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3 de diciembre de 2010

El Medio Ambiente


Cuando Rachel Carson publicó Primavera silenciosa en 1962 no tenía manera de saber que estaba desencadenando un movimiento que perdura hasta nuestros días. El movimiento ecologista ha despertado entusiasmo como así también calumnias, generando mucha controversia. La codicia humana se opone al cuidado del medio amiente y muchos cristianos conservadores permanecen indiferentes.
Afortunadamente, está surgiendo una respuesta cristiana positiva hacia las necesidades del medio ambiente, pero aún es una posición minoritaria ¿Cómo es que la iglesia quedó al margen de un emprendimiento aparentemente positivo? ¿Los cristianos tienen interés legítimo en el medioambiente o esto sería un desvío de la tarea de evangelizar?

Un breve repaso
Antes de Primavera silenciosa, los autores cristianos decían muy poco en cuanto a nuestra responsabilidad hacia la naturaleza. Inmediatamente después de la publicación hubo un leve aumento de interés, pero siguió siendo bajo. En 1967, el historiador científico Lynn White publicó un artículo culpando ampliamente a las raíces judeo-cristianas del mundo occidental por la crisis ecológica.  Identificaba como raíz del problema a la doctrina de la creación de la humanidad a imagen de Dios y el hecho que le diera pleno dominio sobre la naturaleza. El artículo atrajo la atención de los escritores cristianos  y emergieron respuestas desde la indignación hasta el remordimiento. Los argumentos de White pasaron desapercibidos para un grupo de creyentes que continuaron afirmando que la creación era “explícitamente para beneficio del hombre y su poderío... [y] que es la voluntad de Dios que el hombre utilice la naturaleza para sus propios fines”.
Casi al mismo tiempo el científico atmosférico James Lovelock estudiaba la atmósfera de Marte y admitió que la misma no era compatible con la vida pero observó que la atmósfera terrestre, que permite la vida, es mantenida a su vez, por la vida que hospeda. El concepto de un sistema de retroalimentación global eventualmente llevó a algunos a proponer la controvertida “Hipótesis Gaia”, que fue enarbolada por los seguidores del movimiento neopagano Nueva Era. A su vez, ellos aceptaron el movimiento del medioambiente para proteger la “Tierra Madre”. En respuesta, los cristianos conservadores dieron sus espaldas al cuidado de la creación por temor a que terminase en una adoración a la tierra. En este punto estamos hoy.
Este trasfondo y varias interpretaciones teológicas (¿erradas?) serían la base de obstáculos que tendrían los cristianos relacionados al cuidado de la creación. Los analizaremos breve mente.


Impedimentos para cuidar la creación
Someter y tener dominio a la par de cuidar y mantener la creación. Muchos cristianos afirman que Dios ordenó la explotación ambiental. Un ejemplo de esto captó mi atención hace unos años al recibir un informe del Refugio Nacional para la Vida Silvestre del Ártico (RNVSA). Allí se comparaban las tierras del RNVSA con la zona petrolera adyacente. Me sorprendió la reacción de un pastor que sin inmutarse por la situación, insistía en que las compañías petroleras nunca lograrían despojar a la tierra y haciendo eco de la crítica de White, declaró desdeñosamente: “¿Acaso no nos dio Dios dominio sobre todas las criaturas?
Creo que muchos entienden y aplican incorrectamente el concepto bíblico de “dominio”.

