4 de mayo de 2010

La Epístola Universal de SANTIAGO

INTRODUCCIÓN
1. Título.
Es probable que esta epístola, como las otras del NT, por ser una carta, originalmente no tuviera ningún título. El Códice Sinaítico, uno de los manuscritos más antiguos en donde se halla la Epístola de Santiago, no tiene título al comienzo de la carta; pero termina con la añadidura, "Epístola de Santiago". Otros manuscritos antiguos tienen el sencillo título en griego, Iakobou Epistole ("Epístola de Santiago"). Manuscritos posteriores dan a esta epístola el título de general o católica, porque está dirigida a toda la iglesia y no a una comunidad específica o a una persona.
Eusebio se refiere a la Epístola de Santiago como a la primera de las siete epístolas llamadas "católicas", en el sentido de "generales" o "universales" (Historia eclesiástica ii. 23). Eran llamadas así porque estaban dirigidas a la iglesia en general, aunque esto no es completamente apropiado cuando se aplica a 2 y 3 Juan, que fueron dirigidas a personas. Las siete epístolas desde Santiago hasta Judas estaban colocadas juntas después de Hechos en todos los primeros manuscritos, precediendo a las epístolas de Pablo. El orden de las epístolas generales, como aparecen en las Biblias modernas, es el que generalmente se encuentra en los manuscritos principales.
2. Autor.
En la Epístola de Santiago no hay suficientes evidencias para identificar en forma definitiva a su autor. En el NT (RVR) hay muchas referencias a hombres llamados "Jacobo" (o Santiago). Este nombre era muy común entre los judíos porque representa el equivalente griego del nombre hebreo Jacob. El uso frecuente de este nombre se advierte en la lista de los doce apóstoles (Mat. 10:2-3; Mar. 3:1619; Luc. 6:14-16). Uno de los apóstoles era Jacobo, el hijo de Zebedeo y hermano de Juan; y un segundo Jacobo era el hijo de Alfeo. Otro personaje bíblico llamado Jacobo era el padre de uno de los doce, que es identificado como Judas "de Jacobo" ("Judas de Santiago", BJ, BC, NC), es decir el hijo de Jacobo y no "hermano de Jacob", como está en la RVR (Luc. 6:16).
Es razonable suponer que el autor de la Epístola de Santiago es una de las personas cuyo nombre aparece en el registro de las Escrituras, y no otro Jacobo (Santiago) completamente diferente de los conocidos. El tono de la introducción (cap. 1:1) sugiere que el autor habla como uno que es bien conocido por aquellos a los que se dirige, y que lo hace con autoridad reconocida.
Aunque de acuerdo con el relato de los Evangelios, los doce estaban íntimamente relacionados con el Señor, Jacobo el hijo de Zebedeo era el más destacado de los dos apóstoles de ese nombre. Sin embargo, muy pocos autores le han atribuido la epístola a él. Y aun esta posibilidad parece quedar eliminada por su muerte temprana (44 d. C.) y por el hecho adicional de que la introducción (cap. 1: 1) parece indicar que había sólo un Santiago Jacobo) prominente en la iglesia en el tiempo cuando se escribió la epístola, y no dos o más.
El segundo apóstol llamado Jacobo (Santiago) era hijo de Alfeo, quien es claramente identificado cuatro veces mediante el nombre de su padre (Mat. 10:3; Mar 3:18; Luc. 6:15; Hech. l: 13). Se ha debatido mucho si este Jacobo es también "Jacobo el menor" (Mar. 15:40). Si así fuese, su padre se llamaba Alfeo y su madre María, y tenía un hermano llamado José (Mat. 27:56; Mar. 15:47; 16: l; Luc. 24: 10). Pero en otro lugar esta María es llamada la mujer de Cleofas (Juan 19:25). Aunque se ha tratado de identificar a Cleofas (Luc. 24:18) con Alfeo mediante el vocablo arameo Jalpai, equivalente a Alfeo, es una identificación dudosa. Parece mejor llegar a la conclusión de que los nombres Jacobo hijo de Alfeo, y Jacobo "el menor" no se refieren al mismo hombre.
