21 de mayo de 2009



Un enfoque católico del tema.
En los grupos de estudios bíblicos católicos surge siempre la pregunta: ¿Qué Biblia debo leer? ¿Cuáles son las diferencias entre una Biblia católica y una protestante? ¿Por qué hay tantas Biblias católicas diferentes? Y otras preguntas parecidas.
Abordaré aquí sólo una cuestión: la diferencia entre la Biblia católica y la protestante.

Se ha dicho que una diferencia fundamental es que a la Biblia que usan los protestantes le hacen falta algunos libros que la Biblia católica sí trae. Es cierto, pero ésta no es una diferencia fundamental, porque hasta antes del Concilio de Trento diversos grupos católicos aceptaban y usaban el canon corto de la Biblia que se identifica con el número de libros de la Biblia protestante.

Entendámonos: en la Iglesia han existido siempre dos listas de libros bíblicos: una que agrupa 73 libros (46 en el Antiguo Testamento y 27 en el Nuevo), y que se llama canon “largo” o alejandrino, y otra lista más breve que consta de siete libros menos (todos del Antiguo Testamento), y que llamamos canon “breve” o palestino. La palabra canon, en este contexto, quiere decir lista de libros.
Esta diferencia se remonta al tiempo en que no había todavía Nuevo Testamento. Los judíos que vivían en Palestina preferían el canon breve, mientras que los judíos que vivían fuera de Palestina, en la diáspora, preferían el canon largo. En los primeros siglos de la era cristiana, las autoridades religiosas judías optaron oficialmente por el uso del canon breve o palestino. En la iglesia cristiana, en cambio, no hubo ninguna disposición oficial durante mucho tiempo. Había iglesias en que se aceptaba el canon largo (así, por ejemplo, san Agustín) y, en cambio, otras iglesias en las que se prefería el canon corto (así, por ejemplo, San Jerónimo).
Martín Lutero usaba en su lectura el canon corto. Cuando inició el movimiento de la Reforma Protestante, sus seguidores adoptaron ese mismo esquema de lectura. La Iglesia Católica, en el Concilio de Trento, decidió tomar una posición oficial al respecto y decretó que el canon largo sería el que, de ahora en adelante, reconocería la Iglesia Católica como válido. Así, los católicos quedaron unidos en la aceptación del canon largo y cuentan con 73 libros en su Biblia.
Hay un error cuando se sostiene que las Biblias que ahora llamamos “protestantes” sean falsas por el hecho de tener siete libros menos en su Antiguo Testamento. La cuestión aquí no es de “verdadero” contra “falso”, sino de dos tradiciones de lectura que deben ser respetadas. La posición de los católicos sostiene como verdad de fe que los libros que no tiene la Biblia protestante, y que son llamados libros “deuterocanónicos”, son verdaderamente inspirados y, por tanto, son auténtica Palabra de Dios

