El cristiano frente a los celos ¿Qué hacer?

Doña Luz Marina ya perdió la cuenta de las discusiones que ha sostenido con su esposo por culpa de los celos, y mi familia y yo olvidamos el número de noches que pasamos en vela, luego de que la pareja –que vive frente a nosotros—protagoniza altercados que despiertan a todo el vecindario.

Se trata de un hombre trabajador, honrado, con un inigualable sentido del humor y un espíritu de solidaridad que aflora cuando alguien necesita ayuda. Pero es celoso. Cuando hablamos, lo admite. “Quiero cambiar” me ha confesado muchas veces. Pero se resiste. Teme que intentarlo otra vez se convierta en un nuevo fracaso aún cuando le he dicho que la salida a su crisis está en Jesucristo.

Un fenómeno de nuestro tiempo

Una encuesta realizada hace poco entre 641 parejas jóvenes en Norteamérica, reveló que el 33% han sentido algún grado de celos y, el 46% lo atribuyó a una consecuencia lógica del amor.

Nos identificamos en un hecho: todos los seres humanos en mayor o menor grado sentimos celos. El problema estriba en que no se puedan controlar y desencadenen reacciones que minan la relación, bien de pareja, en la relación hijos-padres o con personas próximas.

Los expertos coinciden en asegurar que tienen origen en por lo menos tres factores: baja autoestima, inseguridad y un errado supuesto de que la persona que nos acompaña—en el caso de la pareja—es de nuestra propiedad y nos pertenece cada uno de sus instantes. Generalmente traen consecuencias impredecibles porque el cónyuge termina por cansarse de discutir por el mismo asunto.

Los celos tocan nuestras emociones

Sin duda, los celos han estado latentes desde el comienzo mismo del género humano. Los apreciamos en la actitud de Caín cuando se enteró que su ofrenda delante de Dios no tuvo el recibo que la realizada por su hermano. “Tiempo después, Caín presentó al Señor una ofrenda del fruto de la tierra... pero no miró así a Caín ni a su ofrenda. Por eso Caín se enfureció y andaba cabizbajo.” (Génesis 4:3-5. Nueva Versión Internacional).

En Caín se produjo una reacción airada acompañada del desánimo, evidenciando desde ese mismo instante la forma como los celos tocan directamente nuestras emociones.

Hace pocos días un caso conmovió el suroccidente colombiano. Lo protagonizó un joven de veinte años quien, enloquecido por los celos, golpeó a su novia hasta dejarla en estado de coma. La chica murió dos días después. Cuando lo retuvieron, se limitó a explicar que “De pronto sentí que mi dignidad era vulnerada. Algo dentro de mi llevó a que interpretara sus relaciones amistosas como una evidente relación de infidelidad. Tarde comprendo que estaba equivocado”. Su arrepentimiento se produjo cuando los celos habían desencadenado un verdadero drama humano.

Los padres también provocamos celos

Con frecuencia la inclinación de los padres hacia uno de sus hijos, alimentan resentimientos, estimulan celos y siembran la discordia para un desmoronamiento de las relaciones en el futuro. La unidad familiar termina por ser socavada. Puede que lo hagamos de manera inconsciente, pero las consecuencias afloran en cualquier momento.

Si volvemos la mirada a la historia de Israel, encontramos en Isaac y su esposa Rebeca dos progenitores que tipifican esta situación común en muchos hogares. El registro Escritural señala que “Los niños crecieron. Esaú era un hombre de campo y se convirtió en un excelente cazador, mientras que Jacob era un hombre tranquilo que prefería quedarse en el campamento. Isaac quería más a Esaú, porque le gustaba comer de lo que él cazaba; pero Rebeca quería más a Jacob.” (Génesis 25:27, 28. Nueva Versión Internacional). Es evidente que estaban sembrando la discordia que toma fuerza con el paso de los años entre los dos hermanos.

Tres principios fundamentales

En toda relación de pareja deben primar tres elementos ineludibles: a.- Respeto a la otra persona. b.- Confianza c.- Amor, comprensión y tolerancia.

