CARNE DE CERDO Y SALUD



Desde hace muchos años me han venido pidiendo que escriba algo sobre la peligrosidad de la carne de cerdo, es decir sobre las sutoxinas o venenos y factores tóxicos propios del porcino. Más de una vez me senté a hacerlo pero tres cosas me hacían retroceder : 1º.- la dimensión del trabajo y mi escasez de tiempo, 2º.- el hecho de que por ser esta problemática practicamente desconocida en occidente yo no sabía por donde empezar y 3º.- un cierto temor por verme envuelto en una lucha “encarnizada” y “cochina” contra una propaganda dirigida en pro de intereses económicos que poco o nada tienen que ver con la salud del pueblo.
En una charla casi familiar no se pueden exponer detalladamente todos los puntos de vista de verdadera importancia. A pesar de ello, me he decidido a poner a su disposición este boletín para que algunos tengan la posibilidad de enterarse como pueden mantener o recuperar la salud observando la prohibición facultativa de consumir carne o productos del cerdo.
Tengo que empezar nombrando a los fundadores de grandes culturas tales  como Moisés, los profetas y Mahoma. Estos seres que supieron influenciar fundamentalmente en el nivel cultural de sus épocas, reconocieron los mandatos de la naturaleza y sobre ellos basaron sus leyes. YHWH, el ELOHIM de los judíos es idéntico a las leyes naturales, las cuales no es aconsejable infringir. Su violación trae con seguridad biológica “la enfermedad como castigo”. 
Especialmente peligrosa es la ingestión de la carne del cerdo y sus derivados en regiones tropicales. Es claramente reconocible en muchas aldeas y lugares africanos, que teniendo el mismo clima que sus inmediatos vecinos islámicos, pero con una civilización de predominio occidental, presentaban todas las enfermedades típicas de los comedores de cerdo. La población que vivía de acuerdo a las leyes del Islam permanecía sana, mientras que los vecinos se quejaban de enfermedades “propias de la civilización” según sus médicos  y entendidos. Lo mismo pasa con los diversos grupos humanos que pueblan el terreno del HUNSA en el Himalaya (Bircher). Estas personas que no ingieren ninguna clase de carne son sanas y trabajan hasta muy avanzada edad, asombrando con su fuerza y su vigor a las numerosas expediciones que los visitan. Los habitantes del otro lado del valle, también HUNSAS pero no ceñidos a las leyes islámicas en cuanto a costumbres dietéticas y de comportamiento, están plagados de las enfermedades más comunes.
No me sería posible decir estas cosas en la Arabia Saudita, El Cairo, Pakistán, Argelia, Tunicia, Libia o en cualquier otro estado donde el Islam ejerce en forma real su dominio religioso, pues con razón se me diría que lo que quiero exponer se conoce, observa y obedece desde hace MILENIOS.
Es conocido de muchos el hecho de que no solo los mahometanos sino también los judíos viven “en sentido religioso” bajo la más estricta prohibición del consumo de carne o de cualqier otro producto que provenga del cerdo. Naturalmente hay quienes no obedecen; ellos en su ignorancia, alegan que los sacerdotes y rabinos consideran el asunto como una medida higiénico- religiosa, especialmente debida al contenido de triquinas de la carne porcina. Esto de ninguna manera es así.

EFECTOS DE LA CARNE DE CERDO.
Empecemos con un gran experimento involuntario del cual dieron testimonio fidedigno numerosos colegas que tomaron parte en la dura prueba. Durante la segunda guerra mundial en la famosa campaña del norte de Africa bajo el mando del Mariscal Rommel, se enfermaron muchos soldados alemanes de “úlceras tropicales”. Estas eran fétidas ulceraciones de las piernas que realmente los inutilizaban para la lucha. La permanencia en lazaretos era larga y finalmente debían ser trasladados a zonas de clima más benigno. Después de agotar todas las medidas terapéuticas ortodoxas se pensó que quizás la alimentación de la tropa tenía algo que ver con este penoso asunto. Los nativos no las presentaban y comparativamente lo único que no consumían era cerdo. Se procedió a eliminar de la dieta dicho alimento y las lesiones desaparecieron prácticamente desde ese mismo instante.
Ya desde antes de la guerra conocía yo que la carne porcina tenía una acción empantanante del mesénquima y que desencadenaba efectos tóxicos, pero no sabía cómo expresarlo. Supuse en aquel entonces que este penoso hecho sólo era válido para las preparaciones frescas tales como el plato variado de fritanga, costilla, chuleta, bola de pierna, lomo etc., pero no sabía que el jamón, la mortadela, la manteca, el tocino y los productos ahumados también ejercían un efecto deletereo para la salud. 
Cometí esta equivocación debido a que el consumo de productos frescos del puerco suele desencadenar afecciones de tipo agudo tales como apendicitis, sinusitis, colecistitis y cólicos biliares, catarros intestinales, gastroenteritis con cuadros clínicos similares al tifo y al paratifo; también eczemas agudos, forúnculos, abscesos de glándulas sudoríparas y otros muchos más. Sin embargo, al observar por muy largo tiempo a los degustadores de salsichas de todo tipo, incluso salami, que también tienen componentes porcinos, no pude observar las citadas dolencias. De allí mi error.
Luego vino otro experimento involuntario a aclararme las cosas. Los años de hambre después de la guerra, obligaron a toda la población alemana a cambiar sus costumbres dietéticas. La reforma monetaria de 1948 encontró a nuestra gente bajo el régimen del más estricto ayuno de carne porcina. 
El pueblo alemán vivió prácticamente sano durante los últimos años de la guerra hasta mediados de 1950; nadie podía comer hasta saciarse. La carne de cerdo era tabú. Carnes de otro tipo eran de estricto racionamiento, así como la grasa y el azúcar, en tanto que cereales, pan y pastas podían obtenerse para llenar un poco más el plato que gracias a las papas, remolachas, zanahorias y verduras frescas por lo menos apagaba el hambre aguda de la mayoría.
Los casos de apendicitis eran una verdadera rareza. Vi un par de colecistopatías severas en ciertos pacientes que “a escondidas” degollaban uno que otro marranito. El reumatismo, los problemas discales de la columna y enfermedades similares, el infarto del miocardio así como arterioesclerosis e hipertensión arterial eran lujos prácticamente desconocidos. Por otra parte a los soldados jóvenes de las fuerzas de ocupación se les agolpaba en hospitales con arterioesclerosis y demás linduras ya citadas. Las amigas y amigos alemanes de las fuerzas armadas empezaron a “comer mejor” y a engrosar la lista de los enfermos.
Poco después de la reforma económica de 1948 empezó nuestra moneda a mejorar. Por ella nos vendían carne de cerdo, jamón, así como tocino y manteca, es decir, aquellos grandes ausentes durante los últimos siete años “de las vacas flacas”. El cuadro cambió fundamentalmente. Me llamaban sin pausa a atender apendicitis, colecistits, purulencias agudas de la piel como son piodermatosis, impétigo, furunculosis y abscesos de glándulas sudoríparas. Si les daba remedios químicos en combinación con ungüentos y sulfonamidas aparecían pronto tiñas crónicas de hongos y la más incríble gama de efectos secundarios.
Desesperante fue en los años subsiguientes la forma como aumentaron las enfermedades cancerosas. Numerosos pacientes entre los 60 y 70 años, quienes hasta el momento gozaban de relativo bienestar me buscaban por gastropatías cuya causa pudo comprobarse luego como carcinomas del esófago, del estómago o del intestino. El curso de estos casos fue tan instructivo y biológicamente significativo por su causa fundamental que empecé a obtener datos comprobatorios para mi tesis de que el origen de todas las enfermedades tienen un condicionamiento tóxico.
Mi primer trabajo sobre Homotoxinas apareció en 1952 en el semanario médico de Munich. (Münchenr Medizinische Wochenschrift).
Con el correr de los años y con el aumento de mi experiencia supimos que muchas otras enfermedades tales como artritis y artrosis también le agradecían buena parte de su existencia a la carne de cerdo. La leucorrea de las mujeres, las fístulas crónicas a partir de otitis y cirugía de mastoides, así como fracturas producidas por balazos durante la guerra, eran en parte sostenidos en su purulencia por el consumo de la carne porcina. El grupo de estos enfermos que después de años de sufrimientos, se curó definitivamente al utilizar convenientes medidas dietéticas biológicas, así como una medicación y terapia homotoxicológicas fue tan grande que cualquier colega que nos hable de coincidencias lo hace simplemente porque nada sabe del rigor con que se puede observar y actuar en tiempos de guerra. Temeroso de equivocarme, confrontaba mis observaciones con las de otros colegas pues sería una pena caer en la monomamía de culpar únicamente al pobre cerdo.
Fue así como me resolví a alimentar animales en forma estrictamente experimental. Compré toda una población de ratones blancos y empecé. El resultado lo publiqué en 1955 en mi libro “Homotoxinas y Homotoxicosis, bases para una Síntesis de la Medicina”. Editora AURELIA VERLAG, Baden Baden.
Los ratones alimentados con carne de cerdo presentaron una tendencia hacia el canibalismo. Después de algunos meses, particularmente después de un año, la incidencia de cáncer en diversas partes del cuerpo aumentó considerablemente, la presencia de dermatopatías se hizo también muy frecuente. Los ratones alimentados normalmente también enfermaron, pero la aparición de cáncer y de enfermedades mortales era mucho menor y el canibalismo igual a cero.
Con otros informes acerca de los efectos tóxicos de la carne porcina en animales pude redondear mejor la visión de conjunto. Perros Boxer, por ejemplo, si se les dá carne de cerdo enferman de eczepruriginosis y viven mucho menos en promedio, pues las enfermedades internas y la sarna que los invade suelen ser malignas y precoces. Lo mismo se afirma de animales de circo, especialmente de leones y de tigres, a los cuales si se los alimenta con cerdo se vuelven perezozos y obesos, presentan epistaxis e hipertensión. El propietario de un criadero de truchas las vió morir en cuestión de días por haberlas alimentado con fino picadillo de carne de puerco.

 HOMOTOXICOLOGÍA DE LA CARNE DE CERDO. 
  
Mi consultorio, hacia 1948 atiborrado de las más diversas enfermedades crónicas y agudas, fue útil para reunir observaciones que me sirvieron de base para desarrollar la “Homotoxicología suis”.
La carne de cerdo ha de considerarse como una homotoxina pesada (veneno humano) que conduce en el cuerpo a manifestaciones varias de defensa; dichas manifestaciones se presentan en forma de las más variadas enfermedades. Teniendo en cuenta los informes de investigaciones científicas que existen en la literatura mundial y analizándolos desde el punto de vista Homotoxicológico, tenemos que aceptar que numerosos componentes de la carne de cerdo actúan como homotoxinas, como factores de sobrecarga (stress factor) y como alergizantes de tal forma que la denominación sutoxina nos parece justificada.
Entre otras cosas se comprobó que la grasa animal exógena (es decir ingerida) se almacena en nuestro cuerpo como tal. Un perro, por ejemplo, que se alimenta con carnero contiene en sus depósitos lipídicos “la grasa del carnero” químicamente comprobable como se vé por las reacciones químicas del tejido graso subcutáneo, del yodo, etc. La sangre se inunda además con semejantes componentes grasos. Se forman macro-moléculas (“Cenapse” según MACHEBOEUF), que son medidas en la ultracentrífuga según su diversa velocidad de suspensión (medidas en unidades swedberg), y, resultan en parte responsables de la formación de la arterioesclerosis, calcificación de las coronarias, hipertensión, plétora, mala irrigación del tejido conectivo y de glándulas importantes.
Más tarde se descubrió que una alimentación tan grasa, constituye una severísima sobrecarga para el tejido conectivo.
El profesor HAUSS (MÜNSTER) informa en su libro “La Reacción Mesenquímica Inespecífica” que especialmente la gordana y el tocino empeoraban en forma severa los cuadros clínicos de sus pacientes.
El profesor WENDT de Frankfurt considera que la arterioesclerosis, la diabetes y los problemas circulatorios se deben prácticamente a la “ceba proteica”, o exceso de proteínas. Sabemos que los mucopolisacáridos, especialmente los componentes gelatinosos del cerdo llevan en esto, junto a otras carnes, la mayor culpa.
·      SUSTANCIAS ESPECIALMENTE NOCIVAS DE LA CARNE DE CERDO. 
Surgió la pregunta de: ¿en qué consiste la diferencia entre la carne de cerdo y otras clases de carnes? Fue muy difícil obtener datos completos a este respecto pues la mayoría sólo se ocupaba de análisis calóricos. Sin embargo se pudo comprobar lo siguiente:
1. La carne de cerdo es marcadamente grasa, incluso la carne magra.
    En el puerco la grasa se encuentra intra-celular, mientras que en otros animales (res, carnero) está fuera de la célula, en el tejido conectivo. En una que otra res muy vieja pueden hallarse pequeñas cantidades de grasa dentro de la célula, en tanto que en el cerdo el porcentaje es bien alto. Esto se puede ver al colocar un pedazo de carne magra de cerdo en la sartén caliente. De inmediato suelta la grasa para fritarse “en su propia salsa”.
Puesto que la grasa, “la deliciosa grasa de cerdo”, contiene el doble de calorías que los hidratos de carbono y las proteínas, lo primero que el cuerpo hace con ella es almacenarla en el tejido conectivo. Esto explica la legión de regordetes entre los comedores de cerdo. Es grasa firme y dura, difícil de desmontar. Este proceso corresponde en parte a la “ceba proteica” de la que habla el profesor WENDT.
2.  La grasa siempre está asociada al colesterol. 
Las macro-moléculas están cargadas de colesterol y juegan su papel en la hipertensión y en la arteriosclerosis. Se las considera factores adicionales en el infarto del miocardio y en las coronariopatías, en las afecciones circulatorias de la periferia especialmente en combinación con nicotina. ROFFO encontró colesterol en la pared de las células cancerosas.
 
