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8 de enero de 2010

LA VESTIMENTA EN EL NUEVO TESTAMENTO



Los hombres que se quejan que las mujeres gastan mucho tiempo ante el espejo maquillándose, enjoyándose y ataviando sus cuerpos, tal vez se conforten al saber que en los tiempos del Nuevo Testamento era peor, ¿porqué? Simplemente porque las mujeres de clase media y alta tenían poco que hacer para pasar el tiempo.

No podían ir a las oficinas publicas, usualmente no tenían trabajos fuera de casa, no se realizaban académica o profesionalmente. Así que pasaban todo el tiempo embelleciéndose, poniendo esperanza en su apariencia.

El poeta Romano Lucius Valerius respondía a los moralistas que denunciaban a las mujeres por sus vestidos y ornamentos extravagantes: “¿Porqué los hombres se molestan por los ornamentos y vestidos de las mujeres? Ellas no pueden tener puestos públicos, o sacerdocios, o ganar triunfos; no tienen ocupaciones públicas. Que más pueden hacer que dedicar su tiempo a adornarse y vestirse.” 1 Esas preguntas revelan una verdad fundamental, digamos, que la gente que es indulgente en el auto-arreglo usualmente no tienen más metas para ocupar su mente.

Fue en este mundo de lujo y decadencia moral que el Cristianismo nació.
Una nueva clase media emergió, hecha rica debido a los botines de guerra. Querían afirmar su nuevo estatus social vistiendo ropa costosa y abundancia de joyas. Esto era igualmente verdad en los hombres y mujeres. De hecho, algunas hombres tenían todos sus dedos llenos de anillos que solo podían ocupar sus manos para dar ordenes a sus siervos. Fue en este contexto social y de lujo contrastante y pobreza que se llamó a los cristianos para que vivieran su fe. No es sorprendente encontrar en el Nuevo Testamento admoniciones para buscar la belleza interior, en lugar de la apariencia exterior del cuerpo con elaborados estilos de cabellos, oro, perlas y vestidos costosos.

Objetivos del Capitulo. En este capitulo quiero dar un vistazo de cerca de las admoniciones de Pablo y Pedro en cuanto al vestido y adorno. Veremos que sus admoniciones contienen principios fundamentales relevantes para los cristianos de hoy. Antes de examinar las admoniciones apostólicas, quiero hacer una pausa por un momento para ver la vestimenta de dos mujeres simbólicas mencionadas en el libro de Apocalipsis o Revelaciones: la Gran Ramera y la Novia de Cristo. Reflejaremos el contraste entre la apariencia exterior de las dos mujeres y sus implicaciones para el estándar Cristiano de vestido y adornos.

La Gran Ramera. En el libro de Apocalipsis Juan nos ofrece un contraste entre dos tipos de adorno exterior a través del simbolismo de dos mujeres, una pura y otra una “gran ramera.” La mujer pura representa la verdadera iglesia, la cual es la “novia” del Cordero. Se alista a sí misma para el novio e invita a otros para que se preparen para “la cena de bodas del Cordero.” (Apoc. 19:9.) Por contraste, la gran ramera representa el poder político religioso del tiempo del fin, la cual engaña a los habitantes de la tierra para que cometan fornicación espiritual con ella. Como Jezabel, tiene un gozo sádico en derramar la sangre de los mártires como un borracho derrama el vino que bebe (“Vi a la mujer ebria de la sangre de los mártires.” Apoc. 17:6.)

El contraste entre las dos mujeres es dramáticamente delineado por su apariencia exterior. Juan vio a la gran ramera “vestida de púrpura y de escarlata, y dorada con oro, y adornada de piedras preciosas y de perlas, teniendo un cáliz de oro en su mano lleno de abominaciones y de la suciedad de su fornicación; Y en su frente un nombre escrito: MISTERIO, BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS FORNICACIONES Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA. Y vi la mujer embriagada de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús…..” (Apoc. 17:4-6.)
Esta vívida descripción de la gran ramera nos recuerda del retrato profético del apóstata Israel embellecido con ornamentos como una mujer adúltera y “prostituyéndose” antes los dioses paganos (Ezequiel 23:30; 16:15; Isaías 23:17). Ella está vestida en púrpura y escarlata, colores del lujo y esplendor. Escarlata es en la Biblia el color del pecado (Isaías 1:18; Apoc. 17:3). Está profusamente adornada con oro, joyas y perlas. En su mano tiene una copa de oro, con la cual hace beber a sus amantes. La atractiva copa de oro sirve para seducir a las personas para que se unan a la reluciente ramera en sus caminos malos.

Se dice que la mujer tiene un nombre en su frente. Los autores Romanos como Séneca 2 y Juvenal 3 nos dicen que las prostitutas en sus frentes tenían una cinta con sus nombres. Esas bandas que llevaban los nombres eran las marcas de las prostitutas. Este otro detalle vívido usado para construir la figura de la depravación de la gran ramera.

