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16 de agosto de 2009

El culto al dios sol y el domingo III

Constantino como sus predecesores sigue siendo Augusto: un Emperador que encarna en su persona todo lo que significa 'Roma' 55. Es, además, un puente tendido y comunicativo hacia una Iglesia, en la que sus máximos representantes en Roma son proclives a un entendimiento con el Imperio 56, y que terminará claudicando y aceptando el envite Constantiniano.

Desde el famoso edicto de Milán acontecen toda una serie de eventos que los historiadores no han tenido más remedio que señalarlos como los causantes del engendro de un tipo de Iglesia Imperial, a imagen y semejanza de la propia apostasía Romana, y que corrompe las estructuras esenciales de la doctrina cristiana 57.

Los autores de La Historia de la Iglesia Católica 58, dicen del edicto de Milán: «En el programa de Milán es evidente el sello de la voluntad constantiniana configuradora que, de acuerdo con la concepción antigua, consideraba al cristianismo como garantía de bienestar público y lo vinculaba a su política imperial»

¿Qué implicó esta vinculación de la representación eclesial, llamada cristiana, a la política Imperial?
Sólo el comportamiento y actitudes que Constantino asume con la connivencia de una Iglesia que acepta ser parte integrante de la Idea Imperial Romana que Constantino encarna, y que de ningún modo abandonará, es suficiente como para poner en entredicho a ese tipo de Iglesia y a lo que resulte de la integración.

En principio nos llama la atención la cantidad de favores, mercedes, dinero, edificaciones, autoridades, prefecturas, etc.. que a partir del edicto se otorgan a una Iglesia que ha perdido la orientación de quién es su auténtico Jefe.
«Este edicto, (...) fue seguido de muchas otras mercedes a favor de la Iglesia (...»> S9. «Desde el año 313 Constantino manifestó una 'simpatía activa' hacia el cristianismo que se expresó en muchas ocasiones y de formas diversas: proporcionó (...) considerables sumas de dinero (...) puso a disposición de la Iglesia el palacio de Letrán (...) participó en la edificación de muchas Iglesias (...) Los cristianos pudieron asumir los cargos estatales más altos (...).
(...) manifestó su interés por la Iglesia legislando a su favor y llegando a reconocerle un estatuto particular (...)> 60.
En segundo lugar descubrimos una Alianza que supone un compromiso de esa Iglesia:

«Por tanto se puso a la cabeza del nuevo movimiento (...) Aliándose con la Iglesia podía esperar que, usando de prudencia al mismo tiempo que de energía, la haría servir de instrumento para la consolidación y revivificación del imperio (...) (...)
Estas fueron las ideas que determinaron a Constantino a promulgar el edicto de Milán y que inspiraron su política en adelante» 61.

Este tipo de compromiso vendrá marcado, y creará un contenido, por las actitudes manifestadas tanto por Constan tino como por esa Iglesia que está admitiendo su integración. Observamos en toda la conducta de Constantino la idea de someter a la Iglesia al servicio del Imperio, más o menos como el Sacerdocio pagano de la época imperial lo había estado al. Emperador.
En un recorrido de la vida de Constantino, de acuerdo a las tesis que sostienen diferentes investigadores, se revela un tercer aspecto que encierra varias de sus actitudes y posiciones que nos permiten saber lo que supuso esa vinculación de la Iglesia al Imperio.

No hubo ruptura con la religión pagana de la que Constantino era adepto, gestándose un entendimiento con una Iglesia que había evolucionado de acuerdo a las pretensiones de Unidad Ideal que el Imperio Romano exigía
El edicto de Milán se había dado a primeros del año 313, en el verano moría Diocleciano:
«Constantino permitió que el Senado en Roma declarara divino al difunto (...»> 62.
Esto con el proceso que se inicia y desarrolla, sirve para catalogar la Ideología Constantiniana y lo que se obtendrá de su alianza con la Iglesia.

Se constituye en Jefe y Pontifex Maximus, (Sumo Pontífice), órgano visible de la divinidad, de una Iglesia de la que ni tan siquiera es miembro:
«¿Rompió por tanto, el primer emperador cristiano con el paganismo tradicionalmente unido al Estado romano? Sería excesivo afirmarlo: el príncipe continuó siendo pontifex maximus (...»> 63.
Ya sabemos las connotaciones que posee dicho título con el culto al Emperador, y con la Jefatura absoluta tanto de lo temporal como de lo religioso 64; ahora comprobamos que Constantino se erige, de acuerdo al Ideario Imperial Romano, en la Autoridad Suprema de la propia Iglesia.
«(...) bajo la presión de las necesidades políticas e impulsado también por una actitud religiosa (...) Constantino llegó a ser, sin embargo, el primer jefe de la Iglesia del imperio, sosteniendo y regentando esta Iglesia con una ausencia de escrúpulos tan grande como peligrosa (...»> 65.

