Papa Benedicto XVI







Estados Unidos 16:11 hora local aterrizó el avión que traía al “Santo Padre” en la Andrews Air Force Base. El Papa fue recibido con todos los honores por el Presidente de Estados Unidos, George W. Bush ¡que contraste¡ con las palabras del ex presidente de la nación mas poderosa de la tierra EEUU Harry Truman que dijo en su histórica carta a Pio XII titulada “la Sotana Del Diablo”. Truman escribió:


“Estamos convencidos de que nuestra democracia durara mientras no aceptemos vuestra intromisión…Somos el baluarte de las libertades democráticas protestantes. Si nosotros,… (Como nación) protestante, nos debilitásemos, vuestra CULTURA CATÓLICA tendría una oportunidad para gobernar otra vez el mundo haciéndolo retroceder a la Edad Media. Es mi deber como Jefe de este país predominantemente protestante, rechazar sus propuestas a manera de alianza, de pacto de paz. “Los que comen en el plato en que el Diablo está comiendo, deben usar una cuchara muy larga". Hoy la cuchara se acortado significativamente.


El recibimiento apoteósico con que fue recibido por el presidente Bush al acudir a la base militar a recibir al Papa como jefe de estado y ofrecer una cena en su honor en la Casa Blanca, la participación del tenor español Plácido Domingo en diferentes partes de la misa brindada por Joseph Ratzinger , las palabras del presidente del Congreso Judío Latinoamericano, Jack Terpins, que dijo : los lazos entre la Iglesia católica y el judaísmo “están muy fuertes”. Luego con una misa ante 57.000 personas en el Yankee Stadium, el diálogo interreligioso con las mas importantes religiones en los EEUU hacen eco lo que escribió el vidente de Patmos 1900 años atrás “su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia”


Por otra parte, el Papa en su discurso ante la ONU, habla extensamente de los Derechos Humanos. Pero cabe preguntarse: si son tan importantes ¿por qué el Vaticano no los ha firmado y ratificado?Es fácil suponerlo.



Dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos:

Artículo 18: Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia. –Artículo 19: Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión. –Artículo 20: 1. Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas. 2. Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación.
En la Iglesia Católica se hace casi imposible poder cambiar de religión, el derecho de expresión ¿cómo se garantiza en la Iglesia? ¿Puede un laico intervenir en la misa del domingo para decir que no está de acuerdo con lo que está diciendo el sacerdote en la homilía? ¿Tienen derecho los teólogos a investigar sin ser sancionados por ello? ¿No fue el mismo Ratzinger quien sancionó y condenó a centenares de teólogos cuando era Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe? .Demasiadas preguntas que podríamos seguir haciendo. Por eso la Iglesia no ha ratificado la Declaración de los Derechos Humanos, aunque el Papa haga discursos muy bonitos en la ONU sobre ellos aún suena las palabras del papa Pío IX, en su encíclica del 15 de agosto de 1854, dice: “Las doctrinas o extravagancias absurdas y erróneas en favor de la libertad de conciencia, son unos de los errores más pestilentes: una de las pestes que más se debe temer en un estado”.
"El tono pacífico que la iglesia emplea en los Estados Unidos no implica un cambio de sentimientos. Es tolerante cuando es impotente.La iglesia papal no abandonará nunca su pretensión a la infalibilidad. Todo lo que ha hecho al perseguir a los que rechazaban sus dogmas lo da por santo y bueno; ¿y quién asegura que no volvería a las andadas siempre que se le presentase la oportunidad? Deróguense las medidas restrictivas impuestas en la actualidad por los gobiernos civiles y déjesele a Roma que recupere su antiguo poder y se verán resucitar en el acto su tiranía y sus persecuciones.
Si el Papa realmente fuera, no un Jefe de Estado ( fue recibido como tal en el aeropuerto con salvas e Himno ) sino un fiel seguidor de Jesús ¿no tendría nada de que decir al principal responsable de inmensos genocidios, guerras y muertes en muchas partes del Mundo? ¿No saldría algún gesto profético, valiente y comprometido pidiéndole al principal responsable el fin de la guerra en Irak, Palestina y en otros sitios? Y debiera sentirse africano para exigir al más poderoso mandatario del Mundo medidas concretas y urgentes para acabar con el hambre. Lo que vale uno de los aviones de guerra más sofisticados de los EEUU serviría para solucionar el problema del hambre y la emigración en las regiones más pobres del planeta.