El Apocalipsis retrata el uso de ornamentos de oro, joyas y perlas por la gran ramera que logra sus propósitos de seducción y representa una condenación implícita en su uso. Esto es consistente con el patrón que hemos encontrado en el Antiguo Testamento. La prevaleciente asociación negativa de ornamentos con un estilo de vida adultero y seductor deben de servir como disuasivo en contra de su uso por los Cristianos de hoy.

La Novia de Cristo. En contraste a la gran ramera vestida fuertemente con oro, joyas, perlas y vestidos lujosos, la novia de Cristo está vestida modestamente en lino puro y fino si adornos exteriores:” Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque son venidas las bodas del Cordero, y su esposa se ha aparejado. Y le fué dado que se vista de lino fino, limpio y brillante: porque el lino fino son las justificaciones de los santos. (Apoc. 19:7-8)” Juan explica que el lino fino de la novia representa los actos de obediencia por fe de los santos.

La idea de estar vestido con “buenas obras” es muy sugestiva; veremos cómo Pablo usa la mismas imágenes para describir los ornamentos apropiados de las mujeres cristianas (1 Timoteo 2:10). El significado de esas imágenes no es que los redimidos se han vestido a sí mismos en el blanco y puro vestido de novia por sus propias obras. El vestido de bodas “le fue dado que se vista”, no provisto por ellos. Aun así note que el vestido de boda es dado como un regalo divino a aquellos que han ejercido una resistencia inconmovible, que han guardado los mandamientos de Dios y han perseverado en la fe de Jesús (Apoc. 14:12.)

La pureza interna del carácter de los santos es revelada exteriormente no con ornamentos de oro, joyas y perlas, sino con un vestido de lino fino y puro.
Note que no solo la novia, sino aún la gran multitud de los redimidos que están ante el trono de Dios están “vestidos con ropas blancas” (Apoc. 7:9), sin adornos exteriores. Las ropas blancas no son provistas por las buenas obras de los redimidos, pero sí son el resultado de haber sido lavados en “la sangre del Cordero.”

Importancia para Hoy. Difícilmente podemos perder la lección que tenemos que aprender de la apariencia externa de las dos mujeres. Dios vio bueno representar sus caracteres por su vestido, pero como notamos anteriormente, nuestros vestidos revelan quienes somos. La mujer impura está vestida extravagante y adornada con ornamentos costosos, simplemente porque su vestuario representa apropiadamente su orgullo interno y esquemas seductores. En contraste, la mujer pura está adornada con simplicidad y modestia, sin ornamentos exteriores, simplemente porque tal indumentaria representa adecuadamente su pureza y humildad interna.

La pregunta que nos viene hoy es: ¿Cuáles de las dos mujeres debe de servir como modelo para nuestro código Cristiano de vestir? Si escogemos tener el patrón de la novia de Cristo, la cual representa Su iglesia a la cual pertenecemos, entonces como ella mostraremos nuestra pureza interna y santidad por la simplicidad y modestia de nuestra apariencia externa.

Pablo y el Adorno de la mujer Cristiana. El contraste entre el vestuario de la gran ramera apocalíptica y la novia de Cristo aparece también en las exhortaciones pastorales de Pablo y Pedro. Ambos apóstoles enfatizan el contraste en adorno mundano y cristiano. Sus exhortaciones merecen atención cercana no solo porque nos da algunos principios fundamentales de la vestimenta Cristiana, sino también porque nos provee con condenación explícita del uso de joyas y vestimenta extravagante.

Pablo se dirige a la pregunta del adorno en las mujeres Cristianas en el contexto de su instrucción acerca de la conducta en la adoración pública. Después de instruir a los hombres a orar en público, “1Tm:2:8: Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos limpias, sin ira ni contienda.”, eso es sinceramente y con buena voluntad hacia los otros, Pablo cambia a la atención de las mujeres a la conducta de las mujeres en la adoración pública: “Asimismo también las mujeres, ataviándose en hábito honesto, con vergüenza y modestia; no con cabellos encrespados, u oro, ó perlas, ó vestidos costosos. Sino de buenas obras, como conviene á mujeres que profesan piedad. “(1 Tim 2:9-10).

Algunos cuestionan la relevancia de esas instrucciones para los Cristanos de hoy porque asumen que eran exclusivamente para la situación local existente en Efeso. Para el propósito de este estudio simplemente diré que aun una lectura precipitada de 1 Timoteo es suficiente para demostrar que las instrucciones de Pablo no eran meramente para la iglesia local de Efeso, sino para toda la iglesia Cristiana. Mientras que le epístola fue causada por la influencia inquietante de cierto falsos maestros (1:3-6; 6:3-5), lo que importaba a Pablo era no lanzar una refutación detallada de las falsas enseñanzas, sino explicar a la congregación, sus líderes y a Timoteo mismo, cómo los cristianos deben de vivir vidas santas en la cara de enseñanzas heréticas y un ambiente pagano depravado.

