INTRODUCCIÓN
1. Título.
En los manuscritos griegos más antiguos el título de esta epístola es sencillamente Pros Timótheon A ("A Timoteo I"). Una evolución posterior amplió el título hasta la forma que tiene en la RVR y en otras versiones protestantes.
2. Autor.
Todas las otras epístolas que llevan el nombre del apóstol son generalmente aceptadas por los críticos como de origen paulino (con la posible excepción de Efesios); sin embargo, no sucede así con las llamadas epístolas pastorales: 1 y 2 a Timoteo y Tito. Los principales argumentos que se presentan en contra de la idea de que Pablo sea el autor de estas tres epístolas, son los siguientes:
a. Cuando se comparan las alusiones históricas que hay en las epístolas pastorales (1 Tim. 1: 3; 2 Tim. 4: 20; Tito 3: 12, etc.) con la historia de la vida de Pablo como se relata en los Hechos, es claro que no concuerdan con el esquema de su carrera que allí se presenta.
b. Las epístolas pastorales revelan una organización eclesiástica más desarrollada que en cualquier otra parte del NT. Por ejemplo, se dan las características específicas que deben tener los ancianos y los obispos (1 Tim. 3: 1-7; Tito 1: 5-9) y los diáconos (1 Tim. 3: 8-13), y las regulaciones que se establecen para la conducta de hombres y mujeres en la iglesia (1 Tim. 2: 8-15), y las estipulaciones que se dan para el cuidado de las viudas y su conducta (1 Tim. 5: 3-16). Los críticos aseguran que todo esto equivale a un desarrollo en la organización eclesiástica tan superior a lo que se encuentra en todo el NT, que la escritura de las epístolas pastorales tiene necesariamente que situarse a mediados del siglo II d. C.
Esta teoría también ha cobrado fuerza debido a la amonestación contra la antithésis t's pseudonúmou gnosis o "contradicciones de la falsamente llamada ciencia [conocimiento]" (1 Tim. 6: 20). Un maestro herético llamado Marción escribió a mediados del siglo II un libro que tituló Las antítesis. Muchas de las opiniones de Marción eran similares a las de los gnósticos, quienes destacaban la importancia del gnosis o conocimiento; por lo tanto algunos eruditos han visto en el versículo citado una advertencia contra Marción, y por eso afirman que 1 Timoteo se escribió en esa época. Han sugerido que se le añadió el nombre de Pablo para darle prestigio en la lucha contra Marción y el gnosticismo.
c. Hay otro argumento para negar la paternidad de las epístolas pastorales: que su vocabulario es bastante diferente al de las otras epístolas de Pablo, que contienen un número mayor de palabras que no se encuentran en las otras epístolas del apóstol.
Estos argumentos han inducido a muchos eruditos a negar que Pablo escribió las epístolas pastorales. Pero este Comentario apoya a los que creen que hay una fuerte evidencia, plenamente satisfactoria, de que sí son auténticamente paulinas.
Si las referencias históricas de las epístolas pastorales no encajan dentro del tiempo abarcado por el libro de los Hechos, quiere decir que fueron escritas en un período de la vida de Pablo posterior a su primer encarcelamiento en Roma (Hech. 28). Por las epístolas pastorales se deduce que Pablo fue libertado, que luego viajó extensamente por Creta, Asia Menor y Grecia, y después fue arrestado y encarcelado por segunda vez en Roma. Y el hecho de que se mencionen personas cuyos nombres no aparecen en las cartas paulinas (Crescente, 2 Tim. 4: 10; Carpo, cap. 4: 13; Onesíforo, cap. 1: 16; 4:19; Eubulo, Pudente, Lino, Claudia, cap. 4: 21; Artemas y Zenas, Tito 3: 12-13), es una evidencia más de que estas epístolas fueron escritas por Pablo en un período posterior de su vida, y que no son un fraude.
Es muy difícil explicar cómo un falsario podría haber introducido en la vida del apóstol acontecimientos y personas que no concordaban con lo que se conocía bien por otras fuentes de la vida de Pablo. Un falsario inteligente evidentemente habría hecho que sus escritos concordaran con las auténticas epístolas de Pablo. Por lo tanto, estos aspectos históricos de las epístolas pastorales pueden considerarse más bien como evidencias de su autenticidad.
En cuanto al argumento sobre la organización eclesiástica que se presenta en las epístolas pastorales, puede decirse que aunque en ellas se tratan problemas de la administración de la iglesia con mayores detalles que en otras partes del NT, sin embargo no hay nada que no esté en armonía con las evidencias acerca de la organización de la iglesia en los días de Pablo. Así como se destacan en los otros escritos de Pablo algunos aspectos de la vida cristiana, de la misma manera en las epístolas pastorales se examina en detalle la forma de gobierno de la iglesia primitiva.
"Los argumentos de la falsamente llamada ciencia" (1 Tim. 6: 20) no tiene necesariamente que referirse a la obra de Marción. Gnosis o "conocimiento" es una palabra conocida en el vocabulario de Pablo, y puede entenderse bien sin necesidad de referirse a ninguna obra herética; aunque gnosis como término técnico quizá ya circulaba entre los gnósticos de la época de Pablo. Las antítesis tampoco tienen necesariamente que referirse al libro de Marción, pues entra fácilmente en el contexto con su significado común de "oposición", "argumentos contrarios". Por estas razones puede entenderse que Pablo advirtió a Timoteo contra los "argumentos del falsamente llamado conocimiento" en contraste con el Evangelio.
El vocabulario diferente en las epístolas pastorales quizá se explique mejor si se considera que Pablo las escribió en la etapa final de su vida, después de haber viajado más y tener más experiencia.
3. Marco histórico.
Sólo puede deducirse el marco histórico de los detalles que se dan en la epístola. Es evidente que Pablo estaba encarcelado en Roma por segunda vez cuando escribió esta epístola. En la sección anterior se discuten otros elementos relacionados con el marco histórico.
4. Tema.
La epístola fue escrita a Timoteo mientras era pastor de la iglesia de Efeso, y está compuesta principalmente por enseñanzas dirigidas a él como dirigente de la iglesia. Por eso se la clasifica como una epístola pastoral. Pablo amonesta a Timoteo a que se conduzca de una manera agradable delante de Dios y útil para la grey sobre la cual Dios lo ha colocado, y le da la solemne comisión de predicar la Palabra y de defender sus enseñanzas. Esta epístola refleja un plan bastante completo de organización y administración de la iglesia. El énfasis sobre la doctrina en ésta y en las otras epístolas pastorales (1 Tim. 4: 6, 13, 16; 2 Tim. 3: 14-17; 4: 1-4; Tito 1: 9; 2: 1, 7) es evidente porque de las 21 veces que aparece en el NT la palabra griega didaskalía, "doctrina", 15 se hallan en 1 y 2 Timoteo y en Tito.
Aunque Pablo parece haber tenido más afinidad con Timoteo que con sus otros colaboradores (ver Fil. 2: 19-20), por esta epístola se puede deducir que Timoteo era de temperamento suave y no tan dinámico como lo hubiera preferido Pablo. Por eso el apóstol anima a su compañero más joven en el ministerio a ejercer un liderazgo más enérgico. La estrecha relación entre Pablo y Timoteo explica la forma directa y franca en que el apóstol expresa sus deseos, admoniciones y propósitos al pastor de Efeso, y sin duda explica la consiguiente falta de un orden sistemático. La epístola indudablemente fue escrita punto tras punto, a medida que los sucesivos aspectos de la actividad ministerial acudían a la mente del apóstol.
5. Bosquejo.
l. Saludo, 1: 1-2.
II. El encargo de reprochar a los maestros de doctrinas pervertidas, 1: 3-20.
A. El uso pervertido de la ley produce contiendas, 1: 3-4.
B. El debido uso de la ley desarrolla el carácter, 1: 5-11.
C. La vida de Pablo confirma el poder del correcto uso de la ley, 1: 12-17.
D. Timoteo es exhortado a mantener la fe y la buena conciencia, 1: 18-20.
III. Universalidad del culto cristiano, 2: 1-15.
A. Oraciones por todos los hombres, 2: 1-3.
B. Salvación para todos los hombres, 2: 4-7.
C. Forma de culto para todos los hombres, 2: 8-15.
IV Requisitos previos para dirigentes cristianos, 3: 1-13.
A. Carácter de los obispos, 3: 1-7.
B. Carácter de los diáconos, 3: 8-13.
V El mensaje cristiano, 3: 14 a 4: 5.
A. El mensaje esencial del cristianismo, 3: 14-16.
B. El mensaje falsificado dentro del cristianismo, 4: 1-5.
VI. Indicaciones prácticas para un ministerio más ferviente, 4: 6-16.
A. Estudia la buena doctrina, 4: 6.
B. Evita las especulaciones, 4: 7.
C. Sé ejemplo de piedad, 4: 8-16.
VII. El ministro como administrador de la iglesia, 5: 1 a 6: 19.
A. Su relación con los miembros de más edad y con los jóvenes, 5: 1-2.
B. Su relación con las viudas, 5: 3-16.
C. Su relación con los ancianos elegidos, 5: 17-25.
D. Su instrucción concerniente a los esclavos cristianos, 6: 1-2.
E. Su relación con los maestros de doctrinas falsas, 6: 3-5.
F. Su relación con las riquezas terrenales, 6: 6-10.
G. Su responsabilidad como un modelo de carácter para todos, 6: 11-16.
H. Su relación con los ricos cristianos, 6: 17-19.
VIII. Encargo final de Pablo a Timoteo, 6: 20-21.
30 de abril de 2010
Segunda Epístola del Apóstol San Pablo a los TESALONICENSES
INTRODUCCIÓN
1. Título.
En los manuscritos griegos más antiguos que conocemos, el título de esta epístola sencillamente es, Pros Thessalonikéis B ("A [los] Tesalonicenses Il"). El título más extenso, Segunda Epístola del Apóstol San Pablo a los Tesalonicenses, es de una redacción posterior.
2. Autor.
Tradicionalmente no se había dudado seriamente de la paternidad paulina de esta epístola. El carácter de Pablo se refleja en toda ella. La tierna consideración del apóstol por sus conversos (cap. 2: 13-11), su elogio de las virtudes de ellos (cap. 1: 3-5; 3: 4), el extremo cuidado con que señala las debilidades y, sin embargo, la enérgica naturaleza de sus órdenes llenas de autoridad (cap. 3: 6, 12), demuestran que el autor fue Pablo. No fue sino hasta comienzos del siglo XIX que se puso seriamente en duda la paternidad literaria paulina de la sección que trata del "hombre de pecado". Se argumentó que en ninguna de las otras epístolas de Pablo hay nada de naturaleza apocalíptico; sin embargo, este hecho no hace que sea irrazonable la opinión por largo tiempo sostenida de que Pablo es el autor de la epístola. Es cierto que en ninguna otra parte trata tan directamente de un tema apocalíptico, pero el hecho de que tuviera visiones (Hech. 22: 17-21; 2 Cor. 12: 2-4) hace comprensible que pudiera haber escrito un pasaje de estilo apocalíptico. La forma en que el autor se ocupó de esta profecía es claramente paulina, pues expresa el más ferviente anhelo de que el pueblo de Dios no sea engañado en cuanto al tiempo de la venida del Señor, sino que esté preparado para ese gran acontecimiento.
La autenticidad de la epístola tiene un sólido fundamento. Además de ser mencionada en las más antiguas listas de libros del NT, los mismos antiguos escritores eclesiásticos que se refirieron a la primera epístola citan o hacen referencia a la segunda. Además, parece que era conocida por Policarpo (c. 150 d. C.; Epístola de Policarpo a los filipenses 11); y Justino Mártir (c. 150 d. C.; Diálogo con Trifón 32; 110) menciona al "hombre de pecado", aparentemente haciendo referencia a la profecía de Pablo en 2 Tes. 2: 3.
3. Marco histórico.
Es evidente que el tiempo y el lugar de la redacción de la segunda epístola son los mismos de la primera, por el hecho de que se presentan juntos los mismos tres apóstoles (1 Tes. 1: 1; 2 Tes. 1: 1). Durante su segundo viaje misionero Pablo se quedó en Corinto un año y medio (Hech. 18: 11), y no hay ninguna evidencia de que Silas lo acompañara posteriormente. La segunda carta tuvo que haber sido escrita unos pocos meses después de la primera; por lo tanto, el marco histórico de ambas es, en términos generales, el mismo. El portador de la primera epístola quizá volvió y llevó a Pablo la información de que había un espíritu de agitación frenética, fanática, que se propagaba entre los miembros de Tesalónica debido a la creencia de que la venida del Señor estaba a punto de llegar. Esta situación demandaba atención inmediata. Cualquier demora podría ser fatal para el bienestar de la iglesia, pues entre esos humildes cristianos había algunos pusilánimes que estaban en grave peligro de caer en las redes de los engaños de los perturbadores.
4. Tema.
Teniendo en cuenta los problemas de Tesalónica que motivaron la escritura de esta carta, uno de sus primeros propósitos era asegurar a los humildes cristianos de esa iglesia que habían sido aceptados por el Señor. El apóstol insiste en que él debe agradecer a Dios por las victorias conquistadas. Destaca el progreso de ellos en las virtudes cristianas de la fe (2 Tes. 1: 3), del amor fraternal (2 Tes. 1: 3; cf. 1 Tes. 4: 9-10) y de su firmeza en medio de las persecuciones (2 Tes. 1: 4).
La segunda carta no añade nada en cuanto a la forma de la venida de Cristo y la resurrección de los justos, por lo tanto la primera carta tuvo que haber instruido a la iglesia en cuanto a esos temas; sin embargo, junto con esa enseñanza el apóstol había destacado la necesidad de estar preparados para el gran día del regreso del Señor y de vivir diariamente teniendo siempre en cuenta la segunda venida de Cristo (1 Tes. 5: 1-11; cf. Tito 2: 11-13). Este énfasis en el segundo advenimiento parece que fue entendido por muchos como una indicación de que Pablo esperaba que el retorno del Señor fuera casi inmediato (ver 2 Tes. 2: 2). Por eso se apresuró a explicar que no había querido decir tal cosa, y recordó a sus lectores que primero debía venir la apostasía como personalmente les había enseñado- seguida por la aparición del anticristo (vers. 2-3, 5). Pablo exhorta directamente a los indóciles haraganes, que sin duda decían que era innecesario trabajar debido al inminente advenimiento. Ya los había amonestado en su primera epístola (1 Tes. 4: 11; 5: 14), y ahora les da órdenes y los amonesta en el Señor (2 Tes. 3: 12). Insta a la iglesia a tomar medidas disciplinarias contra ellos con el propósito de reformarlos (vers. 14-15).
El tema de la segunda epístola, como el de la primera, es la piedad práctica (cap. 1: 11- 12). Los débiles deben ser consolados y confirmados (cap. 2: 17); debe hacerse callar a los perturbadores (cap. 3: 12). La iglesia debe conocer la obra engañosa del gran adversario para causar la apostasía y el reinado del anticristo, y también la destrucción final de todo el poder de Satanás (cap. 2: 3-12). Pablo, teniendo delante de sí la gloriosa esperanza del triunfo de la causa de Dios, insta a la iglesia de Tesalónica a vivir de modo que pueda ser tenida por digna del llamamiento del Señor (cap. 1: 11-12).
5. Bosquejo.
I. Consuelo a los creyentes perseguidos, 1:1- 12.
A. Saludos, 1: 1-2.
B. Agradecimiento a Dios por el crecimiento espiritual de ellos,1: 3-4.
1. Acentuado progreso en fe y amor fraternal, 1: 3.
2. Paciente sufrimiento en la persecución, 1: 4. 271
C. Perspectiva de juicio y salvación, 1: 5-10.
1. Los creyentes perseguidos son tenidos por dignos, 1:5.
2. Los perseguidores recibirán su merecida tribulación, 1: 6.
3. Los justos son liberados de su aflicción en el advenimiento del Señor, 1: 7.
4. Los que rechazan la misericordia de Dios son separados eternamente de él, 1: 8-9.
5. Glorificación de Cristo en sus santos, 1: 10.
D. Oración por los afligidos, 1: 11-12.
II. Enseñanza y exhortación acerca de la consumación anticristiano del mal, 2: 1-17.
A. Advertencias a no ser inducidos al fanatismo en cuanto al tiempo de la venida de Cristo, 2: 1-12.
1. No ser engañados de ninguna manera, 2: 1-2.
2. La apostasía y el reinado del hombre de pecado deben venir primero, 2: 3-4.
3. Alusión a una enseñanza oral previa, 2: 5.
4. Obra misteriosa del adversario, 2: 6-7.
5. La revelación, el destino y la obra del inicuo, 2: 8- 10.
6. El engaño y la condenación de los que aceptan al inicuo, 2: 11-12.
B. Agradecimiento, admonición y oración, 2: 13-17.
1. Gracias a Dios por su elección salvadora de los tesalonicenses, 2: 13-14.
2. Admonición a permanecer firmes y retener la doctrina, 2: 15.
3. Oración en busca de consuelo y firmeza, 2: 16-17.
III. Ruegos finales, admoniciones y órdenes, 3: 1-15.
A. Pedido de oración en favor de los apóstoles, 3: 1-2.
B. Confianza de Pablo y petición a favor de los tesalonicenses, 3: 3-5.
C. Ordenes y exhortaciones acerca de los que andan desordenadamente, 3: 6-15.
1. Orden de apartarse de los perturbadores, 3: 6.
2. El ejemplo personal de los apóstoles, 3: 7-9.
3. Orden previa acerca de los haraganes, 3: 10.
4. Nuevas órdenes, 3: 11-13.
5. Consejo acerca de los obstinados, 3: 14-15.
IV. Oraciones y saludos finales, 3: 16-18.
A. Oración por la paz, 3: 16.
B. Salutación personal, 3: 17.
C. Bendición, 3: 18. 272
1. Título.
En los manuscritos griegos más antiguos que conocemos, el título de esta epístola sencillamente es, Pros Thessalonikéis B ("A [los] Tesalonicenses Il"). El título más extenso, Segunda Epístola del Apóstol San Pablo a los Tesalonicenses, es de una redacción posterior.
2. Autor.
Tradicionalmente no se había dudado seriamente de la paternidad paulina de esta epístola. El carácter de Pablo se refleja en toda ella. La tierna consideración del apóstol por sus conversos (cap. 2: 13-11), su elogio de las virtudes de ellos (cap. 1: 3-5; 3: 4), el extremo cuidado con que señala las debilidades y, sin embargo, la enérgica naturaleza de sus órdenes llenas de autoridad (cap. 3: 6, 12), demuestran que el autor fue Pablo. No fue sino hasta comienzos del siglo XIX que se puso seriamente en duda la paternidad literaria paulina de la sección que trata del "hombre de pecado". Se argumentó que en ninguna de las otras epístolas de Pablo hay nada de naturaleza apocalíptico; sin embargo, este hecho no hace que sea irrazonable la opinión por largo tiempo sostenida de que Pablo es el autor de la epístola. Es cierto que en ninguna otra parte trata tan directamente de un tema apocalíptico, pero el hecho de que tuviera visiones (Hech. 22: 17-21; 2 Cor. 12: 2-4) hace comprensible que pudiera haber escrito un pasaje de estilo apocalíptico. La forma en que el autor se ocupó de esta profecía es claramente paulina, pues expresa el más ferviente anhelo de que el pueblo de Dios no sea engañado en cuanto al tiempo de la venida del Señor, sino que esté preparado para ese gran acontecimiento.
La autenticidad de la epístola tiene un sólido fundamento. Además de ser mencionada en las más antiguas listas de libros del NT, los mismos antiguos escritores eclesiásticos que se refirieron a la primera epístola citan o hacen referencia a la segunda. Además, parece que era conocida por Policarpo (c. 150 d. C.; Epístola de Policarpo a los filipenses 11); y Justino Mártir (c. 150 d. C.; Diálogo con Trifón 32; 110) menciona al "hombre de pecado", aparentemente haciendo referencia a la profecía de Pablo en 2 Tes. 2: 3.
3. Marco histórico.
Es evidente que el tiempo y el lugar de la redacción de la segunda epístola son los mismos de la primera, por el hecho de que se presentan juntos los mismos tres apóstoles (1 Tes. 1: 1; 2 Tes. 1: 1). Durante su segundo viaje misionero Pablo se quedó en Corinto un año y medio (Hech. 18: 11), y no hay ninguna evidencia de que Silas lo acompañara posteriormente. La segunda carta tuvo que haber sido escrita unos pocos meses después de la primera; por lo tanto, el marco histórico de ambas es, en términos generales, el mismo. El portador de la primera epístola quizá volvió y llevó a Pablo la información de que había un espíritu de agitación frenética, fanática, que se propagaba entre los miembros de Tesalónica debido a la creencia de que la venida del Señor estaba a punto de llegar. Esta situación demandaba atención inmediata. Cualquier demora podría ser fatal para el bienestar de la iglesia, pues entre esos humildes cristianos había algunos pusilánimes que estaban en grave peligro de caer en las redes de los engaños de los perturbadores.
