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20 de abril de 2010

Evangelio Según SAN MATEO



INTRODUCCIÓN

1.Título.
Los manuscritos griegos más antiguos del NT existentes hoy dan a este libro el título de "Según Mateo". El título que aparece en la RVR -"El Evangelio de San Mateo"- se encuentra en la mayoría de los manuscritos posteriores, menos la palabra "San". El título que lleva en el Textus receptus, "El Santo Evangelio según Mateo", sólo se encuentra en los manuscritos más recientes. En las Escrituras, el término "evangelio" (gr. euaggélion) significa "buenas nuevas". Es decir, las buenas nuevas de salvación expuestas en la vida y las enseñanzas de Jesús. No se aplica al registro escrito en sí; sin embargo, después del período neotestamentario, se usó esta palabra también para referirse a los libros que narran la vida de Jesús.

2. Autor.
Los antiguos escritores afirman unánime y consecuentemente que el autor del primero de los cuatro Evangelios fue Mateo, el discípulo. La evidencia interna indica que el libro fue escrito por un judío convertido al cristianismo. Tal fue el caso de Mateo (Mat. 9:9; cf. Mar. 2:14). Por haber sido publicano antes de ser llamado al discipulado, Mateo debe de haber estado acostumbrado a conservar registros, cualidad de gran valor para el que escribe una narración histórica. La modesta referencia que hace de sí mismo en la fiesta (Mat. 9:10; cf. Luc. 5:29) puede compararse con la forma en que Juan (Juan 21:24) y posiblemente Marcos (Mar. 14:51-52) se refieren a sí mismos, y por lo tanto puede ser un testimonio indirecto de que Mateo lo escribió.

En torno del año 140 d. C., Papías de Hierápolis, tal como lo cita Eusebio (Historia eclesiástica iii. 39), afirmó que "Mateo escribió ciertamente los oráculos divinos en lengua hebrea, cada cual los interpretó como pudo". Medio siglo más tarde, Ireneo escribió, según lo cita Eusebio (Historia eclesiástica v. 8): " 'Mateo... dio a luz entre los hebreos un Evangelio escrito en la lengua de éstos, mientras Pedro y Pablo predicaban a Cristo en Roma y echaban los cimientos de la Iglesia'".

Basándose en estas declaraciones y afirmaciones similares de escritores posteriores, algunos han llegado a la conclusión de que el Evangelio de Mateo fue escrito originalmente en arameo (el "hebreo" de Papías e Ireneo) y fue posteriormente traducido al griego; sin embargo, esta teoría no ha merecido aceptación general. La evidencia existente hoy está lejos de ser decisiva. En vista de que se sabe que numerosas "obras" circularon entre los judíos sólo en forma oral, se cree que la referencia de Papías con respecto a que Mateo escribió los "oráculos" de Jesús, se refiere más bien a una composición oral y no escrita, y que el "evangelio" de Ireneo quizá fue también un relato oral. No hay evidencia de que Papías e Ireneo se refirieran a lo que hoy conocemos como el Evangelio según Mateo. Las razones por las cuales inferimos que el Evangelio de Mateo, como lo tenemos hoy, fue escrito originalmente en griego, son las siguientes:

1. El texto griego de Mateo no revela las características de una obra traducida. Los supuestos arameísmos aparecen también en los otros Evangelios, y pueden indicar solamente que el autor pensaba en arameo mientras escribía en griego. El libro de Apocalipsis está repleto de expresiones idiomáticas arameas.

2. La uniformidad de lenguaje y estilo dan claramente la impresión de que el libro fue escrito originalmente en griego.

3. Los notables parecidos lingüísticos con el griego de Marcos, en especial, y en menor grado con Lucas, hacen más difícil la posibilidad de que se trate de una traducción.

4. Marco histórico.-
Durante la vida de Cristo, Palestina estaba bajo la jurisdicción de Roma, cuyas legiones, comandadas por Pompeyo, subyugaron la región y la anexaron a la provincia romana de Siria en 64-63 a. C. Después de haber disfrutado de independencia política durante unos 80 años antes de la llegada de los romanos, los judíos sufrieron mucho por la presencia y la autoridad de los gobernantes extranjeros, tanto civiles como militares. Cuando el senado romano nombró a Herodes el Grande (37-4 a. C.) como rey sobre buena parte de Palestina, la suerte de los judíos fue aún más angustiosa. Es fácil entender que el deseo de lograr la independencia se convirtiera en una obsesión general y afectara casi todos los aspectos de la vida nacional. Sobre todo, este deseo impregnaba el pensamiento religioso de la época y la interpretación de los pasajes mesiánicos del AT. La dominación de los romanos era resultado directo de la desobediencia a los mandatos divinos. Mediante Moisés y los profetas, Dios le había advertido a su pueblo en cuanto a los sufrimientos que seguirían a la desobediencia.

