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28 de septiembre de 2009

El Vaticano y los Grandes Genocidios del Siglo XX (33)

Los dictadores católicos de Latinoamérica.

Un modelo autocrático equivalente al que bendijo el papado en los países católicos de Europa, fue imitado en los países católicos de Latinoamérica. Todos creyeron igualmente en los principios católicos que reafirmó el papa Pío IX en su Sílabo de Errores. Allí declaró el papa que “es un error creer que la Iglesia no es una sociedad verdadera y perfecta”, y que para que la iglesia sea perfecta, el estado debe integrarse a ella. Otro artículo de ese sílabo papal publicado en el S. XIX dice que “es un error creer que la Iglesia debe estar separada del Estado y el Estado de la Iglesia”. En el error Núm. 24 establece Pío IX también que es un error creer que “la iglesia no tiene poder de usar la fuerza, o que no tiene ningún poder temporal, directo o indirecto”. Esto es lo que, en esencia, aún mantiene el papa Juan Pablo II en el S. XXI cuando requiere de Europa que no desestime su alma, sus raíces cristianas [entiéndase católicas medievales].

La mayoría de los países latinoamericanos son católicos por ley, lo que significa que deben diezmar sus entradas para darlas al clero. Argentina en especial, se ha caracterizado por ser uno de los países católicos más conservadores y fieles al Vaticano. Por tal razón, el papa la apodó en años recientes “la hija predilecta del papado”. No debía extrañarnos, por consiguiente, que la democracia tuviese tan corta vida en ese país, con la mayoría de sus presidentes habiendo sido dictadores militares. Entre los más destacados podemos mencionar al general Rosas en el S. XIX (criminal de indígenas e intelectuales), al general Roca en la primera parte del S. XX, y al general Juan Domingo Perón a mediados del mismo siglo. Este último general transformó a su país en la guarida más grande de criminales de guerra por sus crímenes contra la humanidad cometidos durante la Segunda Guerra Mundial. Adolfo Hitler mismo, según las últimas investigaciones, habría pasado sus últimos años en el sur de Argentina (siempre quedaron dudas después de la guerra sobre la identificación de su cadáver). Ante Pavelic, el dictador de Croacia, terminó siendo nombrado por el mismo Perón como “consejero de guardia” personal de la presidencia.

En Paraguay gobernó con plenos poderes el general Stroessner, reprimiendo brutalmente toda oposición. Las torturas y desapariciones de “maleantes” y opositores fueron la nota tónica de todo su mandato de varias décadas, más acentuada aún en el comienzo de su dictadura. Era así como se ponía orden en un país también regado por los levantamientos y la violencia. Las cosas se pusieron más serias cuando en Chile ganaron las elecciones los comunistas. Todo el continente católico latinoamericano tembló. La civilización cristiana corría peligro. ¿Cuál sería la solución? Nuevamente, gobiernos militares dictatoriales que suprimiesen en Chile la voluntad popular bajo Augusto Pinochet, en Argentina bajo Videla, y en Uruguay bajo otra junta militar con la anuencia del presidente decidídamente pro-católico que había sido electo.

El enemigo común era el mismo que en Europa y en el Asia: el comunismo. La justificación para la guerra y el genocidio era el mismo también: salvar el cristianismo mediante una cruzada religiosa contra toda incursión del ateísmo. Como en la Edad Media, todo método de exterminio que viniese a la mano y fuese útil para lograr los objetivos “cristianos”, se volvía lícito. El clero católico participaría igualmente en la contienda, ya que el catolicismo en especial, se veía amenazado por las corrientes de izquierda. La misma reacción que tuvo el clero contra los revolucionarios que trajeron la libertad a Latinoamérica a comienzos del siglo anterior (XIX), iba a ser la reacción que ahora se iba a tener contra toda agrupación que tendiese a romper el matrimonio Iglesia-Estado de esos países.

A. Juan Domingo Perón.

De todos los dictadores del S. XX, Perón fue el que menos homicidios produjo, y esa fue la razón tal vez por la que su régimen se prolongó en el partido que creó, llamado Justicialismo, y que todavía gobierna a la Argentina ya bien comenzado el S. XXI. A diferencia de Franco, a quien realmente idealizaba, Perón subió al poder por voluntad popular. Por ambas razones, y porque con el tiempo, además, impidió ser absorvido totalmente por los intereses de la curia, muchos consideran su gobierno como semi-fascista. Finalmente fue derrocado por el ejército y la Iglesia en conjunto, en gran medida, porque terminó no respondiendo a algunos de los intereses sensibles a ambos.