4. Tema.
Teniendo en cuenta los problemas de Tesalónica que motivaron la escritura de esta carta, uno de sus primeros propósitos era asegurar a los humildes cristianos de esa iglesia que habían sido aceptados por el Señor. El apóstol insiste en que él debe agradecer a Dios por las victorias conquistadas. Destaca el progreso de ellos en las virtudes cristianas de la fe (2 Tes. 1: 3), del amor fraternal (2 Tes. 1: 3; cf. 1 Tes. 4: 9-10) y de su firmeza en medio de las persecuciones (2 Tes. 1: 4).
La segunda carta no añade nada en cuanto a la forma de la venida de Cristo y la resurrección de los justos, por lo tanto la primera carta tuvo que haber instruido a la iglesia en cuanto a esos temas; sin embargo, junto con esa enseñanza el apóstol había destacado la necesidad de estar preparados para el gran día del regreso del Señor y de vivir diariamente teniendo siempre en cuenta la segunda venida de Cristo (1 Tes. 5: 1-11; cf. Tito 2: 11-13). Este énfasis en el segundo advenimiento parece que fue entendido por muchos como una indicación de que Pablo esperaba que el retorno del Señor fuera casi inmediato (ver 2 Tes. 2: 2). Por eso se apresuró a explicar que no había querido decir tal cosa, y recordó a sus lectores que primero debía venir la apostasía como personalmente les había enseñado- seguida por la aparición del anticristo (vers. 2-3, 5). Pablo exhorta directamente a los indóciles haraganes, que sin duda decían que era innecesario trabajar debido al inminente advenimiento. Ya los había amonestado en su primera epístola (1 Tes. 4: 11; 5: 14), y ahora les da órdenes y los amonesta en el Señor (2 Tes. 3: 12). Insta a la iglesia a tomar medidas disciplinarias contra ellos con el propósito de reformarlos (vers. 14-15).
El tema de la segunda epístola, como el de la primera, es la piedad práctica (cap. 1: 11- 12). Los débiles deben ser consolados y confirmados (cap. 2: 17); debe hacerse callar a los perturbadores (cap. 3: 12). La iglesia debe conocer la obra engañosa del gran adversario para causar la apostasía y el reinado del anticristo, y también la destrucción final de todo el poder de Satanás (cap. 2: 3-12). Pablo, teniendo delante de sí la gloriosa esperanza del triunfo de la causa de Dios, insta a la iglesia de Tesalónica a vivir de modo que pueda ser tenida por digna del llamamiento del Señor (cap. 1: 11-12).
5. Bosquejo.
I. Consuelo a los creyentes perseguidos, 1:1- 12.
A. Saludos, 1: 1-2.
B. Agradecimiento a Dios por el crecimiento espiritual de ellos,1: 3-4.
1. Acentuado progreso en fe y amor fraternal, 1: 3.
2. Paciente sufrimiento en la persecución, 1: 4. 271
C. Perspectiva de juicio y salvación, 1: 5-10.
1. Los creyentes perseguidos son tenidos por dignos, 1:5.
2. Los perseguidores recibirán su merecida tribulación, 1: 6.
3. Los justos son liberados de su aflicción en el advenimiento del Señor, 1: 7.
4. Los que rechazan la misericordia de Dios son separados eternamente de él, 1: 8-9.
5. Glorificación de Cristo en sus santos, 1: 10.
D. Oración por los afligidos, 1: 11-12.
II. Enseñanza y exhortación acerca de la consumación anticristiano del mal, 2: 1-17.
A. Advertencias a no ser inducidos al fanatismo en cuanto al tiempo de la venida de Cristo, 2: 1-12.
1. No ser engañados de ninguna manera, 2: 1-2.
2. La apostasía y el reinado del hombre de pecado deben venir primero, 2: 3-4.
3. Alusión a una enseñanza oral previa, 2: 5.
4. Obra misteriosa del adversario, 2: 6-7.
5. La revelación, el destino y la obra del inicuo, 2: 8- 10.
6. El engaño y la condenación de los que aceptan al inicuo, 2: 11-12.
B. Agradecimiento, admonición y oración, 2: 13-17.
1. Gracias a Dios por su elección salvadora de los tesalonicenses, 2: 13-14.
2. Admonición a permanecer firmes y retener la doctrina, 2: 15.
3. Oración en busca de consuelo y firmeza, 2: 16-17.
III. Ruegos finales, admoniciones y órdenes, 3: 1-15.
A. Pedido de oración en favor de los apóstoles, 3: 1-2.
B. Confianza de Pablo y petición a favor de los tesalonicenses, 3: 3-5.
C. Ordenes y exhortaciones acerca de los que andan desordenadamente, 3: 6-15.
1. Orden de apartarse de los perturbadores, 3: 6.
2. El ejemplo personal de los apóstoles, 3: 7-9.
3. Orden previa acerca de los haraganes, 3: 10.
4. Nuevas órdenes, 3: 11-13.
5. Consejo acerca de los obstinados, 3: 14-15.
IV. Oraciones y saludos finales, 3: 16-18.
A. Oración por la paz, 3: 16.
B. Salutación personal, 3: 17.
C. Bendición, 3: 18. 272
29 de abril de 2010
La Epístola del Apóstol San Pablo a los COLOSENSES
INTRODUCCIÓN
1. Título.
Es probable que esta epístola, como otras de Pablo, originalmente no llevara ningún título, pues es una carta. Los manuscritos existentes más antiguos tienen el sencillo título, Pros kolossáeis ("A [los] Colosenses"), lo que sin duda fue añadido por algún antiguo escriba cuando se recopilaron las cartas de Pablo y se publicaron en conjunto. Pero es evidente que este título es correcto (cap. 1: 2).
2. Autor.
Esta epístola lleva los nombres de Pablo y Timoteo como sus autores (cap. 1: 1); sin embargo, las repetidas referencias que hay en la carta demuestran que en realidad fue Pablo el que la escribió (cap. 2: 1; 4: 3-4, 7-8, 13, 18) en su nombre como en el de su colaborador más joven. La iglesia primitiva unánimemente atribuyó la carta a Pablo. Aunque los críticos más extremistas de los siglos XIX y XXI sostienen que esta epístola no fue escrita por Pablo, por lo general los eruditos actuales la atribuyen a él. Acerca de la fecha cuando se escribió.
3. Marco histórico.
No se sabe con exactitud cómo, cuándo o quién fundó la iglesia de Colosas. Pablo utilizó a Efeso como el centro de sus actividades misioneras durante unos tres años (Hech. 20: 31). La energía con que llevó a cabo su evangelización durante ese tiempo, indujo a Lucas a declarar: "Todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús (Hech. 19: 10), y hasta Demetrio afirmó: "Este Pablo. . . en casi toda Asia, ha apartado a muchas gentes con persuasión" (Hech. 19: 26) del paganismo. Escribiendo a los corintios cerca del fin de su permanencia en Efeso y sus alrededores, el apóstol les envió saludos de "las iglesias de Asia" (1 Cor. 16: 19). Esto significa que la provincia romana de Asia era en ese tiempo el campo misionero del apóstol (cf. 2 Cor. 1: 8; Rom. 16: 5, donde la evidencia textual establece el texto "Asia" [BJ, BC, BA, NC] y no "Acaya"). Visitantes de toda Asia acudían al gran puerto marítimo de Efeso, y los mensajes de Pablo tuvieron que ser ampliamente difundidos por los viajeros que regresaban a sus lugares de origen (Hech. 19: 10). De esa manera dos ciudadanos de Colosas -Epafras (Col. 4: 12) y Filemón (File. 1; cf. File. 10-11; Col. 4: 9) -quizá oyeron las buenas nuevas de la salvación; y junto con otros pudieron haber llevado el Evangelio a sus conciudadanos (cf. cap. 1: 7). Por lo tanto, aunque Pablo pudo no ser el fundador de la iglesia de Colosas (cap. 2: 1), probablemente fue en sentido muy real, su padre. Según esta epístola es evidente que él se sentía responsable por la condición espiritual de los cristianos colosenses, y que conocía bien sus necesidades y los peligros en que estaban. Parece que esa información le fue llevada a Roma por Epafras (Col. 1: 7; cf. File. 23), y ésa fue la razón inmediata de que les escribiera la epístola. El peligro que asechaba a los creyentes de Colosas lo producían las falsas enseñanzas que se estaban propagando entre ellos. No se pueden determinar los detalles precisos de esas enseñanzas. Algunos eruditos las han identificado como provenientes de dos focos: los judaizantes y los gnósticos. Indudablemente contenían elementos judaizantes, y algunas de las falsas doctrinas a las que se hace alusión en esta epístola son similares a las que sostenían ciertos gnósticos en los siglos II y III.
Sin embargo, en vista de la gran incertidumbre que hay en cuanto a la situación de ese entonces, probablemente sea preferible entender que las falsas enseñanzas de Colosas eran una mezcla de judaísmo y de alguna clase de paganismo oriental (quizá una forma antigua de gnosticismo) y no dos sistemas separados de enseñanzas. La literatura apocalíptica judía y los Manuscritos del Mar Muerto muestran que tales mezclas eran frecuentes entre los judíos de ese tiempo. El concepto de los ángeles organizados en categorías (Col. 1: 16) es familiar en la literatura apócrifa judía; y tal como se describe ese concepto en Colosenses, parece estar muy cerca de la idea de "emanaciones", como se encuentra en escritos gnósticos posteriores. Los términos "misterio" (cap. 1: 26-27) y "conocimiento" (cap. 2: 3) -que Pablo aquí parece estar tomando de los falsos maestros y usándolos en un sentido cristiano- aparecen en los Manuscritos del Mar Muerto como términos religiosos aceptados. Esas palabras tenían sin duda un sentido claramente religioso en los misterios paganos y en el gnosticismo. La "plenitud" (Gr. pléroma, cap. 1: 19), que según Pablo se halla en Cristo, por lo menos posteriormente fue un término gnóstico común para referirse a las "emanaciones", los seres subsidiarios intermedios que se pensaba que emanaban de Dios y que eran intermediarios entre él y el mundo. Es imposible decir hasta dónde se habían introducido esos conceptos en Colosas.
Sin embargo, lo siguiente parece ser claro: los falsos maestros de Colosas enseñaban la existencia de seres angelicales dispuestos en órdenes diferentes, intermediarios entre Dios y el mundo, que actuaban como mediadores de los hombres, les proporcionaban salvación y merecían que se les rindiera culto. Esos maestros insistían al mismo tiempo en un ceremonial extremadamente legalista que seguía los moldes judaicos y ponía énfasis en la circuncisión, en tabúes, en asuntos de comidas y bebidas y la observancia de festividades. Pablo escribió la Epístola a los Colosenses para atacar tales enseñanzas.
Esta epístola fue redactada sin duda en Roma alrededor del año 62 d. C., durante el primer encarcelamiento de Pablo.
4. Tema.
En la Epístola a los Colosenses Pablo se expresa enfáticamente contra la herejía prevaleciente en esa iglesia.
En Gálatas y en otros escritos refuta únicamente a los judaizantes, pero aquí su propósito es mixto: no sólo se preocupa por refutar el legalismo judaizante, sino que también se opone a ciertos elementos paganos que procuraban degradar o eclipsar el ministerio de Cristo. Por lo tanto, ataca la idea de intermediarios angélicos como agentes de creación y mediación, y declara que únicamente Cristo es Creador y Mediador (cap. 1: 16, 20). Cristo es la "cabeza" tanto de las cosas materiales como de las espirituales (cap. 1: 18; 2: 19). En él no hay ningún dualismo. Jesús está por encima de todo (cap. 1: 18). Por él subsisten todas las cosas (vers. 17). Es Dios (vers. 15). En él mora la "plenitud" (vers. 19). No necesita de subordinados o emanaciones. Pablo asegura que en Cristo están "todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento (cap. 2: 3). El misterio consumado y salvador no es un conocimiento esotérico referente a diferentes órdenes de ángeles (ver com. cap. 1: 16), sino "Cristo en vosotros, la esperanza de gloria" (vers. 27). Por eso condena el culto a los ángeles que los falsos maestros propiciaban como una negación de la perfección de Cristo como Sustentador y Mediador (cap. 2: 18-19).
El apóstol también trata de los resultados morales de esas herejías. Prohíbe por igual los extremos de un ascetismo demasiado rígido y de la licencia desenfrenada (cap. 2: 16, 20-21; 3: 5, 8-9). Ambas herejías sostenían que la voluntad humana es soberana. Este "culto a la voluntad" es una humildad falsa o fingida, y por lo tanto condenable. Todas las complacencias carnales (y la lista del apóstol es casi exhaustiva) son rigurosamente condenadas. Pablo presenta a Cristo como el Creador y el Sustentador del universo, Cabeza, Mediador y Emancipador de la iglesia. En Cristo los principios sustituyen a las ceremonias. El apóstol escribe clara, lógica y vigorosamente a sus amigos de Colosas, persuadiéndolos a que se vuelvan de las vanas e inútiles especulaciones a la realidad del Evangelio de Cristo.
5. Bosquejo.
I. Introducción, 1: 1-13.
A. Saludos iniciales, 1: 1-2.
B. Gratitud de Pablo por el progreso de los colosenses, 1: 3-8.
C. Oración por un futuro progreso en conocimiento y buenas obras, 1: 9-11.
D. Acción de gracias por las bendiciones de Dios, 1: 12-13.
II. Sección doctrinal, 1: 14 a 2: 3.
A. La preeminencia de Cristo, 1: 14-19.
B. La obra de Cristo, 1: 20-22.
C. El ministerio de Pablo, pastor subordinado a Cristo, 1: 23 a 2: 3.
III. Sección didáctica, 2: 4-23.
A. Amonestación contra el error, 2: 4-8.
B. Cristo, la solución de los problemas doctrinales, 2: 9-23.
1. Cristo, la plenitud de Dios, 2: 9.
2. Cristo, cabeza de todo principado y toda potestad, 2:10.
3. Cristo, el medio y el poder que motiva la conversión, 2:11-13.
4. Cristo, la terminación del ya caduco sistema legalista, 2: 14-17.
5. Amonestaciones contra las filosofías y falsas especulaciones, 2: 18-23.
IV. Sección exhortatoria, 3: 1 a 4: 6.
A. El cristiano muerto al mundo sólo vive para Cristo, 3: 1-4.
B. Las pasiones de la carne eliminadas por el poder de Cristo, 3: 5-11.
C. Verdadera semejanza a Cristo desarrollada por el creyente cristiano, 3: 12-17.
D. Deberes de las relaciones sociales, 3: 18 a 4: 1.
1. De esposas y esposos, 3: 18-19.
2. De hijos y padres, 3: 20-21.
3. De esclavos y amos, 3: 22 a 4: 1.
E. Instrucción general, 4: 26.
V. Conclusión, 4: 7-18.
A. Explicaciones personales, 4: 7-9.
B. Saludos, 4: 10-18.
1. Título.
Es probable que esta epístola, como otras de Pablo, originalmente no llevara ningún título, pues es una carta. Los manuscritos existentes más antiguos tienen el sencillo título, Pros kolossáeis ("A [los] Colosenses"), lo que sin duda fue añadido por algún antiguo escriba cuando se recopilaron las cartas de Pablo y se publicaron en conjunto. Pero es evidente que este título es correcto (cap. 1: 2).
2. Autor.
Esta epístola lleva los nombres de Pablo y Timoteo como sus autores (cap. 1: 1); sin embargo, las repetidas referencias que hay en la carta demuestran que en realidad fue Pablo el que la escribió (cap. 2: 1; 4: 3-4, 7-8, 13, 18) en su nombre como en el de su colaborador más joven. La iglesia primitiva unánimemente atribuyó la carta a Pablo. Aunque los críticos más extremistas de los siglos XIX y XXI sostienen que esta epístola no fue escrita por Pablo, por lo general los eruditos actuales la atribuyen a él. Acerca de la fecha cuando se escribió.
3. Marco histórico.
No se sabe con exactitud cómo, cuándo o quién fundó la iglesia de Colosas. Pablo utilizó a Efeso como el centro de sus actividades misioneras durante unos tres años (Hech. 20: 31). La energía con que llevó a cabo su evangelización durante ese tiempo, indujo a Lucas a declarar: "Todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús (Hech. 19: 10), y hasta Demetrio afirmó: "Este Pablo. . . en casi toda Asia, ha apartado a muchas gentes con persuasión" (Hech. 19: 26) del paganismo. Escribiendo a los corintios cerca del fin de su permanencia en Efeso y sus alrededores, el apóstol les envió saludos de "las iglesias de Asia" (1 Cor. 16: 19). Esto significa que la provincia romana de Asia era en ese tiempo el campo misionero del apóstol (cf. 2 Cor. 1: 8; Rom. 16: 5, donde la evidencia textual establece el texto "Asia" [BJ, BC, BA, NC] y no "Acaya"). Visitantes de toda Asia acudían al gran puerto marítimo de Efeso, y los mensajes de Pablo tuvieron que ser ampliamente difundidos por los viajeros que regresaban a sus lugares de origen (Hech. 19: 10). De esa manera dos ciudadanos de Colosas -Epafras (Col. 4: 12) y Filemón (File. 1; cf. File. 10-11; Col. 4: 9) -quizá oyeron las buenas nuevas de la salvación; y junto con otros pudieron haber llevado el Evangelio a sus conciudadanos (cf. cap. 1: 7). Por lo tanto, aunque Pablo pudo no ser el fundador de la iglesia de Colosas (cap. 2: 1), probablemente fue en sentido muy real, su padre. Según esta epístola es evidente que él se sentía responsable por la condición espiritual de los cristianos colosenses, y que conocía bien sus necesidades y los peligros en que estaban. Parece que esa información le fue llevada a Roma por Epafras (Col. 1: 7; cf. File. 23), y ésa fue la razón inmediata de que les escribiera la epístola. El peligro que asechaba a los creyentes de Colosas lo producían las falsas enseñanzas que se estaban propagando entre ellos. No se pueden determinar los detalles precisos de esas enseñanzas. Algunos eruditos las han identificado como provenientes de dos focos: los judaizantes y los gnósticos. Indudablemente contenían elementos judaizantes, y algunas de las falsas doctrinas a las que se hace alusión en esta epístola son similares a las que sostenían ciertos gnósticos en los siglos II y III.
Sin embargo, en vista de la gran incertidumbre que hay en cuanto a la situación de ese entonces, probablemente sea preferible entender que las falsas enseñanzas de Colosas eran una mezcla de judaísmo y de alguna clase de paganismo oriental (quizá una forma antigua de gnosticismo) y no dos sistemas separados de enseñanzas. La literatura apocalíptica judía y los Manuscritos del Mar Muerto muestran que tales mezclas eran frecuentes entre los judíos de ese tiempo. El concepto de los ángeles organizados en categorías (Col. 1: 16) es familiar en la literatura apócrifa judía; y tal como se describe ese concepto en Colosenses, parece estar muy cerca de la idea de "emanaciones", como se encuentra en escritos gnósticos posteriores. Los términos "misterio" (cap. 1: 26-27) y "conocimiento" (cap. 2: 3) -que Pablo aquí parece estar tomando de los falsos maestros y usándolos en un sentido cristiano- aparecen en los Manuscritos del Mar Muerto como términos religiosos aceptados. Esas palabras tenían sin duda un sentido claramente religioso en los misterios paganos y en el gnosticismo. La "plenitud" (Gr. pléroma, cap. 1: 19), que según Pablo se halla en Cristo, por lo menos posteriormente fue un término gnóstico común para referirse a las "emanaciones", los seres subsidiarios intermedios que se pensaba que emanaban de Dios y que eran intermediarios entre él y el mundo. Es imposible decir hasta dónde se habían introducido esos conceptos en Colosas.
Sin embargo, lo siguiente parece ser claro: los falsos maestros de Colosas enseñaban la existencia de seres angelicales dispuestos en órdenes diferentes, intermediarios entre Dios y el mundo, que actuaban como mediadores de los hombres, les proporcionaban salvación y merecían que se les rindiera culto. Esos maestros insistían al mismo tiempo en un ceremonial extremadamente legalista que seguía los moldes judaicos y ponía énfasis en la circuncisión, en tabúes, en asuntos de comidas y bebidas y la observancia de festividades. Pablo escribió la Epístola a los Colosenses para atacar tales enseñanzas.
Esta epístola fue redactada sin duda en Roma alrededor del año 62 d. C., durante el primer encarcelamiento de Pablo.
4. Tema.
En la Epístola a los Colosenses Pablo se expresa enfáticamente contra la herejía prevaleciente en esa iglesia.
En Gálatas y en otros escritos refuta únicamente a los judaizantes, pero aquí su propósito es mixto: no sólo se preocupa por refutar el legalismo judaizante, sino que también se opone a ciertos elementos paganos que procuraban degradar o eclipsar el ministerio de Cristo. Por lo tanto, ataca la idea de intermediarios angélicos como agentes de creación y mediación, y declara que únicamente Cristo es Creador y Mediador (cap. 1: 16, 20). Cristo es la "cabeza" tanto de las cosas materiales como de las espirituales (cap. 1: 18; 2: 19). En él no hay ningún dualismo. Jesús está por encima de todo (cap. 1: 18). Por él subsisten todas las cosas (vers. 17). Es Dios (vers. 15). En él mora la "plenitud" (vers. 19). No necesita de subordinados o emanaciones. Pablo asegura que en Cristo están "todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento (cap. 2: 3). El misterio consumado y salvador no es un conocimiento esotérico referente a diferentes órdenes de ángeles (ver com. cap. 1: 16), sino "Cristo en vosotros, la esperanza de gloria" (vers. 27). Por eso condena el culto a los ángeles que los falsos maestros propiciaban como una negación de la perfección de Cristo como Sustentador y Mediador (cap. 2: 18-19).