El Adorno Correcto. El contraste en este pasaje es entre el adorno de la mujer Cristiana que profesa religión y de la mujer mundana cuya única importancia es atraer la atención a sí misma. La frase, “ las mujeres deben de adornarse a si mismas ” sugiere que Pablo no se está oponiendo al adorno de por sí, si este es de la clase correcta. El deseo de parecer bien a la vista de otros no está mal cuando está bien regulado.

Dios no condena los ornamentos reales. Él ha llenado el mundo con cosas que no son solo útiles sino también hermosas. Los tonos de las flores, las plumas de las aves, el pelaje de los animales, la belleza del cuerpo humano con sus lindas mejillas, labios delicados, y ojos chispeantes- esas cosas son de la naturaleza de ornamentos, porque están agregadas a lo que sería meramente útil. Dios podría haber diseñado todas las frutas para que fuesen verdes, pero Él escogió para ellos una variedad de colores para que nos dieran no solo comida, sino también belleza.

El verdadero adorno es lo que da a una persona el expresarse realmente a sí mismo. Debe haber una consistencia entre la vida interior y la apariencia exterior. Pretender ser humilde ante Dios mientras se está adornado extravagante y ostentosamente es hipocresía. El vestido que debemos vestir debe ser reflejo de nuestra profesión de buscar el reino de Dios y Su justicia en nuestras vidas.

Pablo clarifica la naturaleza del adorno apropiado usando tres palabras significativas: “modestia, sensatez, vestido decoroso.” La NIV dice: “modestamente, con decencia y propiedad.” Una vista más cercana a esas tres palabras en el original Griego puede ayudarnos a apreciar más completamente los principios fundamentales de Pablo sobre el vestido Cristiano apropiado los cuales son relevantes para el Cristiano de hoy.

Vestir Modestamente. La primer palabra griega que Pablo usó para caracterizar al vestido cristiano apropiado para la mujer es kosmios, el cual está puesto en la mayoría de las traducciones como “modestamente.” La idea esencial de kosmios es estar bien ordenado, adecuado, dignificado. Deriva su significado de la orden manifestada en kosmos, que es, en el Universo de Dios. El correcto adorno del universo es un modelo a seguir para nosotros en nuestra apariencia exterior. Con referencia al vestuario, kosmios “significa lo que está bien ordenado, decoroso, adecuado.” 4

El Diccionario Teológico del NT explica que kosmios “describe a alguien que se disciplina a sí mismo y quien de esa manera puede ser considerado como genuinamente moral y respetable.” 5

La autodisciplina interna y actitud humilde de la mujer cristiana está reflejada exteriormente en un vestuario bien ordenado, dignificante y adecuado. “Pablo fue lo suficientemente sagaz para saber”, escribió Donald Guthrie, “que el vestido de una mujer es un espejo de su mente.” La ostentación externa no va con un acercamiento de oración y devoción. 6 En una forma similar Ellen White escribió, “El carácter de una persona es juzgado por su estilo de vestir. Un gusto refinado, una mente cultivada, se revelará en la escogencia de un vestido simple y apropiado.” 7

En su libro Personality Unlimited de Verónica Dengel comentaba sobre el buen gusto en ropas en una forma que recordaba la admonición de Pablo. “El buen gusto en la ropa comienza con la simplicidad, conveniencia, y culmina en lo apropiado para la ocasión… Colores chillones y vistosos, mala fabricación y mano de obra, y combinaciones no armoniosas, todas contribuyen al mal gusto. Tu ropa debe quedar bien. Si es demasiada floja, no es tan listo usarlas, si son demasiado ajustadas, las suturas se rajan. La simplicidad debiera de bordear con la sencillez, pero con la distinción que surge por el ajuste perfecto, líneas hermosas, buen corte, y la idoneidad para el tipo de figura. La ausencia de ornamentos ayuda para resaltar la belleza del tejido y el corte” 8.

La admonición de Pablo para vestir de una manera modesta, ordenada y apropiada es más relevante para los hombres y mujeres hoy, cuando la modestia está fuera de lugar y la exposición está de moda. Su admonición nos reta a prestar la debida atención de nuestro atavío para asegurarse que esta sea realmente pulcra, dignificado, ordenada y que refleje nuestros valores morales internos.

Nos recuerda que lo que vestimos no sólo refleja nuestros gustos y valores morales, sino también que afecta nuestro comportamiento y conducta. El vestido apropiado tiende a alentar una conducta adecuada.


La modestia preserva la intimidad. Dios nos llama a vestirnos modestamente, no sólo para prevenir el pecado, sino también para preservar la intimidad. La personas que desean pecar, pecarán no importa cuán modestamente vestidos estén. Los puritanos y Victorianos se vestían extremamente modestos, pero no prevenía su pecar. Solo tenían que tener un poco más de determinación y tomar más tiempo para desvestirse, pero siempre se las ingeniaban para pecar. El propósito en la modestia no es solo prevenir los deseos pecaminosos, sino preservar algo que es mucho más frágil y fundamental para la sobrevivencia de una relación marital: la habilidad para mantener una profunda e íntima relación con su respectiva esposa.