Si hay ausencia de todos o al menos en uno de ellos, sin duda se está abonando el terreno para que afloren los celos.

¿Qué hacer?

Frente a esta manifestación de inseguridad en nuestra vida o quizá de alguien próximo, es aconsejable avanzar con algunas pautas prácticas que describo a continuación:

1.- Reconocer que los celos son fruto de la carne

Nadie nace con celos ni puede argumentar que es proclive a sentirlos. Alimentarlos en nuestra vida y permitir que tomen fuerza es una manifestación de la vieja naturaleza en el ser humano, tal como lo advirtió el apóstol Pablo: “Mientras haya entre ustedes celos y contiendas, ¿no serán inmaduros? ¿Acaso no se estarán comportando según criterios meramente humanos?”(1 Corintios 3:3 Biblia Nueva Versión Internacional).
Sobre esta base, es prioritario abrirnos al mover de Dios para que se produzcan los cambios que requerimos.

2.- Evaluar nuestras actitudes
Es fundamental tomar el tiempo necesario para revisar qué está provocando en nosotros la situación de celos. Y en lo posible, confrontar a nuestra pareja. Con serenidad, sensatez y tolerancia, es posible llegar a un acuerdo que permita corregir aquellas actuaciones que podrían despertar inseguridad respecto a sus sentimientos.

4.- Someter nuestras emociones a Dios
El propósito de cambiar la inclinación a los celos injustificados tiende a fracasar a menos que sometamos nuestros sentimientos y emociones a Dios. De lo contrario y, como lo podemos apreciar en la Biblia, no solo estarán ahí, siempre latentes, sino que pueden llevarnos a cometer locuras: “Porque los celos enfurecen al hombre, y no perdonará en el día de la venganza.” (Proverbios 6:34. Versión Biblia de Las Américas). ¿Quién puede transformar esas circunstancias? Dios. El nos creó y tiene el poder para hacer esos ajustes que tanto requerimos.

5.- Generar seguridad en la pareja
Si bien es cierto sentimos celos, también es honesto reconocer que –si los enfrentamos por parte de nuestro cónyuge—puede originarse en un comportamiento que no despierta seguridad en nuestra pareja. Es necesario hacerle sentir que sus sentimientos están correspondidos y que, de nuestra parte, hay compromiso en la relación.
Este aspecto lo abordó bellamente el poeta de Israel cuando escribió en el diálogo que sostiene una pareja de esposos: “Ponme como sello sobre tu corazón, como sello sobre tu brazo, porque fuerte como la muerte es el amor, inexorables como el Seol, los celos; sus destellos, destellos de fuego, la llama misma del SEÑOR.” (Cantares 8:6. Versión Biblia de Las Américas).

Una encuesta que realizó hace poco un diario caleño señalaba que un 47% de los 612 hombres y mujeres consultados, consideraba agradable despertar celos así tuvieran posteriormente que dar cuenta de qué hacían, a qué hora y en qué lugar. Lo importante era llamar la atención a su cónyuge, explicaron.

6.- Es necesario un cambio en nuestra actitud

Definitivamente Dios transforma. Y esa transformación se refleja en nuestro cambio de actitud y en particular, en un hecho que puede empañar una buena relación de pareja como son los celos. No hay un testimonio cristiano saludable donde priman emociones incontroladas, tal como lo advertía el apóstol: “Porque donde hay celos y ambición personal, allí hay confusión y toda cosa mala.”(Santiago 3:16).

Cuando Dios tiene el pleno control de nuestras emociones y actitudes, seguramente tendremos buenas relaciones en el interactuar con nuestra pareja y quienes nos rodean.

¿ABOLIO CRISTO LA LEY EN LA CRUZ?
Muchos cristianos sinceros estan firmemente convecidos de que Cristo abolió la ley y por lo tanto, no es necesario guardar los mandamientos y apenas si le prestan atención al Antiguo Testamento, ya que, afirman que dejo de tener vigencia con la muerte de Jesus.

