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17 de agosto de 2009

El Santuario Celestial, ¿Es simbólico o literal?



El Santuario Celestial, ¿es un templo real, con su Lugar Santo y su Lugar Santísimo?

Aunque es importante conocer la estructura del Templo Celestial, lo verdaderamente significativo es la obra que Cristo ha estado realizando en nuestro favor. Pero permítame responder a su pregunta específica.

1. Existe una morada divina en los cielos: Si el Santuario Celestial sirvió como modelo para el santuario terrenal, debe haber alguna clase de relación estructural entre los dos (Heb. 8:5). Obviamente, es una correspondencia débil y oscura, ya que la imaginación humana no puede abarcar la totalidad del Santuario Celestial. Pero existe un nivel de correspondencia.

Las Escrituras testifican de la realidad del Santuario Celestial, que es descrito como la morada de Dios en los cielos (por ejemplo: Apoc. 11:19; 14:17; 15:5). Esto en sí mismo implica claramente un espacio determinado, una estructura majestuosa de la que conocemos poco y nada, y de la que sólo podemos hablar utilizando las imágenes y la terminología del santuario terrenal.

2. La morada de Dios no es un recinto vacío: Dentro del Templo, está el trono más majestuoso que alguien podría imaginar: el trono de Dios y de Cristo (Apoc. 4:2). Lo real de este trono está remarcado por el hecho de que Cristo, que llevó al cielo un cuerpo humano glorificado, se sienta en él. En el Templo Celestial también hay tronos donde se sientan los seres celestiales para adorar y servir al Señor (Dan. 7:10; Apoc. 4:4). Dios ha permitido que estas criaturas lo asistan en la administración del universo.

3. La morada de Dios es un sitio de acción: Daniel vio que Dios se movía de un lugar a otro dentro del Santuario Celestial, a medida que se relacionaba con sus criaturas. También observó que Dios entraba en un área determinada y se sentaba en su trono (Dan. 7:9). Contempló, además, que el Hijo del Hombre entraba en esa misma área y llegaba hasta la presencia de Dios. Las imágenes son tomadas de Levítico 16, donde el sumo sacerdote entraba en el lugar santísimo con una nube de incienso para ministrar ante el trono de Dios, ante el arca del pacto. En Daniel, el Hijo del Hombre tiene la función de Sumo Sacerdote, que entra en el Lugar Santísimo del Santuario Celestial para ministrar por nosotros.

4. La morada de Dios tiene diferentes ámbitos: Juan reconoce que existen diferentes ámbitos o habitaciones en el Santuario Celestial. En una de sus visiones, se le mostró un ángel que ministraba ante el altar del incienso, en lo que sería el equivalente al lugar santísimo del santuario terrenal (Apoc. 8:3, 4). Pero también se le permitió mirar dentro del Lugar Santísimo Celestial, donde vio el arca del pacto (Apoc. 11:19). Estamos tratando aquí con diferentes áreas dentro del Santuario Celestial. Lo mínimo que podríamos decir es que el Santuario Celestial tiene al menos dos habitaciones. Esto era de esperarse si el santuario terrenal es una copia del Celestial.

Es interesante que Jesús les haya dicho a sus discípulos que en la casa de su Padre había muchas moradas (Juan 14:2). La frase Aen la casa de mi Padre se refiere muy probablemente al Templo en el cielo, al que Jesús se dirigía y adonde estaba planeando llevar a sus discípulos en el futuro. Ese Templo no es una construcción de un solo ambiente, sino más bien una estructura con múltiples habitaciones y de un tamaño majestuoso.

La naturaleza del Santuario Celestial está más allá de nuestra comprensión cabal. Esto es de esperar de una fracción de espacio que une lo Infinito con lo finito, lo Eterno con lo temporal, a Dios con sus criaturas, el modo de existencia de Dios con el de su creación. Ninguna construcción humana podría representarla adecuadamente.

Pero su singularidad no es incompatible con su materialidad. La grandiosidad del Santuario Celestial queda remarcada cuando decimos que existen moradas en él. Dado que somos incapaces de comprender totalmente su naturaleza, Dios nos ha dado lenguaje e imágenes del santuario terrenal para referirnos a él. Así, la materialidad y la realidad del Santuario Celestial, al igual que su diversidad de espacios, son destacados sin igualar las realidades celestiales con las del santuario terrenal.
Debemos retener el lenguaje y las imágenes del santuario terrenal para referirnos al Celestial, para poder evitar la espiritualización o rechazar la realidad de la morada de Dios en los cielos.

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