Además de estas personas llamadas Jacobo, los autores de los Evangelios se refieren a otro Jacobo, el primero que se nombra y, por lo tanto, probablemente el mayor de los cuatro hermanos de Jesús (Mat. 13:55; Mar 6:3). Como Jacobo "el menor", tenía un hermano llamado José y la madre de ambos (más bien madrastra; ver com. Mat. 12:46) se llamaba María. Pero parece sumamente improbable que un Jacobo deba ser identificado con el otro, y también muy dudoso que se haga referencia a la madre de Jesús como "María la madre de Jacobo y de José" (Mat. 27:56). Jacobo el hermano de Jesús aparece con seguridad sólo en Gál. l: 19, donde Pablo afirma que en su primera visita a Jerusalén, después de su conversión, de todos los apóstoles sólo vio a Cefas (Pedro) y a "Jacobo el hermano del Señor".
Sin embargo, en otros pasajes del NT se hace mención a un dirigente de la iglesia llamado Jacobo, cuyo nombre no está acompañado por ninguna otra identificación. Se destaca por primera vez en los Hechos después de la muerte de Jacobo el hijo de Zebedeo. Después de esto es evidente que sólo había un dirigente de suficiente capacidad para ser conocido como Jacobo, sin ninguna otra identificación. Referencias subsiguientes a este Jacobo lo caracterizan como una figura destacada. Cuando Pedro fue librado de la prisión de Herodes, pidió que se informara de su liberación a Jacobo (Hech. 12:17). Jacobo presidió el concilio de la iglesia en Jerusalén y pronunció la decisión final (Hech. 15:13, 19). Pablo informó a Jacobo acerca de su obra (Hech. 21:18), y Jacobo dio autorización para visitar iglesias (Gál. 2:9). Este también podría ser el Jacobo a quien se le apareció Cristo, de un modo especial, después de su resurrección (1 Cor, 15:7), quizá para darle instrucciones particulares acerca de sus futuras responsabilidades. Finalmente Pablo lo menciona primero como una de las tres "columnas" de la iglesia primitiva (Gál. 2:9). Teniendo en cuenta todo esto, este Jacobo parece ser la persona más indicada para presentarse ante la iglesia en general refiriéndose a sí mismo sencillamente como "Santiago Jacobo, siervo de Dios y del Señor Jesucristo" (Sant. l: l).
Queda, pues, en pie la pregunta si este Jacobo era el hijo de Alfeo, o el hermano del Señor. En favor de identificarlo como hijo de Alfeo, está el hecho de que parece extraño que se mencione por nombre a un Jacobo entre los doce (Hech. l: 13-14), para que poco después desaparezca del relato sin que se tenga siquiera noticia de su muerte, mientras que otro del mismo nombre aparece en forma destacada (Hech. 12:17) sin ninguna palabra de introducción. Por otro lado, pueden presentarse algunas evidencias para identificar a este hombre con Jacobo el hermano del Señor. La referencia que hace Pablo en Gál. 2:9 a Jacobo, el dirigente de la iglesia, poco después de que lo menciona como "el hermano del Señor" en Gál. l: 19, da la impresión -aunque no se pueda probar- de que estos dos Jacobos son el mismo. Además, el relato que presenta Josefo de la muerte de Jacobo, el hermano del Señor, sugiere que era uno de los dirigentes de la iglesia (Josefo, Antigüedades xx. 9. l; cf. t. V, p. 73). La tradición cristiana, por lo menos desde el siglo 11, identifica a Jacobo, el dirigente de la iglesia de Jerusalén, como el hermano del Señor (Hegesipo, citado por Eusebio, Historia eclesiástica ii. 23).
Los escritores cristianos más antiguos presentan un laberinto de discrepancias, contradicciones y conclusiones personales acerca del autor de esta epístola. Sus errores se deben principalmente a una incorrecta identificación de Jacobo "de Alfeo" con Jacobo "de José", y a la conclusión no probada de que el Jacobo de Gál. l:19 es el mismo de Gál. 2:9.
Josefo declara que la muerte de Jacobo, "el hermano de Jesús, que era llamado Cristo", ocurrió después de la muerte de Festo y antes de la llegada de Albino, su sucesor (62 d. C.), y que Jacobo fue apedreado (Antigüedades xx. 9. l). Tomada al pie de la letra, esta afirmación parece ser un registro fidedigno de la muerte de Jacobo "de José", aunque Eusebio aplica esto a Jacobo "el justo", dirigente de la iglesia de Jerusalén (Historia eclesiástica ii. 23), y usa otra cita que no se halla en ningún otro texto conocido de Josefo.