Cuando los militares detuvieron por primera vez a Perón, cometieron el error de dejar libre a Eva Duarte, su segunda mujer. Evita había nacido y se había criado en ambientes de pobreza, de manera que conocía perfectamente la manera de pensar de las masas. Gracias a lo bonita que era, y a que vendía su elegante cuerpo como prostituta, pudo ir logrando escalar hasta llegar al mismo Perón. El dictador terminó casándose con ella en segundas nupcias, invalidando la sacralidad de su primer matrimonio que exigía la Iglesia, y generando otro conflicto con la Iglesia. Evita, por su parte, reveló sus dotes notables para movilizar las masas, al producir un levantamiento popular pacífico pero de tal significado que su flamante marido debió ser liberado, y repuesto en el poder.

a) Vínculos con el fascismo. Juan Domingo Perón era un gran admirador de Francisco Franco. No es de sorprenderse que hubiese encontrado, finalmente, refugio en España. El vínculo mayor que tuvo Perón con el fascismo fue su recepción de todos los refugiados nazis y ustashis de Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Junto con ello facilitó el contrabando a la Argentina del oro que esos criminales sacaron de sus países hasta que pasase la tormenta y las aguas se volviesen más tranquilas. Otro vínculo con el fascismo puede vérselo en el hecho de que el gobierno de Perón se basó más en su figura personal que en la constitución misma del país.

Si Perón no fue totalmente fascista se debió a que abrió un sistema intermedio entre las corrientes políticas de izquierda y de derecha, sin dejar de lado el respaldo popular que manejó a su gusto mediante métodos demagógicos. Al mismo tiempo mantuvo cierta distancia o independencia de la Iglesia Católica, con la cual compitió en la lucha por obtener el reconocimiento del pueblo. Aunque comenzó vinculándose con ella y le dio poderes que ella no tendría en los gobiernos democráticos posteriores, hubo confrontaciones en el ejercicio de la autoridad y control de varios cargos públicos. La Iglesia Católica quería seguir teniendo la hegemonía en la educación religiosa y en la labor social, y no podía aceptar que un gobierno civil compitiese con ella en ese terreno.

b) Viaje de Eva Perón a Europa. El 16 de junio de 1947, dos años después que terminase la Segunda Guerra Mundial, la primera dama de Argentina, Eva Perón, hizo una gira a Europa para ser festejada en España, besar el anillo del papa Pío XII en el Vaticano, y codearse con los ricos y famosos banqueros de los alpes suizos. De los archivos que abrieron recientemente los bancos suizos y el Banco Central de Argentina, y de las investigaciones de los cazadores judíos de nazis fugados, se puede saber hoy que ese viaje no fue pura y simplemente para reforzar lazos diplomáticos, comerciales y culturales entre varias naciones europeas y Argentina. Tuvo una misión paralela que permitiría poner las bases para las intervenciones militares más fascitizadas del último cuarto de siglo en Argentina. El papa Pío XII habría discutido con ella, además, el cuidado y la alimentación de los fieles nazis y ustashis refugiados en Argentina...

¿Cuáles fueron esos objetivos paralelos del viaje de Evita a Europa? En primer lugar, coordinar la red que debía ayudar a los nazis a reubicarse en Argentina. Así como los EE.UU. e Inglaterra se interesaron después de la guerra, por descubrir los científicos nazis para aprender de sus experimentos médicos hechos en los campos de concentración; así también se interesó Perón, además, en absorver la técnica militar nazi para fortalecer su poder militar en el cono sur. Como prueba de ello se puede mencionar que el primer avión de motor de combate introducido en Sudamérica—el ‘Pulque’—fue construido en Argentina por el diseñador de aviones alemán Kurt Tank de la firma Focke-Wulf. Sus ingenieros y pilotos de pruebas llegaron gracias al servicio de emigración ilegal que se daba conjuntamente en Suiza y en el Vaticano. Así obtuvieron también los cianotipos de los cohetes alemanes V2 y V3. Un médico, Carl Vaernet, había conducido experimentos quirúrgicos sobre homosexuales en el campo de concentración Buchenwald. Luego de castrar a los hombres, les insertaba glándulas sexuales metálicas que infligían muertes atormentadoras a algunos de sus pacientes. Ese científico fue considerado también como de gran utilidad para la Argentina.