El llamado de Dios a vestirse correctamente es en realidad un llamada para preservar y proteger nuestra intimidad. Esta es una habilidad preciosa y delicada que podemos perder fácilmente si no la protegemos. Si el matrimonio va a durar toda la vida, como Dios lo pretende, entonces el esposo y la esposa deben trabajar juntos para preservar, proteger y nutrir la intimidad. Cuando todo está dicho y hecho, la modestia preservará el gozo de la intimidad mucho tiempo después del sonido de las campanas del matrimonio.

¿Orgullo o modestia? La admonición de Pablo para vestirse de una manera modesta y recatada, sugiere que no hay mérito especial en ignorar la apariencia para vestir ropas andrajosas, tanto más que vestir oro, joyas o perlas. Una persona puede violar el código cristiano del vestir modestamente por ser negligente en su apariencia personal tanto como darle atención excesiva al mismo.

Algunos visten para mostrar sus bellos vestidos porque están orgullosos de su apariencia. Otros visten extremadamente simple porque quieren convencer al mundo de su humildad. Ambas clases son orgullosas. Una clase está orgullosa de las ropas, mientras la otra está orgullosa de su humildad. Para evitar ambos extremos, necesitamos prestar atención al primer principio de adorno dado por Pablo: La apariencia exterior debe ser limpia, ordenada y adecuada para que nadie sea ofendida por ella.

Vestir decentemente. La segunda palabra griega que Pablo usa para caracterizar el adorno apropiado para la mujer cristiana es aidos, traducido “con decencia” (NIV), “sensibilidad” (RSV), “con vergüenza” (KJV). El término aidos ocurre solo en este texto en el Nuevo Testamento, pero su uso es frecuente en la literatura Helenística (Griego) del Judaísmo. Es esencial el significado de “reverencia” o “respeto”.

El término es usado para expresar respeto por Dios, el rey, el viejo, el vecino y la justicia. 9 ¿Como puede una mujer cristiana mostrar reverencia y respeto hacia Dios, otros y sí misma a través de su vestido? Vistiendo con decencia (NIV), sensatamente (RSV), sin causar pena o vergüenza a Dios, a sí misma y otros o como la KJV dice, sin vergüenza. Cada una de esas interpretaciones encontradas en esas versiones mayores agrega un matiz al significado básico del adorno reverencial. Las tres traducciones se complementan una con la otra y nos ayuda a entender más completamente el significado de vestir reverentemente.

La admonición de Pablo de vestir reverentemente es especialmente relevante para nosotros los cristianos hoy, cuando las modas modernas de vestimenta rechazan la reverencia y respeto como la base de relaciones humanas constructivas. La preocupación de las modas modernas es vender productos, explotando la poderosa figura del cuerpo humano, aun cuando esto signifique poner en el mercado ropa inmodesta que solo alimenta el orgullo y el apetito sexual.

La mujer cristiana está llamada a vestirse decentemente, no para ser menos atractiva, sino para preservar y proteger algo frágil que puede ser perdido fácilmente: su habilidad para intimar con su esposo, una experiencia que enriquece ambas vidas. La razón para vestir modestamente es similar a la razón por la cual cerramos con llave la casa. Cerramos con llave la casa para proteger lo que hay dentro manteniendo la gente extraña afuera. Similarmente, los cristianos actuarán, vestirán correctamente y decentemente para proteger y preservar la intimidad de la relación matrimonial previniendo la intrusión de afuera. La ropa pueden evocar respuestas íntimas: nuestros sentimientos más profundos de amor, la apasionada expresión de nuestra sexualidad, la revelación de nuestro ser interior. Tales respuestas pertenecen a la relación matrimonial.

El propósito de la modestia y decencia en vestidos no es esconderse de la vista de otros, sino preservar la intimidad de nuestras esposas. La modestia y la decencia deben ser respetada aún entre esposo y esposa. La exposición indecente aún dentro del matrimonio puede destruir el respeto mutuo y la capacidad para disfrutar la unión intima de mente, cuerpo y alma.

Exposición Indecente. Mary Quant, la madre de la minifalda y la mujer diseñadora británica más exitosa de ropa de mujer hecha para vestir, dice que su meta es “vestir a la mujer, para que el hombre sienta como que debe romper la envoltura” 10. Ella diseña ropa para impactar, porque cree que, “si la ropa no te hacen ser notorio, entonces pienso que es un desperdicio de dinero”11. Ella acuñó el dicho: “El buen gusto es muerte; vulgaridad vida.”12. Cuando se le preguntó, “¿Cual es el punto de la moda, hacia adonde se está dirigiendo?” Mary Quant prontamente respondió: “Sexo”. 13.

