14 de abril de 2010

El Libro del Profeta MIQUEAS



INTRODUCCIÓN
1. Título.-


El libro toma su nombre del profeta cuyo mensaje presenta. Miqueas (Heb. Mikah) es una forma abreviada de Mikayah, que significa: "¿Quién se asemeja a Yahweh?" Tanto en hebreo, como en castellano, el libro ocupa el sexto lugar en el orden de los profetas menores. En la LXX está en el tercer lugar, después de Amós y Oseas, quizá por su tamaño.

2. Paternidad literaria.-
Se dice que Miqueas es "de Moreset" porque quizá provenía de la aldea de Moreset-gat, que se cree que estaba en la parte sur de Judá, hacia Filistea. No debe ser confundido con Micaías, hijo de Imla, que profetizó en los días de Acab (1 Rey. 22: 8-28). Nada se sabe del profeta excepto lo que revela el propio libro. El hecho de que no se mencione el nombre de su padre podría sugerir que era hombre de origen humilde. Sin duda era de Judea, lo que se puede deducir porque sólo menciona los reyes de Judá (cap. 1: 1). Aunque menor, fue contemporáneo de Isaías y Óseas, quienes empezaron su ministerio durante el reinado de Uzías, el predecesor de Jotam (Isa. 1: 1; Ose. 1: 1). Según la tradición, murió pacíficamente en el lugar donde nació, durante la primera parte del reinado de Ezequías, antes de la caída de Samaria.

El lenguaje de Miqueas es poético, rítmico y mesurado. Su estilo podría indicar un origen campesino, pues es vigoroso, sencillo y franco. El profeta se distingue por su empleo frecuente de figuras de lenguaje y de juegos de palabras. Es osado, severo e intransigente al tratar con el pecado; y sin embargo, es tierno de corazón, triste de espíritu, amable y compasivo.

3. Marco histórico.-
Igual que Isaías, Miqueas llevó a cabo su ministerio profético en el período crítico de la última mitad del siglo Vlll a. C., cuando Asiria era el poder mundial dominante. En su propio país, cuando empezó su ministerio profético, Jotam rey de Judá "hizo lo recto ante los ojos de Jehová", aunque "el pueblo sacrificaba aún, y quemaba perfumes en los lugares altos" (2 Rey. 15: 34-35). Acaz, hijo de Jotam y su sucesor, se entregó del todo a la idolatría hasta pasar a "sus hijos por fuego, conforme a las abominaciones de las naciones" (2 Crón. 28: 3). No vaciló en cambiar de lugar el altar de bronce de los holocaustos y quitó las fuentes e hizo colocar dentro del recinto sagrado del templo un altar idolátrico cuyo original había visto en Damasco (2 Rey. 16: 10-12, 14-17). Estas y otras iniquidades cometidas contra el culto verdadero del Señor quizá hicieron de Acaz el rey más idólatra que jamás reinó en Judá. Durante el tiempo de esta decadencia espiritual entre los habitantes de Jerusalén y Judá, Miqueas cumplió con su misión profética. El contenido de su libro presenta las condiciones morales y religiosas que imperaban entre el pueblo durante los reinados mencionados.

Esta idolatría se agravó por la transigencia de muchos que observaban exteriormente las formas tradicionales del culto del Señor a la vez que proseguían con el culto y las prácticas de idolatría. Los sacerdotes de Jehová habían apostatado. Consintieron en que el paganismo mantuviera su popularidad entre el pueblo, y en vez de defender a los pobres contra la ambición de los ricos, ellos mismos estaban dominados por un espíritu codicioso. Había muchos profetas falsos que, mediante adulaciones, buscaban el favor del pueblo asegurándole que le esperaban mejores condiciones al paso que se burlaban de los amenazantes castigos que los profetas verdaderos de Jehová predecían, como resultado de las transgresiones cada vez mayores de la nación. Además, esos falsos profetas hicieron que el pueblo se sumiera en un sueño espiritual mortífero calmando sus temores con la doctrina engañosa de que, siendo los descendientes de Abrahán, el pueblo especial de Dios, con seguridad el Señor jamás los abandonaría.

Los nobles y los encumbrados se habían entregado a una vida de disipación. En su ardiente deseo de disfrutar de comodidades, llegaron a ser inescrupulosos y crueles en su trato con los campesinos. Su avaricia expoliaba a los pobres mediante excesivas exigencias y los privaba de sus derechos legales.
Como felizmente a veces sucede, que un mal gobernante es seguido por un hijo que llega a ser un buen gobernante, Ezequías, sucesor de Acaz, era tan consagrado a Dios como lo había sido su padre a los ídolos. "En Jehová Dios de Israel puso su esperanza; ni después ni antes de él hubo otro como él entre todos los reyes de Judá" (2 Rey. 18: 5). Resueltamente se puso a la tarea de contrarrestar la apostasía de su padre, a reformar las condiciones morales y espirituales de Judá, a abolir la idolatría, y a hacer que su pueblo volviera al verdadero culto del Señor. En esto fue apoyado por Miqueas. Empezó a dar fruto la lucha enconada que el varón de Moreset-gat experimentó durante la mayor parte de su vida para plantar la semilla de la verdad en el suelo casi estéril del corazón de su pueblo. El reinado de Ezequías se caracterizó por una obra de reforma.

4. Tema.-
Predominan dos temas principales: (1) la condenación de los pecados del pueblo y el castigo resultante en el cautiverio, y (2) la liberación de Israel y la gloria y el gozo del reino mesiánico. Por todo el libro de Miqueas alternan las advertencias y las promesas, el castigo y la misericordia.

Las profecías de Miqueas y de Isaías tienen mucho en común. Siendo que los dos profetas eran contemporáneos, y por lo tanto tenían que tratar con las mismas condiciones y asuntos, podemos entender con facilidad por qué sus palabras y mensajes son frecuentemente tan semejantes.

Aunque en las primeras palabras de su libro Miqueas nos dice "lo que vio sobre Samaria y Jerusalén", su profecía trata más de Judá que de Israel. A pesar de que las diez tribus se habían separado de Judá y de Jerusalén, que era el centro del culto de Jehová, aquéllas seguían siendo el pueblo de Dios y el Señor procuraba que nuevamente le fueran leales.

5. Bosquejo.-
I. Culpabilidad nacional y corrupción, 1: 1 a 3: 12.
A. Introducción, 1: 1-4.
B. Castigo sobre Israel y Judá, 1: 5-16.
C. Amenazas sobre príncipes y falsos profetas, 2: 1 a 3: 11.
D. La destrucción de Sión y del templo, 3: 12.
II. La era mesiánica y sus bendiciones, 4: 1 a 5: 15.
A. Gloria del monte de la casa de Jehová, 4: 1-5.
B. Restauración y reavivamiento de Israel, 4: 6-10.
C. Victoria de Sión sobre sus enemigos, 4: 11-13.
D. Nacimiento y poder del Mesías, 5: 1-4.
E. Victoria sobre los adversarios, 5: 5-9.
F. La abolición de la idolatría, 5: 10-15.
III. Castigo del pecado y esperanza en el arrepentimiento, 6: 1 a 7: 20.
A. Controversia con Dios por causa de la ingratitud, 6: 1-5.
B. Obediencia antes que sacrificios, 6: 6-8.
C. Reprensión divina y castigo anunciado, 6: 9-16.
D. Arrepentimiento de Israel y confesión de fe, 7: 1-13.
E. Oración en procura de restauración, y seguridad ofrecida por Dios, 7: 14-17.
F. Se alaban la misericordia y fidelidad de Dios, 7: 18-20.

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