Tanto para los diplomáticos suizos como para el Vaticano, el interés del contrabando de criminales nazis y ustashis a Argentina tenía que ver con intereses de contrabando financiero. Para los sacerdotes católicos del Vaticano se sumaban dos aspectos adicionales: el interés en proteger gente tan fiel a la Iglesia Católica, y el de reorganizar sus servicios en contra del comunismo dondequiera fuesen. Ya antes del viaje de Evita a Europa, en mayo de 1947, un informe del Ministerio de Asuntos Exteriores clasificado como extremadamente secreto, consideraba al Vaticano como siendo “la organización más grande implicada en el movimiento ilegal de emigrantes, incluyendo a muchos nazis”. Posteriormente, varios jerarcas exnazis agradecerían públicamente al Vaticano por su ayuda vital que implicó no solamente los contactos diplomáticos necesarios de la Santa Sede con los gobiernos latinoamericanos, sino también el reparto de documentos falsificados que les permitiesen fugarse sin ser descubiertos por el espionaje Aliado.

Los archivos secretos del gobierno argentino mencionan, por ejemplo, al obispo Alois Hudal como el hombre clave en la protección y fuga de los criminales de guerra nazi después de la guerra. Recientemente a través de Zenit (3 de marzo, 2004), el Vaticano confirmó que “en aquellos años el papa desempeñaba también el cargo de Prefecto del Santo Oficio. Tanto Pío XI como Pío XII eran prefectos ‘ex officio’ del Santo Oficio”. Nunca habría expresado el Santo Oficio su parecer sobre el régimen nazista—argumenta Zenit—“sin antes haber consultado con la Secretaría de Estado” del Vaticano. Este argumento lo esgrime para contradecir la tesis de una nueva obra que implica nuevamente al papado en el genocidio nazista. Pues bien, el obispo Alois Hudal pertenecía al Santo Oficio, y había recibido el encargo de investigar los libros que debían ser censurados. Pío XII mismo lo ordenó como obispo. ¿No iba a estar enterado el Vaticano de la obra “clandestina” que hacía, siendo que fue la misma Santa Sede la que le encomendó la tarea de visitar a los nazis detenidos en las cárceles aliadas?

c) Beneficios y alcances posteriores del contrabando de criminales nazis. Los nazis agradecidos le prodigaron a Evita grandes riquezas que le sirvieron después a Perón para vivir en una regia mansión en España durante todo su exilio, y a todo lujo. El beneficio económico y el respaldo en diversas áreas que le prodigaron los nazis a Perón, permitió su reelección en 1951. Argentina parecía no haber estado económicamente nunca mejor que entonces. Grandes números de nazis estaban firmemente instalados ya en el aparato militar industrial de Argentina. Paradójicamente, en la guerra que el gobierno militar posterior emprendió contra Inglaterra en las Islas Malvinas, los aviadores argentinos pudieron cumplir con un mejor papel gracias a la ayuda de técnicos de origen alemán y judío que fueron capaces de adaptarse con asombrosa rapidez a las nuevas técnicas que estaban empleando los aliados del Atlántico Norte. Aún los submarinos que usaron habían pertenecido a Alemania durante la guerra, y fueron refaccionados para servir en esa guerra que Argentina sostuvo con Inglaterra.

Los nazis y ustashis en Argentina mantuvieron la antorcha de Hitler encendida, obtuvieron nuevos convertidos en los militares de la región y compartieron sus métodos de tortura y operativos de “escuadrones de la muerte”, que la Junta Militar posterior usaría para perseguir a los movimientos políticos de izquierda. Desde Argentina esos “escuadrones de la muerte” serían exportados a otros países de latinoamérica, empleando aún a nazis como soldados de tropas de asalto. Entre ellos estuvo Klaus Barbie, el Carnicero de Lyon de la Gestapo, quien se había instalado en Bolivia con la ayuda que le brindó la Santa Sede. También contaron con el apoyo de la Liga Mundial Anticomunista que dirigió el criminal de guerra fascista Ryoichi Sasakawa de Japón y el reverendo Sun Myung Moon, fundador de la secta de la Unificación.

Ya vimos que los ustashis intervinieron en el asesinato del cónsul uruguayo en Paraguay bajo la dictadura de Stroessner. En 1980 Barbie ayudó a organizar un golpe de estado brutal contra el gobierno democráticamente elegido en Bolivia, gracias a la financiación ofrecida por los cabecillas de la droga y una coalición internacional de neofascistas. A la luz de la vela, Barbie había estado instruyendo a la nueva generación de nazis sobre los principios de la cruz vástica en su lucha contra el comunismo. El equipo de Barbie persiguió y mató a funcionarios del gobierno y a líderes sindicalistas, al mismo tiempo que los especialistas argentinos volaban para enseñar en Bolivia y en centroamérica las últimas técnicas de tortura. Bolivia se transformó así, en una fuente protegida de cocaína que permitiría el surgimiento del cartel de Medellín.

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