El apóstol también trata de los resultados morales de esas herejías. Prohíbe por igual los extremos de un ascetismo demasiado rígido y de la licencia desenfrenada (cap. 2: 16, 20-21; 3: 5, 8-9). Ambas herejías sostenían que la voluntad humana es soberana. Este "culto a la voluntad" es una humildad falsa o fingida, y por lo tanto condenable. Todas las complacencias carnales (y la lista del apóstol es casi exhaustiva) son rigurosamente condenadas. Pablo presenta a Cristo como el Creador y el Sustentador del universo, Cabeza, Mediador y Emancipador de la iglesia. En Cristo los principios sustituyen a las ceremonias. El apóstol escribe clara, lógica y vigorosamente a sus amigos de Colosas, persuadiéndolos a que se vuelvan de las vanas e inútiles especulaciones a la realidad del Evangelio de Cristo.
5. Bosquejo.
I. Introducción, 1: 1-13.
A. Saludos iniciales, 1: 1-2.
B. Gratitud de Pablo por el progreso de los colosenses, 1: 3-8.
C. Oración por un futuro progreso en conocimiento y buenas obras, 1: 9-11.
D. Acción de gracias por las bendiciones de Dios, 1: 12-13.
II. Sección doctrinal, 1: 14 a 2: 3.
A. La preeminencia de Cristo, 1: 14-19.
B. La obra de Cristo, 1: 20-22.
C. El ministerio de Pablo, pastor subordinado a Cristo, 1: 23 a 2: 3.
III. Sección didáctica, 2: 4-23.
A. Amonestación contra el error, 2: 4-8.
B. Cristo, la solución de los problemas doctrinales, 2: 9-23.
1. Cristo, la plenitud de Dios, 2: 9.
2. Cristo, cabeza de todo principado y toda potestad, 2:10.
3. Cristo, el medio y el poder que motiva la conversión, 2:11-13.
4. Cristo, la terminación del ya caduco sistema legalista, 2: 14-17.
5. Amonestaciones contra las filosofías y falsas especulaciones, 2: 18-23.
IV. Sección exhortatoria, 3: 1 a 4: 6.
A. El cristiano muerto al mundo sólo vive para Cristo, 3: 1-4.
B. Las pasiones de la carne eliminadas por el poder de Cristo, 3: 5-11.
C. Verdadera semejanza a Cristo desarrollada por el creyente cristiano, 3: 12-17.
D. Deberes de las relaciones sociales, 3: 18 a 4: 1.
1. De esposas y esposos, 3: 18-19.
2. De hijos y padres, 3: 20-21.
3. De esclavos y amos, 3: 22 a 4: 1.
E. Instrucción general, 4: 26.
V. Conclusión, 4: 7-18.
A. Explicaciones personales, 4: 7-9.
B. Saludos, 4: 10-18.
La Epístola del Apóstol San Pablo a los FILIPENSES
INTRODUCCIÓN
1. Título.
El título de esta carta se debe a que fue dirigida a los cristianos de Filipos, ciudad de Macedonia. En el comentario de Hech. 16:12 hay una reseña histórica de la ciudad. Los manuscritos más antiguos, que se remontan al siglo III, llevan el sencillo título de Pros filipp'síous ("A [los] filipenses").
2. Autor.
En la carta se menciona al apóstol Pablo como su autor (cap. 1: 1). El apóstol presenta a Timoteo como a uno de sus colaboradores (cap. 1: 1; 2:19), y se refiere a su encarcelamiento (cap. 1:7) y a su anterior predicación en Macedonia (cap. 4:15) de una manera completamente natural y en armonía con lo que se sabe de la vida de Pablo. La iglesia primitiva unánimemente reconoció que esta carta era de Pablo. El primer testimonio extrabíblico en cuanto a la paternidad literaria paulina de esta epístola, proviene de Policarpo, líder y mártir cristiano de mediados del siglo II. La evidencia en cuanto a la paternidad literaria de Pablo es tan manifiesta, que hay pocos motivos para ponerla en duda. Acerca de la fecha cuando se escribió la epístola.
3. Marco histórico.
La Epístola a los Filipenses fue escrita en Roma durante el primer encarcelamiento de Pablo en esa ciudad. Habían pasado más de diez años desde que Pablo predicara por primera vez el Evangelio en Filipos. Lucas describe las circunstancias de la primera visita del apóstol a Filipos (Hech. 16). Mientras el apóstol estaba en Troas, en la costa noroeste del Asia Menor, alrededor del año 50 d. C., recibió una visión en la que contempló a "un varón macedonio" que le suplicaba: "pasa a Macedonia, y ayúdanos" (Hech. 16: 8-9). Pablo y sus compañeros, Silas, Timoteo y Lucas, respondieron inmediatamente viajando a Filipos por la vía de Neápolis. Filipos fue el primer lugar de Europa donde se predicó el Evangelio Hech. 16:11-12). Los misioneros se unieron allí con un reducido grupo de creyentes para celebrar un culto fuera de la ciudad, a la orilla de un río (Hech. 16:13). Entre los presentes se destacaba la presencia de "Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira". Lidia y los suyos recibieron con alegría el mensaje del apóstol, se convirtieron y fueron bautizados. Posteriormente, mientras Pablo y Silas se ocupaban en su obra de enseñanza, se encontraron con una muchacha esclava poseída por un espíritu de adivinación, la cual repetidas veces los anunciaba como "siervos del Dios Altísimo". Pero cuando Pablo libero a la muchacha de ese mal espíritu, los que habían sido sus amos instigaron a una turba contra los apóstoles, y Pablo y Silas fueron golpeados y encarcelados. Entonces se produjo un terremoto a la media noche, e inmediatamente el carcelero se convirtió y también su familia. En esta forma comenzó la iglesia de Filipos. Su feligresía estaba formada por Lidia, la vendedora de púrpura de Tiatira y su casa, el carcelero, que quizá era romano (ver com. Hech. 16:23), y su familia, y otros.
Varios años más tarde, cuando regresaba a Jerusalén después de terminar su tercer viaje misionero, Pablo se detuvo otra vez en Filipos. Era el tiempo de la pascua, y el apóstol la observó con los creyentes. Debe haber disfrutado de unos días de pacífica y feliz comunión que le fue concedida junto con aquellos que se encontraban entre los más amados y leales de todos sus conversos (Hech. 20:6; cf. HAp 312-314).
Pablo regresó a Jerusalén, y poco después fue arrestado y encarcelado en Cesarea por lo menos durante dos años (Hech. 24: 27). Entonces tuvo lugar su viaje a Roma, donde vivió "dos años enteros en una casa alquilada" (Hech. 28: 30). Durante ese encarcelamiento Pablo escribió, sin duda, su epístola a la iglesia de los filipenses y también las cartas a los colosenses, a los efesios y a Filemón. Roma no se menciona en la Epístola a los Filipenses; pero la referencia de Pablo a "la casa de César" (cap. 4: 22) y su expectativa de una rápida liberación (cap. 2:24), sugieren que Roma fue el lugar en donde la escribió.
En la carta se puede apreciar bastante bien la situación de Filipos, la condición de Pablo y la relación del apóstol con los creyentes filipenses. La iglesia de Filipos era presidida por obispos y diáconos (cap. 1:1); sus miembros estaban sufriendo persecución (vers. 29), e indudablemente se había producido alguna tendencia a la discordia, especialmente entre dos de las hermanas de la iglesia (cap. 4:2); pero no hay ninguna indicación de que hubiera corrupción moral o falsas doctrinas. Había poco que perturbara el gozo y la gratitud con que el apóstol contemplaba el crecimiento de los filipenses en la gracia. Su amor por Pablo era inmutable. Le habían enviado a Epafrodito, uno de sus dirigentes, para que le llevara sus dádivas y lo ayudara en su aflicción (cap. 2:25). Pablo pensaba que sería liberado pronto, y expresaba su confianza de que antes de mucho los vería otra vez (cap. 1:26; 2:24). Más tarde fue liberado y durante un tiempo trabajó entre las iglesias que había ayudado a establecer, lo que tal vez incluyó a la iglesia de Filipos (ver HAp 389).
La ocasión inmediata para que el apóstol escribiera esta carta, fue que Epafrodito -que había enfermado gravemente durante su visita a Pablo en Roma- ya había mejorado lo suficiente como para regresar a Filipos (cap. 2:25-30). Los miembros de la iglesia anhelaban que Epafrodito estuviera con ellos, y Pablo deseó aprovechar la oportunidad para mandar un mensaje de agradecimiento a sus amigos por haberle enviado algunos obsequios, para contarles cómo estaba y recordarles de su interés y oraciones por ellos.
4. Tema.
La Epístola a los Filipenses es una carta de un amigo a sus amigos, una carta de consejo espiritual, escrita para reconocer una ayuda dada con amor. Pablo les habla a los creyentes de Filipos de sus prisiones, del progreso del Evangelio en Roma, de los esfuerzos de ciertos adversarios para afligirlo mediante una oposición sectaria, pues predicaban a Cristo movidos por la envidia y el espíritu de división (cap. 1: 12-17). Les cuenta de la paz interior y del gozo que lo sostuvieron en todas sus aflicciones. Se siente seguro de la simpatía de ellos; les escribe teniendo la confianza plena de la amistad cristiana. Su gozo es el gozo de ellos. Les habla de la incertidumbre de su futuro, pues no sabe cómo terminará su juicio, si en muerte o en vida. Pero está preparado para ambas: una vida santa es una bendición, y también lo es una muerte santa (vers. 19-24). Les habla de que acepta sus presentes con gratitud. No había estado dispuesto a recibir ayuda de otras iglesias, pero con ellos compartía una estrecha intimidad, y esa amistad afectuosa y confiada hacía que estuviera listo para aceptar la ayuda de ellos (cap. 4:14-17). La apreciaba no tanto como un alivio para sus propias necesidades, sino más bien como una evidencia adicional del amor de ellos por él y de su crecimiento en ese amor, que es la primera de las virtudes cristianas. El, les dice, se sentía contento, pues había aprendido a bastarse a sí mismo en el sentido cristiano. Nadie sentía como él sus propias debilidades, pero podía hacer todas las cosas con la fortaleza de Cristo (vers. 10-13).
Por lo tanto, el tema de la epístola es el gozo en Cristo. Pablo escribió esta carta mientras estaba preso y sin saber qué le sucedería; sin embargo, utiliza repetidas veces las palabras "gozo" y "regocijaos". La expresión "en Cristo" aparece con frecuencia, y cuando está unida con el pensamiento de gozo, expresa adecuadamente el tema de la epístola.
5. Bosquejo.
l .Introducción, 1: 1 - 11.
A. Saludos a los filipenses, 1: 1-2.
B. Acción de gracias por los conversos de Pablo, 1:3-8.
C. Oración por el continuo crecimiento de ellos, 1:9-11.
II. Repaso de las circunstancias y los sentimientos de Pablo, 1: 12-26.
A. Su encarcelamiento y su efecto en el progreso del Evangelio, 1: 12-17.
1. Le añadió publicidad, 1: 12-13.
2. Aumentó el testimonio de los miembros de iglesia, 1: 14.
3. Produjo una predicación maliciosa, 1: 15-17.
B. Actitud de Pablo hacia su encarcelamiento, 1: 18-26.
1. Regocijo porque Cristo es más ampliamente predicado, 1: 18.
2. Convicción acerca de su beneficio espiritual, 1: 19.
3. Determinación de ensalzar a Cristo, en vida o en muerte, 1:20-26.
III. Exhortación a la unidad y a la abnegación, 1:27 a 2:16.
A. Necesidad de una firme intrepidez, 1:27-28.
B. Paciencia ante el sufrimiento, 1:29-30.
C. Exhortación a la unidad y a la humildad cristianas, 2:1-4.
D. Cristo, el modelo supremo de humildad, 2:5-11.
E. Aplicación práctica del modelo, 2:12-16.
IV. Explicación de los planes de Pablo para el futuro, 2:17-30.
A. Su plan de enviarles a Timoteo, 2:17-23.
B. Su esperanza de ser pronto liberado, 2:24.
C. Su plan inmediato de enviarles a Epafrodito, 2:25-30.
1. Enfermedad y restablecimiento de Epafrodito, 2:25-27.
2. Epafrodito es elogiado, 2:28-30.
V. Una nueva exhortación con un paréntesis doctrinal, 3:1 a 4:9.
A. Regocijo en el Señor, 3: 1.
B. Amonestación contra dos errores, 3:2-21.
1. Judaísmo: las obras en oposición a la gracia, 3:2-16.
a. La verdadera circuncisión, 3:2-3.
b. Pablo resta importancia a sus antecedentes hebreos, 3:4-7.
c. Nada tiene valor frente al conocimiento de Cristo, 3:8-11.
d. Necesidad de un progreso continuo y unificado, 3:12-16.
2. Materialismo: la mente sensual contra la mente espiritual, 3:17-2 1.
a. Exhortación a imitar a Pablo, 3:17.
b. Amonestación contra los sensuales, 3:18-19.
c. La bendita esperanza, 3:20-21.
C. Renovada exhortación a la firmeza y la unidad, 4:1-3.
D. Exhortación al gozo, la liberación de la ansiedad y la prosecución de metas dignas, 4:4-9.
VI. Conclusión, 4:10-23.
A. Reconocimiento de la dádiva de los filipenses, 4:10-19.
B. Saludos de todos para todos, bendición, 4:20-23.
1. Título.
El título de esta carta se debe a que fue dirigida a los cristianos de Filipos, ciudad de Macedonia. En el comentario de Hech. 16:12 hay una reseña histórica de la ciudad. Los manuscritos más antiguos, que se remontan al siglo III, llevan el sencillo título de Pros filipp'síous ("A [los] filipenses").
2. Autor.
En la carta se menciona al apóstol Pablo como su autor (cap. 1: 1). El apóstol presenta a Timoteo como a uno de sus colaboradores (cap. 1: 1; 2:19), y se refiere a su encarcelamiento (cap. 1:7) y a su anterior predicación en Macedonia (cap. 4:15) de una manera completamente natural y en armonía con lo que se sabe de la vida de Pablo. La iglesia primitiva unánimemente reconoció que esta carta era de Pablo. El primer testimonio extrabíblico en cuanto a la paternidad literaria paulina de esta epístola, proviene de Policarpo, líder y mártir cristiano de mediados del siglo II. La evidencia en cuanto a la paternidad literaria de Pablo es tan manifiesta, que hay pocos motivos para ponerla en duda. Acerca de la fecha cuando se escribió la epístola.
3. Marco histórico.
La Epístola a los Filipenses fue escrita en Roma durante el primer encarcelamiento de Pablo en esa ciudad. Habían pasado más de diez años desde que Pablo predicara por primera vez el Evangelio en Filipos. Lucas describe las circunstancias de la primera visita del apóstol a Filipos (Hech. 16). Mientras el apóstol estaba en Troas, en la costa noroeste del Asia Menor, alrededor del año 50 d. C., recibió una visión en la que contempló a "un varón macedonio" que le suplicaba: "pasa a Macedonia, y ayúdanos" (Hech. 16: 8-9). Pablo y sus compañeros, Silas, Timoteo y Lucas, respondieron inmediatamente viajando a Filipos por la vía de Neápolis. Filipos fue el primer lugar de Europa donde se predicó el Evangelio Hech. 16:11-12). Los misioneros se unieron allí con un reducido grupo de creyentes para celebrar un culto fuera de la ciudad, a la orilla de un río (Hech. 16:13). Entre los presentes se destacaba la presencia de "Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira". Lidia y los suyos recibieron con alegría el mensaje del apóstol, se convirtieron y fueron bautizados. Posteriormente, mientras Pablo y Silas se ocupaban en su obra de enseñanza, se encontraron con una muchacha esclava poseída por un espíritu de adivinación, la cual repetidas veces los anunciaba como "siervos del Dios Altísimo". Pero cuando Pablo libero a la muchacha de ese mal espíritu, los que habían sido sus amos instigaron a una turba contra los apóstoles, y Pablo y Silas fueron golpeados y encarcelados. Entonces se produjo un terremoto a la media noche, e inmediatamente el carcelero se convirtió y también su familia. En esta forma comenzó la iglesia de Filipos. Su feligresía estaba formada por Lidia, la vendedora de púrpura de Tiatira y su casa, el carcelero, que quizá era romano (ver com. Hech. 16:23), y su familia, y otros.
Varios años más tarde, cuando regresaba a Jerusalén después de terminar su tercer viaje misionero, Pablo se detuvo otra vez en Filipos. Era el tiempo de la pascua, y el apóstol la observó con los creyentes. Debe haber disfrutado de unos días de pacífica y feliz comunión que le fue concedida junto con aquellos que se encontraban entre los más amados y leales de todos sus conversos (Hech. 20:6; cf. HAp 312-314).
Pablo regresó a Jerusalén, y poco después fue arrestado y encarcelado en Cesarea por lo menos durante dos años (Hech. 24: 27). Entonces tuvo lugar su viaje a Roma, donde vivió "dos años enteros en una casa alquilada" (Hech. 28: 30). Durante ese encarcelamiento Pablo escribió, sin duda, su epístola a la iglesia de los filipenses y también las cartas a los colosenses, a los efesios y a Filemón. Roma no se menciona en la Epístola a los Filipenses; pero la referencia de Pablo a "la casa de César" (cap. 4: 22) y su expectativa de una rápida liberación (cap. 2:24), sugieren que Roma fue el lugar en donde la escribió.
En la carta se puede apreciar bastante bien la situación de Filipos, la condición de Pablo y la relación del apóstol con los creyentes filipenses. La iglesia de Filipos era presidida por obispos y diáconos (cap. 1:1); sus miembros estaban sufriendo persecución (vers. 29), e indudablemente se había producido alguna tendencia a la discordia, especialmente entre dos de las hermanas de la iglesia (cap. 4:2); pero no hay ninguna indicación de que hubiera corrupción moral o falsas doctrinas. Había poco que perturbara el gozo y la gratitud con que el apóstol contemplaba el crecimiento de los filipenses en la gracia. Su amor por Pablo era inmutable. Le habían enviado a Epafrodito, uno de sus dirigentes, para que le llevara sus dádivas y lo ayudara en su aflicción (cap. 2:25). Pablo pensaba que sería liberado pronto, y expresaba su confianza de que antes de mucho los vería otra vez (cap. 1:26; 2:24). Más tarde fue liberado y durante un tiempo trabajó entre las iglesias que había ayudado a establecer, lo que tal vez incluyó a la iglesia de Filipos (ver HAp 389).
La ocasión inmediata para que el apóstol escribiera esta carta, fue que Epafrodito -que había enfermado gravemente durante su visita a Pablo en Roma- ya había mejorado lo suficiente como para regresar a Filipos (cap. 2:25-30). Los miembros de la iglesia anhelaban que Epafrodito estuviera con ellos, y Pablo deseó aprovechar la oportunidad para mandar un mensaje de agradecimiento a sus amigos por haberle enviado algunos obsequios, para contarles cómo estaba y recordarles de su interés y oraciones por ellos.
4. Tema.
La Epístola a los Filipenses es una carta de un amigo a sus amigos, una carta de consejo espiritual, escrita para reconocer una ayuda dada con amor. Pablo les habla a los creyentes de Filipos de sus prisiones, del progreso del Evangelio en Roma, de los esfuerzos de ciertos adversarios para afligirlo mediante una oposición sectaria, pues predicaban a Cristo movidos por la envidia y el espíritu de división (cap. 1: 12-17). Les cuenta de la paz interior y del gozo que lo sostuvieron en todas sus aflicciones. Se siente seguro de la simpatía de ellos; les escribe teniendo la confianza plena de la amistad cristiana. Su gozo es el gozo de ellos. Les habla de la incertidumbre de su futuro, pues no sabe cómo terminará su juicio, si en muerte o en vida. Pero está preparado para ambas: una vida santa es una bendición, y también lo es una muerte santa (vers. 19-24). Les habla de que acepta sus presentes con gratitud. No había estado dispuesto a recibir ayuda de otras iglesias, pero con ellos compartía una estrecha intimidad, y esa amistad afectuosa y confiada hacía que estuviera listo para aceptar la ayuda de ellos (cap. 4:14-17). La apreciaba no tanto como un alivio para sus propias necesidades, sino más bien como una evidencia adicional del amor de ellos por él y de su crecimiento en ese amor, que es la primera de las virtudes cristianas. El, les dice, se sentía contento, pues había aprendido a bastarse a sí mismo en el sentido cristiano. Nadie sentía como él sus propias debilidades, pero podía hacer todas las cosas con la fortaleza de Cristo (vers. 10-13).
Por lo tanto, el tema de la epístola es el gozo en Cristo. Pablo escribió esta carta mientras estaba preso y sin saber qué le sucedería; sin embargo, utiliza repetidas veces las palabras "gozo" y "regocijaos". La expresión "en Cristo" aparece con frecuencia, y cuando está unida con el pensamiento de gozo, expresa adecuadamente el tema de la epístola.
5. Bosquejo.
l .Introducción, 1: 1 - 11.