«Con la subida de Constantino y con la fusión de la Iglesia cristiana y de sus intereses con el imperio y los suyos, adquirió la contienda nueva importancia, y la política imperial tuvo que influir forzosamente en ella. Constantino (...) aprovechando el cisma, logró someter a sus planes políticos a la Iglesia vencedora y hacer de ella un instrumento importante de su autoridad imperial». «Entonces se vio que el emperador sin ser miembro de la Iglesia, ni siquiera exteriormente, era el centro directivo de los debates. El había convocado este primer concilio ecuménico fijando lugar y tiempo de la reunión (...); y el abrió y presidió los debates. (...).
Además, sobre la decisión dogmática final de este concilio ejerció Constantino una influencia decisiva» 61.
Esta Jefatura, no es simplemente honorífica, es fruto de la Autoridad que le otorga el ~ título Pontifex Maximus:
«(...) él vuelve pues a tomar (...) la idea del Pontifex Maximus imperial, que Decio y Diocleciano habían intentado aplicar unificando la vida religiosa del imperio sobre la base de la antigua religión nacional de Roma (...)
Exactamente como el Pontifex Maximus del pasado, el se siente llamado, en su calidad de emperador divino, a ser, en la tierra, el órgano visible de la Divinidad (...»> 68.

Esto implicaba perpetuar de algún modo el culto al Emperador, mostrar un continuismo de la religión solar de Constantino, e introducir una direccionalidad 'Eclesiástica' acorde al paradigma Imperial,

Los historiadores católicos dirán:
«Constantino era adepto al culto solar como forma más elevada del monoteísmo; el cristianismo le parecía como una de las formas de la religión solar de la que era adepto, y lo integró en sus concepciones religiosas» 69.
¿Por qué le parecería a Constantino que el "cristianismo" de la Iglesia de Roma era una de lasformas de la Religión Solar?
¿No sería porque algunas de las marcas identificadoras de esa religión solar estaban integradas de algún modo en la ideología de la Iglesia de Roma, y que con las adiciones y retoques que se pueden dar en su época permitiría un entendimiento y emparejamiento?

El especialista sobre el significado de Constantino para el Cristianismo, Alistair Kee, recoge una afirmación probada:
«Fue durante el reinado de Constantino el Grande que el culto del Deus Sol Invictus alcanzó cotas extraordinarias, de tal modo que incluso se decía que su reinado era el imperio del Sol. Constantino era la personificación del Deus Sol Invictus en la tierra, y podía considerar que la estatua del sol que había en el Foro y llevaba su nombre era una estatua de él mismo» 70.
No solamente hay una asimilación del cristianismo dentro de su religión solar sino que consecuentemente hay una paganización de lo cristiano, hasta el punto que hay una matización sutil entre el culto al Emperador y lo que resulta de poner a esto en concordancia con la nueva religión.
Obsérvese lo que los historiadores dicen sobre el particular:

«No solamente Constantino no abolió el culto del Emperador sino que lo puso en armonía con el cristianismo y consiguió que la Iglesia lo aceptara» 71.
¿De qué forma lo puso en armonía con el cristianismo? ¿Y qué tipo de cristianismo podía ser ese que permitía semejante actitud?

Alistair Kee en una tesis ejemplar por su rigor nos lo explica de un modo sorprendente: «A partir de Alejandro el Magno existió una tradición de culto imperial en la cual el Emperador era divino. A pocos emperadores les interesaba ser divinos. La importante para ellos era si a su política se le podía conferir la categoría de divina, es decir, si podía reclamar una fuerza absoluta. Éste es el propósito que subyace en el culto imperial; no el absurdo de considerar que un hombre es divino, sino ocultar el otro absurdo, el de aceptar la política de un hombre como divina y, por ende, merecedora de aceptación absoluta» 72.
¿Y cómo se podía reconocer la política de un hombre como divina?
«El Lagos dirige el cosmos desde el cielo pero, y llegamos ahora al centro del argumento de Eusebio, el Lagos tiene un representante en la tierra.
"Y este mismo Único que sería el Gobernador de todo este cosmos, el Único que está por encima de todo, a través de todo y en todo, visible e invisible, el omnipresente Lagos de Dios, de quien y a través de quien llevando la imagen del reino superior, el soberano querido de Dios, en imitación del Poder Superior, lleva el timón y endereza todas las cosas de la tierra"
(...) ¿Había perdido su divinidad (...)? Pero, ¡qué ganancia!; ahora se le declaraba "soberano querido de Dios", la "imitación", el agente y homólogo del Logos divino aquí en la tierra» 73.
«(...) Constantino pudo alcanzar su objetivo. Por medio del gran cambio, su política pasó a ser considerada la voluntad del Lagos (...)
(...) Renunció gustosamente a la deificación personal en aras del objetivo más importante: la deificación de todo lo que él representaba» 74.
Todavía no comprendemos por qué se le otorga el ser el representante del Logos, o el 'amigo de Dios' 75,