ENGAÑOS SATÁNICOS


ENGAÑOS SATÁNICOS
FALSOS CRISTOS: "Una realidad escatológica"


José Luís de Jesús Miranda, el falso Cristo

La congregación religiosa Creciendo en Gracia, encabezada por el puertorriqueño José Luis de Jesús Miranda, autoproclamado Jesucristo Hombre y recientemente El Anticristo, gana adeptos en gran parte de América Latina y ahora busca establecer su presencia en México donde ya operan al menos 82 “centros educativos”, tres de ellos en el Distrito Federal, en los que se difunde su doctrina.


Miranda, a quien sus seguidores llaman cariñosamente “papi”, “apóstol” y hasta “Dios”, nació en Ponce, Puerto Rico, en un barrio marginal de la isla y se afirma que desde los 14 años se hizo adicto a la heroína lo que lo llevó incluso a prisión por robo


Fue en su país natal donde comenzó a predicar luego de recibir en 1988, se dice, la “profecía” de que Jesucristo se “fundió” en él y desde entonces comenzó a construir una cofradía que en la actualidad cuenta con 335 centros de adoctrinamiento en por lo menos 30 países, 200 pastores, 287 programas radiofónicos y una red de televisión que transmite las 24 horas por Internet que, de acuerdo con su página electrónica, llega a más de dos millones de hogares en todo el planeta.



Hace casi veinte años Miranda se ungió como la reencarnación del apóstol Pablo y por esas fechas también se nombró como El otro, profetizando el supuesto advenimiento de Cristo y fue apenas en 2004 cuando se proclamó Jesucristo Hombre.

A principios de este año, durante una de sus presentaciones, Miranda calificó a su movimiento como la “congregación de los anticristos” y mostró públicamente dos tatuajes, uno con el símbolo del “666” en el brazo izquierdo y una triple “S” (Salvo, Siempre Salvo) en su brazo derecho, que utiliza como un logotipo de su hermandad.

La revelación provocó una reacción de euforia entre sus seguidores.El número 666 se menciona en el Libro del Apocalipsis del Nuevo Testamento, donde se explica la visión del apóstol Juan sobre el ascenso del Anticristo y el Juicio Final.

De acuerdo con los textos una bestia con dos cuernos semejantes a los de un cordero aparece sobre la Tierra y exige que todos graben la marca de su nombre, el número 666, en la mano derecha o en la frente.

El propio Miranda ha encabezado jornadas de iniciación en las que decenas de jóvenes se tatúan los símbolos de esta secta (SSS-666) considerados ofensivos principalmente para la Iglesia Católica.En diferentes ciudades de América Latina se ha registrado la quema pública de imágenes, libros y objetos religiosos. Esto ha generado un ambiente de polarización en diferentes sectores de la sociedad.

Qué es lo que dice La Biblia en cuanto a esto
Marcos 13:22-23 "porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas y harán señales y prodigios para engañar, si fuera posible, aún a los escogidos. pero vosotros !tened cuidado! os lo he dicho todo de antemano."

Lucas 17:22-23 "y dijo a sus discípulos: tiempo vendrá cuando desearéis ver uno de los días del hijo del hombre y no lo veréis.y os dirán: "helo aquí", o "helo allí". no vayáis ni los sigáis.

Lucas 21:8 "él entonces dijo: mirad que no seáis engañados, porque vendrán muchos en mi nombre diciendo: "yo soy el cristo" y: "el tiempo está cerca". Pero no vayáis en pos de ellos.

Mateo 24: 4-5 " respondiendo Jesús, les dijo:"mirad que nadie os engañe, porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: "yo soy el cristo", y a muchos engañarán."

Mateo 24:23-27 "entonces, si alguno os dice: "mirad, aquí está el cristo", o "mirad, allí está", no lo creáis, porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si es posible, aun a los escogidos. ya os lo he dicho antes. Así que, si os dicen: "mirad, está en el desierto", no salgáis; o "mirad, está en los aposentos", no lo creáis, porque igual que el relámpago sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del hijo del hombre."