A. Saludos a los filipenses, 1: 1-2.
B. Acción de gracias por los conversos de Pablo, 1:3-8.
C. Oración por el continuo crecimiento de ellos, 1:9-11.
II. Repaso de las circunstancias y los sentimientos de Pablo, 1: 12-26.
A. Su encarcelamiento y su efecto en el progreso del Evangelio, 1: 12-17.
1. Le añadió publicidad, 1: 12-13.
2. Aumentó el testimonio de los miembros de iglesia, 1: 14.
3. Produjo una predicación maliciosa, 1: 15-17.
B. Actitud de Pablo hacia su encarcelamiento, 1: 18-26.
1. Regocijo porque Cristo es más ampliamente predicado, 1: 18.
2. Convicción acerca de su beneficio espiritual, 1: 19.
3. Determinación de ensalzar a Cristo, en vida o en muerte, 1:20-26.
III. Exhortación a la unidad y a la abnegación, 1:27 a 2:16.
A. Necesidad de una firme intrepidez, 1:27-28.
B. Paciencia ante el sufrimiento, 1:29-30.
C. Exhortación a la unidad y a la humildad cristianas, 2:1-4.
D. Cristo, el modelo supremo de humildad, 2:5-11.
E. Aplicación práctica del modelo, 2:12-16.
IV. Explicación de los planes de Pablo para el futuro, 2:17-30.
A. Su plan de enviarles a Timoteo, 2:17-23.
B. Su esperanza de ser pronto liberado, 2:24.
C. Su plan inmediato de enviarles a Epafrodito, 2:25-30.
1. Enfermedad y restablecimiento de Epafrodito, 2:25-27.
2. Epafrodito es elogiado, 2:28-30.
V. Una nueva exhortación con un paréntesis doctrinal, 3:1 a 4:9.
A. Regocijo en el Señor, 3: 1.
B. Amonestación contra dos errores, 3:2-21.
1. Judaísmo: las obras en oposición a la gracia, 3:2-16.
a. La verdadera circuncisión, 3:2-3.
b. Pablo resta importancia a sus antecedentes hebreos, 3:4-7.
c. Nada tiene valor frente al conocimiento de Cristo, 3:8-11.
d. Necesidad de un progreso continuo y unificado, 3:12-16.
2. Materialismo: la mente sensual contra la mente espiritual, 3:17-2 1.
a. Exhortación a imitar a Pablo, 3:17.
b. Amonestación contra los sensuales, 3:18-19.
c. La bendita esperanza, 3:20-21.
C. Renovada exhortación a la firmeza y la unidad, 4:1-3.
D. Exhortación al gozo, la liberación de la ansiedad y la prosecución de metas dignas, 4:4-9.
VI. Conclusión, 4:10-23.
A. Reconocimiento de la dádiva de los filipenses, 4:10-19.
B. Saludos de todos para todos, bendición, 4:20-23.
La Epístola del Apóstol San Pablo a los EFESIOS
INTRODUCCIÓN
1. Título.
Casi toda la iglesia cristiana primitiva consideraba que esta epístola fue dirigida a la iglesia de Efeso. Todos los manuscritos conocidos, sin excepción, llevan el título: "a los efesios". Sin embargo, las palabras griegas en EfesÇ, "en Efeso" (cap 1: 1), no se registran en los Códices Vaticano y Sinaítico, dos de los manuscritos más antiguos y autorizados, ni en el Chester Beatty MS P46 papiro manuscrito aún más antiguo. Basilio dijo en el siglo IV que él vio manuscritos antiguos en los cuales las palabras en Efeso estaban omitidas (Contra Eunomio ii. 19). Declaraciones de Orígenes (Comentario) y Tertuliano (Contra Marción v. 17) confirman esta idea; por lo tanto, es claro que en el siglo II existían algunos manuscritos en los cuales no figuraban las palabras en cuestión.
La ausencia de saludos personales en la epístola es un hecho significativo y más aún cuando se recuerda que sin duda Pablo debe haber ganado muchos amigos durante sus tres años de fructífero ministerio en la ciudad de Efeso. Además, la epístola presenta doctrinas aplicables a la iglesia universal.
Hay tres soluciones que comúnmente se sugieren para resolver este problema:
a. La epístola en realidad fue dirigida a la iglesia de Laodicea (cf. Col. 4: 16).
b. Esta epístola originalmente fue una carta circular dirigida a las iglesias de Asia.
c. La epístola fue dirigida a los efesios.
Una respuesta satisfactoria parece surgir de la combinación de las explicaciones b y c. Bien podría ser que esta carta fuera enviada a la iglesia de Efeso, metrópoli del proconsulado de Asia, con la intención de que después fuera enviada a otras iglesias de esa zona. Esto explicaría la tradición que incluye a la iglesia de Efeso como la destinataria de la epístola y también explica por qué existieron copias muy antiguas del libro que no incluían las palabras en EfesÇ, las cuales pudieron haber sido copias del manuscrito original que circularon entre las iglesias vecinas. De todas maneras, esta epístola indudablemente fue leída por los creyentes de Efeso y quizá también por otros en la provincia de Asia.
2. Autor.
La paternidad literaria paulina de la epístola no fue puesta en duda durante siglos; pero a partir del siglo pasado muchos eruditos modernos llegaron a la conclusión de que la epístola no era paulina, o que cuando mucho lo era sólo parcialmente. Se sugería que se trataba nada más que de una paráfrasis de la Epístola a los Colosenses, y que ciertas expresiones Indicaban que el autor nunca había estado en Efeso (Efe. 3: 2-3; 4: 21). Se destacaba el hecho de la ausencia de saludos personales para los miembros de la iglesia de Efeso, donde Pablo había trabajado durante unos tres años (Hech. 20:31). Se afirmaba que el estilo, sentido y propósito de la epístola no eran paulinos, y hasta se sugería que ningún hombre encarcelado podría haber escrito una carta tan animadora.
Desde el mismo comienzo del proceso de separación de los libros apócrifos de los genuinos, la Epístola a los Efesios fue colocada en el canon del Nuevo Testamento. Existe una abrumadora evidencia externa que confirma el derecho a esa afirmación. Tal posición fue evidentemente conocida por Clemente Romano (c. 90 d. C.), y fue confirmada por el testimonio de Ignacio y Policarpo a comienzos del siglo II. Pablo es mencionado por nombre como el autor de la epístola en el Fragmento Muratoriano, y más tarde por Ireneo (c. 185 d. C.), Clemente de Alejandría (c. 190 -195 d. C.), Tertuliano (c. 207 d. C.), y muchos otros escritores antiguos. Este Comentario considera al apóstol Pablo como el autor de la epístola.
3. Marco histórico.
Después de apelar a César haciendo uso de sus derechos como ciudadano romano, Pablo fue enviado a Roma donde probablemente llegó durante la primavera del año 61 d. C. Allí estuvo preso dos años; por lo tanto, es probable que esta epístola fuera escrita por el año 62 d. C.
Mientras estaba preso aparentemente disfrutó de ciertas libertades (cf. Efe. 6: 19; Col. 4: 3-1 l), las que le dieron la oportunidad de reflexionar y escribir. El apóstol aprovechó esta situación y envió muchas instrucciones doctrinales y prácticas a las iglesias de Asia. Parece que las epístolas a los Efesios, a los Colosenses y a Filemón fueron escritas más o menos en ese mismo tiempo, porque Tíquico fue no sólo el portador de las cartas a los Efesios y Colosenses, sino también compañero de viaje de Onésimo, el que llevó la carta a Filemón (Efe. 6: 21; Col. 4: 7-9; File. 12; cf Hap 364). Por lo tanto, Efesios sería una de las cuatro cartas que Pablo escribió durante su primer encarcelamiento. Filipenses, escrita también durante ese mismo período, quizá fue la cuarta epístola.
Se ha sugerido que Efesios pudo haber sido escrita durante el encarcelamiento del apóstol en Cesarea; sin embargo, la evidencia en favor de Roma es mucho mayor. Es indudable que el apóstol estaba preso cuando escribió esta epístola (cap. 3: 1; 4: l); pero las circunstancias de su condición de preso en Roma parecen haber sido más favorables para que escribiera sus epístolas (Hech. 28: 16, 20). Mientras el apóstol estaba preso en Roma esperaba una rápida liberación (File. 22); pero no hay indicación alguna de que hubiera acariciado una esperanza similar en Cesarea. El apóstol había anhelado durante mucho tiempo visitar a Roma (Rom. 15: 23-24), y después de haber llegado allí se propuso ir a Colosas (File. 22); sin embargo, nunca parece que tuvo la intención de viajar de Cesarea a Colosas.
Pablo escribió esta epístola en tiempos y circunstancias que prepararon un ambiente especial para su mensaje. El sanguinario Nerón era emperador; abundaban el libertinaje, la vida fastuosa y los asesinatos. Por ejemplo, se registra que cuando el senador romano L. Pedanio Secundo fue asesinado por un esclavo, aproximadamente 400 esclavos de su propiedad fueron condenados a muerte como castigo, según el procedimiento legal de la época. Alrededor del año cuando se escribió la epístola (62 d. C.), tuvo lugar en las islas británicas el levantamiento de Boadicea (o Baodicea),* donde, según se afirma, "más de 70.000" Romanos perecieron junto con muchos miles de rebeldes. En ambiente semejante y como resultado de una profunda reflexión e inspiración, el apóstol produjo una de sus más nobles declaraciones respecto a la fe como el único medio para que el hombre recobre la paz y se reencuentre consigo mismo. La Epístola a los Efesios ha sido llamada "los Alpes del Nuevo Testamento", y se destaca en medio de las cumbres de las nueve epístolas paulinas escritas a siete iglesias.
4. Tema.
El tema de Efesios es la unidad en Cristo. Pablo escribe a una iglesia (o iglesias) formada por judíos y gentiles, asiáticos y europeos, esclavos y libres, representantes todos de un mundo resquebrajado que debía ser restaurado a la unidad en Cristo. Esto implicaba la unidad de persona, familia, iglesia y raza. La restauración de la unidad individual en la vida de cada creyente asegura la unidad del universo de Dios. El tema de la unidad se presenta explícita e implícitamente a través de toda la epístola.
El apóstol anuncia su tema en un tono de exaltación espiritual, y exhorta a todos a alcanzar la más alta norma de carácter y conducta para lograr la unidad no sólo en doctrina y organización, sino en Cristo, la Cabeza, y en la iglesia, su cuerpo místico. Aunque "en Cristo" es la frase clave, es difícil elegir un versículo específico, porque casi no hay pasaje que no presente de una u otra manera este tema básico. Elección, perdón, predestinación, relaciones en el hogar: todo es "en Cristo".
El apóstol dice menos acerca de la fe que acerca de la gracia. En sus escritos anteriores destaca la relación del individuo con la salvación; aquí pone de relieve al grupo, la iglesia, el cuerpo, y habla de estar "en Cristo" en vez de ocuparse de cosas alcanzadas "mediante Cristo"; de Cristo viviendo en el creyente en vez de Cristo crucificado.
Pablo no desarrolla su tema como un argumento o proposición formal. Trata simplemente de lo que le fue dado a él en revelación, no a causa de poseer un intelecto superior o perspicacia mayor, sino porque era un instrumento de la gracia de Dios a quien le fue conferida una visión de la unidad esencialmente espiritual del reino.
Se puede afirmar que lo que Romanos y Gálatas fueron para el siglo XVI y la Reforma protestante, Efesios lo es para la iglesia de hoy. ¿Qué puede decir el cristianismo respecto a las relaciones del individuo con la familia, de la familia con la nación, de la nación con la raza, y de todos con la iglesia y con Dios. Pablo contesta presentando a Cristo como el centro y fin de todas las cosas, como quien cumple sus propósitos mediante la iglesia, como quien reúne "todas las cosas en Cristo" (cap. 1: 10).
La adquisición de una unidad que conserve la libertad del individuo, de unidad sin rígida uniformidad, es nuestra más urgente necesidad ahora. Al apóstol se le dio una revelación que ofrece la única solución a un problema de gran importancia para todo hombre de bien.
5. Bosquejo.
I. Saludo introductorio, 1: 1-2.
II. Sección doctrinal, 1: 3 a 3: 21.
A. Las bendiciones del creyente, 1: 3-14.
1. Himno de alabanza, 1: 3-10.
2. Sellamiento de los creyentes para salvación, 1:11 - 14.
B. Oración en favor de la iglesia, 1: 15-23.
C. Judíos y gentiles son uno en Cristo, 2: 1-22.
1. Regeneración por el poder de Dios, 2: 1-10.
2. Todos son uno en Cristo, 2: 11-22.
D. La revelación del misterio, 3: 1-2 1.
1. Revelado a los apóstoles y profetas, 3: 1-6.
2. La sabiduría de Dios manifestada por medio de la iglesia, 3: 7-13.
3. Oración en favor de los creyentes y doxología, 3:14-21.
III. Sección práctica, 4: 1 a 6: 20.
A. Unidad por medio de los dones del Espíritu, 4: 1-16.
1. Ruego en pro de una vida unida, 4: 1-6.
2. Naturaleza y propósito de los dones, 4: 7-16.
B. El cambio de vida, 4: 17 a 5: 21.
1. Tinieblas espirituales en contraste con
la vida espiritual, 4: 17-24.
2. La naturaleza de la vida transformada, 4: 25-32.
3. Exhortación a la pureza de vida, 5: 1-14.
4. Insensatez y sabiduría, 5: 15-21.
C. Obligaciones en el seno de la familia, 5: 22 a 6: 9.
1. Entre esposos, 5: 22-23.
2. Entre padres e hijos, 6: 1-4.
3. Entre siervos y amos, 6: 5-9.
D. La armadura del cristiano, 6: 10-20.
IV Conclusión y saludos, 6: 21-24.
1. Título.
Casi toda la iglesia cristiana primitiva consideraba que esta epístola fue dirigida a la iglesia de Efeso. Todos los manuscritos conocidos, sin excepción, llevan el título: "a los efesios". Sin embargo, las palabras griegas en EfesÇ, "en Efeso" (cap 1: 1), no se registran en los Códices Vaticano y Sinaítico, dos de los manuscritos más antiguos y autorizados, ni en el Chester Beatty MS P46 papiro manuscrito aún más antiguo. Basilio dijo en el siglo IV que él vio manuscritos antiguos en los cuales las palabras en Efeso estaban omitidas (Contra Eunomio ii. 19). Declaraciones de Orígenes (Comentario) y Tertuliano (Contra Marción v. 17) confirman esta idea; por lo tanto, es claro que en el siglo II existían algunos manuscritos en los cuales no figuraban las palabras en cuestión.
La ausencia de saludos personales en la epístola es un hecho significativo y más aún cuando se recuerda que sin duda Pablo debe haber ganado muchos amigos durante sus tres años de fructífero ministerio en la ciudad de Efeso. Además, la epístola presenta doctrinas aplicables a la iglesia universal.
Hay tres soluciones que comúnmente se sugieren para resolver este problema:
a. La epístola en realidad fue dirigida a la iglesia de Laodicea (cf. Col. 4: 16).
b. Esta epístola originalmente fue una carta circular dirigida a las iglesias de Asia.
c. La epístola fue dirigida a los efesios.
Una respuesta satisfactoria parece surgir de la combinación de las explicaciones b y c. Bien podría ser que esta carta fuera enviada a la iglesia de Efeso, metrópoli del proconsulado de Asia, con la intención de que después fuera enviada a otras iglesias de esa zona. Esto explicaría la tradición que incluye a la iglesia de Efeso como la destinataria de la epístola y también explica por qué existieron copias muy antiguas del libro que no incluían las palabras en EfesÇ, las cuales pudieron haber sido copias del manuscrito original que circularon entre las iglesias vecinas. De todas maneras, esta epístola indudablemente fue leída por los creyentes de Efeso y quizá también por otros en la provincia de Asia.
2. Autor.
La paternidad literaria paulina de la epístola no fue puesta en duda durante siglos; pero a partir del siglo pasado muchos eruditos modernos llegaron a la conclusión de que la epístola no era paulina, o que cuando mucho lo era sólo parcialmente. Se sugería que se trataba nada más que de una paráfrasis de la Epístola a los Colosenses, y que ciertas expresiones Indicaban que el autor nunca había estado en Efeso (Efe. 3: 2-3; 4: 21). Se destacaba el hecho de la ausencia de saludos personales para los miembros de la iglesia de Efeso, donde Pablo había trabajado durante unos tres años (Hech. 20:31). Se afirmaba que el estilo, sentido y propósito de la epístola no eran paulinos, y hasta se sugería que ningún hombre encarcelado podría haber escrito una carta tan animadora.
Desde el mismo comienzo del proceso de separación de los libros apócrifos de los genuinos, la Epístola a los Efesios fue colocada en el canon del Nuevo Testamento. Existe una abrumadora evidencia externa que confirma el derecho a esa afirmación. Tal posición fue evidentemente conocida por Clemente Romano (c. 90 d. C.), y fue confirmada por el testimonio de Ignacio y Policarpo a comienzos del siglo II. Pablo es mencionado por nombre como el autor de la epístola en el Fragmento Muratoriano, y más tarde por Ireneo (c. 185 d. C.), Clemente de Alejandría (c. 190 -195 d. C.), Tertuliano (c. 207 d. C.), y muchos otros escritores antiguos. Este Comentario considera al apóstol Pablo como el autor de la epístola.
3. Marco histórico.
Después de apelar a César haciendo uso de sus derechos como ciudadano romano, Pablo fue enviado a Roma donde probablemente llegó durante la primavera del año 61 d. C. Allí estuvo preso dos años; por lo tanto, es probable que esta epístola fuera escrita por el año 62 d. C.
Mientras estaba preso aparentemente disfrutó de ciertas libertades (cf. Efe. 6: 19; Col. 4: 3-1 l), las que le dieron la oportunidad de reflexionar y escribir. El apóstol aprovechó esta situación y envió muchas instrucciones doctrinales y prácticas a las iglesias de Asia. Parece que las epístolas a los Efesios, a los Colosenses y a Filemón fueron escritas más o menos en ese mismo tiempo, porque Tíquico fue no sólo el portador de las cartas a los Efesios y Colosenses, sino también compañero de viaje de Onésimo, el que llevó la carta a Filemón (Efe. 6: 21; Col. 4: 7-9; File. 12; cf Hap 364). Por lo tanto, Efesios sería una de las cuatro cartas que Pablo escribió durante su primer encarcelamiento. Filipenses, escrita también durante ese mismo período, quizá fue la cuarta epístola.
Se ha sugerido que Efesios pudo haber sido escrita durante el encarcelamiento del apóstol en Cesarea; sin embargo, la evidencia en favor de Roma es mucho mayor. Es indudable que el apóstol estaba preso cuando escribió esta epístola (cap. 3: 1; 4: l); pero las circunstancias de su condición de preso en Roma parecen haber sido más favorables para que escribiera sus epístolas (Hech. 28: 16, 20). Mientras el apóstol estaba preso en Roma esperaba una rápida liberación (File. 22); pero no hay indicación alguna de que hubiera acariciado una esperanza similar en Cesarea. El apóstol había anhelado durante mucho tiempo visitar a Roma (Rom. 15: 23-24), y después de haber llegado allí se propuso ir a Colosas (File. 22); sin embargo, nunca parece que tuvo la intención de viajar de Cesarea a Colosas.
Pablo escribió esta epístola en tiempos y circunstancias que prepararon un ambiente especial para su mensaje. El sanguinario Nerón era emperador; abundaban el libertinaje, la vida fastuosa y los asesinatos. Por ejemplo, se registra que cuando el senador romano L. Pedanio Secundo fue asesinado por un esclavo, aproximadamente 400 esclavos de su propiedad fueron condenados a muerte como castigo, según el procedimiento legal de la época. Alrededor del año cuando se escribió la epístola (62 d. C.), tuvo lugar en las islas británicas el levantamiento de Boadicea (o Baodicea),* donde, según se afirma, "más de 70.000" Romanos perecieron junto con muchos miles de rebeldes. En ambiente semejante y como resultado de una profunda reflexión e inspiración, el apóstol produjo una de sus más nobles declaraciones respecto a la fe como el único medio para que el hombre recobre la paz y se reencuentre consigo mismo. La Epístola a los Efesios ha sido llamada "los Alpes del Nuevo Testamento", y se destaca en medio de las cumbres de las nueve epístolas paulinas escritas a siete iglesias.
4. Tema.
El tema de Efesios es la unidad en Cristo. Pablo escribe a una iglesia (o iglesias) formada por judíos y gentiles, asiáticos y europeos, esclavos y libres, representantes todos de un mundo resquebrajado que debía ser restaurado a la unidad en Cristo. Esto implicaba la unidad de persona, familia, iglesia y raza. La restauración de la unidad individual en la vida de cada creyente asegura la unidad del universo de Dios. El tema de la unidad se presenta explícita e implícitamente a través de toda la epístola.
El apóstol anuncia su tema en un tono de exaltación espiritual, y exhorta a todos a alcanzar la más alta norma de carácter y conducta para lograr la unidad no sólo en doctrina y organización, sino en Cristo, la Cabeza, y en la iglesia, su cuerpo místico. Aunque "en Cristo" es la frase clave, es difícil elegir un versículo específico, porque casi no hay pasaje que no presente de una u otra manera este tema básico. Elección, perdón, predestinación, relaciones en el hogar: todo es "en Cristo".