Alistair Kee nos da la clave a través de la propia explicación de Eusebio en su Vida de Constantino:
«Del mismo modo que el Logos ha gobernado en el cielo siglo tras siglo, "Su amigo...gobierna en la
tierra durante largos períodos de años" 76.
"Del mismo modo que el Salvador Universal hace que todo el cielo y toda la tierra y el reino más elevado sean dignos de Su Padre, también Su amigo, conduciendo a sus súbditos en la tierra al Unigénito y Salvador Logos, los hace idóneos para su reino" » 77.

El paralelismo constante que realiza Eusebio entre la actuación del Logos desde un punto de vista cósmico y espiritual, y las actividades de Constantino en favor de la 'Iglesia', bien legislando a favor de ella, o bien defendiéndola mediante guerras victoriosas frente a sus enemigos, es lo que le permite denominarle el Representante del Unigénito Logos en la tierra:
«Eusebio retorna al tema de que la victoria que el Logos consigue en los asuntos espirituales es alcanzada por el soberano, su amigo, en el mundo material contra los enemigos de Dios (...) 78.

"Su amigo, armado contra sus enemigos con el estandarte de Él que está arriba, sojuzga y castiga a los oponentes visibles de la verdad por la ley del combate"» 79.
Todos estos elementos y la temática forman parte de la religión astral o cósmica, de la que el Mitraísmo ha dejado constancia.
El Ser Superior del Cielo, el Logos tiene un representante en la tierra el Emperador Constantino.
Nótese como la guerra se hace necesaria para imponer el orden en la tierra de acuerdo a la proyección de la religión astral.
Todo esto nos enseña una matización del culto Imperial pero no una ruptura. Constan tino junto con sus 'Consejeros' supo mediante un cambio de terminología mantener las mismas costumbres que antes en lo relativo a este culto. Se puede hasta negar con la palabra que se esté ofreciendo una adoración a la persona, pero se pueden asumir todos los ritos del mismo, mediante el truco teológico de cultos 'inferiores' (que no por eso dejan de ser cultos de adoración) pretendiendo diferenciarlos del culto superior. En el culto al Emperador existían títulos como salvador, santísimo, Pontifex Maximus, etc., saludo cúltico como el de la genuflexión, todo esto y mucho más Constantino sigue admitiendo para su persona:
«(...) Constantino (...) haciéndose llamar salvador designado por Dios, enviado del Señor (...), ordenó que se le rindieran honores como 'representante de Cristo' (vicarius Christi) y que le enterrasen como 'decimotercer Apóstol'» 80.

No sólo se hace llamar 'Vicario de Cristo' sino que, superando a los emperadores anteriores, denomina a su palacio 'templo divino' (domus divina), por cuanto de algún modo va a covijar a 'nostrum numen' (nuestra divinidad), además de adjuntarle el predicado de 'sacratissimus' (sagradísimo) 81.

Mediante los reconocimientos que la Iglesia Imperial le hace, nada menos que como el "representante en la tierra del Unigénito Lagos" 82, "obispo de todos, nombrado por Dios" 83, y el consentimiento de la permanencia de actitudes y manifestaciones paganas, del título Pontifex Maximus (con todo lo que implica) 84, se nos descubre lo que su religión solar que nunca abandonó configura y orienta: su comportamiento político-religioso, arrogándose en su figura histórica la representatividad de Dios en la tierra al que se le puede adorar mediante su persona que le representa 85.