En una entrevista publicada en Newsweek Mary Quant explicó, en palabras casi muy crudas para citarlas, lo que la minifalda representa para ella: “¿Soy la única mujer que ha querido ir a la cama con un hombre en la tarde?” Cualquier mujer que siga la costumbre, se ha pensado, espera hasta la oscuridad. Bueno, hay muchas chicas que no quieren esperar. Las minifaldas son simbólicas para ellas.14. La seducción es también la meta de la línea de cosméticos que ella diseña: “Toda esta decoración se pone para seducir al hombre a la cama, así que ¿Cuál es el sentido de quitárselo?”15

Esta admisión imperturbable de una diseñadora líder, en que la meta de la moda moderna en ropa y cosméticos es seducir y apelar a la sensualidad, hace imperativo para los cristianos observar la admonición de Pablo de vestir con decencia, sensibilidad, sin causar pena o vergüenza a Dios, nosotros mismos u otros. Una mujer cristiana necesita recordar que su encanto no está solo en lo que revela sino también en lo que encubre. Una mujer que se vista para mostrar su atractivo físico y sexual estimula a los hombres para tratarla como un objeto sexual. Vistiéndose modesta y decentemente una mujer puede evitarle ser tratada como objeto sexual y puede realzar esas cualidades espirituales que nuestro mundo pecaminoso necesitar ver.

Este es un tiempo de coraje: coraje para luchar contra la vulgaridad de la moda, coraje para afrontar el mal gusto de nuestro tiempo, coraje para distinguir entre los caprichos de la moda que cambie y el sensible estilo que permanece; coraje para reconocer que “la obediencia a la moda…está haciendo más que cualquier otro poder para separar a la gente de Dios.”16; coraje para rechazar los dictados seductores de la moda y aceptar los consejos de Dios de vestir reverentemente. Es tiempo para que los cristianos tengan el coraje de aceptar el segundo principio de Pablo sobre el adorno cristiano: La apariencia exterior debe ser decente, digna, mostrando respeto a Dios, nosotros mismos y otros.

Vistiendo sobriamente. La tercera palabra Griega que Pablo usa para caracterizar el adorno apropiado de la mujer cristiana es sophrosune, la cual se traduce como “sobriamente” (NEW), “con sobriedad” (KJV), “con propiedad” (NIV), “en ropa decorosa” (RSV). Las diferentes interpretaciones revelan la dificultad de los traductores para encontrar la traducción de una palabra griega que no tiene contraparte exacta en el lenguaje Inglés.

La palabra sophrosune es una composición de dos palabras, “sano (sos)” y “mente (phrenes)”. Esencialmente denota vigilancia mental, eso es, el uso de la mente para ejercitar control, auto control. En este contexto del adorno cristiano, la palabra se usa para significar que la mujer cristiana debe de mostrar auto control al restringir cualquier deseo de vestir ropa que llame la atención o joyería. Como explica Albert Barnes, “La palabra usada aquí significa, apropiado, sanidad, entonces mente sobria, moderación de los deseos y pasiones. Se opone a lo que es frívolo, y a toda la excitación indebida de las pasiones. La idea es, que en su vestimenta y conducta, la mujer no debe atrincherar en violar el estricto decoro.”17.

No es de sorprender que la palabra griega sophrosune, que es, sobriedad, auto control mental, fuera considerada como “una de las virtudes cardinales.”18 Después de todo, es la actitud de auto control lo que determina todas las otras virtudes. También no es de sorprenderse que, como Pablo, los moralistas griegos frecuentemente asociaban sophrosune (auto control mental) con aidos (decente, comportamiento respetuoso.)19. La razón es obvia. Todo lo decente, los comportamientos respetuosos derivan del ejercicio del auto control.

Esta información nos ayuda a apreciar el porqué Pablo amonesta a la mujer a que se vista no solo con modestia (kosmios) y decencia (aidos), sino también con sobriedad, mente sobria (sophrosune). Como los moralistas griegos, el apóstol reconoce que una apariencia ordenada y decente es el resultado de auto control mental, eso es, un freno racional y voluntario del deseo pecaminoso de exhibir nuestro orgullo por medio del adorno.

La forma en que vivimos la vida cristiana está grandemente determinada por la forma que pensamos. “Proverbios: 23:7: Porque cual es su pensamiento en su alma, tal es él….”. Pablo reconoce el rol determinante de la mente para el estilo de vida cristiano. En su epístola a los Romanos urge a los cristianos para resistir la conformidad con el mundo y a ser transformados en la imagen de Dios a través de la “renovación de vuestro entendimiento.” (Romanos 12:2).
La renovación de la mente es esencial para resistir la presión a conformarse a la moda seductora de nuestro tiempo.

Pablo ilustra a la mujer cristiana convertida como una que ejercita auto control (sophrosune) en su adorno. Su deseo no es exhibirse a sí misma, sino reflejar el desinterés de Cristo. Su vestido no dice, Mírenme, admírenme, sino en lugar de eso, Miren como Cristo me ha cambiado desde el interior.

