22 de enero de 2010

Los Ángeles Caidos



Respuesta al correo de Marcos Sandoval

PREGUNTA:Explique por favor 2 Pedro 2:4: “Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que los arrojó al infierno y los entregó a prisiones de oscuridad, donde están reservados para el juicio”

En relación con esto deberíamos considerar también un pasaje similar de Judas 6: “Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propio hogar, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día”. Lo invito a examinar el contexto, analizar la naturaleza de la prisión y hablar del pecado de los ángeles.
1. Contexto: Pedro está analizando la obra de los falsos maestros. Según el apóstol, no era nueva su presencia entre el pueblo de Dios (2 Pedro 2:1). Una cosa, sin embargo, es segura: experimentarán el juicio divino. Para apoyar este argumento, Pedro utiliza tres ejemplos bíblicos de pecados que llevan al juicio: la experiencia de los ángeles, el castigo de los antediluvianos y la destrucción de Sodoma y Gomorra.

El contexto de Judas es similar. También se ocupa de los falsos maestros, y sus tres ejemplos de juicio divino son: la rebelión de los israelitas en el desierto, la caída de los ángeles y Sodoma y Gomorra. Estos pasajes revelan que Dios va a intervenir contra los falsos maestros, pero no hablan específicamente de la naturaleza del pecado de los ángeles, o del lugar adonde son enviados.

2. La prisión: Pedro usa un vívido lenguaje para describir la suerte de los ángeles malos. Dios “los arrojó al infierno y 
los entregó a prisiones de oscuridad”. En la Biblia, el “infierno” se refiere a la tumba, donde están los muertos. La palabra griega que se utiliza es hades, que designa el lugar de los muertos. En este caso Pedro usa otra palabra, tartaroo, “arrojar o tener cautivo en el tartaros.” En la mitología griega, tartaros designaba a la zona más profunda del hades, reservada para el castigo de los dioses desobedientes. Pedro usa esta imagen para expresar la idea de que los ángeles caídos están ahora en prisiones de oscuridad y muerte, separados de la fuente divina de la vida. No es una prisión literal, porque 
los demonios aún actúan enérgicamente en el mundo de los humanos (por ej., 1 Ped. 5:8; Judas 9).

Judas apoya esta idea al decir que están encadenados y en prisiones eternas. La frase “prisiones de oscuridad” de Pedro aparece a veces en los manuscritos griegos como “grilletes de oscuridad”. En el mundo antiguo, las prisiones eran oscuros calabozos, un símbolo apropiado de la tumba (ver Apoc. 1:18). Aparentemente, las prisiones antiguas no tenían el propósito de encarcelar a los criminales como forma de castigo –los presos a menudo tenían que participar de trabajos forzados– pero en la mayoría de los casos, los prisioneros aguardaban el juicio o la ejecución de la pena ya pronunciada contra ellos (ver Lev. 24:10-12; Núm. 15:32-36). Según Pedro, los ángeles caídos están encarcelados en la oscuridad espiritual, en el reino de la muerte, aguardando la ejecución de su sentencia. Ya han sido juzgados.

3. El pecado: Ni Pedro ni Judas nos dicen la naturaleza del pecado de los ángeles. Según Judas, los ángeles “no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propio hogar”. La caída de los ángeles desde el cielo es descrita como abandono de sus funciones en el cielo, su primer hogar. Los estudiosos suelen pensar que Judas utiliza a Génesis 6:1-4, según es interpretado por la literatura inter-testamentaria judía, para referirse a la caída de los ángeles cuando abandonaron el cielo y tuvieron relaciones sexuales con mujeres. Sostienen que el contexto de Judas se refiere a pecados de inmoralidad. Tal interpretación difícilmente se adapta al contexto de Pedro. Si bien no es posible descartar por completo esta posibilidad en Judas, siempre es mejor usar a la Biblia misma como testigo y evitar las especulaciones. La idea expresada en ambos pasajes parece adaptarse mejor a Isaías 14, donde se narra la caída de Lucifer: “Más tú derribado eres hasta el seol, a lo profundo de la fosa” (vers. 15); y a Apocalipsis 12:1-4, 7-9, donde la expulsión de los ángeles es precedida por una guerra en el cielo.

En conclusión: La suerte final de los ángeles malos está fijada. Mientras tanto, cuidémonos de los falsos maestros y de sus enseñanzas (2 Pedro 2:2).

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