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2 de junio de 2008

¿Representa el cuerno pequeño en Daniel 8:9-12 a Antíoco IV (Epífanes) o al imperio romano? ¿De dónde salió cada uno de ellos?

Analicemos primero a Antíoco Epífanes. Para no dar mucha lata en el asunto empecemos diciendo que a la muerte de Alejandro Magno los comandantes de su ejército se constituyeron en REYES de las PROVINCIAS donde gobernaban, hasta que después de muchos encontronazos entre ellos, tal y como lo había previsto la profecía, el imperio de Alejandro Magno quedo en posesión de sólo cuatro generales quienes se dividieron el imperio en cuatro partes. Si los generales se constituyeron en REYES, entonces las PROVINCIAS pasaron a ser REINOS. Cada cuerno representaba a un REINO. A Casandro le correspondió Macedonia y las regiones occidentales. A Lisímaco le correspondió La Tracia y la parte norte del Asia menor sobre el Helesponto y el Bósforo. A Tolomeo le correspondió Egipto, Libia, Arabia y el sur de Palestina. A Seleuco le correspondió Siria y el resto del reino de Alejandro Magno.

Estos cuatro generales a su vez guerrearon entre si y de ellos quedaron sólo dos: Seleuco hacia el norte con sede en Siria, y Tolomeo hacia el sur con sede en Egipto. (Todo eso es a grandes rasgos.) Ahora bien, Las sagrada Escritura dice que de uno de los cuatro cuernos o REINOS, no de la descendencia de los generales, sino del REINO iba a salir otro REINO pequeño el cual creció mucho al medio día, al oriente, y hacia la tierra deseable.

El cuerno pequeño no pudo haber salido del Lisímaco ni de Casandro porque ya habían desaparecido del panorama; por lo tanto, tenía que haber salido de Seleuco o de Tolomeo. El cuerno pequeño no sale de la descendencia de ninguno de los dos sino de uno de los dos REINOS.

Para que la profecía sobre el cuerno pequeño se le aplique a Antíoco IV (Epífanes) quien era descendiente de Seleuco, éste debe cumplir con los parámetros dados en Daniel 8:9-12

Desde que Seleuco comenzó a ser rey de Siria y sus contornos, hasta que su reino fue conquistado por los romanos, el reino tuvo más de 20 reyes uno tras otro, creo que 25 o 26, y Antíoco Epífanes fue tan sólo el octavo de ellos; y no fue, ni potencia ni cuerno notable, como la Escritura describe al cuerno pequeño.

Para que Antíoco IV o Epífanes represente al cuerno pequeño, lo lógico es que haya sido el rey más notable e ilustre de los más de 20 que constituyeron el cuerno sirio, pero Antíoco no lo fue. El nombre “Epífanes” que Antíoco adoptó para si significa “el ilustre” pero muy lejos de ser ilustre, dado a su estupidez, vileza, e insensatez, lo llegaron a creer loco y hasta le llegaron a cambiar el nombre de Epífanes “el ilustre” por “Epímanes, “el loco.” (Por supuesto que eso lo hacían a sus espaldas, así que ni se les ocurra decírselo en su cara porque ustedes saben como son los reyes.)

El cuerno pequeño, según la profecía, debió engrandecerse mucho, pero Antíoco ni siquiera llegó a segunda base. Apenas llegó a hacer algunas conquistas pasajeras en Egipto, pero tuvo que renunciar a ellas cuando Roma le latió en la cueva en defensa de Tolomeo, y tuvo que regresar a Siria. Los judíos pagaron los platos rotos porque Epífanes desahogó su ira sobre ellos.