Esta visión apostólica de la mujer cristiana – que se muestra auto negación por rechazar vestidos y ornamentos que llamen la atención y en lugar de eso vestir ropas decentes y dignificantes- es particularmente relevante a nuestros tiempos.
Hoy en día la moda reina supremamente, y la vasta mayoría de hombres y mujeres la adoran en el altar. Muchos cristianos viven tan de cerca los cambios estacionales de la moda, que están dispuestos a privarse aún de las necesidades básicas para poder vestir ropa y ornamentos de moda. Quieren parecerse a las modelos que aparecen en las portadas de las revistas de mujeres. Haciendo eso revelan su inseguridad interna. No están satisfechas con su forma de ser real, así que quieren verse como alguien a quién más admiran. Lo que olvidan es que la imagen de las mujeres retratadas en las portadas de las revistas no es la imagen del reino de Dios. Guiar nuestra vida por los dictados de la moda cambiante no es buscar primeramente el reino de Dios.

Para resistir la tiranía de la moda seductora, necesitamos escuchar la amonestación del tercer principio de Pablo en cuanto al adorno cristiano: Vestir sobriamente, dejando cualquier deseo de vestir ropa y joyas que roben la atención.

Los ornamentos inapropiados. Para no dejarnos duda de lo que quiere decir en su admonición de vestir ordenada, decente y sobriamente, Pablo agrega a su lista cuatro tipos de ornamentos inapropiados para la mujer cristiana: “1Tm:2:9-10. Asimismo también las mujeres, ataviándose en hábito honesto, con vergüenza y modestia; no con cabellos encrespados, u oro, ó perlas, ó vestidos costosos. Sino de buenas obras, como conviene á mujeres que profesan piedad.”

La lista comienza con “no con cabellos encrespados” porque el mundo judío y romano de ese tiempo, las mujeres trenzaban su pelo con gran cuidado, arreglándose de varias maneras de acuerdo a los dictados de la moda prevaleciente.

Adornaban su pelo con lentejuelas de oro o hilos de oro o tejidos cruzados. Se nos ha dicho que la mujer romana le gustaba vestir orquillas elaboradas de ocho pulgadas de largo con diseños corintios intrincados. “Habían muchas formas de hacer el pelo como si fueran abejas en Hybla. El pelo era ondulado, y teñido, algunas veces negro, otras más castaño. Se vestían pelucas, especialmente rubias. Bandas de pelo, pines y crestas que se hacían de marfil, madera de boj y concha de tortuga; algunas veces de oro tachonados con gemas.” 20

Lo que Pablo condena aquí, no es arreglarse el pelo ordenadamente, sino “cabellos encrespados” entretejidos con ornamentos que eran diseñados para atraer la atención hacia el que lo vestía. Tal estilo contravienen los principios del adorno cristiano al cual se refiere Pablo.

Los dos siguientes ornamentos inapropiados mencionados por Pablo son “oro y perlas.” Abundantes eran los anillos brillantes, brazaletes, esclavas y aretes hechos con perlas y que eran usados por las mujeres de moda. El apóstol habla expresamente en contra de su uso, porque reflejaban vanidad personal y auto centralización, la cual no es consecuente con su súplica de modestia, decencia y sobriedad cristiana de apariencia exterior.

El último ornamento inapropiado mencionado por Pablo son “vestidos costosos.” Algunos tipo de ropa era extremadamente caros en los tiempos de Pablo. “Púrpura era el color favorito de la ropa. Una libra de la mejor lana púrpura de Tiro, trenzada dos veces, costaba 1,000 denarios.” 21 Considerando que un trabajador inexperto ganaba un denario diario, tomaría aproximadamente tres años en salarios para comprar una libra de lana púrpura de Tiro para hacerse un vestido. Tal costo no detenía a las mujeres ricas para comprar ropa y ornamentos caros. “En Roma, Plinio nos cuenta de una novia, Lollia Paulina, cuyo vestido de novia equivalía a £432,000 [about $1,600,000]. ”22.

No es de sorprender que los moralistas condenaran los vestidos caros y extravagantes tal como lo hicieron Pablo y Pedro. Por ejemplo, Quintillano, el maestro romano de oratoria, escribió: “Un vestido de buen gusto y espléndido presta dignidad al que lo viste, pero ropa afeminada y lujosa falla en adornar el cuerpo, y solamente revela la sordidez de la mente.” 23

Pablo habla en contra de vestir ropa cara porque ello refleja la vanidad personal, egocentrismo, y algunas veces el deseo de captar atención impropia de parte del sexo opuesto. Tales actitudes son están en consonancia con su pedido de modestia, decencia y sobriedad cristiana.

La mención de ropas caras, sugiere indumentarias que apenas se pueden obtener. El gasto que va más allá de nuestros medios es incompatible con los principios de mayordomía cristiana. Esto no quiere decir que las ropas caras son inapropiadas para quién las pueda adquirir, porque como dice John Wesley: “Ningún cristiano puede permitirse el gastar cualquier parte de la sustancia que Dios le ha confiado… Cada chelín que se ahorra en su apariencia, puede ser gastado para vestir al desnudo y aliviar las varias necesidades de los pobres, los cuales “siempre estarán entre vosotros”. Por lo tanto de cada chelín que se gasta innecesariamente en su ropa es en efecto robado a Dios y los pobres. ” 24.

