12 de mayo de 2009

Hijos Rebeldes y Desobedientes A Los Padres



Castigo para los hijos rebeldes
Deuteronomio 21:18
18 "Si alguien tiene un hijo desobediente y rebelde, que no hace caso de lo que le dicen sus padres, y que ni siquiera cuando lo castigan los obedece, 19 sus padres deberán llevarlo ante el tribunal de los ancianos de la ciudad, 20 y decirles: 'Nuestro hijo es desobediente y rebelde; no nos obedece en nada, es un pervertido y un borracho.' 21 Entonces todos los hombres de la ciudad lo matarán a pedradas. Así acabarán ustedes con la maldad que haya en medio de su pueblo y, al saberlo, los israelitas sentirán temor.


Deuteronomio 21:18-21 contiene lo que es, quizás, la ley más vilipendiada del Antiguo
Testamento. Generalmente se cree que esta ley autoriza el apedreamiento de los hijos que
desobedezcan a sus padres, Por consiguiente, esta ley se usa para probar cuán dura, severa e
impráctica es la ley del Antiguo Testamento en “la era del amor y la gracia del Nuevo
Testamento.” Cuando los teonomistas abogan por el uso de las leyes casuísticas como el
estándar para la ética y la ley civil hoy, a menudo uno de los primeros comentarios que
escuchan es algo como, “De modo que abogas por el apedreamiento de los hijos que
desobedecen a sus padres.” La suposición es que, por el mero hecho de referirse a esta ley tan
“rigurosa,” han probado que la visión teonómica es absurda y que no puede ser hoy el estándar
para los Cristianos. Los detractores de la teonomía creen que la mera mención de la ley de
“apedreamiento a los hijos” en Deuteronomio 21:18-21 silenciará al teonomista, y probará a
todos los Cristianos pensantes que estas “crueles” leyes casuísticas del Antiguo Testamento no
debiesen gobernar nuestras vidas en esta “era de la gracia.”
Pero, como en la mayoría de ataques contra la ética teonómica, esta objeción al uso de las leyes
casuísticas del Antiguo Testamento se basa en una lectura superficial de la ley, una mala
interpretación del requerimiento real de la ley casuística,1 y un apego a impulso sentimentales
opuestos a un compromiso a las elevadas provisiones éticas de la ley Bíblica.2 Cuando esta ley
casuística, que aplica la ley moral del Quinto Mandamiento a una circunstancia específica, es
entendida probará ser “santa, justa y buena,” una delicia al corazón del verdadero pueblo de
Dios (Rom. 7:12, 22).
Esta ley es dada en la formulación de ley casuística estándar de “si… entonces.” El genio de
las leyes casuísticas es que establecen justicia (u obligación) en un caso específico
capacitándonos así para saber como proceder (actuar justamente) en todos los casos
relacionados. El caso particular en cuestión involucra a un hijo “contumaz y rebelde” que no
quiere escuchar las amonestaciones de sus padres, ni someterse a su disciplina (v. 18). Es vital
para la apropiada interpretación y aplicación que se establezca la naturaleza precisa del caso.

Un Hijo Adulto
Primero, la persona en cuestión no es un hijo pequeño sino un “hijo” adulto. El término Hebreo
para “hijo” (ben) empleado aquí es indefinido. Se usa algunas veces de los hijos de ambos
sexos (Éxo. 21:5) pero mayormente de los hijos varones de los padres, y ése es claramente el
sentido en este texto. Por sí misma, la palabra “hijo” no da ninguna indicación de la edad. Se puede referir a un niño o a un hombre joven (cf. 1 Sam. 4:4; 19:1; 1 Rey. 1:33); la edad debe
ser determinada por el contexto. En este caso el hijo en cuestión no es un niño, pues los
pecados presentados en el testimonio para mostrar sus costumbres obstinadas son la glotonería
y la borrachera (v. 20), ¡algo que muy difícilmente son los pecados de un niño de 6 a 10 años
de edad! El caso también indica que los padres han tratado de refrenar a su hijo, pero todos sus
esfuerzos han fallado (vv. 18, 20); especificando que está físicamente más allá de su control.
Además, los padres traen a su hijo ante los magistrados para que juzguen el asunto (v. 19); por
ende, el hijo tendría la oportunidad de hablar a su propio favor. Todo esto indica que el “hijo”
en cuestión no es un niño, sino que más bien, un hombre joven al menos a la mitad de su
adolescencia o un poco mayor. Como señala Wright, “La ley no está hablando de niños
traviesos sino de jóvenes adultos seriamente delincuentes.”