Siendo que lo que pensamos de Dios y la creación influye en gran medida en cómo vivimos, considero útil estudiar esto con más profundidad. Consideremos juntos Génesis 1:27, 28 y 2:15. “Y Dios creó al ser humano a su imagen... y los bendijo con estas palabras: ‘Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las aves del cielo, y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo’... Entonces Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara” (NVI).
¿Como deberíamos entender “someter” y “dominar” en el contexto de “cuidar y mantener”? Algunos comentaristas sugieren que “someter” y “dominar” se podrían referir al futuro, luego de la desobediencia de Adán y Eva. Incluso, algunos hablan de “mandato de dominio”. Pero siendo que Dios dijo que la creación era buena, que celebró la creación, que instruyó a los humanos a cuidarla y mantenerla y repetidamente se definió a sí mismo como el único Creador, la explotación sin límites no es satisfactoria y está fuera del contexto.
Así presentado, “someter” y “dominar” parecen concordar con la “imagen de Dios”. Incluso “someter” es un calificativo de llenar la tierra. Génesis 2 sugiere que la tierra no estaba llena cuando Dios creó el Edén ‘al oriente’ lo que implica una ubicación exacta. Luego de pecar Adán y Eva fueron expulsados del Huerto, lo cual indica que ocupaba un lugar real pero restringido.
Esto me hace imaginar que el Edén fue creado no sólo como hogar para nuestros primeros padres pero también como modelo y recurso de expansión para otras partes del planeta. Con la finalidad de ampliar el Edén, se les dio autoridad (dominio). “el jardín de delicias [Edén]...sin marcas de la maldición del pecado; un símbolo de lo que toda la tierra hubiese sido si el hombre hubiera cumplido con el glorioso plan del Creador”. Otra cita dice: “El hogar de nuestros primeros padres había de ser un modelo para cuando sus hijos saliesen a ocupar la tierra”.
¿Cómo era la relación de dominio? Isaías describe la asociación humana y animal en la futura tierra restaurada: “El lobo vivirá con el cordero, el leopardo se echará con el cabrito, y juntos andarán el ternero y el cachorro de león, y un niño pequeño los guiará” (Isaías 11:6, NVI). Si el futuro refleja el pasado, entonces dominio parece ser más un deseo que una imposición a la interacción humana.
Deducimos entonces que “someter y dominar” no son lo mismo que “cuidar y mantener”, pero tampoco son conceptos discordantes. Están en armonía si se los entiende y respeta correctamente. Tener dominio no es tener permiso para destruir.

la Nueva Era y ambientalismo neo-pagano. El novelista William Golding sugirió que J. Lovelock denominó “Gaia” a su hipótesis de la retroalimentación global para el mantenimiento de la atmósfera, en honor de la diosa griega de la tierra. Cuando la hipótesis Gaia captó la atención de los seguidores de la Nueva Era, éstos adoptaron la teoría sin dudar y quedaron asociados a los ambientalistas. Al no poder distinguir uno del otro, los cristianos rechazaron a ambos.
La iglesia fue alertada sobre el “ambientalismo Nueva Era” en 1983 a través de los escritos de Cumbey  y Hunt, que abrieron una gran grieta entre el cristianismo conservador y el ambientalismo. Aunque el trasfondo del movimiento Nueva Era es indudablemente satánico, no se debería condenar a los cristianos ecologistas como herejes. Sheldon escribió: “El movimiento Nueva Era es una verdadera amenaza para la iglesia... Pero Cumbey está equivocado al sugerir que el Señor no se interesa por su creación y no nos ha puesto en una posición de autoridad para cuidarla”.

Entendiendo erróneamente la naturaleza de la vida, la muerte y la existencia futura. 
En su crítica, Lynn White sugiere que en gran parte la crisis del medioambiente es un problema religioso y que la religión debe resolverlo. Francis Schaeffer añade que, para que el cristianismo pueda realizar esta tarea, debe ser un cristianismo adecuado y alertó: “Cualquier cristianismo que se apoya en una dicotomía, de tipo platónico, simplemente no tiene una respuesta”.
Para entender como el concepto platónico afectó la perspectiva ambiental cristiana, debemos volver a la iglesia primitiva. A medida que ésta se desarrollaba, las filosofías griegas influenciaban la doctrina y creencias cristianas, impregnándolas con su dualismo y sus ideas gnósticas. Los gnósticos creían que un dios menor creó la tierra y que por lo tanto la misma estaba en un nivel inferior.
Las filosofías griegas permearon el cristianismo popular, menospreciando tanto el proceso como el producto de la creación e incluso al Creador mismo. Esto llevó a aberraciones teológicas tales como el concepto del alma inmortal, la ascensión del espíritu consciente luego de la muerte, el infierno eternamente ardiente, la naturaleza pecaminosa de la carne humana, una disminución en la importancia con la que se debe adorar al creador y la creación, a través de la observancia del sábado, y ahora, el anti-ambientalismo. Los cristianos han perdido mucho.
Aunque el mundo sufrió la corrupción del pecado, sigue siendo un regalo de Dios que debe ser atesorado. La tierra será restituida como nuestro hogar eterno (Apocalipsis 20 y 21), y no como un lugar de menor importancia, a ser abandonado. Será un mundo real con personas, animales y plantas. Lo que hacemos con la tierra dice mucho acerca de nuestro entendimiento de Dios, la creación y nuestra vida futura. No hay dudas que Dios espera que cuidemos su creación.