Los ornamentos apropiados. Después de listar cuatro ornamentos inapropiados para la mujer cristiana, Pablo apremia a mencionar los apropiados, particularmente, “buenas obras, como conviene á mujeres que profesan piedad.” La idea de “buenas obras” como adorno cristiano apropiado nos recuerda las “las justificaciones de los santos.” (Apoc. 19:8). La noción de ser adornado con “buenas obras” es sugestiva, porque una vida de caridad desinteresada de benevolencia hacia otros podría realzar la apariencia exterior. Cristianas como la Madre Teresa, quien ha consagrado su vida a ministrar a los necesitados, desarrolla un atractivo exterior que aún un camión lleno de perlas no podrían producir. “El adorno de una mujer, para abreviar, no queda en lo en el que ella se pone, sino en el servicio amoroso ella reparte." 25

La belleza exterior de servicio amoroso ("hechos buenos") es apropiada para las mujeres que profesan ser religiosas, porque sus valores son más altos que los de aquéllas mujeres no cristianas. Las mujeres cristianas han arreglado sus corazones, no en decorar sus cuerpos externamente con ornamentos costosos, sino han embellecido sus almas internamente con el amor de Dios. Ellas profesan haber fijado su afecto en Cristo, su Salvador. Ellas lo siguen "quién hizo para hacer bueno" adornándose con hechos de benevolencia. Esto solo traerá la satisfacción de ser amada y respetada. Ninguna cantidad de ropa cara y la joyería sofisticada puede esconder la fealdad de una personalidad egoísta.

Pablo buscó consistencia entre la profesión interior y la práctica exterior. Profesar fidelidad a Cristo y todavía vestir extravagantemente e inmodestamente es una forma de hipocresía. Las mujeres Cristianas fieles se adornan propiamente con los hechos buenos que corresponden a su compromiso interno a Cristo.

Pedro y el adorno de la esposa cristiana. La enseñanza de Pablo en el adorno cristiano de la mujer es repetida por Pedro, aunque en un contexto diferente. Mientras que el contexto de Pablo en la enseñanza de vestir cristiana es la conducta de la mujer en la iglesia, el contexto de la enseñanza de Pedro es la conducta de la mujer en la casa. La contundente similitud entre las dos enseñanzas muestra que los principios de decencia y apariencia exterior aplica igualmente a la casa y la iglesia.

Pedro ofrece a las esposas una doble admonición para ayudarlas a mantener una relación con los esposos y ganarlos para Cristo si fueran incrédulos.

La primera admonición es tener una actitud sumisa hacia sus esposos manteniendo un comportamiento puro y respetuoso. “ASIMISMO vosotras, mujeres, sed sujetas á vuestros maridos; para que también los que no creen á la palabra, sean ganados sin palabra por la conversación de sus mujeres, Considerando vuestra casta conversación, que es en temor. 1 Pedro 3:1-2, RVA 1909”

Como Pablo en 1 Corintios 7:13-16, Pedro no aconseja a la esposa que ha tenido el valor de convertirse al cristianismo dejar su marido, sino ganarlo por una actitud sumisa. Ella manifestará sumisión no predicando, acosando o argumentando derechos iguales, sino por el testimonio silencioso de la belleza de su vida. En esta forma ella puede quebrar la barrera de prejuicio y hostilidad a la vez ganar a su esposo para Cristo.

Actitud Sumisa La noción de la sumisión de una esposa hacia su esposo es impopular hoy día, especialmente entre las feministas, quienes la ven como un equivalente a inferioridad. Pero la sumisión mandada es de función, no de estatus moral o físico. La sumisión funcional no significa inferioridad. Jesús fue igual con Dios en naturaleza (ontológicamente), y funcionalmente Él se sometió a sí mismo convirtiéndose en un siervo. La sumisión de la esposa al marido no es de miedo o inferioridad, pero de amor perfecto. Ella lo hace porque ella ama a Cristo, ama a su marido y acepta su papel y el papel de su marido alegremente como la cabeza de su casa (vea Col 3:18; Efe 5:22-23).

El pasaje sugiere que algunos esposos, particularmente aquellos hostiles a la fe Cristiana (“quienes no obedecen la palabra”), sean difíciles de complacer. En tales circunstancias la fe de la esposa y devoción a Cristo le ayudará a ser sumisa a su esposo. Ya que su esposo no acepta la Palabra (el Evangelio), ella testifica a él sin una palabra, eso es, sin predicarle a él. Ella vive la Palabra ante su esposo por su comportamiento puro y respetuoso.

Los ornamentos inapropiados. La segunda admonición de Pedro es para las que las esposas ganen sus esposos para Cristo no por medio de lujos exteriores, sino a través del adorno interior de un espíritu gentil y quieto. “El adorno de las cuales no sea exterior con encrespamiento del cabello, y atavío de oro, ni en compostura de ropas; sino el hombre del corazón que está encubierto, en incorruptible ornato de espíritu agradable y pacífico, lo cual es de grande estima delante de Dios. 1 Pedro 3:3-4.”