3. Peligros especiales parten de la sustancia conectiva sulfurosa.
Aminoazúcares, condroitinsulfato, hexosamina, glucosamina, etc. todos tienen un carácter gelatinoso (mucopolisacáridos).
 
El embutido de untar, si es del bueno, si se deja untar y corre bien con el cuchillo es de cerdo o lo contiene en alto grado. De esto se comprende la exuberancia tipo Rubens de quienes comen cerdo y de sólo ellos. Todos presentan una hinchazón gelatinosa de su tejido conectivo que absorbe agua como esponja y les da el aspecto típico de rollizas llantas estilo cojinete. Estas sustancias se almacenan en fascias, cartílagos, aponeurosis, trayendo como consecuencia reumatismo, artritis, artrosis, problemas discales en columna, etc., puesto que las sustancias conectivas elásticas se tornan blandas y gelatinosas perdiendo resistencia.
Aquí debo nombrar los experimentos llevados a cabo por el profesor BIER, quien al inyectar Sulfur DS a sus conejillos les movilizó el azufre de los tejidos; los animales lo eliminaron y la sustancia cartilaginosa readquirió consistencia al perderlo. De dicha manera también actúan los baños sulfurosos. Un cartílago es más fuerte y resistente cuanto menos azufre contenga.
La carne de cerdo contiene mucho azufre. Esto se comprueba en los experimentos de putrefacción y descomposición en los cuales el azufre de los tejidos se degrada. Se le nota por su penetrante fetidez (H2S). Experimentos diferenciados de putrefacción con carne de cerdo, de res y de carnero dieron a conocer que la que tiene el menor contenido de azufre es la de carnero. Los recipientes con cerdo tuvieron que ser retirados del cuarto a los pocos días pues su hediondez era simplemente insoportable. La carne de res se acidificó pronto pero no hedía ni la cuarta parte. La carne de carnero aún después de tres semanas apenas si comenzaba a mostrar signos de putrefacción.
El profesor LETTRE (Patólogo de Heidelberg) pudo demostrar en base a experimentos en animales que los productos constitutivos de un tejido, cuando han sido introducidos en el organismo, y allí se descomponen o disocian, migran en un altísimo porcentaje hacia el sitio al que biológicamente pertenecen. Esto lo evidenció con elementos constitutivos de tejidos, órganos y glándulas, los cuales habían sido marcados previamente con isótopos radioactivos con objeto de comprobar la velocidad de la terapia con células frescas. He podido constatarlo en muchos de mis pacientes, pues aquellos que consumían con frecuencia la grasa del lomo presentaban casi un armazón de cebú en su nuca y espalda. Los que gustaban de la sobrebarriga eran panzudos. Quienes comían jamón portaban nalgas feamente onduladas y tendencia a los briches. Este “fenómeno” tratándose de damas, las atormentaba al máximo pero las pobrecitas eran ignorantes de las verdaderas causas del desastre.
 
4. La importancia de la hormona del crecimiento.
La carne de cerdo la contiene y ella viene a ser un factor inflamatorio culpable de edematizaciones tisulares a veces comprobadas e inexplicables.
 
Algunos investigadores están empezando a temer una cierta influencia sobre las acromegalias y las hipertrofias de todo tipo.
 
5. Efectos claramente pruriginosos de la carne de cerdo.
En base al contenido de histamina fluyente que viene a ser culpable de muchos procesos inflamatorios ya citados, tales como forúnculos, carbúnculos, apendicitis, colecistitis, flebitis, flujo blanco de las mujeres, abscesos y flemones, dermatopatías, urticarias, eczemas, neurodermitis, etc.
Después de la reforma monetaria traté muchas veces casos crónicos de urticaria. Se trataba de pacientes mujeres de edad avanzada, pero también niños, y casi todos respondían prontamente a la medicación con APIS a la D12 y Sulfur a la D30.
En las pacientes de edad avanzada resurgía fuertemente la urticaria cada vez que comían carne de cerdo. Sólo pude curarlas definitivamente si aceptaban y seguían el cambio de dieta recomendado.
Las inflamaciones y el prurito se deben al contenido de Histamina y de Imidazoles, por ejemplo, el Metronidazol.
 
Con inyecciones de Histamina es posible producir experimentalmente úlceras gástricas, prurito, inflamaciones, enfermedades alérgicas, asma, fiebre de heno, rinitis vasomotora, arritmia cardíaca e inclusive infarto de miocárdio. Los amenazados de infarto no deberían probar jamás la carne de cerdo.
 
6. “Factores sanguíneos“ sobrecargantes de mesénquima.
Se encuentran contenidos en gran cantidad en la carne de puerco, son muy particulares y su plena identificación aún no se ha logrado. NIEPER los denomina agentes oncogénicos, ENDERLEIN los llamó endobientos, von BREHMER siphonospora polymorfa y SCHELLER parasitantes eritrocíticos invasores.
 
Todavía no se sabe hasta qué punto son parecidos e idénticos los unos con los otros. SPERANSKY sospechó que ellos eran los iniciadores de los peores procesos degenerativos. La carne de cerdo es en todo caso rica en tales factores formadores de esporas, los cuales últimamente han sido catalogados como mitocondrias migrantes provenientes de células inestables descompuestas por el mero contacto con lo humores del organismo que las ingiere.
 
7. El virus de la GRIPE PORCINA.
Es un factor tóxico de gran importancia. Según el profesor SHOPE del Instituto de Investigaciones Virales de Londres, alcanza a pasar todo el verano en los pulmones del cerdo y practicamente se le encuentra elaborado en embutidos y salchichas. Quien coma de esta carne logra adquirirlo. Una vez en el cuerpo migra, según el Profesor LETTRE, al sitio de su pertenencia biológica, es decir, el tejido conectivo pulmonar, en donde permanece en estado de eclipse (de invisibilidad) hasta que le llegue una propicia oportunidad para su reproducción, por ejemplo, en primavera cuando hay carencia vitamínica, pobreza de sol y resfriados. Brotan entonces las epidemias de gripe viral. Quiero recordarles la epidemia de gripe aparecida después de la Primera Guerra Mundial que cobró casi más víctimas que la misma guerra. El pueblo alemán completamente hambreado fue inundado con tocino americano como primer alimento dizque necesarísimo para cubir el enorme déficit calórico de aquel entonces.
 
Observaciones muy similares pude hacer luego en los largos años de mi experiencia como médico. Recuerdo los muchos noviembres en que eran vendidas en Alemania centenares de miles de conservas canadienses de carne porcina. Al terminar el invierno empezaban las epidemias de gripe “como por encanto”. Los pueblitos mahometanos que realmente se ciñen a la prohibición de carne de cerdo tienen como es sabido una incidencia pobrísima de epidemias virales de gripe. Claro que tales epidemias también pueden provenir del consumo de carne de caballo, la cual puede estar apestada con el virus.
·      GRÁFICA DE LAS SUTOXINAS O TOXINAS PORCINAS. 
 
Principales enfermedades y fases que surgen al ingerirlas.
 
1. Colesterol:
a.- Macromoléculas cargadas de colesterol en la sangre. (hipertensión, arterioesclerosis, pletora). 
 
b.- Colesterol en las paredes de células cancerosas (Roffo) (Fases de neoplasma)
  
2. Histemina e Imidazoles:
a.- Sustancias pruriginosas.
(Urticaria, herpes, dermatitis, eczemas, etc.)
 
b.- Inducen procesos inflamatorios.
(Forúnculos, carbúnculos, apendicitis, colangitis, colecistitis, tromboflebitis, flemones, flemon albus, etc.)
 
3. Hormona del crecimiento:
Activa la inflamación y el crecimiento.(Adiposidad, Acromegalia, fases de neoplasma)
 
4. Sustancias sulfurosas: 
Mucopolisacáridos de carácter gelatinosos que empantanan el mesénquima (Aminoazúcares, ácido Hialurónico, Condroitín-sulfato, Hexosamina)
 
a.- Edema gelatinoso del mesénquima.
(Milogelosas, Adiposidades, etc.)
 
b.- Almacenamiento de sustancias gelatinosas en fascias, bandas, cartílagos, Aponeurosis.
(Reumatismo, artritis, artrosis, osteocondrosis, etc.)
 
5. Ácidos grasos sutóxicos: (Porcinos) 
Se encuentran incluso intracelulares.
(Adiposidad, Hipertensión arterial, Policitemia y otros)
6. Angente Oncógeno: (NIEPER) 
Endobiento (ENDERLEIN), Siphonospera polymorfa (von BREHMER)
Eritrocitos parasitados (SCHELLER)
Son importantes factores indicadores del surgimiento de fases de neoplasma.
 
7. Virus de la gripe: 
Permanece durante el verano en los pulmones del cerdo (SHOPE).
 
·      SIMILITUDES BIOLÓGICAS. 
  
Hay que llamar la atención sobre el hecho de que el cerdo, en la edad media, cuando era prohibido hacer disecciones a seres humanos, servía a los estudiantes de medicina como objeto para entrenamientos de anatomía debido a que toda la estructura del animal es extraordinariamente similar a la del hombre. También la piel del cerdo casero tiene,  como se sabe, grandes similitudes con la del hombre.
Los asesinos múltiples utilizaron la carne humana, la prepararon y adobada la ofrecieron en venta, fresca o en salchichas, como si fuera carne de cerdo. Como tal fue consumida con especial apetito. Según datos tenía el mismo sabor que el cerdo y era de fácil y buena digestión. Les nombro al respecto los legendarios asesinos Hamann y Kürten.
En la Primera Guerra Mundial fue descubierto en el norte de Berlín un asesino múltiple que adobaba en salchichas y embutidos de gusto exquisito la carne de todas las mujeres que asesinó. “Daba gusto ver cómo los clientes reclamaban y hacían cola para adquirir la mercancía” les decía este hombre a sus jueces. Un nativo de Nueva Guinea que devoró a su mujer y a sus hijas se disculpó ante las autoridades que lo incriminaban con las palabras: “Es que tenían un sabor...”
En las islas del mar del sur, en Polinesia, los caníbales llamaban “cerdos largos” a los hombres que fagocitaban, lo cual sin duda subrayaba una cierta semejanza en el sabor de ambos tipos de carne. La similitud entre la carne de cerdo y la del hombre posibilita además un intercambio biológico más fácil de las sustancias que contienen. Esto vale especialmente para la comprobación del profesor LETTRE, quien al analizar la terapia con células frescas vio migrar macromoléculas y péptidos hacia el lugar anatómico al que biológicamente pertenecían.
Esto explica por qué el tejido conectivo del hombre que consume frecuentemente carne de cerdo se torna gelatinoso. Los factores sulfurosos ya citados (mucopolisacáridos) lo reblandecen, lo transforman y en algunos casos se llega a tales extremos que el hombre empieza a tomar el aspecto de lo que come. Es muy conocido el proverbio de : “el hombre es lo que come”.
·      ESCROFULOSIS (enfermedad del cerdo) y TUBERCULOSIS. 
  