Además, Eusebio declara que los libros divinos muestran que Jacobo, que primero recibió de Cristo y de los apóstoles el episcopado de Jerusalén, era "un hermano de Cristo" (Id. vii. 19), y presenta a la Biblia como autoridad. Cita a Pablo como si identificara a Jacobo "el justo" con Jacobo "el hermano del Señor" (Id. ii. 1), con lo que hace decir otra vez a sus fuentes de información más de lo que dicen. Sin embargo, en otro lugar Eusebio se refiere a Jacobo como a uno de los supuestos hermanos del Salvador, y afirma que era uno de los setenta. Identifica a Jacobo como "hermano del Señor", "hijo de José" y "el justo" (Ibíd.). Afirma que Jacobo fue martirizado inmediatamente antes de la caída de Jerusalén (70 d. C.), y dice que Simeón, hijo de Cleopas, y según algunos primo del Salvador, fue su sucesor en el "trono de la diócesis" de Jerusalén (Id. iii. 11). Así contradice la fecha que da Josefo para la muerte de Jacobo. Presenta otras referencias a Simeón como hijo de Cleopas y a Judas como hermano de Cristo según la carne (Id. iii. 19-20, 22, 32). Cita a Hegesipo en apoyo de sus conclusiones, de que Simeón era hijo de Cleopas, y que Cleopas era tío del Señor (Id. iii. 32). Otra vez cita a Hegesipo como que hubiera afirmado que Simeón era primo de Jacobo (Id. iv. 22). Cita el famoso relato de Hegesipo en cuanto a la vida y la muerte de Jacobo, aunque por el contexto fácilmente se ve que esa narración es mutilada y sumamente exagerada (Id. ii. 23).
Eusebio cita a Clemente en apoyo de su teoría de que hubo dos hombres de nombre Jacobo: uno, "el justo", muerto a golpes con un palo de batanero; el otro, decapitado (Id. ii. l). Identifica al primero como hermano del Señor, aunque Clemente mismo no lo dice. En el mismo pasaje cita a Clemente como que hubiera dicho: "Después de la ascensión del Salvador.. Pedro, Santiago [Jacobo de Zebedeo] y Juan no por ello disputaron entre sí acerca del primer grado de honor, sino que eligieron obispo de Jerusalén a Santiago [Jacobo], apellidado el justo".
En la obra apócrifa denominada Evangelio según los hebreos, se dice que Jacobo el justo había hecho un juramento de no comer pan desde el tiempo en que el Señor bebió de la copa hasta que lo viera resucitado de los muertos. Esto evidentemente lo coloca entre los doce en la última cena. Después se registra en esa obra la aparición de Jesús de la siguiente manera: Jesús "tomó pan, lo bendijo, lo partió, lo dio a Jacobo el justo, y le dijo: 'Mi hermano, come tu pan, pues el Hijo del Hombre ha resucitado de los muertos"'. El uso de las palabras "mi hermano" se interpreta que quiere decir que este Jacobo era el hermano del Señor. Es obvio que nada de este material extrabíblico puede ser de mucha ayuda para identificar al autor de esta epístola.
El problema más serio que quizá está implicado en la identificación del autor de la epístola como el hermano del Señor, es el hecho de que el lenguaje y el estilo de la carta indican que su autor era un hombre de ciertos conocimientos en composición literaria griega. No sólo posee un rico vocabulario, sino que su estilo sigue a propósito la forma literaria griega conocida como "diatriba": una plática popular de tono ético. Hasta donde se sepa del hermano del Señor, nada indica que tenía antecedentes para una obra tal, pues era el hijo de un carpintero galileo y, sin duda, completamente judío en su cultura. Sin embargo, no se puede llegar a una conclusión definida en este punto, pues los argumentos se basan más en lo que no se sabe que en lo que se sabe.
En conclusión, se puede decir que aún no se ha definido la paternidad literaria de la Epístola de Santiago. El autor era probablemente uno de los tres principales personajes que llevan el nombre de Jacobo (Santiago) en el NT.
3. Marco histórico.
Una cantidad de alusiones geográficas que hay en esta epístola, sugieren que se escribió en Palestina. Se puede conjeturar que el autor vivía en una tierra donde abundaban el aceite, el vino y los higos, que no estaba lejos del mar, que muy cerca había fuentes de agua dulce y amarga, que la tierra estaba expuesta a sequías y que la lluvia era de gran importancia.
