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13 de septiembre de 2009

Las Plagas de Egipto - Parte 1



Al comisionar a Moisés para que sacara a Israel de Egipto, Dios le había advertido que la tarea sólo sería factible con el supremo poder de Dios mismo para vencer todo el poderío de Faraón, y que para ello Egipto sería conmovida con maravillas y señales de parte de Dios (cf. Ex. 3.19–20). Después de la señal de la vara que se convirtió en serpiente y tragó a las serpientes de los magos egipcios, lo cual no impresionó mayormente a Faraón, el poder de Dios le fue demostrado a él y a su pueblo mediante una serie de diez juicios. Fueron llevados a cabo de tal modo que manifestaran claramente la realidad y el poder del Dios de Israel y, por contraste, la impotencia de los dioses egipcios. Las primeras nueve plagas tienen relación directa con fenómenos naturales vinculados con el valle del Nilo, pero la última, la muerte de los primogénitos, pertenece al reino de lo sobrenatural.

Las primeras nueve plagas demuestran el uso divino del orden creado para llevar a cabo sus propósitos, y estudios recientes tienden a confirmar tanto la realidad de lo que se describe en Ex. 7–12 como la capacidad del relator de esta parte de Éxodo para realizar observaciones precisas de primera mano. El elemento milagroso en estas plagas generalmente se relaciona con su intensidad, momento, y duración. El estudio más minucioso de los fenómenos relacionados con las plagas es el de G. Hort en ZAW 69, 1957, pp. 84–103, y ZAW 70, 1958, pp. 48–59. Mientras que el análisis de las primeras nueve plagas por esta autora es excelente, su intento de explicar la décima como “primicias” en lugar de primogénitos resulta decididamente artificial y poco probable.

Hort ha señalado que las primeras nueve plagas forman una secuencia lógica y encadenada, comenzando con una inundación del Nilo anormalmente grande, que ocurrió en los meses usuales de julio y agosto, con la terminación de la serie de plagas alrededor de marzo (heb. Abib). En Egipto una inundación demasiado grande era tan desastrosa como una inundación demasiado pequeña.

La primera plaga (Ex. 7.14–25)
A Moisés se le mandó extender su vara sobre las aguas del Nilo a fin de que se “(convirtiesen) en sangre”; esto haría que los peces del río se muriesen, que el río hediese, y que sus aguas se tornaran insalubres; no se menciona la terminación inmediata de esa situación. Dicha situación corresponde a la que produciría la elevación anormal del Nilo. Cuanto mayor es la inundación del Nilo tanto mayor es la cantidad de tierra en suspensión, especialmente de la fina “tierra roja” de las cuencas del Nilo Azul y el Atbara. Cuanto más tierra arrastraba, tanto más rojas se volvían las aguas del Nilo. Una inundación excesiva de este tipo podía arrastrar, además, microcosmos conocidos como flagellates y bacterias asociadas con ellos; además de aumentar el rojo sangre de las aguas, estos organismos seguramente darían lugar a condiciones desfavorables para los peces, lo cual seguramente provocó su muerte en grandes cantidades, tal como se relata. La descomposición seguramente contaminó las aguas y causo hedor. El ascenso del Nilo comienza en julio/agosto, alcanza su punto máximo alrededor de septiembre, y luego decrece; por lo tanto esta plaga habría de afectar a Egipto desde julio/agosto hasta octubre/noviembre.

La segunda plaga (Ex. 8.1–15)
Siete días después (7.25) Egipto fue afligida por una multitud de ranas, las que, de conformidad con lo prometido por Dios, murieron en masa al día siguiente, y se descompusieron rápidamente. Era muy inusual que las ranas salieran del río en agosto. La gran cantidad de peces en descomposición arrojados a las orillas y hacia las aguas estancadas del Nilo habrán contaminado e infectado los lugares a la orilla del río que habitualmente ocupaban las ranas, lo cual seguramente las obligó a salir en grandes cantidades para procurar salvarse en los campos y lugares habitados. La muerte repentina, el mal olor, y la rápida descomposición de las ranas indica que la infección que les provocó la muerte fue el ántrax interno (del Bacillus anthracis).

La tercera plaga (Ex. 8.16–19)
Hort sugiere que fue una plaga anormal de mosquitos (véase °bj; °vrv2 “piojos”), cuyo régimen de reproducción, que ya era elevado, se vería grandemente favorecido por la inusual elevación del Nilo.

La cuarta plaga (Ex. 8.20–32)
Probablemente el tipo particular de “moscas” en este caso fuera la Stomoxys calcitrans. Véase más abajo sobre la sexta plaga; el agente más probable de dicha plaga es la mosca mencionada.

La quinta plaga (Ex. 9.1–17)
Una “plaga gravísima” que atacó al ganado de los egipcios que se encontraba en el campo (no a todo el ganado). Una peste del ganado que atacó únicamente a los animales que se encontraban en el campo podría indicar que se habían contagiado del ántrax que las ranas pueden haber llevado a los campos. Si el ganado de los israelitas estaba encerrado la plaga no los afectaría.

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