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8 de septiembre de 2009

La Inquisición - 9na. Parte



-La relación del papado y los inquisidores con la demonología.

Ya se vio que entre los instrumentos de muerte que usarían los ministros del cristianismo durante este período de la Iglesia, según se describe en el cuarto sello, estarían "las fieras de la tierra" (Ap 6:8), es decir, representaciones de demonios. Esto está admirablemente representado en la historia del papado y de la Inquisíción en esta época. El espiritismo y la hechicería se habían extendido sorprendentemente en los conventos y Órdenes monásticas, y se sabe que un buen número de papas inquisidores practicaban la hechicería.

Lo más sorprendente es que mientras destruían a los cátaros con cruzadas de exterminio, y terribles procesiones públicas que culminaban en la hoguera, los franciscanos participaban "en la alquimia, la nigromancia, la adivinación, el encantamiento o la invocación de demonios." Esto explica el por qué el papado fue tan indulgente con la brujería en esta época. Como lo prueban las cartas pontificias y otros documentos, todas estas prácticas ocultas no eran aisladas, sino que estaban muy extendidas en el clero de aquella época. "La propia Iglesia medieval era percibida como una 'vasta reserva de poder mágico... Prácticamente cualquier objeto relacionado con el ritual eclesiástico podía asumir un aura especial a ojos del pueblo."

Pero es más notable aún que muchos monjes. inquisidores y papas que fomentaron la Inquisición, al mismo tiempo que condenaban a la hoguera a los que usaban la Biblia como única norma de fe y conducta, practicasen estas ciencias ocultas. Entre ellos se encuentran los papas Juan XXII, Celestino V, Benedicto XI, Bonifacio VIII, etc. Del papa Juan XXII, a quien le atraía especialmente la alquimia, se dice que "no hubiera podido amontonar su enorme fortuna sin la ayuda del diablo." De allí es que se lo llamó "el papa brujo."89 El terrible inquisidor de los brujos, llamado Nicolás de Remi, quien mandó a la hoguera en quince años a más de 800 magos y brujos, confesó en 1600 que "él mismo servía al diablo desde su adolescencia," y luego de ser torturado, fue condenado también a la hoguera.

Lo curioso es que como Saúl, el primer rey de Israel, estos papas e inquisidores supersticiosos practicasen el ocultismo que condenaban (véase 1 Sam 28).

Una vez que fueron exterminando a los cientos de miles de cátaros, y la presencia de los valdenses quedó mayormente recluIda en las montañas aisladas del Piamonte, la obra de los inquisidores se volcó hacia una cacería impresionante de hechicheros. Esto ocurre en el S. XV. No obstante, muchos inquisidores asumieron una actitud respetuosa y aprohatoría de algunas de tales artes. Al mismo tiempo, en su deseo de darle a la iglesia católica un dominio absoluto, también lanzaron su odio contra judíos y musulmanes, haciendo exterminios masivos contra los que no se convertían al catolicismo.

Por otro lado, al codificar manuales de brujería que contenían "la iconografía moderna del Diablo," quien se representaba bajo la forma de diferentes animales salvajes, y otros como los perros, cerdos y gatos, los inquisidores la fomentaron. No de balde se dió en llamar a los inquisidores Domini canes, "perros del Señor."93 Al difundir tales manuales, crearon una imaginación enfermiza en la gente del medioevo, a tal punto que el terror y la imaginación popular hizo que se sospechase, denunciase y condenase a la hoguera y otras formas de tortura a miles de viudas y solteronas indefensas, así como a ancianos y hombres solitarios, que poco o nada tenían que ver con la brujería. De esta forma, según comenta un autor reciente, los inquisidores convirtieron la hechicería "en un fenómeno de dimensiones enormes que tuvo aterrorizada a gran parte de Europa durante casi tres siglos." Y en ese terror, como reconoce un historiador, "el mismo infierno" era buscado como "un abrigo, un asilo contra el infierno de la tierra" que habían creado los inquisidores.

Siendo que parecía menos bochornoso condenar a los herejes acusándolo de brujería y hechicería que por sus verdaderas creencias, también se hizo común que miles de ellos fuesen condenados a la hoguera por presuntas practicas vinculadas con el ocultismo. Esto tuvo un leve comienzo a mediados del S. XIII, cuando el papa Alejandro IV "decretó que la practica de la brujería, si se acompañaba de la herejía, era de la competencia de los tribunales inquisitoriales."96 Desde entonces pasó a ser común que las palabras "brujo y valdense" se complementasen "mutuamente, e incluso" llegasen "a confundir-se."

Así, algunos inquisidores acusaron a los valdenses de 1uciferanos, vinculandolos con un culto al diablo. Basados en raciocinios tomados de Tomas de Aquino, en el Malleus Malefi carum, el manual mas importante que codificaron los inquisidores contra la brujería, terminaron vinculando "la brujería popular con la herejía religiosa por medio del pacto con el diablo, mezclando de esta forma en un mismo grupo la cultura popular y sus manifestaciones mas paganas con los movimientos religiosos enfrentados a la Iglesia Católica."

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