Sospechas respecto a la ciencia.
 Muchos cristianos conservadores desconfían de la ciencia. Victoria Schlesinger dice: “La ciencia sigue siendo el principal enemigo de la convicción de que Dios creó el mundo.... Por lo tanto, muchos evangélicos conservadores rechazan la ciencia como parte de la agenda liberal”.
De la misma manera como los cristianos conservadores tienen dificultad para distinguir entre ambientalismo y el panteísmo Nueva Era, puede ser que piensen que no existen diferencias entre la ciencia y el ateísmo. Cuando la evidencia científica no concuerda con las enseñanzas bíblicas, se rechaza quizás demasiado rápidamente la ciencia. En lugar de ello, necesitamos estar seguros que comprendemos correctamente tanto las Escrituras como la ciencia.
otros cristianos conservadores, se preocupan por asuntos relacionados a la creación y evolución. El entusiasmo  por las ciencias de la salud también promueve programas muy sólidos de educación en ciencias básicas, basados en la convicción de que “la verdadera ciencia y la inspiración están en perfecta armonía”. La expresión “verdadera ciencia” sugiere la alternativa: “falsa ciencia”. Por lo tanto, el consejo de Pablo acerca de discernir la verdad del error es apropiado, ya sea que se refiera a la ciencia o la Escritura: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (RV1960). Bajo la dirección del Rua Jacodesh (Espíritu Santo), debemos evaluar y decidir inteligentemente. No se pueden rechazar las ideas ambientalistas simplemente porque se duda de las teorías científicas.

Ambientalismo y Escatología.
Por más que queramos justificar el cuidado de la creación, Pedro señala: “los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada” (NVI). ¿Adónde nos lleva esto?
Algunos cristianos conservadores, anticipando el regreso de Jesús, ignoran el cuidado a la creación y justifican la explotación de los recursos sin contemplación por el futuro. La codicia puede teñir su escatología, mientras que las alertas sobre el calentamiento global son ignoradas, se explotan los bosques sin la menor contemplación y los recursos se desperdician. Sin embargo, contrariamente a esta explotación avara, Isaías anticipa la muerte del gran opresor mientras que figurativamente incluso los árboles y los cedros del Líbano se alegran: “nadie viene a derribarnos” (Isaías 14:8, NVI).
Desde que Jesús ascendió, muchos han esperado y deseado que el segundo advenimiento estuviese cerca. Pablo escribió a los Tesalonicenses: “no pierdan la cabeza ni se alarmen por ciertas profecías, ni por mensajes orales o escritos supuestamente nuestros, que digan: ‘¡Ya llegó el día del Señor!’” (2 Tesalonicenses 2:2, RV1960). Nosotros creemos que, por una serie de razones válidas, el advenimiento está próximo pero en la parábola de los talentos, el Señor instruyó a sus siervos que continuasen con sus negocios hasta que él volviese (Lucas 19:13). ¿Qué tiene que ver esto con cuidar y mantener?
Concluimos que tanto la tierra renovada como sus habitantes serán físicamente reales y tangibles. Este concepto es importante para reparar una creación devastada y condenada a la perdición. Al unir el advenimiento con las necesidades del medio ambiente, podemos poner la mira atribulada en la destrucción final o aguardar con ansias la restauración de la tierra. Las actitudes hacia la creación influenciarán las actitudes que tendremos hacia la nueva creación. Si tratamos a la creación con imprudencia ¿se puede pensar que haremos diferentemente en la tierra nueva? No sorprende que Apocalipsis 11:18 afirme que aquellos que destruyan la tierra serán también destruidos.
Entonces, ¿por qué deberíamos preocuparnos por una creación condenada? Lo hacemos porque es de Dios y él nos encomendó cuidarla. Además, vivir ahora como viviremos en la tierra restaurada es definidamente lógico. El abuso del medioambiente no ofrece ninguna esperanza; el advenimiento promete un futuro brillante mientras ponemos en práctica el cuidado de la creación en el presente.