Es de este modo que puede erigir, en la nueva Constantinopla una estatua que primero llevará la representación de la cabeza de Apolo y después la suya propia 86, estatua a la que se le dará adoración tanto por paganos como por cristianos 87, Y al final de una vida de adepto Solar matizado con terminología cristiana, y aquello que se puede incorporar, recibe el bautismo de la Iglesia Imperial que él mismo había forjado, de acuerdo al Ideario Imperial Romano y a su teología Solar 88; después el Senado votó su deificación 89, la Iglesia Católica griega lo declara un nuevo apóstol, y la Iglesia Católica de Armenia y la Rusa lo veneran como Santo 90.

Desde la deificación en el verano del 313 de Diocleciano por orden de Constantino hasta su bautismo y deificación en el límite anterior y posterior a su muerte está evidenciando que Constantino no rompió con la religión pagana ni aceptó un cristianismo genuino, tan sólo aplicó una fórmula de concordia entre una y otro, sacrificando lo más esencial de la fe cristiana primitiva.

Resultados de la aplicación de su Teología Solar
La teología solar es una clave política para conseguir la unidad de un Imperio dividido ideológicamente. El cristianismo ha llegado a comienzos del s. IV con una fuerza que se opone en algunos de sus presupuestos a la concepción del Ideario Imperial Romano. Han habido conflictos con la política romana evidentes. Las persecuciones, aunque limitadas, no han podido evitar el flujo del crecimiento. Por otra parte, la Iglesia de Roma ha manifestado una evolución, en la que ciertos compromisos bíblicos han quedado aparcados. Ha revelado que no ha tenido inconveniente acomodarse a una teología matizada por algunos de los presupuestos de la religión mitraica, entre los que se encuentra el día del Solo domingo, a fin de unir a todos los que vienen de la sociedad romana con su día del Sol a un Catolicismo romano que ha adoptado ese mismo día del Sol, desprestigiando el Sábado de la Revelación bíblica, y separándose de sus raíces hebreas. El día festivo y sagrado es un elemento de unidad de primer orden. Permite poner las bases para unificar criterios, y contactar semanalmente con un público que ha accedido previamente a dicho día escogido, y que por lo tanto mantiene una relación favorable, y una continuidad alimentada por la ideolpgía del que les ofrece ese día "signo de unidad".

Desde antes de mediados del s. 11 d.]. sabemos que tanto el Catolicismo romano como la sociedad Romana están teniendo en común cuatro aspectos importantes que muestran la posibilidad de unión: 1) el día del Sol como día festivo 91, 2) una oposición a los judíos con todo lo que ello implica, 3) la introducción e influencia del pensamiento helénico con todas sus implicaciones, con ciertos conceptos de la teología solar involucrados en el vehículo helénico, y 4) una estructuración monárquico absolutista en su concepción organizativa fruto de esa teología solar 92.



55 Aunque la Soberanía única no la conseguirá hasta haber vencido a Licinio en el 324 d.l. (ver Atlas Hist6rico Universal. vol. 1, op. c., p. 105), a partir del edicto de Milán en el313 favorece a una Iglesia transfonnada por él.

56 Lo hemos visto ya con la adopción del Solis Dies, y con toda una serie de acomodaciones doctrinales y políticas que iremos descubriendo.

57 Lo veremos más adelante. Puede consultarse sobre esto a A. Diestre en El Sentido de la Historia y la Palabra Profética, op. c., en bibliografía. - Recuérdese, no obstante y lo comprobaremos, que esto no hubiera sido posible sin una evolución por parte de esa iglesia de Roma.

58 Ed. Herder, op. c., p. 117.

59 Historia Universal de Oncken, vol. IX, op. c., p. 409.

60 Marcel Simon-André Benoit, El Judaísmo y el Cristianismo Antiguo, op. c., p. 129.

61 Oncken, vol. IX, op. C., p. 409.

62 Id., p. 410.

63 J.-R. Palanque, De Constantin a Charlomagne a travers du chaos Barbare, París 1959, pp. 13, 14.

64 Se trata de una divinización de la autoridad. Además de ser fuente de poder se es sujeto de poder tanto político como religioso: Autoridad Suprema, tanto el poder temporaql como el espiritual.

65 H. Rahner, L 'Eglise et rEtal dans le Christianisme Primitif, París 1964, p. 70.

66 Oncken, vol. IX, op. c., p. 418.

67 Id., p. 419.

68 H. Rahner, op. c., p. 71.

69 Marcel Simon-André Benoit, Judaísmo y Cristianismo Antiguo, op. c., p. 131.

70 Halsberghe, Gaston H. The cult 01 Sol lnvictus, Leiden, E. J. Brill, 1972, p. 167. Citado por Alistair Kee, Constantino contra Cristo, op. c., p. 31.