Aquí llamo la atención sobre la escrofulosis que se presenta en los niños, caracterizada por inflamación de glándulas y gánglios. Estos últimos se descomponen literalmente y terminan formando fístulas. Se llegan a constituir en verdaderos paquetes ganglionares especialmente en el cuello, de tal modo que los niños toman un aspecto de cerditos (scropha = la marrana, scrophula = su cerdito).
Posiblemente se quiso, al dar este nombre, subrayar la enfermedad y su causa. Las madres hoy en día arreglan facilmente la lonchera de los niños para el colegio pues el jamón y los perros son plato obligado de estos pequeños seres, quienes desde la más tempranan infancia tienen que vérselas con la patología suis. Niños con glándulas y gánglios que nunca se desinflaman, niñas con flujos hediondos desde la más tierna edad, seres pequeños plagados de infecciones aparentemente virales y a quienes “todo se les inflama” están atiborrando los consultorios de los pediatras. Ni qué decir acerca de las “alergias”.
Las medidas de defensa se movilizan especialmente contra la grasa del cerdo. Después de su disociación en el intestino y de su resíntesis, los vasos linfáticos la absorben y pasando por los gánglios llega al conducto torácico y a las venas cavas. La sobrecarga que tienen los gánglios linfáticos con la filtración y detoxicación de los factores sutóxicos contenidos en dicha grasa después de su disociación en el intestino se acumula en el tejido conectivo retornando allí las características “propias de su clase y tipo”; todo esto deja su sello en la inflamación de los gánglios linfáticos.
Todo esto corresponde ni más ni menos a una intensificación de todas las funciones fisiológicas, es decir, hinchazón e hipertrofia de glándulas, dolores, fiebre, purulencias, hasta fistulación, todo esto asociado a manifestaciones irritativas dérmicas eczemas, etc. Si tomamos en cuenta que todo esto está acoplado a una constitución hidrogenoide caracterizada por una especial sensibilidad al frío y a la humedad, no podremos ver salir al paciente de su diátesis exudativa (sudores, fiebres, gripes, etc.).
Es muy probable que en tiempos ya pasados se ofrecía con más frecuencia el cuadro clínico de la escrofulosis debido a una alimentación únicamente de cerdo y sin verduras, con pobreza vitamínica.
Hoy día ha cambiado el cuadro. Sólo vemos formas incipientes de escrofulosis como cólicos umbilicales, hinchazón de los  nódulos mesentéricos, a veces también hipertrofia de los gánglios del Hilio Pulmonar que presentan en ese estado el mejor terreno para la tuberculosis. Este tipo de T.B.C. se manifiesta preferencialmente después de supresiones medicamentosas de fiebre.
A una edad ya más avanzada, especialmente después del tratamiento de resfriados con salicilatos, pirazolonas y otras medidas supresoras de la fiebre se observa el así llamado “infiltrado eosinofílico” de los vértices pulmonares. Al disolverse esta fase de impregnación (vicariación regresiva en sentido de la Homotoxicología) se nos presenta la caverna o fase de reacción y en ella, dadas las condiciones adecuadas, se forma la tuberculosis pulmonar abierta. De esta manera intenta el organismo eliminar la toxicosis generalizada.
 
La alopatía mata con estreptomicina los bacilos de Koch que viven como saprofitos en una caverna que ellos nunca construyeron, sin tener en cuenta la situación tóxica causal, que vista biológicamente, sería de primerísima necesidad corregir. A nadie hasta ahora se le ocurrió pensar que nos hallamos ante una lesión de origen alimenticio la cual debido a una terapia no biológica se convirtió en una patología iatrogénica.
En los primeros decenios de este siglo se habló mucho de Gustavo NAGEL conocido en su época como el apóstol de la naturaleza. A base de crudos y de una vida biológica se liberó totalmente de una tuberculosis pulmonar avanzada. Dichos casos y el del mundialmente famoso cura KNEIPP son ejemplos típicos de la importancia que tienen los tóxicos que contienen nuestra alimentación, para la evolución y desarrollo de enfermedades.
 
Existen aún otros peligros provenientes de la carne de cerdo. Pensemos simplemente cómo un cerdo de ceba que al nacer sólo pesa unos cuantos gramos, y, en cuestión de seis meses es ya un animalote de varias arrobas. Todo esto se debe a la hormona de crecimiento. Un animal semejante consta de escasa musculatura, pocos huesos pero mucho tejido conectivo, grasa, sangre y órganos. El carnicero le saca utilidad a todo. Hasta el último resto se adoba y se prepara de tal modo que su sabor es exquisito, en razón de ésto y de su elevado nivel calórico, la venta es segura. Las preparaciones ahumadas son doblemente tóxicas pues durante el proceso se impregnan de Benzopireno a quien todos aprendieron a temer como cancerígeno.
 
·      ¿ ADICCIÓN A LA CARNE DE CERDO ?. 
  
Aquellos seres humanos que se acostumbraron a consumir esta carne llegan a ser prácticamente adictos a ella. Basta oír las protestas de los enfermos cuando, en vista de sus dolencias crónicas, me resuelvo a prohibírsela. El siquiatra Dr. W.HOFFMANN de Mannheim examinó el asunto y llegó a la conclusión de que la inmensa mayoría de los consumidores de cerdo analizados por él, cumplían a cabalidad con las condiciones para considerarlos adictos.
¿ Existe pues la adicción al cerdo ?
Los porcinómanos encuentran toda clase de disculpas para comer puerco. Rechazan enfáticamente la culpabilidad del animalito en sus dolencias y justifican su menú con toda clase de razonamientos, al igual que fumadores y bebedores. A quienes se han podido liberar de la afición a la carne porcina termina ésta produciéndoles asco y la reconocen si alguna vez equivocadamente la sirven en su plato. Algo similar ocurre con aquellos ex-fumadores que de pronto huelen un cenicero trasnochado.
  
·      ¿ HORMONAS SEXUALES COMO CANCERÍGENOS ?.
  
Es poco lo que se ha investigado hasta ahora acerca de las hormonas andrógenas del cerdo reproductor, sin embargo ellas juegan un papel en la valoración de la calidad de la carne de puerco.
Los cerdos machos deben castrarse semanas y hasta meses antes de sacrificarlos, de lo contrario la carne tendrá sabor apestoso. Las hormonas sexuales del cerdo las considero sospechosas.
 
Los puercos no viven mucho tiempo pues su edad biológica está limitada a pocos años, además en su calidad de animales de ceba y degüello no se les permite vivir más de seis años pues de lo contrario aparecen indefectiblemente una degeneración cancerosa.
 
Es un hecho que el puerco tiene muchos atributos en común con el hombre; yo quisiera decir que el cerdo es hasta cierto punto “la imagen negativa del hombre”.
 
El cerdo, “como cerdo” puede gozar de excelente salud, pero si lo incorporamos al hombre, veremos en él sus cualidades: corazón, hígado graso, hidropesía, aumento de la histamina fluyente con sus respectivos cuadros de inflamaciones, ulceraciones y alergias, hipertrofias, lipomas, gelosas,  etc., y ahora factores hormonales tóxicos. A pesar de que su contenido vitamínico es alto, tenemos que saber que el organismo humano no logra metabolizarlo, quemarlo y descomponerlo como lo hace con otras carnes. Se impregna tan íntimamente que no logramos deshacernos de él a través de fases de excreción comunes y corrientes, así sea que nuestro trabajo sea extremadamente fuerte. Si lo tenemos en el cuerpo, la “fase de reacción” aparecerá indefectiblemente aunque se necesiten decenios para comprobarlo. Si las sutoxinas no salen de nuestro cuerpo envejecerán en nosotros y jugarán entonces un papel significativo en nuestras enfermedades degenerativas y crónicas. Esto lo podrá entender muy bien quien vea en su vida el efecto del pirogenio suis ante situaciones desesperadas. 
  
·      HOMOTOXICOLOGÍA COMO SOLUCIÓN DEL PROBLEMA. 
  
Acaban de oir que la carne de cerdo no abandona nuestro cuerpo en forma fisiológica, que no logramos detoxicarla a través de las válvulas de salida y eliminación normales como son la orina, el pulmón, los intestinos y la piel, de tal manera que al no utilizarse fases de excreción debe salir en forma patológica, la más inocua de las cuales es la inflamación aunque el dolor sea la característica dramática de esta fase.
Según sea el órgano o el tejido del cerdo que coma el hombre así serán sus enfermedades. El índice va desde colecistopatías con litiasis vesical (colesterol), cólicos biliares y apendicitis aguda, muchos pacientes mueren debido a complicaciones secundarias como trombosis y embolias pues la apendicectomía no logra eliminar la toxicosis porcina.
En aquellos casos en los cuales el consumo no ha sido muy elevado puede no aparecer la inflamación y en vez de ello se depositan los componentes porcinos en el tejido conectivo, especialmente grasas y elementos malignógenos.
El consumidor de puerco pasa entonces por varias etapas: gorduras en comedores de salchichas, adiposidad en los amantes del tocino con un tronco redondo pesado como una aplanadora. Quienes comen jamón gordana y manteca tienen nalgas y estremidades características. Cuando “la taza está llena” y el organismo no encuentra ninguna posibilidad de salir adelante con tanta sobrecarga se inician las fallas en la irrigación cerebral y coronaria. Puede hacer un último intento por salvarse y se sirve para ello de alguna inflamación. Los pacientes vienen entonces a nostros con peligrosos carbúnculos en la nuca, forunculosis, abscesos de glándulas sudoríparas (casi patognomónicos de las fritangas). Graves apendicopatías, colangitis, empiemas de vesícula, etc, etc.
Hace pocos días me escribió un especialista muy conocido en Alemania a quien por su “arterioesclerosis cerebral” le habían recomendado abstención total del cerdo pues consideraban su falta de irrigación cefálica como una clásica consecuencia de su larga y frecuente adicción al puerco. Como pertenecía a nuestro grupo tomaba parte activa en nuestras discusiones, pero nunca pudimos convencerlo de que su menú favorito algún día lo llevaría a soportar lesiones irreparables. Por años se burló de nosotros. Hoy en su estado apopléjico le vino algo de luz para comprender su situación. El profesor WENDT señala, que la ceba proteica conduce a un almacenamiento desordenado de mucopolisacáridos en la membrana basal.
Una consecuencia típica del consumo de la pezuña de cerdo y de los productos derivados de la pierna de este animal es la úlcera cruris. Berlín es famoso por su elevado consumo de pezuña, de bola y de grasa de pierna (EISBEIN Berlines). La estadística de dicha ciudad en ulceraciones de las extremidades inferiores es algo apesadumbrante. Todo empieza con la flebitis especialmente.
La úlcera cruris hay que considerarla como un último intento del organismo por liberarse de la inflamación profunda de sus tejidos a través de esta válvula mesenquímica. Es una fase de reacción con la cual el cuerpo esquiva al cáncer amenazante expulsándolo en forma de excreción purulenta, dolorosa, fétida y asquerosa. Es, repito, un intento desesperado por librarse de las graves sutoxinas introducidas con deleite a nuestro cuerpo desde años atrás.
Si nos vamos lanza en ristre contra estas ulceraciones las tapamos, quemamos, pincelamos con colorantes e incluso las cerramos a la fuerza sin conseguir que esas pobres víctimas cambien radicalmente su alimentación, veremos cómo aparecen por los puntos de resistencia menor las más graves enfermedades cuyo registro va desde flemones agudos, pasando por tromboembolismos con sus consecuencias, hasta el florecimiento súbito de malignomas sobre todo cuando se adicionan al cuadro factores de sobrecarga psíquica. Ya otros investigadores están empezando a llamar la atención al respecto.
El consumo crónico de la carne de cerdo produce como ya se dijo depósitos de grasa y alteración de la sustancia cartilaginosa humana, que debe tener consistencia dura y fuerte. El tejido conectivo gelatinoso del puerco ablanda los cartílagos, los cuales bajo la presión y peso del cuerpo empiezan a lacerarse. Las enfermedades discales, artritis y artrosis, son la dura cuenta que se les presenta a estos pacientes. Todo el aparato de sostenimiento del enfermo se torna gelatinoso. Los deportistas que consumen cerdo preferencialmente se tornan perezosos y pesados. Son muchos los profesionales que han tenido que retirarse prematuramente.
Es posible que a través de una gripe, especialmente cuando se ha ingerido con la salchicha el susodicho “virus”, se expulse en forma de esputo una buena parte del material mucoso sutóxico acompañado del virus.
Si todas estas enfermedades agudas, como el flujo vaginal particularmente cuando está asociado a ulceraciones del cuello uterino, se entiende como reacción de defensa eliminatoria de toxinas porcinas y se tratan en forma biológica correcta con la terapia homotoxicológica y dietética adecuada, veremos la liberación de muchísimos males. Por desgracia no suele ser este el caso.
Los facultativos que practican una medicina biológica no abundan y la situación tóxica debida al consumo de cerdo y de otras grasas animales inconvenientes, es algo totalmente desconocido por la medicina Universitaria.
 