¿Cómo pues se le puede aplicar lo del cuerno pequeño a Antíoco de que creció mucho al mediodía, y al oriente, y hacia la tierra deseable. Y se engrandeció hasta el ejército del cielo” cuando a la voz de Roma, tuvo que abandonar Egipto, y no podía ver a un romano porque metía el rabo entre las piernas y emprendía veloz carrera dando alaridos? ¿Quién era más poderoso, el que ordenó a que desalojen, o el que fue forzado a desalojar? ¿Cuál fue la grandeza de Antíoco Epífanes si temblaba a la voz de Roma? ¡Antíoco Epífanes grande,

Analicemos ahora al Imperio Romano:

Por allá por el año 753 a.C., un diminuto pueblo de pastores de ovejas y agricultores, conocido como Los Latinos, se ubicó sobre la colina El Palatino en la península ibérica a 21 kilómetros de la desembocadura del río Tiber a orillas del mar Tirreno en el Mar Mediterráneo. A este “pequeño” e insignificante pueblo, con el correr del tiempo, se le fusionó (por conquista) otros dos pueblos tan pequeños como él, Los Etruscos y Los Sabinos.

Más adelante la fusión de estos tres insignificantes pueblos, con la sede de su gobierno en una pequeña ciudad sobre El Palatino, consideraron necesario expandirse y ocupar las otras seis colinas a su alrededor además de El Palatino donde ya estaban ubicados. Las otras seis colinas fueron: El Capitolino, El Quirinal, El Virminal, El Esquilino, El Caeliu, y El Aventino. La ciudad luego llego a ser conocida como “La ciudad de las siete colina,” y a su capital la llamaron “Roma.”
Lentamente, pero a paso seguro, continuó su expansión hasta darse cuenta del poderío que tenía, y salió, como torrente de agua, arrasando todo a su paso, para probar fuerza por el resto del mundo. Fue entonces cuando al llegar al Asia Menor se encuentra con el pueblo de Seleuco al que conquista y su voz se hace ley en Asia.
El Señor le había dicho a Israel: “He aquí yo traigo sobre vosotros gente de lejos, oh casa de Israel, dice Jehová; gente robusta, gente antigua, gente cuya lengua ignorarás, y no entenderás lo que hablare. (Jeremías 5:15) Esa gente robusta y antigua, cuya lengua los judíos ignorarían que Dios trajo no sólo sobre los judíos, sino también sobre los dos reinos que quedaban del antiguo imperio griego, fue el Imperio Romano, quien los conquistó a todos por igual; incluyendo a Antíoco Epífanes.
El Imperio Romano si llenaba todos, absolutamente TODOS, los requisitos de Daniel 8:9-12 para ser reconocido como el cuerno pequeño, pues ese cuerno pequeño que se comenzó a gestar sobre la colina El Palatino en la península ibérica en el año 753 a.C. llegó a subyugar al reino de Seleuco de donde él, ROMA, pasa a ser el cuerno que sale de uno de los cuatro cuernos que salieron del imperio de Alejandro Magno.
Si somos honestos podremos ver que los cuadros presentados en la imagen del Rey Nabucodonosor en Daniel 2, y en la bestia espantosa y terrible en Daniel 7 son exactamente los mismos que se presentan en Daniel 8:9-12.
¿Por qué el profeta describe a Roma como un cuerno pequeño que salía de uno de los cuernos del macho cabrío y no como viniendo del occidente? Simplemente porque Roma nunca estuvo relacionada con el pueblo de Dios, sino hasta cuando después de haber derribado al cuerno macedónico salía para efectuar nuevas conquistas, donde el pueblo de Dios estaba incluido en su mira; de allí que al profeta le pareció, y con mucha razón, que era un cuerno pequeño que salía de uno de los cuernos del macho cabrío. Así que Daniel 8:9-12 describe las barbaridades que el Imperio Romano haría contra el pueblo de Dios.
Lo nombrado en Daniel 8:9-12 no pudo haberse cumplido en Antíoco IV (Epífanes) simplemente porque este señor ni su reino existían en la época de Cristo para cumplir lo que sobre Él se dice. De allí que, en lo que a mí concierne

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