El apóstol dice menos acerca de la fe que acerca de la gracia. En sus escritos anteriores destaca la relación del individuo con la salvación; aquí pone de relieve al grupo, la iglesia, el cuerpo, y habla de estar "en Cristo" en vez de ocuparse de cosas alcanzadas "mediante Cristo"; de Cristo viviendo en el creyente en vez de Cristo crucificado.
Pablo no desarrolla su tema como un argumento o proposición formal. Trata simplemente de lo que le fue dado a él en revelación, no a causa de poseer un intelecto superior o perspicacia mayor, sino porque era un instrumento de la gracia de Dios a quien le fue conferida una visión de la unidad esencialmente espiritual del reino.
Se puede afirmar que lo que Romanos y Gálatas fueron para el siglo XVI y la Reforma protestante, Efesios lo es para la iglesia de hoy. ¿Qué puede decir el cristianismo respecto a las relaciones del individuo con la familia, de la familia con la nación, de la nación con la raza, y de todos con la iglesia y con Dios. Pablo contesta presentando a Cristo como el centro y fin de todas las cosas, como quien cumple sus propósitos mediante la iglesia, como quien reúne "todas las cosas en Cristo" (cap. 1: 10).
La adquisición de una unidad que conserve la libertad del individuo, de unidad sin rígida uniformidad, es nuestra más urgente necesidad ahora. Al apóstol se le dio una revelación que ofrece la única solución a un problema de gran importancia para todo hombre de bien.
5. Bosquejo.
I. Saludo introductorio, 1: 1-2.
II. Sección doctrinal, 1: 3 a 3: 21.
A. Las bendiciones del creyente, 1: 3-14.
1. Himno de alabanza, 1: 3-10.
2. Sellamiento de los creyentes para salvación, 1:11 - 14.
B. Oración en favor de la iglesia, 1: 15-23.
C. Judíos y gentiles son uno en Cristo, 2: 1-22.
1. Regeneración por el poder de Dios, 2: 1-10.
2. Todos son uno en Cristo, 2: 11-22.
D. La revelación del misterio, 3: 1-2 1.
1. Revelado a los apóstoles y profetas, 3: 1-6.
2. La sabiduría de Dios manifestada por medio de la iglesia, 3: 7-13.
3. Oración en favor de los creyentes y doxología, 3:14-21.
III. Sección práctica, 4: 1 a 6: 20.
A. Unidad por medio de los dones del Espíritu, 4: 1-16.
1. Ruego en pro de una vida unida, 4: 1-6.
2. Naturaleza y propósito de los dones, 4: 7-16.
B. El cambio de vida, 4: 17 a 5: 21.
1. Tinieblas espirituales en contraste con
la vida espiritual, 4: 17-24.
2. La naturaleza de la vida transformada, 4: 25-32.
3. Exhortación a la pureza de vida, 5: 1-14.
4. Insensatez y sabiduría, 5: 15-21.
C. Obligaciones en el seno de la familia, 5: 22 a 6: 9.
1. Entre esposos, 5: 22-23.
2. Entre padres e hijos, 6: 1-4.
3. Entre siervos y amos, 6: 5-9.
D. La armadura del cristiano, 6: 10-20.
IV Conclusión y saludos, 6: 21-24.
28 de abril de 2010
La epístola del Apóstol San Pablo a los GALATAS
INTRODUCCIÓN
1. Título.
Esta carta fue dirigida a las iglesias de Galacia. No se sabe si estas ,iglesias estaban en el norte de Galacia, en ciudades como Tavion, Pesino y Ancira (Angora), o en el sur, en Antioquía, Iconio, Listra, Derbe y otras ciudades. A la primera opinión se le da el nombre de teoría de la Galacia del norte; y a la segunda, teoría de la Galacia del sur. El tema de estas dos teorías se trata detenidamente en las dos Notas Adicionales de Hech. 16. El nombre Galacia se debe a las tribus de galos que invadieron el Asia Menor alrededor del año 278 a. C. y se establecieron en la parte norte de lo que en el 25 a. C. se transformó en la provincia romana de Galacia.
2. Paternidad literaria.
La paternidad literaria paulina de esta epístola no ha sido puesta en duda seriamente. La evidencia interna de la epístola es convincente, y concuerda en forma completa con el carácter de Pablo como es descrito en los Hechos y en otras cartas atribuidas a él. Los escritores cristianos posteriores a los apóstoles conocían la epístola, y consideraban que provenía de la mano de Pablo. Aparece en las listas más antiguas de libros del NT.
3. Marco histórico.
Pablo y Bernabé fundaron en su primer viaje las iglesias de Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe (ver Hech. 13:14 a 14:23), alrededor de los años 45-47 d. C. Después de volver a Antioquía fueron enviados a Jerusalén con la pregunta de si se debía imponer a los gentiles convertidos al cristianismo la práctica de los ritos y las ceremonias del judaísmo (ver Hech. 15). El Concilio de Jerusalén, celebrado alrededor del año 49 d. C., se pronunció en contra de imponer dichos ritos y ceremonias a los que no eran judíos. Pablo comenzó su segundo viaje misionero poco después de ese concilio, acompañado por Silas. Primero visitaron de nuevo las iglesias del sur de Galacia que Pablo había organizado en su primer viaje, tres de las cuatro se mencionan específicamente: Derbe, Listra e Iconio (ver Hech. 16: 15). Después llevaron el Evangelio a Frigia y Galacia (vers. 6). Los que sostienen la teoría de la Galacia del norte (ver Nota Adicional de Hech. 16), hacen notar que después de esta visita a Derbe, Listra e Iconio, Pablo y Silas pasaron por el lugar que Lucas llama "la provincia de Galacia". Por esto se puede deducir que Lucas hablaba de la región donde se establecieron los galos y no lo que los Romanos llamaban la provincia de Galacia, que incluía otras zonas hacia el sur . Pablo volvió una vez más a Galacia a comienzos de su tercer viaje misionero, alrededor de los años 53 y 54 d. C.
La Epístola a los Gálatas tuvo que haber sido escrita después de los sucesos registrados en Gál. 2:1-14. Si aquí se hace alusión al concilio de Jerusalén descrito en Hech. 15, la carta debe haber sido escrita después de la terminación del primer viaje, pues ese concilio se celebró entre el primer viaje misionero y el segundo (ver Hech. 15:36-41). Además, de acuerdo con Gál. 4:13, parece que Pablo ya había visitado las iglesias de Galacia dos veces, y si es así, la carta tuvo que haber sido escrita después de que terminara su segundo viaje. Si se acepta la teoría de la Galacia del norte, la carta a los Gálatas fue escrita después del tercer viaje, pues Pablo no había visitado las iglesias del norte de Galacia en su primer viaje. Por lo tanto, el momento cuando escribió la epístola podría ser el invierno (diciembre febrero) del año 57/58 d. C.
Un argumento presentado en favor de Corinto como lugar de donde se escribió la epístola, es el gran parecido entre el tema de esa carta y Romanos, que fue escrita durante la tercera visita de Pablo a Corinto. La justificación por la fe es el tema de ambas epístolas, y ambas tratan ampliamente la diferencia entre "la ley" y el Evangelio.
Pero si se acepta la teoría de la Galacia del sur, es posible fijar la fecha más temprana de 45 d. C. Algunos piensan que pudo haber sido escrita aún antes del concilio de Jerusalén, inmediatamente después del regreso de Pablo a Antioquía al terminar su primer viaje. La razón que se da para esta conclusión es que la epístola no contiene ninguna mención específica del concilio ni de la decisión que allí se tomó. Ante la objeción de que Pablo ya había visitado dos veces las iglesias del sur de Galacia, los que aceptan la teoría de la Galacia del sur argumentan que su regreso a ellas durante el primer viaje debe ser considerado como una segunda visita (ver Hech. 14: 21-23).
El propósito de la carta es evidente por su contenido. Amenazaba la apostasía -Si es que ya no había comenzado, por lo cual la carta era naturalmente una epístola polémica. La apostasía sobrevino debido a la acción de algunos maestros judaizantes, quizá del mismo grupo que causó dificultades en la iglesia de Antioquía de Siria en cuanto a la misma cuestión (Hech. 15: l). La discordia de esos hombres en Antioquía determinó la celebración del concilio de Jerusalén, en donde los judaizantes se opusieron otra vez a Pablo argumentando que los conversos cristianos debían observar las ordenanzas legales judaicas, y exigían la circuncisión de Tito (Gál. 2: 3-4). En esta epístola Pablo no se ocupa mucho de la circuncisión, ni en particular de cualquier otra característica de la ley ceremonial, sino de la falsa enseñanza de que el hombre puede salvarse a sí mismo observando los preceptos de "la ley". Esto es evidente por el hecho de que el apóstol en algunas ocasiones había participado de los ritos (Hech. 18: 18; 21: 20-27). También permitió que Timoteo fuera circuncidado (Hech. 16: 3).
Es indudable que esos falsos maestros habían logrado gran éxito en sus esfuerzos y hasta habían engañado con sus enseñanzas a una cantidad no pequeña de los feligreses de las iglesias de Galacia (ver Gál. 1: 6). No se puede saber con exactitud hasta dónde habían llegado las iglesias engañadas en la práctica del legalismo antes de que recibieran la epístola de Pablo, pero se nota por el tono general de la carta que había un peligro inminente de apostasía general. Esos maestros iban directamente en contra de la decisión del concilio. No sólo repudiaban el Evangelio de Pablo, sino que desalaban su autoridad como apóstol, haciendo mucho énfasis en el hecho de que Pablo no era uno de los doce elegidos y ordenados por Cristo.
Para que los gálatas vieran con claridad el error en el cual habían caído, Pablo reafirmó los grandes principios del Evangelio tal como se los había enseñado. Pero como se acusaba al apóstol de que predicaba un evangelio falso, y eso implicaba la otra afirmación de que él no estaba calificado para enseñar, Pablo se sintió obligado a dar pruebas que demostraran su apostolado. Esto explica la parte autobiográfica de la carta (cap. l: 11 a 2: 14). Su propósito al presentar un relato tan detallado de hechos personales relacionados con el problema, era probar la validez de su Evangelio. También destacó que sus enseñanzas que explicó a los apóstoles en el concilio estaban en armonía con las de los dirigentes que se habían relacionado personalmente con Jesús y habían recibido sus mensajes directamente de él.
4. Tema.
El tema de la Epístola a los Gálatas es la justificación por medio de la fe en Jesucristo, lo cual presenta un contraste con el concepto judaico de la justificación por medio del cumplimiento de las "obras" prescritas en el sistema legal judío. Esta carta ensalza lo que Dios ha hecho mediante Cristo para la salvación del hombre, y rechaza categóricamente la idea de que una persona puede ser justificada por sus propios méritos. Ensalza la dádiva gratuita de Dios, en contraste con los esfuerzos del hombre de salvarse por sí mismo. La pregunta específica en disputa entre Pablo y los maestros de la herejía en Galacia era: el cumplimiento de las ceremonias y requisitos prescritos en el judaísmo, ¿le da derecho a una persona al favor divino y a ser aceptada por Dios? La respuesta fue un rotundo No: "el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo" (cap. 2: 16). El cristiano que trata de ganar la salvación mediante las "obras de la ley", está renunciando completamente a la gracia de Cristo (cap. 2: 21; 5: 4). Los cristianos, como "hijos de la promesa" (cap. 4: 28), son "herederos" (cap. 3: 6-7, 14, 29). Ya no eran niños inmaduros en la fe para necesitar un "ayo" que los guiara (Gál. 3: 23-26; 4: 1-7), pues se habían convertido en nuevas criaturas en Cristo (cap. 4: 7; 6: 15), "guiados por el Espíritu" (cap. 5: 18), y Cristo vivía por la fe en sus corazones, en donde tenían escrita la ley moral (Gál. 2: 20; Heb. 8: 10). Pero entre tanto que los judíos se jactaban de una justificación que pretendían adquirir mediante sus propios esfuerzos, observando las leyes de Dios (Rom. 2: 17; 9: 4), los cristianos reconocían -y reconocen- que no tenían nada de qué gloriarse, excepto en el poder salvador de "la cruz de nuestro Señor Jesucristo" (ver Gál. 6: 14).
"Ley" en la epístola de Gálatas equivale a toda la revelación recibida en el Sinaí, las reglas de Dios para sus hijos: leyes morales, estatutos civiles y ritos ceremoniales; aunque posteriormente los judíos les añadieron por su cuenta un cúmulo de leyes. Pensaban equivocadamente que por sus propios esfuerzos podían obedecer perfectamente esas leyes y que con semejante obediencia podían ganar su salvación. La Epístola a los Gálatas no se ocupa prácticamente de ninguna de esas leyes en particular, sino de la falsa idea de que alguien pueda ganar su propia salvación mediante el cumplimiento riguroso de los diversos requerimientos legales. El dilema es: o la salvación por la fe, o la salvación por las obras; ambas se excluyen entre sí.
Pablo explica que las promesas del, Evangelio fueron confirmadas a Abrahán en el pacto, y que la revelación de la ley de Dios 430 años después no alteró las condiciones de ese pacto (cap. 3:6-9, 14-18). "La ley" no tenía el propósito de reemplazar el pacto o de proporcionar otro medio de salvación, sino de ayudar a los hombres a que entendieran las condiciones del pacto de la gracia divina y se apropiaran de ella. "La ley" no tenía el propósito de ser un fin en sí misma, como suponían los judíos, sino un medio -un "ayo"- para guiar a los hombres a la salvación en Cristo de acuerdo con las promesas del pacto. El propósito de "la ley", su "fin", o meta, es conducir a los hombres a Cristo (ver com. Rom. 10: 4), no abrirles otro sendero de salvación. Sin embargo, la mayoría de los judíos voluntariamente permanecieron en la ignorancia del plan de Dios de justificar a los hombres por la fe en Cristo, y continuaron tratando de establecer su propia justicia "por las obras de la ley" (Gál. 2: 16; ver Rom. 10: 3).
Pablo explica, además, que el pacto con Abrahán hacía provisión para la salvación de los gentiles, pero "la ley" no; y que por tal razón los gentiles debían encontrar la salvación por medio de la fe en la promesa hecha a Abrahán, y no por medio de "la ley" (Gál. 3: 8-9, 14, 27-29). El error y el grave problema que los judaizantes habían introducido en las iglesias de Galacia consistía en tratar de imponer sobre los conversos gentiles formas ceremoniales como la circuncisión y la observancia ritual de "los días, los meses, los tiempos y los años" (cap. 4: 10; 5: 2). Ese problema específico había dejado de existir, pues los cristianos ya no estaban -ni están, por supuesto- en peligro de tener que practicar las leyes rituales del judaísmo (cf. cap. 4: 9; 5: 1). Pero esto no equivale a decir que el libro de Gálatas tiene únicamente interés histórico, y ningún valor espiritual y pedagógico para los cristianos modernos. La inclusión de la epístola en el canon sagrado demuestra su tremendo valor e importancia para nuestros días (cf. Rom. 15: 4; 1 Cor. 10: 11; 2 Tim. 3: 16-17).
Como ya se ha hecho notar (ver p. 931), la palabra "ley" en Gálatas incluye dentro de sus alcances tanto la ley moral como la ceremonial. En realidad la ley ceremonial no habría tenido sentido sin la ley moral (ver com. cap. 2: 16). La ley ceremonial terminó en la cruz debido a su limitación (ver com. Col. 2: 14-17); pero la ley moral -el Decálogo- permanece en plena vigencia ( Mat. 5: 17-18). Existe aún el peligro de aferrarse a la "letra" del Decálogo sin penetrar o comprender su espíritu (Mat. 19: 16-22; Gál. 5: 17-22), como sucedió en los días de Pablo: el peligro de participar en el sistema de sacrificios sin comprender que sus símbolos señalaban a Cristo. Por lo tanto, si los cristianos modernos aceptan el error -no importa en qué grado sea- de tratar de salvarse por sus esfuerzos guardando el Decálogo, caen de la gracia y quedan "sujetos" al "yugo de esclavitud" (Gál. 5: 1, 4). Para ellos Cristo habrá muerto en vano (cap. 2: 21); se les aplica la advertencia de Gálatas. El cristiano guarda el Decálogo no para ganar la salvación, sino porque ha sido salvo. No hay duda de que sólo una persona que es salva porque Cristo mora en ella, puede guardarlo.
Esta advertencia se aplica también a los que piensan alcanzar un nivel más alto de justicia delante de Dios porque practican minuciosamente reglas humanas sobre normas de vida cristiana, como el vestido y el régimen alimentario. Al hacerlo cometen el mismo error que los judíos de los días de Cristo (ver Rom. 14: 17; Mar. 7: 1-14). Otros devuelven sus diezmos, asisten a la iglesia y aun observan el sábado porque creen equivocadamente que de esa manera ganan méritos delante de Dios. Es cierto que el cristiano deseará cumplir fielmente con todos esos mandatos divinos, pero lo hará no con la esperanza de congraciarse con Dios, sino porque como hijo de Dios por la fe en la gracia salvadora de Jesucristo, siente supremo gozo y felicidad de vivir en armonía con la voluntad expresada por Dios ( Mat. 7: 21-27; Material Suplementario de EGW de Gál. 3: 24).
La lección que se destaca en Gálatas para la iglesia actual es la misma que en los días de Pablo: que la salvación sólo se puede lograr por medio de una fe sencilla en los méritos de Cristo (cap. 2: 16; 3: 2; 5: l), y que nada de lo que el hombre pueda hacer mejora en lo más mínimo su condición delante de Dios ni incremento sus posibilidades de obtener el perdón y la redención. La ley, ya sea moral o ceremonial, no tiene poder para librar a los hombres de la condición de pecado en que se encuentran (Rom. 3: 20; 7: 7). Este es el "Evangelio" de Pablo en contraste con el "evangelio" pervertido de los judaizantes (Gál. 1: 6-12; 2: 2, 5, 7, 14).
La carta concluye con una exhortación para que no abusaran de la libertad que poco antes habían encontrado en el Evangelio, sino para que vivieran una vida santa (cap. 6). El amor cristiano debía inducir a los gálatas a estar en guardia contra un espíritu de santidad fingida y a tratar bondadosamente a los que cayeran en error. La iglesia debía ser conocida por sus buenas obras al fruto del Espíritu, y no debía tratar de sustituir la fe en los méritos salvadores de Cristo con las buenas obras.
5.Bosquejo.
I. Saludo e introducción, 1: 1 - 10.
A. La autoridad apostólica del autor, 1: 1-5.
B. La ocasión para escribir la carta y su propósito, 1: 6-10.
II. Defensa de la autoridad apostólica de Pablo, 1: 11 a 2: 14.
A. La autenticidad de su conversión al cristianismo, 1: 11-24.
1. El origen divino de su interpretación del Evangelio, 1: 11 -12.
2. Su celo anterior por la fe judía, 1: 13-14.
3. Su conversión y su misión entre los paganos, 1: 15-16.
4. Su retiro preparatorio en Arabia, 1: 17.
5. Su primer contacto con los apóstoles en Jerusalén, 1: 18-20.
6. Su aceptación por las iglesias de Judea, 1: 21-24.
B. La aprobación apostólica de su interpretación del Evangelio, 2: 1-14.
1. Pablo explica su Evangelio a los apóstoles, 2: 1-2.
2. El caso de Tito comprueba el Evangelio de Pablo, 2: 3-5.
3. Igualdad apostólica de Pablo con los doce, 2: 11-14.
III. La fe contra el legalismo como medio de salvación, 2: 15 a 3: 29.
A. Los cristianos de origen judío también dependen de la fe en Cristo para la salvación, no de la ley, 2: 15-2 1.
1. Los cristianos de origen judío comprenden la ineficacia
del legalismo, 2:15-16.
2. La incompatibilidad del cristianismo y el judaísmo, 2: 17-2 1.
B. La salvación de los gentiles provista en el pacto hecho con Abrahán, 3: 1-14.
1. Los gálatas se habían hecho cristianos por medio de la fe, 3: 1-5.
2. La fe es la característica distintiva del pacto hecho con Abrahán, 3: 6-7.
3. La salvación de los gentiles por medio de la fe, 3: 8-14.
C. La condición de "la ley" en relación con el pacto hecho con Abrahán, 3: 15-29.
1. "La ley" no anulaba las provisiones mesiánicas del pacto, 3: 15-18.
2. El papel subordinado y provisorio de "la ley", 3: 19-25.
3. En Cristo todos son herederos de las promesas del pacto por la fe, 3: 26-29.
IV. El cristiano queda libre de la tutela de "la ley", 4: 1-31.
A. De la inmadurez de "la ley" a la madurez del Evangelio, 4: 1-7.
1. La condición de subordinación de un heredero durante su minoría de edad, 4: 1-3.
2. Se confieren los privilegios plenos de la herencia mediante Cristo, 4: 4-7.
B. El insensato proceder de la iglesia de Galacia, 4:8-3 l.
1. La insensatez de judaizar, 4: 8-12.
2. La sinceridad de Pablo y su solícito interés en las iglesias de Galacia, 4: 13-20.
3. La alegoría de los dos hijos, 4: 21-31.
V. Exhortaciones morales y espirituales, 5: 1 a 6: 10.
A. La esclavitud del legalismo incompatible con la libertad en Cristo, 5: 1-12.
B. La libertad cristiana no es una excusa para el libertinaje, 5: 13-26.
1. El amor es el cumplimiento de la ley, 5: 13-18.
2. Las obras de la carne y las obras del Espíritu, 5: 19-26.
C. El amor fraternal cumple con la ley de Cristo, 6: 1-10.
VI. Conclusión, 6:11-18.
1. Título.
Esta carta fue dirigida a las iglesias de Galacia. No se sabe si estas ,iglesias estaban en el norte de Galacia, en ciudades como Tavion, Pesino y Ancira (Angora), o en el sur, en Antioquía, Iconio, Listra, Derbe y otras ciudades. A la primera opinión se le da el nombre de teoría de la Galacia del norte; y a la segunda, teoría de la Galacia del sur. El tema de estas dos teorías se trata detenidamente en las dos Notas Adicionales de Hech. 16. El nombre Galacia se debe a las tribus de galos que invadieron el Asia Menor alrededor del año 278 a. C. y se establecieron en la parte norte de lo que en el 25 a. C. se transformó en la provincia romana de Galacia.