Pero la diferencia entre la lectura católica y la protestante navega por otros rumbos. El número de libros de la Biblia es una distinción real, pero no fundamental. Lo que varía en realidad no es la letra misma de las palabras, sino la perspectiva de lectura que se adopta.
En la búsqueda de consensos
Me parece importante publicar aquí un correo recibido a propósito del mismo tema y la respuesta que le di. Puede dar más luz a propósito del tema que tratamos y abonar más ideas para un fecundo diálogo interreligioso.
“Con el debido respeto me dirijo a su despacho, antes saludándole y agradeciendo por el tema tratado; es interesante, pero me gustaría que reconsidere la palabra Canon (medida) y lo que es en realidad un libro deuterocanónico, correctamente llamado por otros 'apócrifo': sabría que más que una tradición de lectura era una cuestión de autoridad canónica y los siete libros tienen cierta falta de unidad doctrinal; así la Iglesia (no la Católica Romana ni la protestante) decidió a través de sus primeros padres aceptar y reconocer los 27 como canónicos, lo que erróneamente se llamaría biblia protestante, recopilación de libros y cartas, tanto como evangelios que tienen autoridad canónica además de unidad temática y teológica, lo cual es una de las características de La Palabra de Dios como Revelación Divina.”
Es precisamente en este punto donde se manifiestan las principales divergencias entre las iglesias cristianas de diversas tradiciones. La palabra canon es utilizada por innumerables autores, católicos romanos y de otras denominaciones. Hay incluso una propuesta, de origen anglicano si no me equivoco, de una lectura “canónica” de la Escritura, es decir, una lectura hecha bajo el prisma hermenéutico del “conjunto de los libros revelados” para contraponerse a ciertos excesos que se dieron en la utilización de los métodos histórico-críticos, que desmontaban los textos para conocer su origen, pero después daban muy poca atención al mensaje de conjunto. Así que, más allá de la preferencia de cada quien, me parece que la palabra canon sigue siendo útil.
Sobre los libros deuterocanónicos les recuerdo que las Sociedades Bíblicas Unidas, principal editora del texto bíblico entre los cristianos no católicos, ha puesto en el lomo de sus ediciones “Dios habla hoy”, que puede usarse de manera ecuménica, aceptando así una denominación común para los siete libros que la tradición protestante considera apócrifos. Daré sólo dos razones por las cuales me parece que esta denominación debe ser mantenida.
La primera: le quita carga de autoridad a la expresión. Hay que recordar que el diferendo en relación con esos libros no es de origen cristiano, sino judío. En efecto, la tradición del canon largo era patrimonio común entre las sinagogas de la diáspora y fue aceptada en círculos ilustrados de Palestina. La muestra es que las citas del Antiguo Testamento que aparecen en boca de los apóstoles en el libro de los Hechos de los Apóstoles son tomadas de la edición griega conocida como “los Setenta”, y que tal edición aparece con una lista de libros que incluso sobrepasa los 73 del canon largo.
Fue sólo el crecimiento de la iglesia cristiana que usaba sin duda el texto griego, es decir, de canon largo, lo que provocó que la autoridad judía sobreviviente a la caída de Jerusalén (el famoso Concilio de Jamnia o Yabne), al expulsar la sinagoga a los cristianos de sus reuniones sagradas, determinara, para separarse del uso que los cristianos daban a algunas profecías contenidas en la biblia griega, que el texto válido para las sinagogas judías fuera el hebreo de canon corto, también llamado canon palestino. Como puede verse, todo eso previo al desarrollo posterior de las comunidades cristianas.
Los primeros padres, como usted les llama, tenían opiniones divergentes. Cualquier historia de la formación del canon lo demuestra. No hay tal unidad en la lista de libros, ni siquiera entre la Iglesia católica romana y su primera separación, las iglesias orientales ortodoxas. Es el estallido de la reforma el que oficializa, de alguna manera, la utilización de la lista larga para los católicos romanos y la lista corta en las iglesias de nuevo surgimiento.
Con todo respeto, la unidad temática y doctrinal a la que usted hace referencia es diferente en la consideración de las iglesias cristianas. La verdad es que si uno quiere la encuentra, si no quiere, no. No puede argumentarse eso porque nos enfrascamos en una guerra de declaraciones autoritativas que no conduce a limar las confrontaciones que se han dado entre las distintas iglesias cristianas a propósito de este tema.
Creo sinceramente que, sin diluir nuestras diferencias doctrinales (precisamente por eso me refiero a ellas como “distintas tradiciones de lectura” y no señalando a una como verdadera o falsa), hay que buscar puentes de unidad entre las religiones que aceptan una misma revelación escrita.
La segunda razón: para evitar confusiones. Como seguro usted sabrá, los católicos romanos y los cristianos de otras denominaciones también usan la expresión “libros apócrifos” para referirse a los libros que la tradición más antigua fue desechando.
Hay apócrifos del Antiguo Testamento (como las Odas de Salomón o el Testamento de los Doce Patriarcas) y del Nuevo (como una buena cantidad de evangelios apócrifos de la infancia o los escritos gnósticos de los primeros siglos). Usar “apócrifos” para referirse a los deuterocanónicos crea mucha confusión.
Una vez leí un artículo especializado que decía: “Los libros deuterocanónicos, que la tradición protestante llama apócrifos, no tienen nada que ver con los libros que los católicos llaman apócrifos, y que no están en ninguno de los dos cánones usados hoy por las iglesias cristianas...”. ¡Habrase visto tal confusión! Por otro lado, si empezamos todos a adoptar la terminología “deuterocanónicos” estaremos ayudando a la comprensión entre las diferentes iglesias.
Hay que reconocer que, aunque las iglesias protestantes fieles a su tradición propia no acepten esos siete libros, una buena cantidad de cristianos sí los aceptan... ¿no sería eso razón suficiente para que tuviéramos una palabra que no llevara una carga peyorativa para referirnos a esos libros? Recordemos la definición que el diccionario da de apócrifo: “Supuesto, fingido, falso, falsificado, ficticio. Dícese de los libros no canónicos”.
Creo que de estos diálogos serenos y amistosos puede surgir una comunión cristiana que vaya más allá de las denominaciones.
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2 comentarios:

  1. TOTALMENTE DE ACUERDO...

    SALUDOS... BEATRIZ
    DIOS TE BENDICE

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  2. Bueno en referencia a los libros es de hacer notar que los judíos de aquel tiempo específicamente los judíos que vivían en Palestina no aceptaron los 7 libros por considerar que dichos no estaban en hebreo o arameo y solo existían versiones en griego por razones políticas estos judíos los rechazaron, aun así en 1957 se encuentran QUMRÁN en el mar Muerto muchas cantidades de copias en hebreo y arameo de muchos libros del at y nt, y por sorpresa se encontró una versión en hebreo del libro de tobit, judit y otros entre los siete que se mencionan, por tanto el argumento judío de no aceptar estos libros como parte de canon bíblico seria falso: Ahora si los judíos no reconocieron a Jesús como el hijo de Dios ¿Con que autoridad pueden excluir estos textos bíblicos?.
    La exclusión de estos por las sectas del cristianismo, parte de la reforma protestante, por llamarse reforma se ha buscado a lo largo de historia hacer diferencia a la iglesia cristiana católica, más que una razón de dogma. Pregunto quién ha fundado estas iglesias del cristianismo y cual ha permanecido ¿Intereses políticos, personales? . Porque hoy día surgen muchas de estas religiones, que no permanecen en el tiempo o terminan dividiendo,, pues Jesús no vino a fundar muchas religiones sino una hace 2000 años, más que eso un estilo de vida para la salvación?
    FASM

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