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5 de octubre de 2009

Las Fortificaciones en el Antiguo Testamento - Parte 2

Josué entro en la tierra de Canaán en la edad del bronce tardía, en el ss. XIII a.C. Las excavaciones efectuadas han revelado pocos indicios de las defensas de esa época. Hubo poca evolución, y se siguieron usando los sistemas de defensa de la edad del bronce media o se los reconstruyó siguiendo la misma concepción. Esto podría explicar la aparente falta de muros en Jericó que se atribuye a los tiempos de Josué. Hasta la fecha no se conocen fortificaciones israelitas anteriores a los días de Saúl y David.

En los días del reino unido se edificaron muros de casamata en varias ciudades. Estos consisten de dos muros delgados y paralelos (de 1, 5 m de espesor en general), con unos 2 m de separación, unidos a intervalos regulares por muros transversales. Los espacios largos y angostos formados dentro del muro podían ser usados para vivienda (Jos. 2.15) o almacenaje, o se los podía rellenar para dar mayor resistencia. Los muros de esta naturaleza eran de construcción más económica y, no obstante, ofrecían una solidez razonable. Los muros de casamata se utilizaron desde ca. 1600 a.C. hasta el ss. II a.C. La capital de Saúl en Gabaa era una fortaleza, de 52 par 35 m, con torres esquineras y muros de casamata. También hubo otros tipos de muros. En Beerseba dos delgados muros iguales y paralelos, seguidos por un muro sólido de 4 m de espesor, se atribuyen a la era de David y Salomón. Las ciudades de Salomón utilizaron distintos tipos de fortificaciones, aunque una marca distintiva de ellas, como se puede ver en Meguido, Hazor, y Gezer, es el uso de muros de casamata y una puerta con tres conjuntos de columnas y dos torres. Durante el resto del período del AT se usaron tanto muros sólidos como de casamata, y ocasionalmente un muro exterior y otro interior ( Laquis).

Durante la edad de hierro se construyeron fortalezas reales, como la de Gabaa de Saúl. Una serie de fuertes, de forma rectangular o irregular, edificados en el Neguev entre los ss. X y VI a.C. marcan el límite meridional al que llegaron los israelitas. La ciudadela de Arad fue una importante fortaleza real fronteriza. También se edificaron fuertes romanos en el Neguev, el Arabá y la Transjordania.

Excavaciones efectuadas en Jerusalén han puesto al descubierto algunas de sus defensas a través de las edades. Kathleen Kenyon reveló secciones de dos muros en el valle del Cedrón y a bastante profundidad, que fueron, respectivamente, el muro utilizado hasta el ss. VII a.C. y un muro nuevo edificado en ese mismo siglo y destruido por Nabucodonosor en 586 a.C. Un muro en la cima oriental del Ofel, muy por encima de aquellos, parecería ser el que fue construido por Nehemías en vista de que no pudo remover los escombros que quedaron después de la destrucción por los babilonios. En el lado occidental, a 275 m de la plataforma del templo, más de 40 m de muro, de un espesor de 7 m y construido con grandes piedras, probablemente sea la ampliación de los muros de Jerusalén efectuada por Ezequías (2 Cr. 32.5).

En tiempos intertestamentarios y neotestamentarios las ciudades generalmente estaban rodeadas por uno o dos sólidos muros de piedra. En Maresa el muro de la ciudad, casi cuadrado, tenía contrafuertes y torres esquineras. El excelente muro romano en Samaria, aparentemente construido por Herodes, encerraba 69 hectáreas. Herodes el Grande fue el constructor más prolífico de toda la historia de Palestina. Sus obras en Jerusalén pueden observarse en el sólido muro de contención de la plataforma del templo, especialmente en los lugares excavados bajo la dirección de B. Mazar y en la esquina SE. En las excavaciones que se levan a cabo actualmente se están descubriendo secciones de defensas asmoneas y los tres muros de Jerusalén existentes en los tiempos del NT. En la ciudadela cerca de la puerta de Jaffa parte del “primer muro”, una sólida base asmonea destinada a soportar una torre, y la torre de Fasael en el palacio de Herodes (torre de David), son típicas de los sistemas de defensa que se están recuperando.

c. La puerta de la ciudad

El punto más débil de las fortificaciones de la ciudad era la puerta. Se idearon una serie de modos de dar mayor seguridad a esta parte. Las medidas tomadas incluían torres, accesos en ángulo, y puertas interiores con varios conjuntos de columnas. Asimismo se usaban torres en los muros para protejer el espacio libre al pie del muro, como también los “glacis”. La mayoría de las ciudades edificadas sobres montículos tenían una puerta principal, o una puerta interior y otra exterior. Las ciudades grandes, como el caso de Jerusalén, generalmente tenían varias puertas. Hasta alrededor del año 1000 a.C. una cantidad de puertas chicas, fácilmente defendibles, permitía a los soldados salir o entrar rápidamente, debido a la preferencia por la lucha a campo abierto.

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