Jesús habló de volver por segunda vez
En Juan 14:1-3 “no se turbe vuestro corazón; creéis en dios, creed también en mí. en la casa de mi padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. y si me voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo esté, vosotros también estéis.”
Cristo ascendió al cielo después de haber resucitado y haberseles presentado a los discípulos, luego de estar con ellos y hablarles:en hechos 1:9-11
“y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y lo recibió una nube que lo ocultó de sus ojos estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales les dijeron: -galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como lo habéis visto ir al cielo”
adonde fue, pero veamos más textos de la Biblia que nos confirman lo que dice en hechos, el texto ya leído.
Cristo descenderá del cielo
En 1 tes. 4:16 y 17 “el señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, descenderá del cielo. Entonces, los muertos en cristo resucitarán primero. Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al señor en el aire, y así estaremos siempre con el señor.”
Vemos claramente en el texto que dice "descenderá del cielo." y es preciso el texto, ya que vimos en el libro de hechos que los ángeles les dijeron a los discípulos "galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como lo habéis visto ir al cielo
Dice el texto que una nube lo oculto de la vista de sus discípulos.
Vendrá del cielo como lo vimos, pero viene solo?Judas 14,15 "......he aquí que viene el señor, con las huestes innumerables de sus santos ángeles, para ejecutar juicio sobre todos..."
Es visible la venida de cristo, o será algo secreto como dicen por ahí?
veamos lo que dice la BibliaApocalipsis 1:7 "he aquí que viene con las nubes: todo ojo lo verá, y los que lo traspasaron; y todos los linajes de la tierra se lamentarán por causa de él. sí, amén

El Cuerno Pequeño En Daniel 8:9-12

¿Representa el cuerno pequeño en Daniel 8:9-12 a Antíoco IV (Epífanes) o al imperio romano? ¿De dónde salió cada uno de ellos?

Analicemos primero a Antíoco Epífanes. Para no dar mucha lata en el asunto empecemos diciendo que a la muerte de Alejandro Magno los comandantes de su ejército se constituyeron en REYES de las PROVINCIAS donde gobernaban, hasta que después de muchos encontronazos entre ellos, tal y como lo había previsto la profecía, el imperio de Alejandro Magno quedo en posesión de sólo cuatro generales quienes se dividieron el imperio en cuatro partes. Si los generales se constituyeron en REYES, entonces las PROVINCIAS pasaron a ser REINOS. Cada cuerno representaba a un REINO. A Casandro le correspondió Macedonia y las regiones occidentales. A Lisímaco le correspondió La Tracia y la parte norte del Asia menor sobre el Helesponto y el Bósforo. A Tolomeo le correspondió Egipto, Libia, Arabia y el sur de Palestina. A Seleuco le correspondió Siria y el resto del reino de Alejandro Magno.