71 L. Brehier-P. Batifol, Les Survivances du Culte Impérial Romain, París 1920, p. 17.

72 Constantino contra Cristo, op. c., p. 181.

73 Id., p. 41. La cita del Obispo Eusebio de Cesárea están sacadas De Vira Constantini (1, 85), traducción inglesa: The life of Constantine, eds. Wace, Henry y Schaff, Philip; Nicene and post-Nicene fathers (serie nueva), vol. 1, Eusebius, Oxford 1840.

74 Id., p.18I.

75 Independientemente de la actitud 'abominable' de Constantino, su moral queda reflejada por numerosos incidentes a lo largo de su vida. La Historia Universal de Oncken se expresa de este modo al describimos su talante:
«Casi inmediatamente después, Constantino, el verdadero vencedor de esta crisis religiosa tan famosa en la historia, horrorizó a paganos y cristianos con los actos más siniestros y tenebrosos de su vida (...) (...) fue muerto por orden del emperador (...) su hijo mayor (...).
(...) añadiendo la muerte de su sobrino Licinio (...) y la de otras muchas personas que por sus relaciones y alta posición le hacían sombra. (...) su octogenaria madre Elena (...) le indujo a matar a su esposa Fausta» (vol. IX, op. c., p. 420).
Las costumbres paganas con el uso de sus ritos mezclados con cristianos, coronadas con fiestas públicas y funciones de circo romano que nada tienen que ver con el cristianismo genuino, la erección de templos paganos al igual que de iglesias (íd., p. 421).
La misma Historia lo retrata finalmente de este modo:
«Satisfecha su grande ambición, volvióse vanidoso y sediento de alabanzas y adulaciones, (...) se mostró a menudo caprichoso (...).
(...) A la menor sospecha de infidelidad (...) o abuso de posición (...) le costaba poco dar trabajo al verdugo. Sus contemporáneos criticaron también su desmesurado fausto y liberalidad a costa del tesoro y de los contribuyentes (...).
(...) Constantino era en el fondo romano pagano y jamás comprendió los ideales del cristianismo (...»> (íd., pp. 446, 447).

76 Constantino contra Cristo, op. c., p. 41 cf. Vira de Constantini, op. c., (11, 85).

77 Id..

78 Id., p. 43.

79 Id., p. 41 cf. Vira de Constantini, op. c., (11, 86).

80 Ver a Karlheinz Deschner, vol. I, op. c., p. 192. El autor trae abundante bibliografía donde apoya su aserto.

81 Id..

82 Ver Alistair Kee citando a Eusebio de Cesárea, op. c., pp. 65-94.

83 Ver a Karlheinz Deschner, vol. 1, op. c., p. 194

84 Historia Universal de Oncken, vol. Vill, op. c., p. 444.

85 Id.,op.c.,p.193. Brehier y Batiffol (op. c.,) recoge el acto histórico, según el testimonio de San Ambrosio, de cuando la madre de Constantino le colocó "sobre la diadema imperial una cruz, para que Cristo fuera adorado en la persona del príncipe".

86 Ver Historia Universal de Oncken, vol. Vill, op. c. p. 422. ,

87 Brehier-Batiffol, op. c., p. 43.

88 IOncken, vol. Vill, op. c., p. 448.

89 Id.. .

90 Id..

91 Queremos dejar claro en este lugar, una vez que se ha podido demostrar que la asunción del día del Sol como día festivo por parte de la Iglesia Católica en Roma es paralela y con el mismo origen e influencia que lo que origina ese día del Sol en el Imperio romano, que no puede haber ningún documento donde se muestre que la celebración del domingo fuera heroica o tuviera obstáculos, puesto que se trata del mismo día de reposo, y nunca existe persecución o impedimento para guardarlo. Todo lo contrario a lo que ocurre con el Sábado (ya hemos expuesto la política de Adriano en contra del Sábado). Lo que Juan Pablo n comenta (en Dies Domini, 64), es una tergiversación histórica. El ritmo semanal en cuanto a guardar fiesta el día del Sol estaba reconocido en el Imperio Romano desde la época de los Antoninos (s. n. d. J.), tal como Justino y Tertuliano exponen en sus escritos.

92 Sobre todo esto puede consultarse una obra, ampliamente documentada, escrita por el autor: A Diestre, Cuando
el Hijo del Hombre venga ¿hallará fe en la tierra?, Clie, Terrassa-Barcelona 1997, pp. 451-562. Es preciso completarlo con El Sentido de la Historia y la Palabra Profética, vol. I, p. 172, nota 108.

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