiguo y la época de Alejandro Magno.
Gurney, O. R. The Hittites. Londres: Penguin Books, 1952. 240 págs. Un estudio reciente de la historia, el arte, los logros y la organización social de los hititas.
Hall, H. R. The Ancient History of the Near East From the Earliest Times to the Battle of Salamis (8ª ed.). Nueva York: The Macmillan Company, 1935. 620 págs. Vale la pena consultarlo, aunque el autor defiende algunas ideas particulares en cuanto a las migraciones étnicas.
Steindorff, George y Seele, Keith C. When Egypt Ruled the East. Chicago, The University of Chicago Press, 1942. 284 págs. Una autorizada historia del período imperial egipcio.
Wilson, John A. The Burden of Egypt. Chicago, The University of Chicago Press, 1951. 332 págs. Una buena historia de Egipto, bien escrita, que abarca hasta el final del imperio.
Winlock, H. E. The Rise and Fall of the Middle Kingdom in Thebes. Nueva York, The Macmillan Company, 1947. 174 págs. La historia de Egipto desde mediados del primer período intermedio hasta los tiempos de los hicsos, escrita por un experto en arqueología egipcia del período en cuestión.

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