2. Paternidad literaria.
La paternidad literaria paulina de esta epístola no ha sido puesta en duda seriamente. La evidencia interna de la epístola es convincente, y concuerda en forma completa con el carácter de Pablo como es descrito en los Hechos y en otras cartas atribuidas a él. Los escritores cristianos posteriores a los apóstoles conocían la epístola, y consideraban que provenía de la mano de Pablo. Aparece en las listas más antiguas de libros del NT.
3. Marco histórico.
Pablo y Bernabé fundaron en su primer viaje las iglesias de Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe (ver Hech. 13:14 a 14:23), alrededor de los años 45-47 d. C. Después de volver a Antioquía fueron enviados a Jerusalén con la pregunta de si se debía imponer a los gentiles convertidos al cristianismo la práctica de los ritos y las ceremonias del judaísmo (ver Hech. 15). El Concilio de Jerusalén, celebrado alrededor del año 49 d. C., se pronunció en contra de imponer dichos ritos y ceremonias a los que no eran judíos. Pablo comenzó su segundo viaje misionero poco después de ese concilio, acompañado por Silas. Primero visitaron de nuevo las iglesias del sur de Galacia que Pablo había organizado en su primer viaje, tres de las cuatro se mencionan específicamente: Derbe, Listra e Iconio (ver Hech. 16: 15). Después llevaron el Evangelio a Frigia y Galacia (vers. 6). Los que sostienen la teoría de la Galacia del norte (ver Nota Adicional de Hech. 16), hacen notar que después de esta visita a Derbe, Listra e Iconio, Pablo y Silas pasaron por el lugar que Lucas llama "la provincia de Galacia". Por esto se puede deducir que Lucas hablaba de la región donde se establecieron los galos y no lo que los Romanos llamaban la provincia de Galacia, que incluía otras zonas hacia el sur . Pablo volvió una vez más a Galacia a comienzos de su tercer viaje misionero, alrededor de los años 53 y 54 d. C.
La Epístola a los Gálatas tuvo que haber sido escrita después de los sucesos registrados en Gál. 2:1-14. Si aquí se hace alusión al concilio de Jerusalén descrito en Hech. 15, la carta debe haber sido escrita después de la terminación del primer viaje, pues ese concilio se celebró entre el primer viaje misionero y el segundo (ver Hech. 15:36-41). Además, de acuerdo con Gál. 4:13, parece que Pablo ya había visitado las iglesias de Galacia dos veces, y si es así, la carta tuvo que haber sido escrita después de que terminara su segundo viaje. Si se acepta la teoría de la Galacia del norte, la carta a los Gálatas fue escrita después del tercer viaje, pues Pablo no había visitado las iglesias del norte de Galacia en su primer viaje. Por lo tanto, el momento cuando escribió la epístola podría ser el invierno (diciembre febrero) del año 57/58 d. C.
Un argumento presentado en favor de Corinto como lugar de donde se escribió la epístola, es el gran parecido entre el tema de esa carta y Romanos, que fue escrita durante la tercera visita de Pablo a Corinto. La justificación por la fe es el tema de ambas epístolas, y ambas tratan ampliamente la diferencia entre "la ley" y el Evangelio.
Pero si se acepta la teoría de la Galacia del sur, es posible fijar la fecha más temprana de 45 d. C. Algunos piensan que pudo haber sido escrita aún antes del concilio de Jerusalén, inmediatamente después del regreso de Pablo a Antioquía al terminar su primer viaje. La razón que se da para esta conclusión es que la epístola no contiene ninguna mención específica del concilio ni de la decisión que allí se tomó. Ante la objeción de que Pablo ya había visitado dos veces las iglesias del sur de Galacia, los que aceptan la teoría de la Galacia del sur argumentan que su regreso a ellas durante el primer viaje debe ser considerado como una segunda visita (ver Hech. 14: 21-23).
El propósito de la carta es evidente por su contenido. Amenazaba la apostasía -Si es que ya no había comenzado, por lo cual la carta era naturalmente una epístola polémica. La apostasía sobrevino debido a la acción de algunos maestros judaizantes, quizá del mismo grupo que causó dificultades en la iglesia de Antioquía de Siria en cuanto a la misma cuestión (Hech. 15: l). La discordia de esos hombres en Antioquía determinó la celebración del concilio de Jerusalén, en donde los judaizantes se opusieron otra vez a Pablo argumentando que los conversos cristianos debían observar las ordenanzas legales judaicas, y exigían la circuncisión de Tito (Gál. 2: 3-4). En esta epístola Pablo no se ocupa mucho de la circuncisión, ni en particular de cualquier otra característica de la ley ceremonial, sino de la falsa enseñanza de que el hombre puede salvarse a sí mismo observando los preceptos de "la ley". Esto es evidente por el hecho de que el apóstol en algunas ocasiones había participado de los ritos (Hech. 18: 18; 21: 20-27). También permitió que Timoteo fuera circuncidado (Hech. 16: 3).
Es indudable que esos falsos maestros habían logrado gran éxito en sus esfuerzos y hasta habían engañado con sus enseñanzas a una cantidad no pequeña de los feligreses de las iglesias de Galacia (ver Gál. 1: 6). No se puede saber con exactitud hasta dónde habían llegado las iglesias engañadas en la práctica del legalismo antes de que recibieran la epístola de Pablo, pero se nota por el tono general de la carta que había un peligro inminente de apostasía general. Esos maestros iban directamente en contra de la decisión del concilio. No sólo repudiaban el Evangelio de Pablo, sino que desalaban su autoridad como apóstol, haciendo mucho énfasis en el hecho de que Pablo no era uno de los doce elegidos y ordenados por Cristo.
Para que los gálatas vieran con claridad el error en el cual habían caído, Pablo reafirmó los grandes principios del Evangelio tal como se los había enseñado. Pero como se acusaba al apóstol de que predicaba un evangelio falso, y eso implicaba la otra afirmación de que él no estaba calificado para enseñar, Pablo se sintió obligado a dar pruebas que demostraran su apostolado. Esto explica la parte autobiográfica de la carta (cap. l: 11 a 2: 14). Su propósito al presentar un relato tan detallado de hechos personales relacionados con el problema, era probar la validez de su Evangelio. También destacó que sus enseñanzas que explicó a los apóstoles en el concilio estaban en armonía con las de los dirigentes que se habían relacionado personalmente con Jesús y habían recibido sus mensajes directamente de él.
4. Tema.
El tema de la Epístola a los Gálatas es la justificación por medio de la fe en Jesucristo, lo cual presenta un contraste con el concepto judaico de la justificación por medio del cumplimiento de las "obras" prescritas en el sistema legal judío. Esta carta ensalza lo que Dios ha hecho mediante Cristo para la salvación del hombre, y rechaza categóricamente la idea de que una persona puede ser justificada por sus propios méritos. Ensalza la dádiva gratuita de Dios, en contraste con los esfuerzos del hombre de salvarse por sí mismo. La pregunta específica en disputa entre Pablo y los maestros de la herejía en Galacia era: el cumplimiento de las ceremonias y requisitos prescritos en el judaísmo, ¿le da derecho a una persona al favor divino y a ser aceptada por Dios? La respuesta fue un rotundo No: "el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo" (cap. 2: 16). El cristiano que trata de ganar la salvación mediante las "obras de la ley", está renunciando completamente a la gracia de Cristo (cap. 2: 21; 5: 4). Los cristianos, como "hijos de la promesa" (cap. 4: 28), son "herederos" (cap. 3: 6-7, 14, 29). Ya no eran niños inmaduros en la fe para necesitar un "ayo" que los guiara (Gál. 3: 23-26; 4: 1-7), pues se habían convertido en nuevas criaturas en Cristo (cap. 4: 7; 6: 15), "guiados por el Espíritu" (cap. 5: 18), y Cristo vivía por la fe en sus corazones, en donde tenían escrita la ley moral (Gál. 2: 20; Heb. 8: 10). Pero entre tanto que los judíos se jactaban de una justificación que pretendían adquirir mediante sus propios esfuerzos, observando las leyes de Dios (Rom. 2: 17; 9: 4), los cristianos reconocían -y reconocen- que no tenían nada de qué gloriarse, excepto en el poder salvador de "la cruz de nuestro Señor Jesucristo" (ver Gál. 6: 14).
"Ley" en la epístola de Gálatas equivale a toda la revelación recibida en el Sinaí, las reglas de Dios para sus hijos: leyes morales, estatutos civiles y ritos ceremoniales; aunque posteriormente los judíos les añadieron por su cuenta un cúmulo de leyes. Pensaban equivocadamente que por sus propios esfuerzos podían obedecer perfectamente esas leyes y que con semejante obediencia podían ganar su salvación. La Epístola a los Gálatas no se ocupa prácticamente de ninguna de esas leyes en particular, sino de la falsa idea de que alguien pueda ganar su propia salvación mediante el cumplimiento riguroso de los diversos requerimientos legales. El dilema es: o la salvación por la fe, o la salvación por las obras; ambas se excluyen entre sí.
Pablo explica que las promesas del, Evangelio fueron confirmadas a Abrahán en el pacto, y que la revelación de la ley de Dios 430 años después no alteró las condiciones de ese pacto (cap. 3:6-9, 14-18). "La ley" no tenía el propósito de reemplazar el pacto o de proporcionar otro medio de salvación, sino de ayudar a los hombres a que entendieran las condiciones del pacto de la gracia divina y se apropiaran de ella. "La ley" no tenía el propósito de ser un fin en sí misma, como suponían los judíos, sino un medio -un "ayo"- para guiar a los hombres a la salvación en Cristo de acuerdo con las promesas del pacto. El propósito de "la ley", su "fin", o meta, es conducir a los hombres a Cristo (ver com. Rom. 10: 4), no abrirles otro sendero de salvación. Sin embargo, la mayoría de los judíos voluntariamente permanecieron en la ignorancia del plan de Dios de justificar a los hombres por la fe en Cristo, y continuaron tratando de establecer su propia justicia "por las obras de la ley" (Gál. 2: 16; ver Rom. 10: 3).
Pablo explica, además, que el pacto con Abrahán hacía provisión para la salvación de los gentiles, pero "la ley" no; y que por tal razón los gentiles debían encontrar la salvación por medio de la fe en la promesa hecha a Abrahán, y no por medio de "la ley" (Gál. 3: 8-9, 14, 27-29). El error y el grave problema que los judaizantes habían introducido en las iglesias de Galacia consistía en tratar de imponer sobre los conversos gentiles formas ceremoniales como la circuncisión y la observancia ritual de "los días, los meses, los tiempos y los años" (cap. 4: 10; 5: 2). Ese problema específico había dejado de existir, pues los cristianos ya no estaban -ni están, por supuesto- en peligro de tener que practicar las leyes rituales del judaísmo (cf. cap. 4: 9; 5: 1). Pero esto no equivale a decir que el libro de Gálatas tiene únicamente interés histórico, y ningún valor espiritual y pedagógico para los cristianos modernos. La inclusión de la epístola en el canon sagrado demuestra su tremendo valor e importancia para nuestros días (cf. Rom. 15: 4; 1 Cor. 10: 11; 2 Tim. 3: 16-17).
Como ya se ha hecho notar (ver p. 931), la palabra "ley" en Gálatas incluye dentro de sus alcances tanto la ley moral como la ceremonial. En realidad la ley ceremonial no habría tenido sentido sin la ley moral (ver com. cap. 2: 16). La ley ceremonial terminó en la cruz debido a su limitación (ver com. Col. 2: 14-17); pero la ley moral -el Decálogo- permanece en plena vigencia ( Mat. 5: 17-18). Existe aún el peligro de aferrarse a la "letra" del Decálogo sin penetrar o comprender su espíritu (Mat. 19: 16-22; Gál. 5: 17-22), como sucedió en los días de Pablo: el peligro de participar en el sistema de sacrificios sin comprender que sus símbolos señalaban a Cristo. Por lo tanto, si los cristianos modernos aceptan el error -no importa en qué grado sea- de tratar de salvarse por sus esfuerzos guardando el Decálogo, caen de la gracia y quedan "sujetos" al "yugo de esclavitud" (Gál. 5: 1, 4). Para ellos Cristo habrá muerto en vano (cap. 2: 21); se les aplica la advertencia de Gálatas. El cristiano guarda el Decálogo no para ganar la salvación, sino porque ha sido salvo. No hay duda de que sólo una persona que es salva porque Cristo mora en ella, puede guardarlo.
Esta advertencia se aplica también a los que piensan alcanzar un nivel más alto de justicia delante de Dios porque practican minuciosamente reglas humanas sobre normas de vida cristiana, como el vestido y el régimen alimentario. Al hacerlo cometen el mismo error que los judíos de los días de Cristo (ver Rom. 14: 17; Mar. 7: 1-14). Otros devuelven sus diezmos, asisten a la iglesia y aun observan el sábado porque creen equivocadamente que de esa manera ganan méritos delante de Dios. Es cierto que el cristiano deseará cumplir fielmente con todos esos mandatos divinos, pero lo hará no con la esperanza de congraciarse con Dios, sino porque como hijo de Dios por la fe en la gracia salvadora de Jesucristo, siente supremo gozo y felicidad de vivir en armonía con la voluntad expresada por Dios ( Mat. 7: 21-27; Material Suplementario de EGW de Gál. 3: 24).
La lección que se destaca en Gálatas para la iglesia actual es la misma que en los días de Pablo: que la salvación sólo se puede lograr por medio de una fe sencilla en los méritos de Cristo (cap. 2: 16; 3: 2; 5: l), y que nada de lo que el hombre pueda hacer mejora en lo más mínimo su condición delante de Dios ni incremento sus posibilidades de obtener el perdón y la redención. La ley, ya sea moral o ceremonial, no tiene poder para librar a los hombres de la condición de pecado en que se encuentran (Rom. 3: 20; 7: 7). Este es el "Evangelio" de Pablo en contraste con el "evangelio" pervertido de los judaizantes (Gál. 1: 6-12; 2: 2, 5, 7, 14).
La carta concluye con una exhortación para que no abusaran de la libertad que poco antes habían encontrado en el Evangelio, sino para que vivieran una vida santa (cap. 6). El amor cristiano debía inducir a los gálatas a estar en guardia contra un espíritu de santidad fingida y a tratar bondadosamente a los que cayeran en error. La iglesia debía ser conocida por sus buenas obras al fruto del Espíritu, y no debía tratar de sustituir la fe en los méritos salvadores de Cristo con las buenas obras.
5.Bosquejo.
I. Saludo e introducción, 1: 1 - 10.
A. La autoridad apostólica del autor, 1: 1-5.
B. La ocasión para escribir la carta y su propósito, 1: 6-10.
II. Defensa de la autoridad apostólica de Pablo, 1: 11 a 2: 14.
A. La autenticidad de su conversión al cristianismo, 1: 11-24.
1. El origen divino de su interpretación del Evangelio, 1: 11 -12.
2. Su celo anterior por la fe judía, 1: 13-14.
3. Su conversión y su misión entre los paganos, 1: 15-16.
4. Su retiro preparatorio en Arabia, 1: 17.
5. Su primer contacto con los apóstoles en Jerusalén, 1: 18-20.
6. Su aceptación por las iglesias de Judea, 1: 21-24.
B. La aprobación apostólica de su interpretación del Evangelio, 2: 1-14.
1. Pablo explica su Evangelio a los apóstoles, 2: 1-2.
2. El caso de Tito comprueba el Evangelio de Pablo, 2: 3-5.
3. Igualdad apostólica de Pablo con los doce, 2: 11-14.
III. La fe contra el legalismo como medio de salvación, 2: 15 a 3: 29.
A. Los cristianos de origen judío también dependen de la fe en Cristo para la salvación, no de la ley, 2: 15-2 1.
1. Los cristianos de origen judío comprenden la ineficacia
del legalismo, 2:15-16.
2. La incompatibilidad del cristianismo y el judaísmo, 2: 17-2 1.
B. La salvación de los gentiles provista en el pacto hecho con Abrahán, 3: 1-14.
1. Los gálatas se habían hecho cristianos por medio de la fe, 3: 1-5.
2. La fe es la característica distintiva del pacto hecho con Abrahán, 3: 6-7.
3. La salvación de los gentiles por medio de la fe, 3: 8-14.
C. La condición de "la ley" en relación con el pacto hecho con Abrahán, 3: 15-29.
1. "La ley" no anulaba las provisiones mesiánicas del pacto, 3: 15-18.
2. El papel subordinado y provisorio de "la ley", 3: 19-25.
3. En Cristo todos son herederos de las promesas del pacto por la fe, 3: 26-29.
IV. El cristiano queda libre de la tutela de "la ley", 4: 1-31.
A. De la inmadurez de "la ley" a la madurez del Evangelio, 4: 1-7.
1. La condición de subordinación de un heredero durante su minoría de edad, 4: 1-3.
2. Se confieren los privilegios plenos de la herencia mediante Cristo, 4: 4-7.
B. El insensato proceder de la iglesia de Galacia, 4:8-3 l.
1. La insensatez de judaizar, 4: 8-12.
2. La sinceridad de Pablo y su solícito interés en las iglesias de Galacia, 4: 13-20.
3. La alegoría de los dos hijos, 4: 21-31.
V. Exhortaciones morales y espirituales, 5: 1 a 6: 10.
A. La esclavitud del legalismo incompatible con la libertad en Cristo, 5: 1-12.
B. La libertad cristiana no es una excusa para el libertinaje, 5: 13-26.
1. El amor es el cumplimiento de la ley, 5: 13-18.
2. Las obras de la carne y las obras del Espíritu, 5: 19-26.
C. El amor fraternal cumple con la ley de Cristo, 6: 1-10.
VI. Conclusión, 6:11-18.
27 de abril de 2010
40.000 Animales Muertos (El Chupacabras)
Desde mayo hasta septiembre comienza un gran numero de casos de animales desangrados. el año pasado fueron 40.000 en toda Sudamérica, los casos son extraños pues que los animales se le encontró con una hendidura punzante y sus cuerpos estaban sin sangre ¿que será todo esto? ¿Qué dice la biblia sobre este ser? pronto estaremos estudiando el tema del chupa cabras por Skipe este atento.
Segunda Epístola del Apóstol San Pablo a los CORINTIOS
INTRODUCCIÓN
1. Título.
La evidencia textual confirma que el texto original griego llevaba el título breve Pros korinthíous B, literalmente: "A los corintios 2". Este es el título de la epístola, que aparece en los manuscritos más antiguos que existen, que datan aproximadamente del siglo III d. C. El título más largo, "Segunda epístola del apóstol San Pablo a los corintios", no aparece sino hasta mucho después. En cuanto a que ésta es la "segunda" epístola enviada a los corintios y al uso de la palabra segunda en el título, ver la sección 3, "Marco histórico". Es evidente que este título no formaba parte del documento original.
2. Autor.
Tanto la evidencia externa como la interna afirman concluyentemente la paternidad literaria paulina de la epístola. La evidencia externa se remonta hasta la generación que siguió inmediatamente a la de los apóstoles. Citas tomadas de esta epístola por muchos de los antiguos padres de la iglesia y por escritores de la época, así como referencias a ella, proporcionan un abundante testimonio en cuanto a que es fidedigna. En su carta a los corintios (c. 95 d. C.), unos 35 años después de la de Pablo, Clemente Romano se ocupa de las mismas condiciones que había en Corinto en los días de Pablo (Primera epístola de Clemente a los corintios 46). Es indudable que la iglesia de Corinto no había experimentado un gran cambio, pues aún persistían muchos de los antiguos problemas. Policarpo (m. c. 155 d. C.), obispo de Esmirna, al escribir a los filipenses, cita 2 Cor. 8: 21 (Epístola 6). Ireneo, obispo de Lyon, en su tratado Contra herejías ii. 30. 7 (c. 180 d. C.), cita y comenta la descripción que hace Pablo de haber sido arrebatado al tercer cielo (2 Cor. 12: 2-4). Clemente de Alejandría (c. 200 d. C.) cita a 2 Corintios no menos de 20 veces (ver Stromata i. 1. 11; ii. 1920; etc.). Tertuliano de Cartago (c. 220 d. C.), el llamado padre de la teología latina, con frecuencia cita a 2 Corintios (Scorpiace 13; Contra Marción v. 11- 12; Sobre la resurrección de la carne 40, 43-44).