En cierto aspecto tienen razón: hay una ley que fue clavada en la cruz del calvario y abolida (Efesios 2:15) pero, al mismo tiempo, Jesús declaró: "No he venido para abrogar la ley o los profetas, no he venido para abrogar sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se halla cumplido" (Mateo 5:17-18).
¿Cómo comprender esta aparente contradicción?
En vez de sacar conclusiones apresuradas basándonos en un solo pasaje, debemos escudriñar toda la Palabra que Dios nos dió. Un cuidadoso estudio nos revela que existen dos leyes que le fueron dadas a Moisés en el desierto: la ley ceremonial y la ley moral. La primera, la ley de las ordenanzas y ritos, de los sacrificios y dias de fiestas, los cuales eran solo la "sombra de lo que estaba por venir".Todos estos sacrificios ceremoniales apuntaban al sacrificio de Cristo en la cruz, por lo cual, cuando el expiró, el velo que ocultaba el lugar santísimo se rasgó, indicando asi que todas esas ceremonias ya no tenían sentido; en ese momento fue abolida "la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas" (Efesios 2:15)
Esta ley habia sido escrita por Moisés en un libro (2Cronicas 35:12) y colocada al lado del arca del pacto en el tabernáculo del desierto (Deuteronomio 31:24-26); pero habia otra ley escrita por el dedo de Dios, en tablas de piedra (Exodo 31:18) y fue colocada dentro del arca del pacto (Exodo 40:20) Esa ley es perfecta (Salmo 19:7) por lo tanto no necesita ser modificada ni abolida. A esa ley se refirió Jesus cuando dijo que ni una jota ni una tilde pasarían de ella mientras existiesen el cielo y la tierra.
Por lo tanto, a la luz de las Escrituras, queda demostrado que los mandamientos de Dios no fueron abolidos sino que siguen tan vigentes hoy como el día que fueron dados a Moises.
Jesús vivió de acuerdo a ellos y nos dejó ejemplo "para que sigamos sus pisadas" (1 Pedro 2:21) y él fue quién dijo: "Si me amais, guardad mis mandamientos" (Juan 14:15).
La obediencia a los mandamientos de Dios es una cuestión de elección, pero los resultados de esa elección son eternos:
"He aquí yo pongo delante de vosotros la bendición y la maldición: la bendición si oyereis los mandamientos de Jehova vuestro Dios que yo os prescribo hoy, y la maldición, si no oyereis los mandamientos de Jehova vuestro Dios" (Deuteronomio 11:26-28)

LA BELLEZA DEL UNIVERSO.

Emmanuel Kant, notable filósofo alemán, expresó cierta vez esta idea profunda y Hermosa: "Hay dos cosas ante las cuales no ceso de maravillarme: La ley moral escrita en mi y el cielo estrellado que está encima de mi cabeza". En efecto, la inmensidad y belleza del universo; las leyes exactas que rigen mi funcionamiento y el hecho de que en él se advierte un designio claro, requieren una mente inteligente, un Creador poderoso.

"En el principio creó Dios los Cielos y la Tierra" Génesis 1: 1.

Cuán incomprensible es la inmensidad del universo que Jesucristo creó. Veamos Salmos 19: 1.
"Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos."

Examinemos cuán inmenso es el universo:

Los astrónomos emplean el "año luz" para medir las distancias del universo. La luz viaja a 300.000 km/seg. Esto significa que en un minuto el rayo de luz viaja 17,699,000 km. Y en un año 9.5 trillones de km.
Sin embargo, los astrónomos admiten que incluso el año luz es una medida demasiado limitada para abarcar las vastas distancias del universo, es decir, prácticamente incompatibles.
Examinemos algunas distancias del universo:

LA LUNA: está a 384,400 km. De la tierra y su luz se tarda 1.3 segundos en llegar a nuestro planeta.
EL SOL: está a 150 millones de km. De la tierra y su luz se tarda 8.3 segundos en llegar. Si viajáramos a 965.4 km./hr. Sin parar, demoraríamos en llegar al sol 17 años.
PLUTON: es el planeta más lejano de nuestro Sistema Solar y queda a 5,300 millones de km. Si viajáramos a la velocidad de la luz, tardaríamos en llegar 400 segundos.
ALFA DE CENTAURO: es la estrella más cercana a la tierra y queda a 4.3 años luz. Su distancia es 250 mil veces mayor que la tierra al sol. Sí voláramos en el satélite "Voyager" tardaríamos en llegar en 100 mil años. Pero hay más.
Si pudiéramos cruzar nuestra galaxia - la Vía Láctea de un lado a otro demoraríamos 100 mil años a la velocidad de la luz. El diámetro de nuestra galaxia es de 250 mil años luz y se calcula que ésta tiene 200 mil millones de estrellas. Pero más allá de la Vía Láctea hay 100 mil millones más de galaxias, cada una con miles de millones de estrellas.
ANDROMEDA: la galaxia más cercana a la nuestra está a 2 millones de años luz. Si pudiéramos ir a esta galaxia vecina a la velocidad de la luz, duraríamos en llegar a 2 millones de años. Sin embargo, más allá de Andrómeda hay 100 mil millones de galaxias y cada una tiene por lo menos 200 mil millones de estrellas. Se ha divisado un grupo de galaxias que están a 7 mil millones y posiblemente 10 mil millones de años de la tierra. Los astrónomos han descubierto que el universo se está expandiendo constantemente. Ya se han divisado galaxias que están a 15 mil millones de años luz de nuestro planeta. Si pudiéramos llegar a esas galaxias tendríamos que viajar a la velocidad de la luz 15 mil millones de años. Nuestra galaxia tiene 200 mil millones de estrellas. Si repartiéramos las estrellas entre los 5 o 6 mil millones de habitantes de la tierra, a cada uno le tocarían 4 trillones de estrellas.

El número de estrellas equivale a todos los granitos de arena que se encuentran en todas las playas del planeta.
Se ha descubierto una galaxia que es 60 veces más grande que nuestra Vía Láctea. Tiene más de 100 trillones de estrellas y su diámetro de 6 millones de años luz.
Según los científicos el 99% del universo no se puede ver por los telescopios.
Sí se pudiera vaciar el Sol, cabrían 1 millón de planetas como el nuestro en su interior.

El Sol convierte 8 mil millones de toneladas de energía por segundo y cada pulgada cuadrada de su superficie brilla con la intensidad de 300 mil velas a 150 millones de kilómetros. En un solo segundo el sol emite más energía que la que ha producido toda la humanidad desde la creación, incluyendo motores, planta eléctricas, etc. Su temperatura es de 5,53 00C y puede subir a 15 millones grados Celsius. No obstante, hay otros soles más grandes y potentes que el nuestro.

ANTARES: una estrella que está en la constelación de Orión es 700 veces más grande que nuestro sol y brilla con la intensidad de 9 mil soles.

BETELGEUSE: que está en el hombro derecho de la constelación de Orión, tiene un diámetro 1,200 veces mayor que nuestro sol y emite 120 mil veces más energía.

El telescopio de Monte Palomar ha captado un millón de galaxias dentro de la cuenca de la Osa Mayor solamente.
Se dice que este puede captar luz que empezó su recorrido a través del espacio hace más de 2 mil millones de años. Se ha captado ondas que empezaron su recorrido hacia la tierra hace 20 millones de años.
Esto no significa que nuestro planeta estaba en órbita desde entonces, sino que el destello comenzó su ruta hace 20 millones de años y recién ahora ha llegado hasta nosotros.

RIGEL: la gran estrella en la constelación de Orión que inunda los espacios celestiales con un fulgor de 15 mil veces mayor que nuestro sol.
Hay sistemas planetarios blancos, azules, rojos, amarillos, verdes, parecido a una joya en arcoiris.

Daniel 12: 3
"Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad."
"Jesús ha traído el cielo a la vista y presenta su gloria ante nuestros ojos a fin de que la eternidad no sea eliminada de nuestros cálculos."

Eventos de los Ultimos Días, pág. 288.

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