Una Severa Desobediencia
Segundo, los problemas asociados con este hijo son severos. Este no es el caso de un niño que
ha dejado de hacer sus labores, que es respondón para con sus padres, o que incluso ha
cometido un serio acto de desobediencia, sino un hijo de carácter disoluto que se halla en plena
rebelión ante la autoridad de sus padres – les desprecia a ellos lo mismo que a sus palabras. El
texto dice que el hijo es “contumaz” y “rebelde” (vv. 18, 20). Ambos términos descriptivos son
participios activos, indicando de ese modo una acción habitual. El hijo no muestra una racha
contumaz de vez en cuando, ni actúa de manera rebelde de cuando en cuando, sino que es
continuamente contumaz y rebelde. La palabra “contumaz” se refiere a uno que es obstinado en
su resistencia a la autoridad. Se usa en el Antiguo Testamento de una vaquilla salvaje e
indómita (Os. 4:16); de una mujer inmoral que ha desechado las restricciones y se goza en la
lujuria (Prov. 7:11); y de Israel como un pueblo contumaz que no quiere someterse a la
autoridad de Dios (Sal. 78:8; Isa. 1:23). La palabra “rebelde” quiere decir, literalmente, golpear
o fustigar, y se usa de aquellos que contienden contra la autoridad y se rehúsan a poner
atención a sus palabras. El individuo “rebelde” fustiga con desprecio, y verbalmente, contra
aquellos que tienen autoridad sobre él, y quizás incluso físicamente. A la luz de esto, es
importante notar que la ley del pacto prescribe la muerte para cualquiera que golpee a sus
padres (Éxo. 21:15) o los maldiga (Éxo. 21:17). Por lo tanto, hay razones para suponer que el
hijo en esta ley casuística ha quebrantado la ley del pacto en una o ambas maneras. Los padres
también describen el carácter de su hijo diciendo que es un “glotón” y un “borracho.” Estos
pecados son puestos como ejemplos de una vida vivida sin restricción.
En el caso de tal rebelión y de una vida tan desenfrenada, y después que todos los intentos por
disciplinar y controlar han fracasado, los padres han de traer a su hijo ante los magistrados para
que sea juzgado. Si los magistrados concuerdan con el estimado que los padres tienen de la
situación le ordenarán a los hombres de la ciudad que apedreen al rebelde con piedras hasta
que muera (vv. 20-21). El propósito que se busca en la ejecución del hijo rebelde es “quitar el
mal de en medio de ti” y que todos “oigan y teman” (v. 21).

El Significado Real
Por lo tanto, la ley de Deuteronomio 21:18-21 no tiene que ver con apedrear a niños
desobedientes. La Biblia no instruye a los padres a que usen el apedreamiento al tratar con la
naturaleza rebelde y la desobediencia de sus hijos, sino a usar la vara y la reprobación (Prov.29:15). Los niños han de ser entrenados desde una edad temprana por medio de la disciplina
consistente y amorosa de modo que la necedad que está en ellos pueda ser expulsada (Prov.
22:15), y para que aprendan a honrar y obedecer a sus padres y a todos aquellos a quienes Dios
haya colocado en autoridad sobre ellos. La ley casuística en discusión no se aplica a los niños
pequeños durante los años formativos, sino que se aplica a un hijo adulto (y por extensión,
también a una hija) quien, por cualquier razón, se ha rebelado contra la autoridad de sus padres
y no sacará provecho de su disciplina ni obedecerán su voz en nada. Es un caso de desprecio
habitual de la autoridad paterna caracterizada por un adulto joven que vive una vida sin
restricción moral y que fustiga verbalmente y/o físicamente en contra de su padre y madre. Es
un caso donde el mal carácter del hijo ha sido evidentemente establecido, y no existe una
esperanza razonable de que vaya a cambiar alguna vez.
El tipo de rebelión contra la autoridad paterna descrita en esta ley casuística es llamada “mal”
(v. 21). Es mala porque hace escarnio tanto de Dios como de su ley (i.e., el mandamiento de
honrar a los padres). Es mala porque amenaza la existencia misma de la familia, y por lo tanto,
de la sociedad en sí. Es mala porque señala el rechazo de toda autoridad ordenada por Dios y
conduce al desorden civil y eclesiástico. Dios lo considera un mal tan peligroso que debe ser
extinguido por la muerte a manos del magistrado civil.

Una Muerte Inevitable
Aquellos que consideran aquí la muerte como un castigo horrible deben darse cuenta que en tal
caso, como el descrito en Deuteronomio 21:18-21, la “muerte” es inevitable. El desprecio de la
autoridad paterna, si se deja sin supervisión, es la muerte de la familia, la ley y el orden. La
cuestión, entonces, es: ¿Quién o qué debiese morir? ¿El rebelde, o la familia y la sociedad?
Además, la vida de un rebelde inevitablemente conduce a la tumba (el seol; cf. Prov. 30:17); él
morirá una muerte temprana, y probablemente tome otras vidas con él. Finalmente, Dios
mismo declara que incluso si tal rebelde contra la autoridad paterna escapa del juicio del
hombre, su maldición se halla sobre aquel hombre y el tal será cortado (Deut. 27:16; Prov.
30:17). Por lo tanto, la ejecución del rebelde en cuestión es justa, misericordiosa y preventiva.
Justa, en el hecho que el trasgresor merece morir; misericordiosa, en el hecho que su muerte
rápida evita la destrucción de la familia, la sociedad y otros; preventiva, porque provoca el
temor en el corazón de otros posibles rebeldes y les contiene de tomar un curso similar tan
lleno de ruina.
Los teonomistas no deben sentirse avergonzados por la ley de Deuteronomio 21:18-21, ni
debiesen desilusionarse cuando otros tratan de usarla para desacreditar las leyes casuísticas del
Antiguo Testamento. Propiamente entendida muestra la sabiduría y misericordia de Dios al
confinar y delimitar la maldad de modo que el justo pueda florecer en paz. Son aquellos que
rechazan esta ley casuística los que debiesen avergonzarse, pues han traído reproche sobre
Dios y Su ley, han anulado el testimonio de Cristo,5 y han sustituido la bendita palabra de Dios
con sus propias imaginaciones (Jer. 7:24).

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