La Homotoxicología ha comprobado que todas las enfermedades son medidas de defensa contra toxinas o lesiones producidas por las mismas en el cuerpo. Así adquieren las enfermedades el carácter de procesos biológicos convenientes que por ningún motivo deben suprimirse pues son claro testimonio de que el cuerpo intenta recuperar la salud a través de excreciones inflamatorias. De lo contrario existe el peligro de que procesos agudos de detoxicación como, fiebre, gripe, inflamaciones de la garganta, etc., sean interrumpidos en su mecanismo desintoxicante, impidiendo que los venenos y toxinas culpables puedan ser eliminados, surgiendo en esta forma lo que aquí llamamos “retoxicaciones”. Esto sucede especialmente cuando hacemos uso de quimioterapia, antibióticos, antipiréticos, antiinflamatorios, antihistamínicos, etc. Los antibióticos y las sulfas, eliminan las bacterias, pero de ninguna manera erradican las toxinas causantes de la enfermedad. Sabemos que los cadáveres de dichos gérmenes con sus endo y ecto-toxinas empeoran aún más la Homotoxicosis.
Las bacterias juegan por lo general el papel de indicadoras y no de iniciadoras de las enfermedades (SPERANSKY). Ellas saprofitan en un terreno inflamado e infestado de sutoxinas, disuelven la gelatinosidad con su trabajo y su hialuronidasa, sirviendo de factores coadyuvantes benéficos. Ellas nos indican qué clase de toxicosis existe, pues su crecimiento está en directa relación con ella. Hay, por ejemplo, situaciones homotóxicas favorables para el crecimiento del estreptoestafilo - neumococos etc. - Precisamente la carne de cerdo ofrece las mejores condiciones para el crecimiento (por lo general desordenado y exagerado) de bacterias y de virus (no sólo los de la gripe).
Quien no come cerdo suele escaparse de gripe viral.
Es una triste realidad el hecho de que el uso crónico de quimioterapéuticos, analgésicos y tranquilizantes, le ha hecho perder a la mayoría de los seres humanos su efectividad defensiva. Es deber de la medicina biológica propiciar el refortalecimiento de nuestro sistema de la gran defensa, para ello, contamos con excelentes medios de estimulación, dietas biológicas y una vida ceñida a las sanas leyes de la naturaleza.
Más de una joven vida ha sido destruida después de tratar flujos e inflamaciones del terreno urogenital, nefritis o tromboembolismos post-quirúrgicos con medicamentos de síntesis química, pues nunca se pensó que todas ellas provenían del consumo de las sutoxinas y similares.
La apendicectomía elimina la inflamación; hemos de tener presente que la apendicitis vale como proceso de detoxicación para eliminar las sutoxinas a través de una reacción linfática. En este caso los peligros son tan graves que muchas veces el bisturí del cirujano es salvador. La terapia biológica pre y post operatoria con brionia, mercurio solubilis y heparsulfuris, acompañada por echinacea compuesta, árnica y sus complementarios así como nosodes y preparados orgánicos suis nos convencerán de que la Homotoxicología es carta de triunfo incomparable.
Lo mismo es válido para el flujo vaginal caracterizado frecuentemente por un olorcito desabrido, como de fritanga fresca, o para los furúnculos y abscesos de toda clase. Todos ellos son eliminaciones. Suprimir estas fases es alopatía, vale decir contrario a lo biológico.
Las retoxicaciones vía vicariación progresiva nos colocarán ante fases de enfermedad cada vez más deplorables.
Por ejemplo, después de suprimir abscesos de glándulas sudoríparas con “suaves” irradiaciones puede presentarse una colitis ulcerativa. Lo mismo puede decirse de las diarreas las cuales no deben detenerse químicamente, pues el intestino es el gran exosto para toxinas y venenos. Hay medios biológicos y de efectiviad pasmosa para resolver estas situaciones. Lo importante es abordarlas con criterio Homotoxicológico.
La carne del cerdo sivestre o jabalí es tan peligrosa como la del cerdo doméstico. Cuando el jabalí cae debe abrirse de inmediato para que “sude sus humores”, pues de lo contrario no hay quien lo coma con gusto, además se vuelve tóxico.
La situación tóxica de cada ser viviente es la causa de todas sus enfermedades. Es un hecho que la carne de cerdo y sus similares sobrecargan gravemente tal estado tóxico de inicio. Las toxinas porcinas llenan rápidamente nuestro basurero mesenquímico y esta es una condición “sine qua non” para enfermar.
Debemos ser conscientes de que la mejor terapia (bioterapéutica, antihomotóxica, Homeopática, neural-terapéutica etc.), de nada sirve sin una prohibición consecuente de la carne de cerdo. El acné, cara y piel llena de barros, las otitis, sinusitis etc., exigen la dieta más estricta. Si los barremos con antibióticos tendremos que tratar más tarde quistes (incluso pilonidales), fístulas o fases aún más avanzadas.
No importa que se nos diga que este o aquel abuelo llegó a los 90 años con pipa y tocineta. Examinen esos casos detenidamente y se convencerán de que algo anduvo mal en ellos. A menudo se nos habla de los “sanos y robustos campesinos” a quienes nunca les faltó el cerdo en la mesa. Un estudio científico comprobó hace años que esto era puro cuento. La población campesina resultó ser la más enferma a pesar del aire puro, particularmente aquella que consumía puerco (o carne de roedores) en forma constante.
Durante mi actividad de médico rural examiné muchos campesinos. Una vez visité a una familia acomodada y numerosa. El padre tenía artrosis, coxitis y lesión hepática; la madre úlceras crónicas en ambas piernas monstruosmente varicosas, constante dolor y prurito. La hija enfermó de fiebre reumática después de una amigdalitis; el hijo también presentó trastornos cardíacos después de una angina y ahora sufría de furunculosis generalizada a pesar de ser “el demostrar” en esa casa. La otra hija padeció de bronquitis crónica y sospecha de bronquiectasias post amigdalectomía. Otro hijo tenía pleuritis crónica y formación recidivante de fístulas.
Condiciones similares de salud encontré en numerosas familias campesinas de la selva negra; naturalmente también las había en los valles y en las riveras de los ríos. Diez años practiqué mi profesión entre esas gentes, lo cual me autoriza para emitir un juicio.
Durante las horas que atendí a la familia descrita, estaba afuera en el chiquero, una marrana gorda y oronda que con gran placer se rascó casi todo el tiempo contra una rama bajita de un árbol. Le dije a sus dueños: “¿ven ustedes a su marrana? Todas esas sustancias que sin pausa alguna la obligan a rascarse, son inflamatorias. Todo eso se lo comen con la carne. Se trata de complejos histamínicos y de otros muchos factores que a ustedes, aún en este sitio tan bello y puro, les estan haciendo la vida imposible. A los cerdos que Uds. comen les debo la consulta que acabo de hacerles y gracias a ellos tienen ustedes que pagarme ahora”.
La carne de puerco es pues la más cara que existe, no sólo por su alto precio en dinero, sino por las muchas enfermedades que produce. Las consecuencias positivas de dejarla no las veremos de inmediato ni mucho menos. Por años seguidos tendremos que ingeniárnoslas para deshacernos de las impregnaciones porcinas, que como ya sabemos, sólo nos abandonan en forma de fases de reacción y ojalá que no sea como degeneración. Si la lucha es larga, ¿por qué no comezar ahora mismo?
El ser humano debería lograr en nuestra era una edad biológica de 150 años. En sitios donde no se  consume cerdo desde hace siglos, por ejemplo en el Cáucaso, Turquía y países islámicos que tienen además un clima suave, abundan congéneres de 130 y 150 años.
 
·      UN ASPECTO MODERNO RESPECTO A LA CALIDAD DE LA CARNE DE CERDO. 
  
Un veterinario miembro del concejo, me mandó un trabajo de SCHEPER, LINNE, POTTWAST, BEMM y WIRTM sobre “control de carnes y víveres”. “La carne de cerdo presenta serios problemas en base a la diversidad de su consistencia”. La intensificación de la ceba ha convertido ese animal en extremo delicado. En La República Federal hay que contar con un 20% de puercos de carne aguada y pálida, y, con un 5% cuya carne presenta características inestables y oscura. El pH altera, condicionando el sabor, la duración y el adobamiento. El stress antes del degüello (transporte, maltrato, susto, etc.), descompone el adenosintrifosfato y el glicógeno en el tejido muscular. El ácido láctico pasa de la célula muscular a la corriente sanguínea en el período premorten. El animal se acidifica. La carne tiene que considerarse “inmadura” y de peligrosidad para la salud del consumidor”.
Continúa una larga lista de datos comparativos con otras carnes y alimentos de origen animal.
Todos los detalles de dichas investigaciones son muy importantes pero por desgracia el interés científico se pierde en aspectos meramente tecnológicos. Las reacciones moleculares biológicas que producen dichos factores porcinos al asimilarse en el cuerpo son patógenas.
Sus consecuencias aún no se consideran tema de discusión y de investigación científica. ¿Hasta cuando?. ¿Será acaso necesario que nuestros políticos y gobernantes padezcan de abscesos rectales y formación de fístulas para convencerlos de la etiología de su mal curándolos con preparados orgánicos, nosodes, depirogenium suis y una dieta consecuente?. Esto lo digo porque son varios los colegas Homotoxicólogos que encontraron así su camino hacia la medicina biológica.
 
·      CONCLUSIONES Y CONSEJOS. 
 
De ninguna manera debe creerse que estoy iniciando con este escrito una nueva terapia respecto de la lesionante agresividad de la carne de cerdo. Moisés, Mahoma, los Profetas, los Maestros de Oriente y muchos Filósofos de todo el mundo llamaron mi atención por su manera de tratar este asunto. Luego hice extrañas observaciones en mi familia, en mis numerosos pacientes y en mi mismo.
Los años de estudio e investigación me convencieron de que las relaciones eran evidentes, de que los mandamientos del Islam y del Judaismo se justificaban plenamente. No es el peligro de la triquinosis pues sabemos que osos, ratas, perros, lobos, curies y otros animales la pueden adquirir. La base sobre la cual descansa la prohibición de la carne de cerdo ha de buscarse a otro nivel.
Mi intención, ha sido motivar a los colegas y a sus pacientes a pensar detenidamente en toda esta problemática. Nunca es tarde para comenzar, y, es mucho el desastre que aún podemos evitar. Hagan ustedes mismos sus observaciones críticas y no se dejen influenciar por los adictos al cerdo, al menos hasta cuando hayan cosechado los primeros resultados de sus exhaustivos análisis y consecuentes tratamientos. 
Salud según la Homotoxicología es liberación de toxinas y de sus lesiones.
Un Estudio Del Dr. HANS HEINRICH RECKEWEG

Como no tener Deudas



Los Bancos Están Manejados Por El Club Bildenberg, Una Elite Que Pertenece Al Llamado "Nuevo Orden Mundial “Junto Con Los ;Iluminati-Masones-Caballeros De Malta-Jesuitas, Y Su Comandante En Jefe: Satanás, Fíjense Por Que Pasa Lo Que Pasa A Nivel Político -Social En El Mundo..Y Empiecen A Pensar Que Esto No Tiene Arreglo¡¡¡

PESCADO EN VIERNES SANTO


La palabra "Viernes" viene del nombre "Freya", la cual era conocida como la diosa de la paz, el placer de la fertilidad, por los antiguos paganos (Fausset, pág. 232, artículo "Fish"). Como su símbolo de fertilidad, el pez era considerado sagrado por esa diosa. El pez había sido conocido como el símbolo de la fertilidad desde tiempos muy antiguos. Así era entre los antiguos babilonios, los asirios, los fenicios, chinos y otros (Diccionario de símbolos). La propia palabra "Pez" proviene de la palabra "Dag", que implica aumento o fecundación (Fausset, pág. 232). La razón por la cual el pez fue usado como símbolo de la fertilidad es por el simple hecho de que el pez tiene un alto índice de reproducción. El bacalao, por ejemplo, pone alrededor de nueve mil huevos, y otras clases incluso ponen diez mil y hasta un millón de huevos al año. Por esta razón, el pez ha sido símbolo de fertilidad y fue asociado por los romanos con Freya, la diosa de la fertilidad, cuyo día conmemorativo era el viernes. De ahí viene la palabra inglesa "Friday", que significa Viernes; de ahí podemos empezar a ver el significado de los viernes y del Pez.