Era natural que los judíos procuraran liberarse del doble yugo que les imponían César y Herodes. En repetidas ocasiones surgieron caudillos que con celo mesiánico lucharon por los derechos del pueblo y para reparar las injusticias por medio de la espada. Los judíos creían de todo corazón que las profecías mesiánicas del AT les prometían un mesías político que libraría a Israel de la opresión extranjera y subyugaría a todas las naciones. Las aspiraciones políticas distorsionaban así la esperanza mesiánica, y puesto que Jesús de Nazaret no cumplió estas falsas expectativas, el orgullo nacional impidió que el pueblo reconociera en él a Aquel de quien los profetas habían dado testimonio.

Se trata más ampliamente el marco histórico de los Evangelios con ese nombre en esta página de internet.

5.Tema.
El tema de cada uno de los cuatro Evangelios es la encarnación, la vida ejemplar, el ministerio público, la muerte vicaria, la resurrección y la ascensión de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. No fue por un accidente que los cuatro Evangelios llegaron a formar parte del sagrado canon del NT, pues cada uno de ellos hace una contribución propia a la narración evangélica. La misión del Hijo de Dios en esta tierra era de tal magnitud que hubiera sido difícil, si no imposible, aun para los que estaban más íntimamente relacionados con Jesús, captar el significado de cada detalle de esa maravillosa vida. A fin de que se preservara para las generaciones futuras un cuadro completo de la vida y del ministerio de Jesús, la Inspiración dirigió y capacitó a cuatro hombres para que se conservara el registro del relato evangélico, escrito quizá desde el punto de vista que a cada uno le interesaba personalmente. Al escribir, cada uno de los cuatro evangelistas tenía un propósito claro. Cada uno omitió ciertos hechos mencionados por los otros y añadió detalles propios. Es como si cuatro pintores hubieran pintado un retrato de Jesús, cada uno desde un ángulo diferente. En todos los casos, el tema es el mismo, pero el aspecto es diferente. En su conjunto, los cuatro retratos proporcionan un concepto más completo y perfecto de Jesús de lo que podría hacer un cuadro solo. El retrato así formado por los cuatro evangelistas nos permite contemplar la vida de Cristo en su verdadera perspectiva. Todo lo que necesitamos conocer acerca del Salvador ha sido revelado.

Guiado por la Inspiración, cada evangelista escogió los hechos que mejor se avenían a su propósito, y los ordenó de acuerdo con el punto de vista que eligió. De este modo, algunas veces omitió cosas narradas por los otros, por lo que resulta a veces difícil correlacionar las diversas partes del relato evangélico y asignar a cada una su lugar adecuado en la secuencia de los sucesos. "No existe siempre orden perfecto ni aparente unidad en las Escrituras. Los milagros de Cristo no se presentan en su orden exacto".

Cada uno de los cuatro evangelistas presenta a Jesús ante sus lectores de una manera característica, según los propósitos de su propio relato evangélico. Tanto Mateo como Lucas lo presentan haciendo resaltar su papel como Hijo del hombre; Marcos y Juan recalcan su verdadera divinidad y lo destacan como el Hijo de Dios. Mateo presenta a Jesús como hijo de Abrahán, como judío, Aquel que había venido en cumplimiento de las promesas hechas a los padres. Lucas lo señala como hijo de Adán (Luc. 3:38), y por ende como Salvador de toda la humanidad. Dando por sentada su divinidad, Marcos sencillamente declara que es Hijo de Dios (Mar. 1:1). Juan afirma que la verdadera humanidad de Jesús (Juan 1:14) de ningún modo disminuye el hecho de que es divino en el sentido absoluto de la palabra (Juan 1:1-3).