En este pasaje Pedro sigue el patrón de Pablo de 1 Timoteo 2:9-10, contrastando el vestido exterior del cuerpo de las mujeres mundanas con el adorno interior del corazón de una mujer Cristiana. El adorno negativo de la mujer mundana consiste de “encrespamiento del cabello, y atavío de oro, ni en compostura de ropas” Esta lista corresponde esencialmente a la dada por Pablo, la cual ya examinamos. De esta manera será suficiente que notemos que ambos apóstoles reconocen los estilos llamativos de arreglo de cabello, ornamentos centellantes y vestidos costosos los cuales no son apropiados para la mujer Cristiana.

El ornamento del corazón. El adorno interior positivo de la mujer Cristiana consiste de las gracias del corazón, el espíritu agradable y pacífico, el cual es precioso a la vista de Dios. Este es el adorno de un temperamento calmado, una mente satisfecha y un corazón libre de orgullo, vanidad y la agitación de quienes buscan reconocimiento por medio del vestido exterior.


Este es el adorno que encomendará una mujer a Dios, a su esposo y a otros. Este es el adorno el cual no es solo de lápiz labial o de piel, sino de la profundidad del alma.

Pedro no está implicando que una esposa Cristiana debe ignorar su apariencia exterior y concentrarse solo en la belleza de su alma. Ninguna esposa puede esperar asegurarse el afecto permanente de su esposo si ella no está atenta a su apariencia personal y hábitos pulcros. Pero lo que un hombre aprecia más en su esposa es el ornamento de su corazón: sus palabras gentiles, espíritu quieto, su calma en los problemas, su afecto puro. De esta manera, una mujer que desea ganar el afecto permanente de su esposo debe buscar tener no solo una apariencia externa muy buena sino también una disposición interior gentil, calma y benevolente.

Pedro concluye su admonición poniendo ante las esposas Cristianas el digno ejemplo de mujeres destacadas de los tiempos del antiguo testamento, como Sara la esposa de Abraham, que cultivó el adorno interior de su corazón y “Porque así también se ataviaban en el tiempo antiguo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, siendo sujetas á sus maridos: 1 Pedro 3:5.” Sara mostró su deferencia a Abraham “llamándole señor.” 1 Pedro 3:6.

Vale la pena hacer notar que tanto Pedro y Pablo hablaron acerca del adorno Cristiano de la mujer en el contexto de una actitud sumisa. Pedro apeló a una actitud “sumisa” inmediatamente antes y después de mencionar el adorno de las esposas Cristianas, mientras que Pablo lo hizo justo el adorno de la mujer Cristiana (1 Timoteo 2:11.) Esto sugiere que ambos apóstoles reconocieron que el adorno exterior está determinado por una actitud interna del corazón. Una actitud sumisa y humilde se reflejará en una vestimenta conveniente y modesta, mientras que una insoburdinada manifestará una vestimenta inmodesta, extravagante y seductiva.

Conclusión El Nuevo Testamento enseña cómo los Cristianos deben vestirse por medio de alegorías y admoniciones directas. Indirectamente, encontramos un contraste revelador entre el atuendo que dos mujeres simbólicas en el libro de Apocalipsis, la Gran Ramera y la Novia de Cristo. La mujer impura está vestida extravagantemente y adornada con adornos costosos, simplemente porque tal vestimenta representa orgullo interno y engaños seductores. Por contraste, la mujer pura está vestida con simpleza y modestia, sin adornos exteriores, simplemente porque tal vestimenta representa su humildad y pureza interna. Como Cristianos, seguimos el ejemplo de la Novia de Cristo, la cual es la iglesia a la cual pertenece, mostrando su pureza interna y santidad a través de la simplicidad y modestia de la apariencia exterior.

Directamente encontramos que ambos Pablo y Pedro contrastan el adorno apropiado de la mujer Cristiana con los ornamentos inapropiados de las mujeres mundanas (1 Timoteo 2:9-10; 1 Pedro 3:3-4.) Ambos apóstoles reconocen que los ornamentos brillantes del cuerpo son inconsistentes con los ornamentos internos del, el espíritu quieto y acciones benevolentes.

Un análisis cercano a los términos usados por Pablo ha revelado tres principios importantes: 1). Los cristianos deben vestir de una forma modesta, ordenada, evitando el extremismo. 2). Las cristianas deben vestir de una manera decente y digna, mostrando respeto a Dios, a sí mismas y hacia los demás. 3. Las cristianas deben vestir sobriamente, restringiendo cualquier deseo de exhibirse a sí mismas vistiendo ropas llamativas, cosméticos o joyas. La apariencia externa es un testigo silencioso de nuestra identidad Cristiana. Le dice al mundo que vivimos para glorificar a Dios y no a nosotros mismos.

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