Ana


La historia de Ana es muy íntima. A continuación presento una entrevista imaginaria con esta mujer tan especial. 

Pregunta: Ana, ¿qué importancia tienen los hijos en su cultura?
Respuesta: Toda nuestra cultura gira alrededor de los hijos. ¡Es que so­mos los hijos de Israel! Cuando hace mucho tiempo YHWH hizo un pacto con nuestro padre Abraham, la promesa tenía que ver con los hijos. Él le aseguró a Abraham que seríamos tan numerosos como la arena de la pla­ya o las estrellas del firmamento, y que nos daña esta tierca como heren­cia eterna. Creo que cada uno de nosotros se considera un eslabón de una cadena viva que se extiende por todas las generaciones desde Dios hasta Egipto, continúa a través del peregrinaje por el desierto y alcanza la Tierra Prometida. Esa cadena viva se extiende a través de nosotros hacia las gene­raciones futuras que quieran formar parte del pacto. Cada familia tiene una parte de la Tierra Prometida así como tenemos una parte de la prome­sa de YHWH. Así que, una pareja que no tenga hijos a quienes transmitir la tierra se enfrenta a un triste destino. ¿Se imagina que después de tantas ge­neraciones la cadena se termine en usted? Habría fracasado miserablemen­te en lo más importante de la vida. Habría roto la cadena viva de la pro­mesa que YHWH hizo a Abraham para todas las generaciones. Además, sur­gen las preguntas prácticas de todos los días: ¿Quién trabajará la tierra cuando seamos demasiado viejos? ¿Quién cuidará de nosotros en la vejez?
Pregunta: Entrando en un ámbito más personal, díganos qué siente de ser estéril.
Respuesta: Me siento inútil. Le he fallado a Elcana. Lo que para los demás llega de manera natural, para mí es prácticamente imposible. Todas mis amigas empezaron a tener hijos y pronto fui la única que no tenía un bebé. Ya no formaba parte de su mundo. Los que me rodeaban se sen­tían incómodos. Mes tras mes mi esposo me miraba con expectación y yo tenía que negar en silencio. Finalmente, acabó por tomar otra esposa. Esa noche en la cama lloré desconsolada. Aunque Elcana era amable y cariñoso conmigo, nunca volvió a ser lo mismo. Pronto, Penina alumbró a un hijo y puso de manifiesto el hecho de que el proble­ma de tantos años era yo, y no mi marido. Pensé que hasta entonces había sido desdichada. Ese fue el principio de una verdadera agonía pa­ra mí. Penina tiene mil maneras de decirme que yo no era deseada: en la mirada, en la entonación y en las conversaciones privadas que ella hacía que yo escuchara furtivamente. Soy como una extraña, una foras­tera, una enemiga de mi propia casa. Lo único que me queda es YHWH, aunque a menudo me pregunto por qué él me hizo estéril. ¿Acaso es el castigo por algún pecado oculto? ¿Quizá no me considera digna de for­mar parte del pueblo del pacto? ¿O es que no me ama?

Personajes
Ana: En hebreo, Ana significa «gracia favorecida», lo que irónica­mente es un contrasentido si tenemos en cuenta que era estéril. Ana era una mujer paciente que había soportado años de provocaciones y du­das sobre si debía endurecerse o amargarse. Su fe en YHWH, a quien du­rante muchos años no pudo ver que obraba de manera activa a su fa­vor, hace que su personaje permanezca en vela durante toda la historia. Ella está dotada para la poesía y usa ese don para alabar a YHWH con elo­cuencia. Es uno de los muchos personajes bíblicos que no pudieron concebir de manera natural y que tuvieron un hijo de manera milagro­sa. Tal vez a causa de las circunstancias de sus nacimientos, esta clase de hijos siempre son cualquier cosa menos corrientes. En el caso de Ana, su relación con Samuel no terminó al dedicarlo al Señor o cuando él se fue de la casa. Día tras día lo envolvía en oraciones mientras cada año preparaba algo especial para él. Ana obtuvo una rica recompensa por el presente que le hizo a Dios: tuvo más hijos (1 Samuel 2:21).
Elcana: Su nombre significa «Dios ha creado/tomado posesión». El autor bíblico nos da una extensa genealogía de Elcana que nos ayuda a establecer su linaje, le da al relato un punto de referencia histórico (me­diante el cual el lector puede comprobar los hechos) y nos habla de raíces importantes. La genealogía también insinúa lo que se perdería de no haber heredero. En 1 Crónicas 6:27, 34 se sugiere que con toda pro­babilidad se trataba de un levita que vivía en el territorio de Efraín, lo que haría que el servicio de Samuel en el tabernáculo fuera incluso más legítimo. Elcana intentó mantener la paz entre sus dos esposas, aunque él también era víctima de la situación.
Al igual que Abraham y Sara, Elcana también es un buen ejemplo de alguien que hace las cosas a su manera y toma una segunda esposa.   Elcana está comprometido con la adoración del Señor y asiste fielmen­te al peregrinaje anual al tabernáculo. También apoya el voto de Ana, ya que el voto de una mujer casada tenía que ser ratificado por su es­poso. 
Penina: Este es el personaje de la historia que transforma una situación desdichada en una mala situación. Cuando llega a la casa sin hijos de Elcana y su primera esposa Ana, a pesar de dar a luz a varios niños, no está satisfecha. Se dedica a hacer que la vida de Ana sea miserable. Incluso du­rante las fiestas religiosas más importantes no deja de aterrorizarla.
Elí: Elí es un personaje lleno de contrastes. Él pudo haber sido uno de los líderes más poderosos y eficaces de Israel, pero en realidad era débil e ineficaz. Elí tiene un corazón amable y tierno como el de Ana, pero su amor paternal lo controla, lo que lo lleva a ser excesivamente indulgente con sus hijos (1 Samuel 2:29). Elí opta por evitar los conflic­tos en la educación de los hijos. Aunque la adoración a YHWH era el cen­tro de su vida, sus hijos se habían convertido en sus ídolos. Esto con­trasta con la actitud de Ana, quien estaba dispuesta a entregar su amado y largamente esperado hijo a Dios y su servicio aun cuando ello signi­ficara que solo lo podría ver una vez al año.
Samuel: Samuel es el personaje más joven de la historia y aparece solo hacia la mitad de la narración. Con todo, es muy importante. Él es el tes­timonio vivo de que YHWH escucha nuestras oraciones. La vida de Samuel demuestra que la adoración no es solo cosa de adultos. Él de niño sirve y adora a YHWH. Aprende a servirlo y a participar, no solo como espectador, sino como un actor más de la adoración. La Biblia afirma que «el joven Samuel iba creciendo y haciéndose grato delante de YHWH y delante de los hombres» (1 Samuel 2:26). Siglos más tarde, esta declaración tendría un eco en la descripción de la infancia de Jesús (Lucas 2:52).
Información sobre el contexto
El periodo de tiempo que transcurre entre el establecimiento de los is­raelitas en Canaán y la coronación del primer rey cubre aproximadamen­te 350 años. Fue una época llena de claroscuros, de altibajos, en la que se repite un patrón: Israel se olvida de la Ley de Dios y sus poderosos actos del pasado, adora a ídolos y es vencido por uno de sus poderosos veci­nos. Cuando toca fondo, se vuelve hacia YHWH y pide ayuda. YHWH hace surgir a un juez para liberar al pueblo y dirigirlo en su camino de vuelta al redil. Tan pronto como desaparece la generación del juez, la siguiente cae de nuevo en la idolatría y el ciclo vuelve a empezar.
El último juez conocido antes de la llegada de Elí fue Sansón, el for­tachón débil. Aunque con él Israel vivió un momento de cierto respiro dado que se llevó por delante a un buen número de líderes filisteos en su último acto de juicio, no se dio un verdadero reavivamiento. Israel estaba sumido en el caos religioso, político y social. Cada uno hacía lo que realmente quería (Jueces 17:6). El culto a YHWH estaba comprometi­do. Los hijos de Elí eran «hombres impíos» (1 Samuel 2:12) y los que ser­vían en el tabernáculo parecían haber olvidado de qué se trataba el sa­crificio, pues pensaban solo en su propia ganancia. En el horizonte no se veía ninguna autoridad centrada en la persona de un juez fuerte. El panorama era sombrío.
Acción
A primera vista, la trama de esta historia parece sencilla. No es un argu­mento cargado de acción en el que intervienen reyes y hay batallas decisivas que cambiarán el curso de la historia. Se trata de la historia de una mujer estéril que se enfrenta a sus problemas, que ora pidiendo un hi­jo, y que cuando recibe el hijo durante tanto tiempo anhelado lleva a cabo la más desconcertante acción: lo devuelve a YHWH. Con todo, esta sencilla narración nos habla de la manera en que YHWH vela historia. Si bien podemos pensar que los hombres que hacen grandes cosas son los que escriben la historia, el relato de la historia de Ana demuestra que el modelo de una vida cotidiana, común y corriente, no está exento de importancia. Nuestra vida, nuestros problemas y nuestros anhelos son importantes para YHWH. La vida de cada uno de nosotros, incluso la de los aparentemente más insignificantes, está entretejida en el gran tapiz de la historia diseñado por YHWH, y traerá un fruto significativo a la luz de la eternidad. La mujer estéril, abrumada por su dolor personal y el sacrificio, no tenía manera de saber que el hijo que entregaba a YHWH sería un gran profeta y un juez que dejaría una marca inequívoca en el transcurso de la historia de Israel.
Tal vez por tratarse de una vida común vivida por gente común, en la mayor parte de la acción se producen situaciones comunes. La acción que se desarrolla entre las colinas de Efraín y el tabernáculo es el marco de la historia (1 Samuel 1:3), lo que representa un inicio singular para un libro bíblico. Aunque el libro se enfoca en grandes movimientos nacionales e internacionales, la narración comienza en un ámbito muy personal e ín­timo, con una esposa desesperadamente desdichada a causa de su esteri­lidad. El lector es rápidamente involucrado en la cotidianidad de esta fa­milia, lo que nos lleva al tabernáculo. Ante la provocación constante de Penina y el aparente silencio de Dios, Ana empieza a orar. Su oración es tan viva, que Elí presupone que está ebria. La buena noticia para nosotros es que los actos de YHWH no quedan confinados a su tabernáculo. YHWH actuó en casa de Ana y nació Samuel. Luego regresamos al tabernáculo junto a Ana, el pequeño Samuel y Elcana, donde la primera cantará un maravilloso canto de alabanza. En la historia, Ana pasa de ser víctima a ser vencedora.
En profundidad
En esta sección nos enfocaremos en el canto de alabanza que Ana entona cuando trae al pequeño Samuel al tabernáculo. En los tiempos bíblicos, la música no se hacía con fines comerciales como hoy en día, en que la gente colabora para producir discos que tienen que ser distri­buidos en fechas determinadas. Los cantos bíblicos no se creaban por encargo, sino que surgían en respuesta a una circunstancia particular de la vida. Muchos de los cantores (y por lo tanto, autores de los cantos) eran mujeres. El contexto del canto de Ana es sobrecogedor: La madre entrega lo que siempre deseó, un hijo, para que se quede en el santua­rio bajo la custodia y el cuidado de un anciano y sus perversos hijos, quienes «no tomaban en cuenta al Señor» (1 Samuel 2: 12, NVI). A pesar de todo, ella canta.
En realidad, su canto es un salmo de fe que mira más allá de lo visible para ver lo invisible, un mundo al revés. El canto de Ana está colmado de iconografía militar, lo que es un eco del tema de la gran controversia. Este empieza y termina con el Señor levantando un cuerno. En poesía, el cuer­no solía usarse como símbolo de fuerza (Salmo 18:2; 148:14).
En 1 Samuel 2:2 se enfatiza el hecho de que YHWH es incomparable y único. Nos encontramos en una época de idolatría nacional, y la gran mayoría de los israelitas ven a Dios como uno más entre muchos otros dioses. Sin embargo, Ana se da cuenta de que YHWH es especial. Él no es­tá atado a una función o a un lugar específico, ni está obligado a seguir nuestras reglas del juego. Más bien, nos invita a que desaprendamos las reglas de la vida tal como las solemos vivir y reaprendamos a ver la vida desde el punto de vista divino. Él nos invita a acudir al refugio de la Ro­ca. Como descripción de YHWH, la roca simboliza la protección y la fuer­za, por lo que tiene un significado mesiánico. 
El versículo 3 comienza con una advertencia contra el orgullo y la arrogancia. Estas actitudes muestran que quien habla no sabe con quién está tratando y no se ha apercibido de la verdadera grandeza de YHWH. Una de las primeras cosas de las que tenemos que darnos cuenta en presencia de YHWH es de la necesidad de ser sinceros. No hay nada que pueda impresionar a YHWH. Él nos conoce y sabe nuestros motivos. «A él le toca pesar las acciones» (versículo 3). 
El versículo 4 nos presenta una imagen militar. Los miembros más temidos de un ejército eran probablemente los arqueros, ya que una potente barrera de flechas era capaz de cerrar el paso a un gran ejército en orden de avance. Pero aquí tenemos la imagen contraria. El poder superior en la batalla no significa nada para YHWH. Para él, quebrar los arcos de los guerreros es cosa sencilla. Él puede fortalecer a los que se tambalean y que están prácticamente derrotados. Generalmente, la res­puesta de YHWH no es una muestra súbita de un poder de ataque supe­rior, sino la persistencia imposible que él otorga a su pueblo (Isaías 40:31; 42:3). Tal vez uno de los mayores milagros que YHWH obra en nosotros es nuestra capacidad de seguir avanzando ante las pruebas o las dificul­tades de la vida cada vez que echamos mano de su poder. El poder de Dios se perfecciona en nuestra debilidad cuando permitimos que él bri­lle a través de nuestro quebranto.
De una imagen de guerra, la canción de Ana pasa a otro momento de crisis, como una hambruna o una sequía (versículo 5). Aquellos a quie­nes las cosas siempre les fueron bien ahora se encuentran en serias di­ficultades y tienen que venderse como esclavos para conseguir el sus­tento más básico.
Algunas de las humillaciones sobre las que Ana canta y el cambio de roles están presentes en la historia que relata Jesús mil años más tarde de un joven rico que jamás pensó demasiado en las cosas básicas, como qué comería. Este joven se marcha a un país extranjero, despilfarra su dinero y acaba sufriendo un hambre tan atroz, que termina trabajando cuidando puercos. Su hambre era tal, que llegó a considerar comer la basura que se echaba a los cerdos (Lucas 15:13-17).
En el canto de Ana, los que estuvieron hambrientos son saciados, pues YHWH los satisface. Quizá sean como el hijo pródigo, que regresa a casa y es homenajeado en un banquete totalmente inmerecido. Quizá sean co­mo uno de los pobres, ciegos o tullidos que son invitados al banquete del rey en lugar de los ricos e influyentes que no necesitan el banquete real (Lucas 14:21).
Del hambre y el banquete, Ana pasa a la que es quizá la parte más personal de su canto. Los muchos años de esterilidad y la consiguiente vergüenza que esa esterilidad hizo recaer sobre ella, debieron iluminar la mente de Ana al cantar sobre una mujer que había sido estéril pero que ahora ha alumbrado a siete hijos. En ese momento Ana solo tiene un hijo y se encuentra en el tabernáculo para entregarlo al Señor; pero ella ha conocido el milagro y sabe qué sabor tiene, porque YHWH ha obrado en su vida. Ella escoge el número siete (que a menudo en las Escrituras indica la perfección) para describir la plenitud de las obras de YHWH. El Señor le ha concedido a la mujer estéril el número de hijos perfecto o completo, mientras que la mujer que en contraste parecía te­nerlo todo (el versículo 5 nos dice que tenía muchos hijos) desfallece. Tiene muchos hijos, sí, pero la seguridad, la felicidad y el honor que se supone que conllevan no la alcanza porque no son un don de YHWH.
El versículo 6 hace énfasis nuevamente en la forma en que Ana ve su mundo. YHWH es omnipotente y está a cargo de todo. Para el lector moder­no la expresión inicial: «Del Señor vienen la muerte y la vida» (NVI) pue­de parecer extraña, ya que solemos pensar que la muerte es algo que pro­cede de Satanás. Pero para Ana y la mentalidad hebrea de la antigüedad no había diferencia entre lo que se permite y lo que se hace de manera ac­tiva. Es decir, si YHWH tiene el poder para impedir algo y aun así permite que suceda, entonces él está tomando parte activa en la situación. Nótese cómo el Señor usa las cosas negativas de la vida para enseñar algo, y una vez que se ha aprendido la lección de dependencia de él, se deleita en sen­tar a los pobres y necesitados con los príncipes, permitiéndoles heredar los tronos de honor. Una de las claves en la historia de Ana es el «cambio de nimbo». Ella parece haber entendido que una vida con YHWH no es siem­pre coser y cantar, que el dolor tiene un propósito y el cielo es el destino final. Nadie se salva y va al cielo por méritos propios. Más bien, los salva­dos sabrán que son pródigos rescatados de la porqueriza.
El canto de Ana continúa, afianzando la autoridad de YHWH como Creador y Juez (versículos 8-10). Ella se da cuenta de que para vivir, el único medio posible es escoger estar de parte de YHWH. Sabe que esa elección le traerá maravillosas recompensas en el futuro. Con todo, también es consciente de que la única manera de tener éxito ante los constantes cambios de la vida cotidiana es a través del poder de Dios. El canto de Ana lleva a todas las víctimas desvalidas la buena nueva de que al final siempre prevalece la justicia. El Mesías profético, el Rey ungido, el Juez justo de toda la tierra, viene.
El canto de Ana se destaca especialmente por ser entonado en el tiempo de los jueces, en el que parecía que los malvados triunfaban va­liéndose del asesinato y ni aun los mejores estaban libres de defecto. Tal vez el mundo de Ana se parecía mucho al nuestro. Tal vez, nosotros también podamos cantar con el poder de YHWH mientras esperamos que prevalezca la justicia.