Presión de los líderes cristianos en contra de actividades para el medioambiente. 
Muchos creyentes conservadores no participan en el cuidado de la creación a raíz de estas posturas. Los ambientalistas cristianos alarman a los líderes de la vieja guardia que en general se resisten al enfoque del cuidado creacionista  y por lo tanto constituyen un impedimento adicional. Las iglesias vanguardistas son más receptivas al cuidado del medioambiente y hace poco la Asociación Nacional de Evangélicos (ANE) estuvo a punto de apoyar actividades en su favor. Unos pocos creyentes, mayormente jóvenes educados en ciencia y versados en el tema, no ven a la ciencia como el peligro que causa temor en otros. Ellos promovieron el cuidado del medioambiente ante la ANE, pero desafortunadamente los líderes religiosos bloquearon el esfuerzo, temiendo irracionalmente que apoyar el cuidado del medioambiente en la iglesia podría ser sinónimo de “culto a la tierra”. Los informes más recientes indican que bajo esta presión, la ANE cambió de parecer. 

Practicando el ambientalismo cristiano
Al comenzar este ensayo nos planteábamos si el cuidado del medioambiente podría transformarse en una distracción de la verdadera misión o si quizás es parte de lo que realmente somos. Hemos examinado una serie de aparentes impedimentos que paralizan acciones positivas desde el ámbito cristiano; los analizamos y espero que podamos descartarlos. Interpreto las enseñanzas bíblicas junto con la ciencia, como para decir que cuando el ecologismo cristiano es correctamente comprendido, estos impedimentos no deberían existir. El cuidado del medioambiente no es algo optativo, sino más bien algo de lo cual deberíamos ser parte ya que en el principio recibimos un mandato, que no fue el de maltratar, sino el de ser responsables y cuidadosos.
Muy frecuentemente asociamos el término ecologismo con cosas negativas tales como polución, calentamiento global, disminución del ozono, extinción de especies, erosión, con la resultante pérdida económica. Pero hay un lado positivo también. Howard Frumkin explica este punto “El contacto con el mundo natural puede ser directamente beneficioso para la salud”. Por lo tanto, al cuidar la creación obtenemos beneficios inmediatos.  Richard Louv en Last Child in the Woods: Saving Our Children From Nature-Deficit Disorde  señala que la naturaleza tiene un impacto positivo en los niños.
Un ambiente saludable ayuda al evangelio.  Un medioambiente saludable promueve la salud.  Al referirse al aire puro, los rayos del sol, las preciosas flores y los árboles dijo que “la naturaleza es el médico de Dios”.  “Las cosas de la naturaleza son bendiciones de Dios. Fueron provistas para dar salud al cuerpo, mente y espíritu”.
En un ensayo, Larry Boughman  se refiere a Mavis Batey, quien escribió acerca de los jardines de Oxford y Cambridge. Ella pensaba que esos jardines personificaban la filosofía de simplicidad y excelencia tan necesarias para estudiantes y profesores a fin de tener éxito en sus esfuerzos intelectuales. Los ambientes naturales promueven y complementan la espiritualidad, salud y aprendizaje.
Dos caminos se ramifican frente a nosotros: uno popular y fácil que va hacia la devastación, y otro más desafiante se dirige hacia la vida. Hemos visto que la iglesia al considerar la protección del medioambiente, ha tenido dificultades para decidir qué camino y papel adoptar. La proclamación del Evangelio es la primera tarea de la iglesia. El cuidado de la creación es la segunda. Romanos 8:21 afirma que la naturaleza será liberada cuando Jesús vuelva. Las buenas nuevas son también para la creación. Finalmente, el modo en que cuidemos la creación guarda correlación con la forma en que seguiremos cuidando el Edén restaurado.
Por consiguiente, ¿cómo vivimos? El cuidado de la creación con seriedad y simplicidad, debería ser un estilo de vida. El costo de ser negligentes o abusivos es alto; la paga por cuidarlo es indudablemente generosa y eterna.

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