Una característica distintiva del Evangelio de Mateo es su registro íntegro de los sermones y de los otros discursos del Salvador. Presenta a Cristo como el gran Maestro. Su Evangelio contiene seis grandes discursos, registrados ampliamente. En los otros Evangelios aparecen en forma breve o no están registrados. Son los siguientes: (1) el Sermón del Monte, cap. 5-7; (2) el discurso sobre el discipulado, cap. 10; (3) el sermón junto al mar, enteramente compuesto de parábolas, cap. 13; (4) el discurso sobre la humildad y las relaciones humanas, cap. 18; (5) el discurso sobre la hipocresía, cap. 23; (6) el discurso sobre el regreso de Cristo, cap. 24-25.
Una segunda característica importante atañe a aquellos aspectos del Evangelio que revelan claramente el tipo de público al cual se dirigía Mateo. Ese público parece haber estado compuesto mayormente de judíos cristianos y de judíos incrédulos. Su propósito evidente era convertir a estos últimos a la fe en Jesús como el Mesías de la profecía, y confirmar la fe de los primeros. Más que todos los otros escritores evangélicos juntos, Mateo presenta a Jesús como Aquel a quien anticipaban los símbolos del AT y en quien hallaron su cumplimiento. Presenta a Jesús como el que vino no para abolir "la ley", sino para cumplirla (cap. 5:17); como hijo de Abrahán e hijo de David, el padre de la nación y su más ilustre rey, respectivamente.
El falso concepto que los judíos tenían de la persona del Mesías y de la naturaleza de su reino, los llevó a rechazar a Jesús. El Mesías de sus sueños era un gran rey que conduciría la nación a la independencia y a la supremacía mundial. Pero no concebían a su Mesías como Rey de justicia, como Aquel que los llevaría a vencer el pecado en sus propias vidas y a lograr la verdadera libertad espiritual. Los judíos no podían reconciliar los pasajes del AT que describían a un Mesías sufriente con los otros que predecían su glorioso reinado. Como resultado, no tomaban en cuenta los primeros y hacían una aplicación errónea de los últimos (DTG 21-22, 182-183, 222, 722-723). Para los judíos, estos pasajes contradictorios constituían una paradoja insoluble. Buscaban exclusivamente el reino glorioso del Mesías, y no encontraban lugar en sus planes para el reino de la gracia del Mesías, el requisito previo necesario para alcanzar el reino de gloria (ver com. cap. 4:17; 5:2-3). Mateo parece haber tenido el propósito de resolver este dilema y mostrar que el Mesías vencedor también era un Mesías sufriente. Resuelve este problema mostrando que Jesús era en verdad rey de Israel y la "Simiente" prometida a David, pero que a la vez era un Mesías sufriente. Otro hecho importante que debe recordarse al estudiar el libro de Mateo es que este Evangelio esencialmente presenta la vida de Cristo en un orden lógico, ordenado por temas, y no cronológicamente. Es verdad que hay cierta secuencia cronológica dentro de la ubicación de las fases principales de la vida y del ministerio de Jesús. Pero la secuencia de los acontecimientos dentro de un período dado no necesariamente sigue el verdadero orden cronológico. En realidad, Mateo se aparta de la estricta secuencia cronológica más que ningún otro escritor evangélico, puesto que su meta principal es la de desarrollar un concepto específico en cuanto a la vida y la misión de Jesús que contribuya a lograr el propósito primordial que lo movió a escribir. No es el cronista que registra todos los acontecimientos a medida que ocurren, sino el historiador que reflexiona sobre el significado de estos acontecimientos teniendo como telón de fondo la historia de la nación escogida.
5. Bosquejo.

El breve bosquejo que se presenta a continuación refleja el propósito que tenía Mateo al componer el relato evangélico. I. Nacimiento, infancia y niñez, 1:1 a 2:23.
A. Antes del nacimiento de Jesús, 1:1-25.
B. La niñez de Jesús, 2:1-23.
II. Preparación para el ministerio, otoño (septiembre-noviembre) de 27 d. C., 3:1 a 4:11.
A. Ministerio de Juan el Bautista, 3: 1-12.
B. El bautismo, 3:13-17.
C. La tentación, 4:1-11.
III. Ministerio en Galilea, de pascua a pascua, 29-30 d. C., 4:12 a 15:20.
A. Comienzos del ministerio en Galilea, 4: 12-25.
B. El Sermón del Monte, 5:1 a 8:1.
C. El poder de Jesús sobre la enfermedad, la naturaleza y los demonios, 8: 2 a 9:34.
D. Instrucción sobre métodos de evangelización, 9:35 a 11:1.
E. La delegación enviada por Juan el Bautista, 11:2-30.
F. Conflicto con los fariseos, 12:1-50.
G. El sermón junto al mar: parábolas del reino, 13:1-52.
H. Fin del ministerio público en Galilea, 13:53 a 15:20.
IV. Terminación del ministerio público, primavera a otoño (marzo-noviembre), 30 d. C., 15:21 a 18:35.
A. Ministerio en las regiones vecinas a Galilea, 15:21-39.
B. Nuevos conflictos con los fariseos, 16:1-12. C. Preparación para la cruz, 16:13 a 17:27.
D. La importancia de la humildad en las relaciones humanas, 18:1-35.
V. Ministerio en Perea, otoño a primavera (septiembre-mayo), 30-31 d. C., 19:1 a 20:34.
A. Enseñanzas en Perea, 19:1 a 20:16.
B. El último viaje a Jerusalén, 20:17-34.
VI. Ministerio final en Jerusalén, pascua, 31 d. C., 21:1 a 27:66.
A. Conflicto con los escribas y fariseos, 21:1 a 23:39.
B. Instrucciones en cuanto a la segunda venida de Cristo, 24:1 a 25:46.
C. El arresto y el juicio, 26:1 a 27:31.
D. La crucifixión y la sepultura, 27:32-66.
VII. La resurrección; apariciones posteriores, 28:1-15.
A. La gran comisión, 28:16-20.

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