Respuestas
La visión bíblica del mundo no separa a la fertilidad, los hijos, o la familia, de la religión y la adoración. Sin embargo, a diferencia del con­cepto dominante de la época, la Biblia no considera a la infertilidad como un castigo de YHWH por haber cometido una falta. Queda claro que YHWH puede hacer que las personas infértiles tengan descendencia. En el registro bíblico, cuando  impide directamente que alguien tenga hijos, siempre es porque planea un nacimiento especial y desea desta­car el acontecimiento y la persona haciendo que la concepción y el alumbramiento sean fuera de lo común. 
Quizá todo este asunto de la infertilidad puede apreciarse mejor en la respuesta que dio Jesús a sus discípulos en relación al ciego de naci­miento. En esos tiempos se creía que la ceguera, así como la infertili­dad, eran castigos directos de YHWH por los pecados personales. Los dis­cípulos le preguntaron a Jesús quién había pecado: si el hombre que era ciego de nacimiento o sus padres. Jesús respondió: «No es que pe­có este, ni sus padres, sino para que las obras de YHWH se manifiesten en él» (Juan 9:3). Por lo tanto, la infertilidad no es en lo absoluto un cas­tigo hacia una persona o una pareja. La infertilidad no formaba parte del plan original de YHWH, pero al igual que la ceguera, las deformidades congénitas, el cáncer, o el VIH, nos recuerda que vivimos en un mundo lleno de pecado. Muchas veces esas condiciones son ciertamente con­secuencias de nuestras elecciones, pero a Cristo no le interesa sobre quién recae la culpa, y tampoco debería interesarnos a nosotros. Allí donde los discípulos solo veían problemas, Jesús veía posibilidades. Podemos mostrar el poder de YHWH en nuestras vidas. Él promete que serán ricas, fértiles y completas, tengamos hijos o no. Reacción
La vida de Ana hace que vea mi mundo con otros ojos. La so­ciedad parece decir que para tener algún valor como mujer tienes que ser delgada, joven, bella, una mujer de negocios o tener un título univer­sitario. Me parece maravilloso que se me asegure que no necesito un título académico para ser alguien especial. No tengo que ser la primera en nada para que mi vida tenga valor. Si Ana encontró que su valor residía en YHWH, yo también puedo hacerlo. YHWH escucha mis oraciones y las responde.
El compromiso de Ana con su promesa me maravilla. Yo co­mo padre me lo habría pensado dos veces antes de enviar a mi hijo a un entorno que obviamente no era seguro, ni espiritualmente edificante (1 Samuel 2:12-17). ¿Cuántas veces he justificado el abandono de un compromiso? Me pregunto si una pequeña mirada detrás del velo que separa esta tierra del reino de los cielos podría ayudarme a confiar más en el poder y la fuerza del amante y cariñoso Padre celestial. ¿Cuándo fue la última vez que vi la supremacía de YHWH y su control sobre mi en­torno tan claramente que no tuve más remedio que estallar en cantos y gozarme en YHWH que sostiene el universo en la palma de su mano? ¿Cuándo fue la última vez que le sucedió esto a usted, querido lector?

soportando la presión


¿Cuál es el significado de “la paciencia” o “la perserverancia” (NVI) mencionada en Apocalipsis 14:12?
Me gusta esta pregunta porque se refiere a la manera de vivir la vida en Yashua Ha Mashiaj. No es apenas un detalle interesante sin mayores consecuencias en nuestra relación con YHWH. Los que disfrutamos estudiando la Torah deberíamos tratar de entender su contenido y mensaje tanto como sea posible. Si ese estudio no nos hace mejores hijos de YHWH, estamos perdiendo el tiempo. ¿Qué significa, entonces, “la paciencia” o “la perseverancia” de los santos?
 
 1. Significado del término: Lo que se ha traducido como “paciencia” o “perseverancia” es hupomonē, que expresa la idea de soportar o seguir adelante bajo circunstancias difíciles. Podría traducirse también como “expectativa”. En la literatura griega, se refería a una actitud de perseverancia agresiva y desafiante al enfrentar las dificultades o las desgracias. Revelaba el valor, la resistencia y la disposición de sufrir, de una determinada persona. Esas ideas expresaban bien el significado básico del término hupo (“debajo”) y menō (“permanecer”), es decir, “permanecer bajo” presión sin rendirse.
En la Biblia se añade una nueva dimensión. La traducción griega del Antiguo Testamento utilizó ese término para expresar algunas de las palabras hebreas para “esperanza”. Por consiguiente, le incorporó al término griego la idea de expectativa, de espera (por ej., en Jer. 14:8; Sal. 71:5). Se consideraba que esta esperanza provenía de YHWH, y que era la esperanza que sentía su pueblo. El término griego expresaba no solo resistencia y perseverancia bajo presión sino también la base de tal perseverancia, a saber, confianza y esperanza en YHWH, que puede librar a su pueblo de situaciones amenazantes que angustian el alma.
2. El uso de hupomonē en el Apocalipsis: Este sustantivo es utilizado siete veces en el Apocalipsis (siete es un número que se repite muchas veces en el libro). El término designa la respuesta correcta del pueblo de YHWH cuando su fe se ve amenazada. En Apocalipsis 1:9 designa la experiencia de Juan y de las iglesias a las que dirigía sus mensajes. Ellos eran copartícipes en la tribulación, el reino y la “perseverancia”. En unión con Yashua, soportaron con valor los sufrimientos y la aflicción mientras aguardaban el reino de YHWH.
A la iglesia de Éfeso, Yashua le dijo: “Yo conozco tus obras, tu arduo trabajo y tu perseverancia” (Apoc. 2:2). Se define sus obras como arduo trabajo y perseverancia. El contexto indica que en este caso, “perseverancia” se refiere a la opresión causada por los ataques doctrinales internos. En Apocalipsis 2:3, se utiliza hupomonē para describir la respuesta de los creyentes a los ataques de los falsos maestros. Aunque experimentaban la opresión, perseveraron en la fe a cualquier precio. El mismo uso se halla en Apocalipsis 2:19, donde el contexto parece indicar que las falsas enseñanzas de Jezabel amenazaban la fe de la comunidad, aunque muchos de ellos se le opusieron con valentía. La iglesia de Filadelfia parecía haber enfrentado conflictos internos pero los verdaderos creyentes fueron llamados por el Señor a soportar, sabiendo que él los libraría (Apoc. 3:10); se menciona la persecución, pero se les recuerda que la resistencia se basa en la convicción de que el Señor regresará para cambiar las cosas.
3. La perseverancia y el pueblo de YHWH del tiempo del fin: El último pasaje que emplea el término hupomonē designa al pueblo de YHWH en el tiempo del fin como los que tienen “paciencia” o “perseverancia”, guardan los mandamientos de YHWH y tiene la fe de Yashua Ha Mashiaj (Apoc. 14:12). El contexto inmediato (capítulos 12-14) deja en claro que se necesita capacidad para resistir –soportar– porque los poderes malignos proclaman un falso mensaje, es decir, invitan a las personas a que adoren la imagen de la bestia. Debido a que sus vidas están siendo amenazadas, se encuentran bajo una inmensa presión (Apoc. 13:15). No obstante, perseveran porque saben que pueden confiar en que el Padre los librará. Esta perseverancia se basa en un compromiso personal con el Cordero y en la profunda convicción de que él los librará.
En Apocalipsis, hupomonē es una característica clave del remanente que enfrenta persecución, sufrimientos y engaños. Puede ser que algún lector esté pasando por opresión y aun persecución, o luchando contra falsas enseñanzas. El mensaje para todos es: Sigamos adelante y perseveremos en la fe –aunque estemos bajo presión– con la plena convicción de que podemos esperar en Yashua.