No hay manera segura para determinar la fecha de la epístola. Como ya se hizo notar, parece que fue escrita cuando sólo había un Jacobo que se destacaba en la iglesia, o sea después de 44 d. C. cuando fue muerto Jacobo el hijo de Zebedeo. La evidencia interna la ubica entre los primeros documentos del NT. En la epístola no hay referencia a ningún grupo grande de cristianos de origen gentil, ni a ninguna clase de problemas acerca de los gentiles. En esta epístola la sinagoga es aún la iglesia, y sin embargo ya se ha difundido el cristianismo (ver Hech. 2:9-1 l; 4: 36; 9: 2, 10, 14, 19, 26; 1 l: 19-20). El tenor general de la epístola es que el cristianismo es la culminación del verdadero judaísmo.
4. Tema.
Esta epístola enseña un cristianismo práctico, mostrando los resultados o las obras que una fe viviente y genuina produce en la vida de un discípulo. En toda la carta se destaca el contraste entre las manifestaciones, los efectos y los resultados de la verdadera y de la falsa religión. Esta epístola homilética está llena de bellas y atrayentes ilustraciones. El estilo es sencillo y directo. Los pensamientos están en grupos claramente diferenciados entre sí, y no dispuestos en un plan evidente. Santiago escribe con libertad lo que brota de la abundancia de su corazón; se ocupa de los temas a medida que surgen en su mente. Hay muchas alusiones al Sermón del Monte, de las cuales la siguiente es una lista parcial.
Mat. 5: 3; 4; 7, 9; 8; 9; 11-12; 19; 22; 5: 27; 34; 48; 6: 15; 19; 24; 25; 7: 1; 2; 7, 11; 8; 12; 16; 21-26.
Sant. 2: 5; 1: 9; 4:9; 2: 13; 1: 17; 4: 8; 3: 18; 1: 2; 5: 10-11; 1: 19-25; 2: 10-11; 1: 20; 2: 10-11; 5: 12; 1: 4; 2: 13; 5: 2; 4: 4; 4: 13-16; 3: 1; 4: 11;2 : 13; 1:5, 17; 4: 3; 2: 8; 3: 12; 1: 22; 2: 14; 5: 7-9.
En esta epístola hay diversos pasajes paralelos con los escritos de Pablo (como Sant. 1:22; cf. Rom. 2:13) y con los escritos de Pedro (como Sant. 4:7; cf. 1 Ped. 5:8-9).
5. Bosquejo.
I. Saludo, 1: 1.
II. La tentación, 1:2-18.
A. La necesidad de paciencia y sabiduría, 1:2-8.
B. Cómo soportar las aflicciones terrenales o el ensalzamiento, 1:9-12.
C. El origen de la tentación, 1: 13-18.
III. Evidencias de la verdadera religión, 1: 19-27.
A. Mejor oír que hablar, 1: 19-22.
B. No sólo oír sino hacer, 1:23-27.
IV. Advertencias contra peligros comunes en la iglesia primitiva, 2: 1 a 5:6.
A. Contra la acepción de personas, 2:1-13.
B. Contra una simple profesión de fe, 2:14-26.
1. La fe sin obras "es muerta", 2:14-20.
2. Ejemplos de fe genuina que produce obras, 2:21-26.
C. Contra los pecados de la lengua, 3: 1 -18.
1. Dominio de la lengua, especialmente en la enseñanza, 3:1-2.
2. Ilustraciones del uso debido e indebido de la lengua, 3:3-12.
3. Exhortaciones a la conducta adecuada, incluso en el uso de la lengua, 3:13-18.
D. Contra las luchas y dificultades entre los hermanos, 4:1-17.
1. El origen de las luchas y del egoísmo, 4:1-4.
2. Exhortación a someterse a Dios, 4:5- 10.
3. Exhortación contra la maledicencia, 4:11-12.
4. Exhortación contra la vana jactancia, 4:13-17.
E. Contra las ganancias fraudulentas y el uso indebido de las riquezas, 5:1-6.
V. Exhortaciones finales, 5:7-20.
A. La paciencia es necesaria hasta que venga Cristo, 5:7-11.
B. Siempre se necesita una conducta apropiada, 5:12-13.
C. La oración es eficaz para ayudar a los enfermos, 5:14-18.
D. Exhortación a trabajar por la salvación de otros, 5:19-20.

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