La evidencia interna señala inconfundiblemente a Pablo como su autor. El estilo es de Pablo. En la epístola se hacen muchas referencias a Pablo, a sus vicisitudes en Corinto y a su primera epístola a la iglesia de esa ciudad. Muchos eruditos bíblicos consideran que esta epístola presenta el cuadro más claro y más completo de la naturaleza de Pablo, de su personalidad y carácter. La espontaneidad histórica de las experiencias registradas en esta epístola no puede ser menos que genuina.
3. Marco histórico.
Pablo visitó por lo menos tres veces a la iglesia de Corinto y le escribió tres epístolas; quizá cuatro. La primera visita que hizo durante su segundo viaje misionero, alrededor del año 51 d. C., duró un año y medio (Hech. 18: 11). En ese tiempo fundó y organizó la iglesia, y continuó relacionándose con ella de vez en cuando mediante enviados suyos (2 Cor. 12: 17). Su primer, contacto escrito con ella se menciona en 1 Cor. 5: 9. Actualmente se considera que ese documento se perdió. Al final de su permanencia de más de dos años en Efeso, en su tercer viaje, escribió lo que ahora se conoce como la Primera Epístola a los Corintios (cap. 16: 8).
Por lo general se acepta que quizá transcurrió un período de varias semanas entre la redacción de las dos epístolas a los corintios. La primera fue escrita en Efeso; la segunda, en Macedonia. Pablo había tenido el propósito de permanecer en Efeso hasta Pentecostés, e ir después a Corinto pasando por Macedonia (Hech. 19: 21); pero salió de Efeso antes de lo que se había propuesto. Esto puede haberse debido, por lo menos en parte, al levantamiento popular que casi le costó la vida (Hech. 19: 24-41). La oposición que sufrió mientras estaba en Efeso le ocasionó una gran tensión. Se refirió a los adversarios de la verdad como "bestias" (1 Cor. 15: 32), y observó que había sido abrumado "sobremanera más allá de" su fuerza y que había perdido "la esperanza de conservar la vida" (2 Cor. 1: 8). En esta condición Pablo salió de Efeso para Macedonia.
Viajó a Troas, el puerto de donde se debía embarcar para Macedonia. Allí esperó el regreso de Tito, que traería un informe de la respuesta de los corintios a su epístola anterior. Pero Tito no llegó en la fecha esperada, y Pablo, no hallando reposo para su espíritu debido a la preocupación que sentía por la iglesia de Corinto (2 Cor. 2: 13), no pudo aprovechar la puerta de oportunidad que se abría para la predicación del Evangelio en Troas. Continuó su viaje a Macedonia, se encontró con Tito en Filipos, y con alivio y gozo escuchó las buenas noticias que Tito le traía de Corinto.
Algunos piensan que antes de escribir esta carta, y después de su primera visita a Corinto, Pablo había regresado allí para una segunda visita. El habla de una visita previa que le causó tristeza y desánimo ( 2 Cor. 2: 1; 12: 14; 13: 1-2). Después de esa visita y de haber recibido más noticias desconcertantes de Corinto (1 Cor. 1: 11), quizá mandó una carta de reproches y consejos (1 Corintios), y envió a Tito para que preparara el camino para una nueva visita que pensaba efectuar (2 Cor. 8: 6; 13: 1-2; cf. HAp 243).
Pablo se refiere (cap. 2: 4) a una carta anterior que había escrito a los corintios con "mucha tribulación y angustia del corazón", y con la cual los había contristado (cap. 7: 8). Muchos eruditos piensan que en éstos y otros pasajes difícilmente Pablo pueda referirse a 1 Corintios, pues -así lo sostienen- esas afirmaciones no describen adecuadamente el espíritu y la naturaleza de esa epístola. Por lo tanto, argumentan que el apóstol debe haber escrito una carta entre las dos que aparecen en el NT. Algunos que opinan así consideran que esa carta se ha perdido, pero otros piensan que se ha conservado y que constituye los cap. 10-13 de 2 Corintios. Se pueden presentar razones verosímiles tanto a favor como en contra de esta teoría, pero en ambos casos falta una prueba objetiva. Por lo tanto, este comentario acepta que 1 Corintios es la carta a la que Pablo se refiere en 2 Corintios (cf. HAp 260). Se cree que Pablo escribió esta segunda epístola mientras estaba en Macedonia (cf. cap. 2: 13; 7: 5; 8: 1; 9: 2, 4), aproximadamente en el año 57 d. C.
Parece que las cartas y las visitas de Pablo lograron, por lo menos transitoriamente, su propósito. Según Rom. 16: 23 es evidente que Pablo fue recibido y hospedado por uno de los miembros principales de la iglesia. Se corrobora también el cambio producido en la iglesia de Corinto por el hecho de que en las epístolas a los Gálatas y a los Romanos, escritas mientras el apóstol estaba en Corinto, Pablo demuestra haber salido del estado de ansiedad y afán por la iglesia corintia que afligía su alma en Troas (2 Cor. 2: 13; cf. cap. 7: 6, 13-14). También se completó con éxito la colecta hecha en Corinto para los santos de Jerusalén (Rom. 15: 26).
Después de esta segunda epístola y de la siguiente visita de Pablo, sólo aparecen referencias aisladas a la iglesia de Corinto. Sin embargo, la epístola a los corintios, escrita por Clemente Romano alrededor del año 95 d. C., mencionada anteriormente, revela que habían reaparecido por lo menos algunos de los antiguos males. Clemente alaba a la iglesia por su conducta ejemplar en muchos sentidos, pero también la reprende por sus luchas y espíritu divisionista. Esta es la última información que tenemos acerca de la iglesia de Corinto durante la era apostólica.
4. Tema.
El motivo inmediato de la epístola fue el informe animador que Tito había traído de Corinto. La primera parte de la carta trata de la recepción que habían dado los corintios a la epístola anterior de Pablo, y repasa algunos de los problemas que se tratan en ella. Siguiendo las instrucciones de Pablo, la iglesia había eliminado de su seno al ofensor inmoral de 1 Corintios (1 Cor. 5: 1-5; cf. 2 Cor. 2: 6); Pablo ahora aconseja cómo rescatar al que había sido pecador.
Se da énfasis especial a las contribuciones recogidas en las iglesias de Macedonia y Grecia para los pobres. Pablo tomó muy en serio esta misión, pues uniría los corazones de los cristianos de origen judío y de los de origen gentil con un vínculo de hermandad y unidad. Los creyentes de origen gentil serían inducidos a apreciar los sacrificios de los cristianos de origen judío para llevarles el conocimiento del Evangelio, y los judíos serían inducidos a apreciar el espíritu de hermandad del cual las dádivas daban un testimonio mudo, pero elocuente. Pero la iglesia de Corinto había sido descuidada en reunir su contribución y había quedado muy por detrás de las iglesias de Macedonia, quizá como resultado de las luchas y la inmoralidad que habían absorbido su atención. En esta carta Pablo les hace una exhortación final para actuar con rapidez y diligencia.
Parece que la mayoría de los miembros de la iglesia de Corinto aceptaron de buena gana el consejo de Pablo y sus colaboradores; habían recibido a Tito con los brazos abiertos. Pero casi desde el principio había bandos en la iglesia; unos favorecían a un caudillo; otros, a otro. Gran parte de las dificultades ocasionadas por ese partidismo se habían aquietado, pero persistía una franca y perversa oposición, quizá de parte del bando judaizante similar al de Galacia. Su propósito era socavar la obra, la autoridad y el apostolado de Pablo. Los adversarios acusaban a Pablo de inconstancia por no haber ido a Corinto, como antes lo había prometido. Argumentaban que le faltaba autoridad apostólica; lo tildaban de cobarde por tratar de dirigir la iglesia desde lejos y por carta; decían que eso demostraba que tenía temor de presentarse en persona.
Los primeros nueve capítulos de 2 Corintios se caracterizan por expresar gratitud y aprecio; los últimos cuatro por una acentuada severidad y autodefensa. Se ha sugerido que los primeros capítulos estaban destinados para la mayoría, quienes habían aceptado el consejo y el reproche de Pablo; y los últimos, a una minoría que persistía en oponerse a los esfuerzos del apóstol para restaurar en la iglesia un espíritu de armonía. Extensamente y de diversas maneras, Pablo intenta demostrar su autoridad y justificar la forma en que había actuado entre ellos. Para probar su apostolado recurre a sus visiones y revelaciones recibidas del Señor, a sus incomparables sufrimientos por el Señor Jesús y al sello evidente de aprobación divina por el éxito de sus labores. En las epístolas de Pablo a otras iglesias no tiene paralelo la severidad de sus palabras al dirigirse a la iglesia de Corinto acerca de ciertos falsos apóstoles, y quizá a una memoria de sus miembros que aún estaban bajo la influencia de ellos.
La segunda epístola es diferente a 1 Corintios. La primera es objetiva y práctica; la segunda es mayormente subjetiva y personal. La primera tiene un tono más tranquilo y mesurado; la segunda refleja la ansiedad de Pablo por recibir noticias de Corinto, su alivio y gozo cuando finalmente llegó Tito, y su decisión de tratar con firmeza a los que todavía perturbaban la iglesia. La primera refleja las condiciones en que se hallaba la iglesia corintia; la segunda, la pasión del apóstol por la iglesia. Y aunque el principal propósito de esta epístola no es doctrinal -como en el caso de Gálatas y Romanos-, destaca importantes verdades doctrinales.
5. Bosquejo.
I. Introducción, 1: 1-11.
A. Saludos, 1: 1-2.
B. Agradecimiento en medio de la tribulación, 1: 3-11.
II. Relaciones recientes con la iglesia de Corinto, 1: 12 a 7: 16.
A. Explicación del cambio en los planes de viaje, 1: 12 a 2: 4.
B. Consejo para que el ofensor inmoral se volviera a Cristo, 2: 5-11.
C. Ansiedad por tener noticias de Corinto, y gozo por haberlas recibido, 2: 12-17.
D. Credenciales apostólicas, 3: 1-18.
1. Credenciales de Pablo como apóstol genuino, 3: 1-6.
2. La gloria de la comisión apostólica, 3: 7-18.
E. Los apóstoles sostenidos por el poder divino en su ministerio, 4: 1 a 5: 10.
1. Fortaleza para resistir: una evidencia de la gracia divina, 4: 1-18.
2. La vida y la muerte teniendo en cuenta la eternidad, 5: 1-10.
F. El ministerio de reconciliación, 5: 11 a 6: 10.
1. El apóstol como embajador para Cristo, 5: 11-21.
2. La disciplina es esencial para el apostolado, 6: 1-10.
G. Exhortación para que los corintios se separen de los impíos, 6: 11 a 7: 1.
H. Regocijo de Pablo por la cordial respuesta de los corintios, 7: 2-16.
III. La colecta para los cristianos necesitados de Judea, 8: 1 a 9: 15.
A. La liberalidad ejemplar de las iglesias de Macedonia, 8: 1-6.
B. El ejemplo de Jesucristo, 8: 7-15.
C. Tito es comisionado y recomendado para recibir la ofrenda de Corinto, 8: 16-24.
D. Exhortación para que los corintios hicieran su parte, 9: 1-15.
1. Exhortación para completar la colecta de fondos, 9: 1-5.
2. Exhortación a la liberalidad, 9: 6-15.
IV. Pablo defiende su apostolado; exhortación a los impenitentes, 10: 1 a 13: 10.
A. Respuesta a los que habían menospreciado a Pablo como apóstol, 10: 1-12.
B. Corinto dentro de la esfera de la obra de Pablo, 10: 13-18.
C. Rasgos que diferencian a los apóstoles verdaderos de los falsos, 11: 1 a 12:18.
1. Sutileza de los falsos apóstoles, 11: 1-6.
2. Independencia económica de Pablo de los corintios, 11: 7-15.
3. Sufrimientos de Pablo como apóstol, 11: 16-33.
4. Pablo recibía revelaciones divinas, 12: 1-5.
5. Pablo humillado por un aguijón en su carne, 12: 6-10.
6. Pablo no se enriquecía a expensas de los corintios, 12: 11-18.
D. Exhortación final a los impenitentes, 12: 19 a 13: 10.
V. Conclusión, 13: 11-14.
1. Título.
La evidencia textual confirma que el texto original griego llevaba el título breve Pros korinthíous B, literalmente: "A los corintios 2". Este es el título de la epístola, que aparece en los manuscritos más antiguos que existen, que datan aproximadamente del siglo III d. C. El título más largo, "Segunda epístola del apóstol San Pablo a los corintios", no aparece sino hasta mucho después. En cuanto a que ésta es la "segunda" epístola enviada a los corintios y al uso de la palabra segunda en el título, ver la sección 3, "Marco histórico". Es evidente que este título no formaba parte del documento original.
2. Autor.
Tanto la evidencia externa como la interna afirman concluyentemente la paternidad literaria paulina de la epístola. La evidencia externa se remonta hasta la generación que siguió inmediatamente a la de los apóstoles. Citas tomadas de esta epístola por muchos de los antiguos padres de la iglesia y por escritores de la época, así como referencias a ella, proporcionan un abundante testimonio en cuanto a que es fidedigna. En su carta a los corintios (c. 95 d. C.), unos 35 años después de la de Pablo, Clemente Romano se ocupa de las mismas condiciones que había en Corinto en los días de Pablo (Primera epístola de Clemente a los corintios 46). Es indudable que la iglesia de Corinto no había experimentado un gran cambio, pues aún persistían muchos de los antiguos problemas. Policarpo (m. c. 155 d. C.), obispo de Esmirna, al escribir a los filipenses, cita 2 Cor. 8: 21 (Epístola 6). Ireneo, obispo de Lyon, en su tratado Contra herejías ii. 30. 7 (c. 180 d. C.), cita y comenta la descripción que hace Pablo de haber sido arrebatado al tercer cielo (2 Cor. 12: 2-4). Clemente de Alejandría (c. 200 d. C.) cita a 2 Corintios no menos de 20 veces (ver Stromata i. 1. 11; ii. 1920; etc.). Tertuliano de Cartago (c. 220 d. C.), el llamado padre de la teología latina, con frecuencia cita a 2 Corintios (Scorpiace 13; Contra Marción v. 11- 12; Sobre la resurrección de la carne 40, 43-44).
La evidencia interna señala inconfundiblemente a Pablo como su autor. El estilo es de Pablo. En la epístola se hacen muchas referencias a Pablo, a sus vicisitudes en Corinto y a su primera epístola a la iglesia de esa ciudad. Muchos eruditos bíblicos consideran que esta epístola presenta el cuadro más claro y más completo de la naturaleza de Pablo, de su personalidad y carácter. La espontaneidad histórica de las experiencias registradas en esta epístola no puede ser menos que genuina.
3. Marco histórico.
Pablo visitó por lo menos tres veces a la iglesia de Corinto y le escribió tres epístolas; quizá cuatro. La primera visita que hizo durante su segundo viaje misionero, alrededor del año 51 d. C., duró un año y medio (Hech. 18: 11). En ese tiempo fundó y organizó la iglesia, y continuó relacionándose con ella de vez en cuando mediante enviados suyos (2 Cor. 12: 17). Su primer, contacto escrito con ella se menciona en 1 Cor. 5: 9. Actualmente se considera que ese documento se perdió. Al final de su permanencia de más de dos años en Efeso, en su tercer viaje, escribió lo que ahora se conoce como la Primera Epístola a los Corintios (cap. 16: 8).
Por lo general se acepta que quizá transcurrió un período de varias semanas entre la redacción de las dos epístolas a los corintios. La primera fue escrita en Efeso; la segunda, en Macedonia. Pablo había tenido el propósito de permanecer en Efeso hasta Pentecostés, e ir después a Corinto pasando por Macedonia (Hech. 19: 21); pero salió de Efeso antes de lo que se había propuesto. Esto puede haberse debido, por lo menos en parte, al levantamiento popular que casi le costó la vida (Hech. 19: 24-41). La oposición que sufrió mientras estaba en Efeso le ocasionó una gran tensión. Se refirió a los adversarios de la verdad como "bestias" (1 Cor. 15: 32), y observó que había sido abrumado "sobremanera más allá de" su fuerza y que había perdido "la esperanza de conservar la vida" (2 Cor. 1: 8). En esta condición Pablo salió de Efeso para Macedonia.
Viajó a Troas, el puerto de donde se debía embarcar para Macedonia. Allí esperó el regreso de Tito, que traería un informe de la respuesta de los corintios a su epístola anterior. Pero Tito no llegó en la fecha esperada, y Pablo, no hallando reposo para su espíritu debido a la preocupación que sentía por la iglesia de Corinto (2 Cor. 2: 13), no pudo aprovechar la puerta de oportunidad que se abría para la predicación del Evangelio en Troas. Continuó su viaje a Macedonia, se encontró con Tito en Filipos, y con alivio y gozo escuchó las buenas noticias que Tito le traía de Corinto.
Algunos piensan que antes de escribir esta carta, y después de su primera visita a Corinto, Pablo había regresado allí para una segunda visita. El habla de una visita previa que le causó tristeza y desánimo ( 2 Cor. 2: 1; 12: 14; 13: 1-2). Después de esa visita y de haber recibido más noticias desconcertantes de Corinto (1 Cor. 1: 11), quizá mandó una carta de reproches y consejos (1 Corintios), y envió a Tito para que preparara el camino para una nueva visita que pensaba efectuar (2 Cor. 8: 6; 13: 1-2; cf. HAp 243).
Pablo se refiere (cap. 2: 4) a una carta anterior que había escrito a los corintios con "mucha tribulación y angustia del corazón", y con la cual los había contristado (cap. 7: 8). Muchos eruditos piensan que en éstos y otros pasajes difícilmente Pablo pueda referirse a 1 Corintios, pues -así lo sostienen- esas afirmaciones no describen adecuadamente el espíritu y la naturaleza de esa epístola. Por lo tanto, argumentan que el apóstol debe haber escrito una carta entre las dos que aparecen en el NT. Algunos que opinan así consideran que esa carta se ha perdido, pero otros piensan que se ha conservado y que constituye los cap. 10-13 de 2 Corintios. Se pueden presentar razones verosímiles tanto a favor como en contra de esta teoría, pero en ambos casos falta una prueba objetiva. Por lo tanto, este comentario acepta que 1 Corintios es la carta a la que Pablo se refiere en 2 Corintios (cf. HAp 260). Se cree que Pablo escribió esta segunda epístola mientras estaba en Macedonia (cf. cap. 2: 13; 7: 5; 8: 1; 9: 2, 4), aproximadamente en el año 57 d. C.
Parece que las cartas y las visitas de Pablo lograron, por lo menos transitoriamente, su propósito. Según Rom. 16: 23 es evidente que Pablo fue recibido y hospedado por uno de los miembros principales de la iglesia. Se corrobora también el cambio producido en la iglesia de Corinto por el hecho de que en las epístolas a los Gálatas y a los Romanos, escritas mientras el apóstol estaba en Corinto, Pablo demuestra haber salido del estado de ansiedad y afán por la iglesia corintia que afligía su alma en Troas (2 Cor. 2: 13; cf. cap. 7: 6, 13-14). También se completó con éxito la colecta hecha en Corinto para los santos de Jerusalén (Rom. 15: 26).
Después de esta segunda epístola y de la siguiente visita de Pablo, sólo aparecen referencias aisladas a la iglesia de Corinto. Sin embargo, la epístola a los corintios, escrita por Clemente Romano alrededor del año 95 d. C., mencionada anteriormente, revela que habían reaparecido por lo menos algunos de los antiguos males. Clemente alaba a la iglesia por su conducta ejemplar en muchos sentidos, pero también la reprende por sus luchas y espíritu divisionista. Esta es la última información que tenemos acerca de la iglesia de Corinto durante la era apostólica.
4. Tema.
El motivo inmediato de la epístola fue el informe animador que Tito había traído de Corinto. La primera parte de la carta trata de la recepción que habían dado los corintios a la epístola anterior de Pablo, y repasa algunos de los problemas que se tratan en ella. Siguiendo las instrucciones de Pablo, la iglesia había eliminado de su seno al ofensor inmoral de 1 Corintios (1 Cor. 5: 1-5; cf. 2 Cor. 2: 6); Pablo ahora aconseja cómo rescatar al que había sido pecador.
Se da énfasis especial a las contribuciones recogidas en las iglesias de Macedonia y Grecia para los pobres. Pablo tomó muy en serio esta misión, pues uniría los corazones de los cristianos de origen judío y de los de origen gentil con un vínculo de hermandad y unidad. Los creyentes de origen gentil serían inducidos a apreciar los sacrificios de los cristianos de origen judío para llevarles el conocimiento del Evangelio, y los judíos serían inducidos a apreciar el espíritu de hermandad del cual las dádivas daban un testimonio mudo, pero elocuente. Pero la iglesia de Corinto había sido descuidada en reunir su contribución y había quedado muy por detrás de las iglesias de Macedonia, quizá como resultado de las luchas y la inmoralidad que habían absorbido su atención. En esta carta Pablo les hace una exhortación final para actuar con rapidez y diligencia.
Parece que la mayoría de los miembros de la iglesia de Corinto aceptaron de buena gana el consejo de Pablo y sus colaboradores; habían recibido a Tito con los brazos abiertos. Pero casi desde el principio había bandos en la iglesia; unos favorecían a un caudillo; otros, a otro. Gran parte de las dificultades ocasionadas por ese partidismo se habían aquietado, pero persistía una franca y perversa oposición, quizá de parte del bando judaizante similar al de Galacia. Su propósito era socavar la obra, la autoridad y el apostolado de Pablo. Los adversarios acusaban a Pablo de inconstancia por no haber ido a Corinto, como antes lo había prometido. Argumentaban que le faltaba autoridad apostólica; lo tildaban de cobarde por tratar de dirigir la iglesia desde lejos y por carta; decían que eso demostraba que tenía temor de presentarse en persona.