Giezi


Imagine qué habría sucedido si al profeta Elíseo le hubieran solicita­do que llenara un formulario de evaluación sobre Giezi. Digamos que podría haber resultado algo así como lo siguiente:
EVALUACIÓN DEL SUPERVISOR DEL APRENDIZ
Privado y Confidencial
Nombre del aprendiz: Giezi
Función: Aprendiz del profeta Elíseo
Empleador: El Dios del universo
Propósito:
Este es un informe confidencial sobre el proceso de evaluación de los progresos del aprendiz en el programa de aprendizaje. La evaluación ho­nesta y reflexiva debe identificar las fortalezas y debilidades del candidato, así como indicar si este debe continuar o no con su formación.
Instrucciones
Lea cuidadosamente y evalúe cada característica, rasgo o capacidad.
Hábitos de trabajo
Apariencia e indumentaria para el trabajo
Giezi siempre se ha preocupado por el aspecto exterior y no escatima esfuerzos para cuidarlo.
Percepción de la situación laboral
Aunque Giezi tiene un buen conocimiento teórico de Dios y ha visto de primera mano muchos ejemplos de su poder, curiosamente, parece no tener una relación personal con él. Se muestra poco interesado en los planes nacionales o internacionales de Dios, y pareciera no darse cuenta del papel que desempe­ña en su ayuda u obstaculización.
¿Sigue instrucciones el aprendiz?
Giezi es muy inteligente y creativo, lo cual es una de las razones por las que fue seleccionado para este aprendizaje. Es rápido para evaluar una situa­ción y demuestra su capacidad de sacar provecho de las circunstancias. Por desgracia, no siempre sigue las instrucciones al pie de la letra.
Actitud:
Aceptación de las condiciones de trabajo
Lamentablemente, Giezi parece haber entendido mal el oficio de profeta. No parece darse cuenta de que un gran líder debe estar dispuesto a servir a todos. Giezi nunca ha aceptado la realidad de que, a menudo, los profetas no son ni populares ni ricos. Además, parece que pretende que el aprendizaje ac­tual sea un trampolín al poder y la influencia.
Cortesía y sensibilidad hacia los demás
Al comienzo de su periodo de aprendizaje Giezi mostró una gran sensibili­dad hacia los demás y fue capaz de evaluar correctamente las situaciones y necesidades de las personas. Sin embargo, esta sensibilidad hacia los demás se ha desvanecido por completo.
Ética laboral
La ética laboral de Giezi se ejemplifica tristemente con un caso reciente en el que obtuvo una gran suma de dinero y ropa de diseño falsificando información.
Continuidad en el programa de aprendizaje
Giezi ha Participado en este programa durante años, y yo esperaba que sería capaz de ocupar mi cargo después de mi jubilación. Realmente parecía que tenía todos los talentos y aptitudes necesarios. Lamentablemente, Giezi ha dejado escapar la oportunidad que le ofrece este programa y ya no parece tener la necesaria dedicación o predisposición para continuar.
Nombre del supervisor (por favor, en letra de molde y firma)
Elíseo.
Personajes
Giezi: Como siervo del profeta, solía considerarse su sucesor natural (véase la relación Elías-Eliseo en 2 Reyes 2). Giezi aparece tres veces en las historias de Elíseo. En primer lugar, actúa como un intermediario en la re­lación de Elíseo con la mujer sunamita (2 Reyes 4). Hace su segunda apari­ción en la curación milagrosa de Naamán, el comandante del ejército sirio (2 Reyes 5). Por último, vuelve a aparecer en la corte real israelita, donde refiere al rey Joram las hazañas de Eliseo (2 Reyes 8:1-6). Los mo­tivos de Giezi no son claros, y su carácter es dudoso.
Eliseo: Su nombre significa «YHWH salva», y es conocido como alguien que obra milagros sin mediar muchas palabras. Este énfasis en la acción más que en la reflexión o la enseñanza puede ser debido al interés historiográfico del material bíblico. Eliseo ministró principalmente en el reino del norte de Israel, a pesar de que parece haber tenido tratos con algunos de los reyes de las naciones vecinas de Moab, Edom y Siria. Co­mo profeta (y precursor de los profetas mayores clásicos, como Isaías, Amos u Oseas, del siglo VIII a. C.) se relaciona de forma significativa con los marginados. Proporciona un enorme aprovisionamiento de aceite a una viuda (2 Reyes 4:1-7); transforma el agua en mal estado de una fuen­te, de modo que una pequeña comunidad tenga un suministro de agua potable (2 Reyes 2:19-22); y alimenta a cien hombres con solo veinte pa­necillos de cebada (2 Reyes 4:42-44). Sus sabios consejos a los reyes nos hablan de un pensador cuidadoso y buen oyente, capaz de escuchar la voz silenciosa de YHWH.
Naamán: Su nombre semítico significa «ser agradable». Naamán era el comandante en jefe del ejército arameo, cuya capital estaba en Damasco, Siria, durante el siglo IX a. C. Se lo describe como un soldado muy apreciado por su rey y su familia, quien de repente se ve sorpren­dido por la lepra, una enfermedad que sembraba el terror en los cora­zones de los antiguos. No sabemos a ciencia cierta si su afección cutá­nea era idéntica a la enfermedad de Hansen, el nombre moderno de la lepra, o si solo se trataba de erupciones o eccemas. Aunque no haya sido la enfermedad de Hansen, pudo haber conducido a su aislamiento y cuarentena, lo cual paralizaría su capacidad de trabajo, de adorar y de relacionarse con otras personas.
El rey de Israel: Ni el rey de Siria, ni el rey de Israel se mencionan por sus nombres. Esta no es una historia de reyes y de cortes reales (aun­que aparezcan en ella) sino de un extranjero que es sanado por el Dios de Israel. El narrador evita las cuestiones cronológicas con el objeto de contar una historia de fe y codicia de un modo más abstracto.
Información sobre el contexto
Naamán y Eliseo vivieron durante el siglo IX a. C, en una época marcada por una creciente fragmentación del poder internacional. El ministerio de Eliseo se centró en el reino del norte de Israel. Los reinos divididos de Israel y de Judá evolucionaron de manera distinta durante esos años. En el norte de Israel, la casa de Omri fue la primera dinastía que pudo desarrollar con éxito algún tipo de sucesión (Omri, Acab, Ocozías, Joram). También fundó una nueva capital en Samaria. Tanto las fuentes bíblicas como las extrabíblicas documentan la creciente ri­validad y la tensión militar entre el reino del norte de Israel y los esta­dos arameos de más al norte (1 Reyes 20, 22; 2 Reyes 6:8-7:20), que solo cesa ocasionalmente en los momentos en que los enemigos más fuertes externos amenazan la región. 
Esta tensión subyacente entre Siria e Israel también explica la fuerte reacción del rey israelita sin nombre cuando recibe la credencial diplo­mática procedente del rey (también sin nombre) de su general arameo Naamán, solicitando que Naamán sea sanado (2 Reyes 5:6, 7).
Igualmente durante ese tiempo las «naciones» circundantes (como los amonitas, los moabitas o los edomitas) empiezan a rebelarse contra el yu­go de la dominación israelita (2 Reyes 3). Se nos dice que Joram, el segundo hijo de Acab, condujo una expedición israelita fallida contra los moabitas a través del desierto de Edom (2 Reyes 3:4-27) tal vez en represalia por una rebelión que también aparece descrita en la famosa Estela de Mesha. 
En la historia de Judá durante el siglo IX a. C. intervienen tres reyes: Josafat, Joram de Judá (llamado igual que uno de los hijos de Acab) y Ocozías de Judá. De estos tres, Josafat es el líder más importante de Judá, puesto que consiguió la paz con Israel (1 Reyes 22:44), y por des­gracia, llegó a establecer una alianza con la casa de Acab. Los versículos 18 a 26 de 2 Reyes 8 describen cómo Joram, el hijo de Josafat, se casó con Atalía, la hija de Acab, la cual asumiría el trono tras la muerte de su hijo
Ocozías y procedería a exterminar a toda la familia real (bueno, casi a to­da) con el fin de asegurar su gobierno (2 Reyes 11:1). Esta alianza entre Israel y Judá, entre la idólatra aunque poderosa casa de Omri y la casa de Josafat, arrastró lamentablemente a los reyes de Judea.
Acción
La historia de Naamán se inicia con la captura de una joven israelita por parte de las tropas de asalto arameas, la cual termina en la casa de un importante personaje de la corte del rey de Aram, situada en Da­masco (2 Reyes 5:2). Cuando Naamán y su familia se dan cuenta de la gravedad de su enfermedad cutánea, la criada sin nombre notifica a su ama de la existencia de un famoso profeta que vive en Samaría quien es capaz de curar la lepra de su amo. Esta breve observación desencade­na una serie de acontecimientos que guían el desarrollo de la historia. Naamán informa a su jefe, el rey de Siria, quien a su vez se comprome­te a enviar una carta muy exigente al rey de Israel (2 Reyes 5:5, 7). Ante esta petición humanamente imposible, el rey israelita se desespera y se dispone a prepararse para una guerra inevitable. Sin embargo, Elíseo, después de haber oído hablar de su situación, le envía un mensaje y su­giere que le traigan a Naamán.
Cuando Naamán llega a las puertas del profeta, no es objeto de nin­guna atención especial. No hay alfombra roja, ni entrevista privada con el obrador de milagros. No hay una atención especial por parte del per­sonal del profeta. Lo único que recibe es una frase de Giezi, siervo del profeta, que indica que para ser curado tendrá que sumergirse siete ve­ces en el río Jordán. Giezi debió sentirse satisfecho, pues Eliseo final­mente entraba al mercado internacional y gozaría pronto de un nom­bre de fama mundial. Obviamente, como siervo de Eliseo se montaría con él en la ola del éxito.
Naamán no está en absoluto satisfecho con esta receta. Como orgu­lloso arameo que es, señala los ríos mucho más caudalosos del norte; pe­ro ante la insistencia de sus siervos, hace un acto de fe. Finalmente, sigue las instrucciones y se sumerge siete veces en el río Jordán. Después de la sexta vez no sucede nada. Pero apenas sale del agua la séptima vez, el milagro es evidente. Su piel está como nueva y regresa feliz a Eliseo para hacerle entrega de los regalos habituales. A fin de asegurar un trato de favor en el futuro es preciso pagarles bien a los obradores de mila­gros. Sin embargo, Eliseo se niega a recibir cualquier pago. Al contrario, considera que es el momento oportuno para compartir con Naamán su relación con el Dios verdadero, quien lo ha sanado. Tras la feliz partida de Naamán, Giezi sale de la casa y alcanza a los sirios tomando un atajo.
Seguidamente se inventa una historia, y para su satisfacción, recibe dos talentos (aproximadamente 68 kilos) de plata y dos mudas de ro­pa. ¡Qué buena es la vida! Más nunca tendrá que preocuparse por la comida del día siguiente. Ahora será alguien porque tiene con qué. De vuelta a casa de Eliseo, trata de encubrir sus actos.
Pero Eliseo lo espera con una pregunta: «¿Dónde has estado, Giezi?» (2 Reyes 5:25). A medida que Giezi va relatando su visión distorsionada de los hechos (sin duda debe haber dicho una mentira), Eliseo lo en­frenta con la realidad. ¿Cómo podía ocurrírsele que su maestro, que puede resucitar a los muertos, alimentar a los hambrientos y a los po­bres, y saber las cosas que susurra un rey gentil en su alcoba, no se da­ña cuenta de lo ocurrido (2 Reyes 6:12)? Incluso aunque hubiese podido engañar a Eliseo, ¿cómo podría haber esperado eludir al Señor, Aquel en cuyo nombre Eliseo efectuó todos esos hechos milagrosos?
Utilizando otra pregunta retórica, Eliseo enfatiza el mensaje: No es momento de acumular cosas, sino más bien de dedicarnos en servir al Creador del universo, el único que puede resucitar a los muertos y curar a los leprosos. En el caso de Giezi la sentencia se dicta rápidamente y este contrae la misma enfermedad de piel que Naamán, quedando así rico, pero enfermo. Es poco probable que haya continuado su ministe­rio con Eliseo. Vuelve a aparecer en 2 Reyes 8:4, donde conversa con el rey de Israel sobre su antiguo maestro.
En profundidad 
En esta sección nos centraremos en la breve conversación que el pro­feta Eliseo tuvo con Giezi en 2 Reyes 5:25. Pero primero, analicemos la relación que Eliseo tuvo con su predecesor, el gran profeta Elías. Eliseo se preparó para su ministerio profético a través de la experiencia práctica cotidiana que obtuvo sirviendo a este hombre del Dios (1 Reyes 19:21). Aunque ambos tenían una relación muy estrecha, Eliseo enten­dió a quién estaba sirviendo realmente. Comprendió que Elías realizaba sus milagros mediante el poder del Espíritu del Padre. Cuando Elías fue arrebatado de esta tierra por un impresionante sistema de transporte ce­lestial, Eliseo sabía exactamente lo que tenía que hacer para continuar la obra: debía tener una porción doble del Espíritu de Elías (2 Reyes 2:9). Al aprender a servir bien a Elías, Eliseo había aprendido a enseñar y dirigir bien a los demás. A pesar de que no se nos da ningún detalle sobre su vocación, sabemos que al ser elegido siervo de Eliseo, a Giezi se le ofre­cieron las mismas oportunidades que Eliseo tuvo.
Esto nos lleva a la conversación entre Eliseo y Giezi en 2 Reyes 5. Giezi acababa de seguir a Naamán y había logrado una pequeña fortuna rápida a través del engaño. Ahora, regresa a casa de Eliseo y parece seguro de que puede seguir con sus quehaceres como si nada hubiera pasado. Después de tantos años trabajando con Eliseo, tenía que saber que YHWH no puede ser engañado. Esta es probablemente la razón por la que YHWH trata con tanta severidad el engaño en todas sus formas. Las mentiras son un me­dio muy eficaz de mantenernos alejados de YHWH. Por eso él aborrece tanto este pecado (Proverbios 12:22). Recordemos que Satanás es descrito co­mo el padre de todas las mentiras (Juan 8:44). Las mentiras tienen dos propósitos que generalmente van de la mano, y ambos pueden verse fá­cilmente en el caso de Giezi. Las mentiras se utilizan para engañar a la gente y obtener lo que en realidad no nos pertenece, tal como Giezi hizo con Naamán. Las mentiras también se pueden utilizar para tratar de cu­brir nuestra vergüenza y evitar la exposición a otras personas. El deseo de evitar la exposición y sus consecuencias hizo que Giezi mintiera cuan­do se le preguntó dónde había estado (2 Reyes 5:26). Estos dos motivos se oponen a lo que YHWH tiene en mente para sus hijos. Si hacemos de la regla de oro la norma para nuestra vida, estaremos dispuestos a dar de no­sotros tanto como nos sea posible. La Divinidad ideó una manera de dar lo mejor de sí a la humanidad caída, incluso antes de que esta cayera. Esto muestra la diferencia fundamental entre YHWH y Satanás. En YHWH to­do tiene que ver con la autoentrega. En Satanás todo tiene que ver con tomar para sí lo que no le pertenece.
Jesús nunca tuvo que mentir para ocultar algo que había hecho. Él más bien mostró una manera muy diferente de manejar las situaciones que lo inquietaban. En lugar de tratar de mentir para salir de un apuro, él oraba y pedía a YHWH que lo sacara de situaciones amenazadoras. Si YHWH no proporcionaba una manera de salir de ellas, Jesús se apoyaba en la fortaleza de YHWH para enfrentar la situación (Mateo 26:39).
Imaginemos que una niña con restos de chocolate alrededor de la boca nos mira con los ojos más inocentes que es capaz de poner y nos dice que ella no tiene absolutamente ninguna idea de quién ha proba­do el pastel. Mientras ella se aferra a su mentira, nuestra relación con ella se ve afectada. Tan pronto como ella admite su culpa, puede afron­tar las consecuencias y la relación puede ser reparada. Todos estamos ante YHWH con mucho más que manchas de chocolate alrededor de la boca: «No hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta» (Hebreos 4:13). Mientras sigamos pensan­do que no necesitamos la ayuda de YHWH, él no nos podrá ayudar.
Durante años Giezi tuvo la oportunidad de experimentar en carne propia el poder de YHWH y saber que él nos ve. Después de correr detrás de Naamán, Giezi no presentó su dimisión a Eliseo ni le dijo que pre­fería dedicarse a los negocios. En lugar de ser sincero con él y decirle que había optado por no servir a YHWH, simplemente siguió mintiendo y fingiendo al tiempo que permanecía al servicio de YHWH. La actitud de Giezi de mentir y robar debió gestarse durante años y alcanzar su punto culminante en ese momento.
Banalizar las cosas santas: Las personas que viven en presencia de una persona importante tienden a olvidar la importancia de esa persona. Después de todo, día tras día ven sus fallas y sus defectos. Me imagino que los trabajadores de la reina de Inglaterra no siempre muestran respeto por Su Majestad, sino que ven su trabajo como otro cualquiera. La gente que se mueve, conversa y vive en medio de las cosas santas corren el mismo peligro de habituarse a ellas y banalizarlas.
El síndrome de Giezi, o la excesiva familiaridad con lo santo, no se limita al siervo de Eliseo que vivió en el siglo IX a. C. Es algo que nos puede afectar a todos, aun cuando no seamos «profesionales» de la reli­gión, ni recibamos un sueldo de la iglesia o de otra entidad sin fines de lucro. Al orar, leer las Escrituras y hablar de YHWH, podemos correr el pe­ligro de olvidar quien es YHWH en realidad. Es posible que nos preocupe nuestra situación material. Es posible que nos preocupemos por nuestra ropa y nuestro vestido. Es posible que recitemos nuestras oraciones por la mañana y por la noche como parte de una rutina conocida; y sin em­bargo, olvidar la esencia de la adoración, como el compromiso y el amor que hemos de mostrar hacia un bondadoso Creador y Salvador personal que está dispuesto a pasar tiempo de calidad con nosotros.
A continuación presentamos tres estrategias que pueden ayudarnos a superar esta «enfermedad» tan común y renovar nuestro compromiso con YHWH:
  1. Recordemos nuestro primer amor por Yashua. Analicemos la manera en que él llegó a nuestra vida e hizo que nos decidiéramos a seguirlo.
  2. Dediquemos un tiempo a la oración personal y hagamos que esta sea importante. Mantengamos un diario de oración y leámoslo con regula­ridad. Cuando conversemos con el Creador del universo y nuestro Sal­vador personal, la reverencia y la admiración deben dominar nuestra boca. Él se preocupa realmente, incluso de aquellos siervos caprichosos y cansados que han podido perder el rumbo en algún momento.
  3. Tengamos un compañero de oración en quien confiar. Deberá ser al­guien que confíe en el Señor y lo ame. Este es el momento en que podemos bajar la guardia y sentirnos seguro al hacerlo.
Giezi obviamente metió la pata y pagó un alto precio por su codicia. Sin embargo, su historia no solo forma parte de una revisión histórica del pasado de Israel, glorioso y sombrío al mismo tiempo, sino que se la incluye en beneficio nuestro, de manera que podamos aprender de ella y evitar así la trampa en la que cayó Giezi, que lo arrastró a buscar las riquezas y a perder la intimidad con YHWH. Al fin y al cabo, «toda la Escritura es inspirada por YHWH y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia» (2 Timoteo 3:16). 

La historia de Giezi me recuerda una frase que dice que pasar tiempo en un estacionamiento no me convierte en un automóvil. Giezi tuvo muchas oportunidades de ver a YHWH obrando poderosamente, y sin embargo, parecía completamente ajeno a esa excelsa realidad, al punto de pensar solo en atavíos y dinero. Perdió totalmente la capacidad de ver el mundo a través de los ojos de YHWH. Me pregunto qué habría podido llegado a ser si hubiese dejado que YHWH lo utilizara. Por desgracia, jamás lo sabremos. No quiero mirar hacia atrás en mi vida y preguntarme qué potencial pude haber tenido. Quiero que YHWH me transforme y me per­mita vivir la vida al máximo, sin remordimientos.
Como pastor, profesor de teología y misionero, he visto cómo muchos amigos han caído por el camino. Sé que yo no soy mejor. ¿Qué los hizo tropezar a ellos y qué me mantiene a mí lu­chando para sostenerme? No puede ser nada que esté dentro de mí. Más bien, es el consejo que mi sabia madre continúa dándome en los mo­mentos oportunos: «Ahmed, mantente humilde y aférrate a YHWH». Supon­go que ese es el secreto: mantenemos cerca de YHWH, permitir que el Ruaj nos transforme por dentro y recordar que nuestra nueva condi­ción no ha sido lograda de ninguna manera gracias a nuestro propio es­fuerzo, sino sencillamente gracias a la «gracia admirable».
El rey neoasirio Salmanasar III incluyó a Acab de Israel en una coalición de reyes sirios y palestinos que lu­charon contra ejército asirio de Carear en el río Orantes, al norte de Hamat, al sur de Siria, en el sexto año de su reinado, a saber, 853 a. C Véase Galil Gershon, «Salmanasar III in the West» Revue Biblique 109.1 (2002), pp. 40-5S; y Iain Provan, V. Philips Long y Tremper Longman III, A Biblical History of Israel [Historia bíblica de Israel] (Louisville, Kentucky-Londres: John Knox Westminster Press [2003]), pp. 264, 265. Para el texto de la inscripción que menciona a Acab, véase K. Lawson Younger, Jr., «Neo-Assyrian Inscriptions: Shalmaneser III (2.113)» [Inscripciones neoasirias: Salmanasar III] en The Context of Scripture: Volume 2: Monumental Inscriptions from the Biblical World [El contexto de las Escrituras: Tomo 2: Las inscripciones mo­numentales del mundo bíblico] ed. William W. Hallo K. Lawson Younger, Ir. (Leiden, Países Bajos: Brill [2000]), pp. 261-264.
La historia de la aventura del descubrimiento de la estela de Mesha está disponible en M. Patrick Graham, «The Discovery and Reconstruction of the Mesha Inscription» [El descubrimiento y la reconstrucción de la inscripción de Mesha], en Studies in the Mesha Inscription and Moab [Estudios de la inscripción de Mesa y de Moab], ed. J. Andrew Dearman, Arqueología y Estudios Bíblicos, t. 2 (Atlanta, Georgia: Scholars Press, 1989), pp. 41-92. Para una buena reconstrucción del contexto histórico, véase J. Andrew Dearman «Historical Reconstruction and the Mesha Inscription» [La reconstrucción histórica y la inscripción de Mesha], enStudies in the Mesha Inscription and Moab..., pp. 155-210.
El texto bíblico de 2 Reyes 5: 1 utiliza el mismo término hebreo que denota la lepra, una enfermedad de la piel que requiere cuarentena y connota impureza (cf. Levítico 13:44, 45). Como ya lo mencionamos, no está claro si la definición moderna de la enfermedad de Hansen (es decir, la lepra) es idéntica a la utilización del término hebreo.
Cabe resaltar que el término hebreo que describe la calidad de la servidumbre de Eliseo (1 Reyes 19:21) es el mismo que describe la relación entre Moisés y Josué (Josué 1:1) y no es la palabra típica usada para describir a los siervos regulares.

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