Los primeros nueve capítulos de 2 Corintios se caracterizan por expresar gratitud y aprecio; los últimos cuatro por una acentuada severidad y autodefensa. Se ha sugerido que los primeros capítulos estaban destinados para la mayoría, quienes habían aceptado el consejo y el reproche de Pablo; y los últimos, a una minoría que persistía en oponerse a los esfuerzos del apóstol para restaurar en la iglesia un espíritu de armonía. Extensamente y de diversas maneras, Pablo intenta demostrar su autoridad y justificar la forma en que había actuado entre ellos. Para probar su apostolado recurre a sus visiones y revelaciones recibidas del Señor, a sus incomparables sufrimientos por el Señor Jesús y al sello evidente de aprobación divina por el éxito de sus labores. En las epístolas de Pablo a otras iglesias no tiene paralelo la severidad de sus palabras al dirigirse a la iglesia de Corinto acerca de ciertos falsos apóstoles, y quizá a una memoria de sus miembros que aún estaban bajo la influencia de ellos.
La segunda epístola es diferente a 1 Corintios. La primera es objetiva y práctica; la segunda es mayormente subjetiva y personal. La primera tiene un tono más tranquilo y mesurado; la segunda refleja la ansiedad de Pablo por recibir noticias de Corinto, su alivio y gozo cuando finalmente llegó Tito, y su decisión de tratar con firmeza a los que todavía perturbaban la iglesia. La primera refleja las condiciones en que se hallaba la iglesia corintia; la segunda, la pasión del apóstol por la iglesia. Y aunque el principal propósito de esta epístola no es doctrinal -como en el caso de Gálatas y Romanos-, destaca importantes verdades doctrinales.
5. Bosquejo.
I. Introducción, 1: 1-11.
A. Saludos, 1: 1-2.
B. Agradecimiento en medio de la tribulación, 1: 3-11.
II. Relaciones recientes con la iglesia de Corinto, 1: 12 a 7: 16.
A. Explicación del cambio en los planes de viaje, 1: 12 a 2: 4.
B. Consejo para que el ofensor inmoral se volviera a Cristo, 2: 5-11.
C. Ansiedad por tener noticias de Corinto, y gozo por haberlas recibido, 2: 12-17.
D. Credenciales apostólicas, 3: 1-18.
1. Credenciales de Pablo como apóstol genuino, 3: 1-6.
2. La gloria de la comisión apostólica, 3: 7-18.
E. Los apóstoles sostenidos por el poder divino en su ministerio, 4: 1 a 5: 10.
1. Fortaleza para resistir: una evidencia de la gracia divina, 4: 1-18.
2. La vida y la muerte teniendo en cuenta la eternidad, 5: 1-10.
F. El ministerio de reconciliación, 5: 11 a 6: 10.
1. El apóstol como embajador para Cristo, 5: 11-21.
2. La disciplina es esencial para el apostolado, 6: 1-10.
G. Exhortación para que los corintios se separen de los impíos, 6: 11 a 7: 1.
H. Regocijo de Pablo por la cordial respuesta de los corintios, 7: 2-16.
III. La colecta para los cristianos necesitados de Judea, 8: 1 a 9: 15.
A. La liberalidad ejemplar de las iglesias de Macedonia, 8: 1-6.
B. El ejemplo de Jesucristo, 8: 7-15.
C. Tito es comisionado y recomendado para recibir la ofrenda de Corinto, 8: 16-24.
D. Exhortación para que los corintios hicieran su parte, 9: 1-15.
1. Exhortación para completar la colecta de fondos, 9: 1-5.
2. Exhortación a la liberalidad, 9: 6-15.
IV. Pablo defiende su apostolado; exhortación a los impenitentes, 10: 1 a 13: 10.
A. Respuesta a los que habían menospreciado a Pablo como apóstol, 10: 1-12.
B. Corinto dentro de la esfera de la obra de Pablo, 10: 13-18.
C. Rasgos que diferencian a los apóstoles verdaderos de los falsos, 11: 1 a 12:18.
1. Sutileza de los falsos apóstoles, 11: 1-6.
2. Independencia económica de Pablo de los corintios, 11: 7-15.
3. Sufrimientos de Pablo como apóstol, 11: 16-33.
4. Pablo recibía revelaciones divinas, 12: 1-5.
5. Pablo humillado por un aguijón en su carne, 12: 6-10.
6. Pablo no se enriquecía a expensas de los corintios, 12: 11-18.
D. Exhortación final a los impenitentes, 12: 19 a 13: 10.
V. Conclusión, 13: 11-14.
Rebecca Brown
¿Quiénes fueron la doctora Rebecca Brown y Elaine según los documentos oficiales?
Sus credenciales profesionales: Ruth Irene Bailey recibió el título de A.A. en enfermería de la Universidad de Indiana - Universidad de Purdue en Indianapolis en mayo de 1968. Trabajó por más de cinco años como enfermera. Se graduó de Doctora en Medicina el 30 de abril de 1979 de la Escuela de Medicina de Indianapolis. Comenzó su internado y residencia en Ball Memorial Hospital, Muncie, Indiana, y desarrolló una obsesión por los demonios y la liberación de ellos.
Su comportamiento anormal:
La Dra. Ruth Irene Bailey prendía velas en las habitaciones de los pacientes durante prácticas exorcistas y reclamaba ser "la única escogida por Dios" para diagnosticar ciertas enfermedades y condiciones. Creía que los otros médicos del mismo hospital eran literalmente demonios, diablos y espíritus malignos.
Su despedida de Ball Memorial Hospital:
Su empleo con el hospital fue terminado por mala práctica después de un examen exhaustivo de sus prácticas exorcistas y su fanatismo.
Recibió ayuda financiera de St. John's Hospital, una institución católica, para establecerse en la práctica general en Lapel, Indiana. En mayo, 1982, en un artículo de prensa del pueblo decía que Elaine "Bailey" era su hermana y que estaban trabajando juntas como generalistas. Además, en ese mismo año el 31 de diciembre, la madre de la doctora murió de un ataque cardiaco a la edad de 75 años en el Hospital de San Vicente en Indianapolis.
La suspensión de la licencia médica de la Dra. Bailey en 1983:
Debido a su responsabilidad por haber abusado de Elaine, quien, a punto de morir, evidenciaba una sobredosis de drogas y unas lesiones en todo el cuerpo, la Junta Médica para otorgar Licencias en Indiana suspendió la licencia de la doctora mientras varias oficinas locales y estatales hacían una investigación de varios meses de la doctora. En una vista oficial de seis horas el 21 de septiembre de 1984, a la cual Ruth Irene rehusó asistir, testificaron 19 testigos y en octubre la Indiana Medical Licensing Board procedió a revocar su licencia para practicar la medicina. El informe de ocho páginas señalaba unas 21 acusaciones contra la doctora que incluían el abuso de drogas (incluyendo "Demerol" y "Phenobarbitol"), su ilusión de ser la única con la habilidad de diagnosticar problemas médicos y sus reclamos de estar luchando con demonios, diablos y espíritus malos en todos por dondequiera. La conclusión de la investigación acusó a la doctora de adicción y dependencia severa del alcohol y otras drogas, de prescribir y administrar drogas para pacientes en contra de la práctica terapéutica normal y de extrema negligencia en la práctica de la medicina.
Las fechas de publicación de sus dos libros: 1986 y 1987.
El cambio legal de su nombre:
Pidió un cambio de su nombre Ruth Irene Bailey a Rebecca Brown mediante una petición radicada en el Tribunal Superior de California, Condado de San Bernadino, el 11 de febrero de 1986, y se registró oficialmente, el 25 de abril de 1986. Dicho cambio respondía a un nuevo estilo de vida: de una médica a una fanática religiosa que veía demonios por todos lados.
La amiga de la doctora nació Edna Elaine Knost en New Castle, Indiana, y su nombre de casada fue Moses. Tenía un defecto físico congénito y otro se desarrolló en su carácter. El paladar hendido que desfiguró su cara la llevó a buscar la atención de otros mediante exageraciones, mentiras, ataques y problemas de personalidad.
Se celebraron sus nupciales en una iglesia pentecostal (Cuadrangular) en New Castle, Indiana, el 18 diciembre de 1966, pero el matrimonio fue disuelto dos meses y medio más tarde a petición de su esposo "humano" en 1967. Después mientras Elaine vivía en New Castle con padres entre 1967-1970, trabajaba en un restaurante ("drive-in") y en un garage para lavar carros a la vez que recibía tratamientos médicos frecuentes en los hospitales. Posteriormente consiguió completar un curso de enfermería práctica (LPN) y con una licencia del estado de Indiana trabajaba en hogares para los enfermos y los ancianos. Así que nunca viajaba internacionalmente entre gobernantes como representante personal de Satanás.
En conclusión está claro que la evidencia documental demuestra que la ex médica nunca ha sido una súper cristiana, sino se convirtió en un fraude. Mediante los testimonios en cintas y en sus dos libros se ha diseminado sus engañosos testimonios. Tanto la Dra. Rebecca Brown como Elaine deben confesar públicamente sus mentiras y arrepentirse de sus engaños y falsos reclamos que han fomentado tantas sospechas entre cristianos sinceros y que han hecho daño a la obra del Señor.
Nota Para quienes quieren realmente conocer sobre liberación escuchen esta predicación
26 de abril de 2010
Primera Epístola del Apóstol San Pablo a los CORINTIOS
INTRODUCCIÓN
1. Título.
En el griego, el título de esta epístola es sencillamente "Para Corintios A", es decir, "uno". No figura nada acerca de Pablo el apóstol como autor de la carta. En el manuscrito de 1 Corintios de los papiros bíblicos de Chester Beatty, el manuscrito de esta epístola más antiguo que existe, copiado alrededor del siglo III d. C., aparece el título en su forma más sencilla. Se supone que en el autógrafo no había ningún título.
2. Autor.
Con la excepción de algunos críticos radicales que llegan a dudar si Pablo existió alguna vez, generalmente ha sido aceptada la paternidad literaria paulina de esta epístola. Se cree en realidad que junto con 2 Corintios, Romanos y Gálatas, es la mejor autenticada de todas las cartas de Pablo. El nombre del autor aparece tanto al comienzo como al fin de esta epístola (1 Cor. 1: 1-2; 16: 21). La carta fue dictada a un amanuense o secretario, excepto el saludo al final del libro, en donde Pablo declara que lo escribió con su "propia mano" (cap. 16: 21). No se conoce la razón exacta para que el apóstol utilizara secretarios, pero indudablemente ésa era su costumbre (Rom. 16: 22; Col. 4: 18; 2 Tes. 3: 17). Una posible razón es que Pablo tenía vista deficiente (ver Gál. 6: 1).
3. Marco histórico.
La Primera Epístola a los Corintios fue escrita en Efeso (1 Cor. 16: 8). Esta ciudad fue el escenario de la actividad misionera de Pablo durante "tres años" (Hech. 20: 31), y el centro principal de su obra durante su tercer viaje misionero (Hech. 19; 20: 1). La carta fue escrita cuando él estaba por partir para Grecia y Macedonia, pero esperaba permanecer en Efeso "hasta Pentecostés" (1 Cor. 16: 5-8); sin embargo, las circunstancias apresuraron su partida (Hech. 19: 21 a 20: 3). Las evidencias permiten que situemos la carta en la primera parte del año 57 d.C.
La iglesia de Corinto fue establecida durante el segundo viaje misionero de Pablo. El apóstol había pasado por lo menos 18 meses en ese lugar. Su obra había sido ardua y exitosa, y se estableció una próspera iglesia (Hech. 18: 1-11).
La antigua ciudad de Corinto estaba situada en el istmo que une el Peloponeso con la Grecia continental. Estaba situada en el extremo sur del istmo, en una llanura entre el istmo y una colina conocida como Acrocorinto, en la cima de la cual había una ciudadela y un templo. La ciudad estaba, pues, estratégicamente ubicada. El tráfico terrestre entre Peloponeso y el Ática pasaba por Corinto. Su estratégica ubicación entre el golfo Sarónico, con Atenas y El Pireo al este, y el golfo de Corinto al oeste del istmo, la convirtieron en un centro mercantil de una gran parte del comercio que fluía desde Asia hacia Europa y viceversa. Algunos fenicios se establecieron en la ciudad y prosiguieron con su oficio de hacer tintura de púrpura, del murex trunculus de los mares vecinos. También introdujeron otras artes, y establecieron el culto inmoral de las deidades fenicias.
Corinto era una importante ciudad comercial, situada en una encrucijada de rutas marítimas. Floreció en ella el flagelo del libertinaje, hasta el punto que el mismo nombre de la ciudad se convirtió en un sinónimo de sensualidad. El verbo "corintianizar" significaba libertinaje desenfrenado.
Cuando se comprende cómo era la religión de Corinto, es evidente la maravillosa gracia de Dios que venció a las fuerzas del mal y estableció una iglesia de santos regenerados en esa ciudad de tan mala fama. Por su riqueza, lujo, comercio y población cosmopolita, Corinto bien mereció el título que le dio Barnes: "París de la antigüedad". La deidad principal era Afrodita, la diosa del amor en su forma más inmoral y de la pasión desenfrenada, por lo que no es difícil imaginarse el efecto de esta deificación de la sensualidad. El templo de Apolo estaba construido en la ladera norte de la Acrocorinto. Mil bellas jóvenes actuaban como prostitutas públicas ante el altar de la diosa del amor. Eran sostenidas mayormente por extranjeros, y la ciudad, como producto de su inmoralidad, obtenía un ingreso seguro.
La tarea a la que hizo frente el mensajero del Evangelio en la antigua ciudad de Corinto, se presenta muy bien en estas palabras: "Si el Evangelio pudo triunfar en Corinto, puede vencer cualesquiera que sean las circunstancias" (W. D. Chamberlain).
Tres años después de la fundación de la iglesia y durante la ausencia de Pablo, surgieron numerosos problemas que demandaban la atención del apóstol; esto lo sabemos por la misma epístola. En primer lugar, algunas facciones habían debilitado la iglesia. Debido a la elocuencia y conocimiento de Apolos, muchos de la iglesia lo habían ensalzado por encima de Pablo (1 Cor. 1: 12; 3: 4; cf. Hech. 18: 24 a 19: 1). Otros se jactaban de que no eran seguidores ni de Pablo ni de Apolos, sino de Pedro, uno de los apóstoles originales (1 Cor. 1: 12). Otros afirmaban no estar unidos a ningún dirigente humano, y profesaban ser seguidores de Cristo (cap. 1: 12).
Además, como los miembros de esa iglesia vivían en medio de la disoluta población de Corinto, muchos que habían renunciado a sus caminos de impiedad recayeron en sus antiguos hábitos de vida (cap. 5). La iglesia también se había desacreditado debido a que los cristianos llevaban sus pleitos a los tribunales seculares. La Cena del Señor se había convertido en una ocasión de comilonas (cap. 11: 17-34). Asimismo habían surgido preguntas en cuanto al matrimonio y problemas sociales relacionados con él (cap. 7), en cuanto al consumo de alimentos sacrificados a los ídolos (cap. 8) y acerca de la debida conducta de las mujeres en el culto público (cap. 11: 2-16). También se entendía mal la función adecuada de los dones espirituales (cap. 12-14). Algunos eran escépticos en cuanto a la realidad y la forma de la resurrección (cap. 15).
Pablo recibió de Apolos informaciones en cuanto al estado de la iglesia de Corinto, y cuando surgieron divisiones en la iglesia, Apolos se retiró (ver HAp 226). Cuando éste estuvo con Pablo en Efeso, el apóstol lo instó a que regresara a Corinto; pero no tuvo éxito (ver com. 1 Cor. 1: 12). Otros que informaron a Pablo fueron "los de Cloé" (cap. 1: 11) y también algunos que probablemente formaron una delegación: Estéfanas, Fortunato y Acaico (cap. 16: 17). La situación era tal que causó serios temores a Pablo. Él ya había escrito una carta a la iglesia (ver com. cap. 5: 9), y hay la posibilidad de que hubiera visitado brevemente a Corinto durante su permanencia en Efeso ( 2 Cor. 13: 1). También había enviado a Timoteo (1 Cor. 4: 17; cf. cap. 16: 10) y a Tito a Corinto ( 2 Cor. 2: 13). Además, redactó la carta que ahora conocemos como 1 Corintios, en la que trataba los diversos problemas que habían surgido.
4. Tema.
El principal propósito de la carta es doble: en primer lugar, reprochar la apostasía que había provocado en la iglesia la introducción de prácticas que corrompían las enseñanzas del Evangelio; y en segundo lugar, enseñar o explicar puntos de creencia y de práctica acerca de los cuales los creyentes habían pedido aclaraciones. Pablo no encubrió el pecado ni lo trató con indulgencia. Fue imparcial en su condenación, y no procuró lisonjear ninguna de las transgresiones ni tampoco paliarlas en forma alguna. Con firmeza y severidad condenó las desviaciones de la senda de la rectitud. Junto con la presentación de las irregularidades y el reproche por los crecientes males de la iglesia, se ve la piedad compasiva y la tierna misericordia que siempre se hallan en el corazón de los verdaderos colaboradores con Cristo, un amor que siempre procura levantar al caído, restaurar al extraviado y curar al alma herida. Pablo sabía que el amor, y no la fuerza ni la aspereza, es el poder que convierte y conquista el corazón. Por lo tanto, la intervención quirúrgica espiritual a la que sometió a la iglesia de Corinto fue seguida por el bálsamo consolador del amor apacible. Esto se ve especialmente en la exposición magistral del amor cristiano que se encuentra en el cap. 13. En lo referente a enseñanzas, la epístola trata de varios asuntos prácticos, como el matrimonio, la participación en alimentos ofrecidos a los ídolos, el comportamiento en los servicios de la iglesia, la Cena del Señor y el debido empleo de los dones espirituales.
El libro ha sido descrito como "una de las más ricas, más instructivas, más poderosas" de todas las cartas de Pablo (HAp 243).
5. Bosquejo.
I. Introducción, 1: 1-9.
A. Saludos iniciales, 1: 1-3.
1. Identificación del autor y sus colaboradores, 1: 1.
2. Destino de la epístola, 1: 2.
3. Bendición inicial, 1: 3.
B. Elogio por el crecimiento espiritual, 1: 4-9.
II. Condenación de irregularidades, 1: 10 a 6: 20.
A. Facciones en la iglesia, 1: 10 a 4: 21.
1. Reproche del espíritu faccioso, 1: 10- 13.
2. Defensa de Pablo en cuanto a su ministerio y el Evangelio, 1: 14 a 2: 16.
3. La inconsecuencia del espíritu partidista, 3: 1-23.
4. Se define la debida actitud ante los dirigentes espirituales, 4: 1-21.
B. El incesto, 5: 1-13.
C. Litigio ante tribunales seculares, 6: 1-20.
III. Respuestas a preguntas hechas por los creyentes corintios, 7: 11 a 11: 1.
A. Enseñanza acerca del matrimonio, 7: 1-40.
1. Se ordena el reconocimiento recíproco
de los derechos matrimoniales, 7: 1-6.
2. Se recomienda el celibato en ciertas circunstancias, 7: 7-11.
3. El problema de los casamientos con incrédulos, 7: 12-16.
4. La aceptación de Cristo no debe cambiar la condición social, 7: 17-24.
5. Instrucciones acerca de las vírgenes, 7: 25-40.
B. Instrucciones acerca de lo sacrificado a los ídolos, 8: 1 a 11: 1.
1. Se recomienda abstención por causa del hermano débil, 8: 1-13.
2. Se ilustra el uso que hace Pablo de la libertad cristiana, 9: 1-27.
3. Amonestación contra la idolatría, 10: 1-22.
4. El debido uso de la libertad cristiana, 10: 23 a 11: 1.
IV. La debida conducta en el culto cristiano, 11: 2 a 14: 40.
A. Uso del velo en las mujeres, 11: 2 a 14: 40.
B. La forma debida de celebrar la Cena del Señor, 11: 17-34.
C. El lugar y la función de los dones espirituales, 12: 1 a 14: 40.
1. Origen y diversidad de los dones espirituales, 12: 1-31.
2. El amor es el más grande de los dones, 13: 1-13.
3. Un estudio de los dones de lenguas y de profecía, 14: 1-40.
V. La doctrina de la resurrección, 15: 1-58.
A. La certeza de la resurrección, 15: 1-34.
B. La naturaleza literal de la resurrección, 15: 35-50.
C. La esperanza de la resurrección realizada en la segunda venida de Cristo, 15: 51-58.
VI. Conclusión, 16: 1-24.
A. Instrucciones acerca de la ofrenda para los pobres, 16: 1-4.
B. Presentación de planes para una visita a Corintio, 16: 5-9.
C. Pedido de que se reciba bien a Timoteo, 16: 10-11.
D. Decisión de Apolos de permanecer en Efeso, 16: 12.
E. Exhortaciones finales, 16: 13-18.
F. Saludos finales, 16: 19-24.
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