Estos cuatro generales a su vez guerrearon entre si y de ellos quedaron sólo dos: Seleuco hacia el norte con sede en Siria, y Tolomeo hacia el sur con sede en Egipto. (Todo eso es a grandes rasgos.) Ahora bien, Las sagrada Escritura dice que de uno de los cuatro cuernos o REINOS, no de la descendencia de los generales, sino del REINO iba a salir otro REINO pequeño el cual creció mucho al medio día, al oriente, y hacia la tierra deseable.
El cuerno pequeño no pudo haber salido del Lisímaco ni de Casandro porque ya habían desaparecido del panorama; por lo tanto, tenía que haber salido de Seleuco o de Tolomeo. El cuerno pequeño no sale de la descendencia de ninguno de los dos sino de uno de los dos REINOS.
Para que la profecía sobre el cuerno pequeño se le aplique a Antíoco IV (Epífanes) quien era descendiente de Seleuco, éste debe cumplir con los parámetros dados en Daniel 8:9-12
Desde que Seleuco comenzó a ser rey de Siria y sus contornos, hasta que su reino fue conquistado por los romanos, el reino tuvo más de 20 reyes uno tras otro, creo que 25 o 26, y Antíoco Epífanes fue tan sólo el octavo de ellos; y no fue, ni potencia ni cuerno notable, como la Escritura describe al cuerno pequeño.
Para que Antíoco IV o Epífanes represente al cuerno pequeño, lo lógico es que haya sido el rey más notable e ilustre de los más de 20 que constituyeron el cuerno sirio, pero Antíoco no lo fue. El nombre “Epífanes” que Antíoco adoptó para si significa “el ilustre” pero muy lejos de ser ilustre, dado a su estupidez, vileza, e insensatez, lo llegaron a creer loco y hasta le llegaron a cambiar el nombre de Epífanes “el ilustre” por “Epímanes, “el loco.” (Por supuesto que eso lo hacían a sus espaldas, así que ni se les ocurra decírselo en su cara porque ustedes saben como son los reyes.)
El cuerno pequeño, según la profecía, debió engrandecerse mucho, pero Antíoco ni siquiera llegó a segunda base. Apenas llegó a hacer algunas conquistas pasajeras en Egipto, pero tuvo que renunciar a ellas cuando Roma le latió en la cueva en defensa de Tolomeo, y tuvo que regresar a Siria. Los judíos pagaron los platos rotos porque Epífanes desahogó su ira sobre ellos.
¿Cómo pues se le puede aplicar lo del cuerno pequeño a Antíoco de que creció mucho al mediodía, y al oriente, y hacia la tierra deseable. Y se engrandeció hasta el ejército del cielo” cuando a la voz de Roma, tuvo que abandonar Egipto, y no podía ver a un romano porque metía el rabo entre las piernas y emprendía veloz carrera dando alaridos? ¿Quién era más poderoso, el que ordenó a que desalojen, o el que fue forzado a desalojar? ¿Cuál fue la grandeza de Antíoco Epífanes si temblaba a la voz de Roma?
Analicemos ahora al Imperio Romano:
Por allá por el año 753 a.C., un diminuto pueblo de pastores de ovejas y agricultores, conocido como Los Latinos, se ubicó sobre la colina El Palatino en la península ibérica a 21 kilómetros de la desembocadura del río Tiber a orillas del mar Tirreno en el Mar Mediterráneo. A este “pequeño” e insignificante pueblo, con el correr del tiempo, se le fusionó (por conquista) otros dos pueblos tan pequeños como él, Los Etruscos y Los Sabinos.
Más adelante la fusión de estos tres insignificantes pueblos, con la sede de su gobierno en una pequeña ciudad sobre El Palatino, consideraron necesario expandirse y ocupar las otras seis colinas a su alrededor además de El Palatino donde ya estaban ubicados. Las otras seis colinas fueron: El Capitolino, El Quirinal, El Virminal, El Esquilino, El Caeliu, y El Aventino. La ciudad luego llego a ser conocida como “La ciudad de las siete colina,” y a su capital la llamaron “Roma.”
Lentamente, pero a paso seguro, continuó su expansión hasta darse cuenta del poderío que tenía, y salió, como torrente de agua, arrasando todo a su paso, para probar fuerza por el resto del mundo. Fue entonces cuando al llegar al Asia Menor se encuentra con el pueblo de Seleuco al que conquista y su voz se hace ley en Asia.
El Señor le había dicho a Israel: “He aquí yo traigo sobre vosotros gente de lejos, oh casa de Israel, dice Jehová; gente robusta, gente antigua, gente cuya lengua ignorarás, y no entenderás lo que hablare. (Jeremías 5:15)
Esa gente robusta y antigua, cuya lengua los judíos ignorarían que Dios trajo no sólo sobre los judíos, sino también sobre los dos reinos que quedaban del antiguo imperio griego, fue el Imperio Romano, quien los conquistó a todos por igual; incluyendo a Antíoco Epífanes. El Imperio Romano si llenaba todos, absolutamente TODOS, los requisitos de Daniel 8:9-12 para ser reconocido como el cuerno pequeño, pues ese cuerno pequeño que se comenzó a gestar sobre la colina El Palatino en la península ibérica en el año 753 a.C. llegó a subyugar al reino de Seleuco de donde él, ROMA, pasa a ser el cuerno que sale de uno de los cuatro cuernos que salieron del imperio de Alejandro Magno.
Si somos honestos podremos ver que los cuadros presentados en la imagen del Rey Nabucodonosor en Daniel 2, y en la bestia espantosa y terrible en Daniel 7 son exactamente los mismos que se presentan en Daniel 8:9-12.
¿Por qué el profeta describe a Roma como un cuerno pequeño que salía de uno de los cuernos del macho cabrío y no como viniendo del occidente? Simplemente porque Roma nunca estuvo relacionada con el pueblo de Dios, sino hasta cuando después de haber derribado al cuerno macedónico salía para efectuar nuevas conquistas, donde el pueblo de Dios estaba incluido en su mira; de allí que al profeta le pareció, y con mucha razón, que era un cuerno pequeño que salía de uno de los cuernos del macho cabrío.
Así que Daniel 8:9-12 describe las barbaridades que el Imperio Romano haría contra el pueblo de Dios. Lo nombrado en Daniel 8:9-12 no pudo haberse cumplido en Antíoco IV (Epífanes) simplemente porque este señor ni su reino existían en la época de Cristo para cumplir lo que sobre Él se dice. De allí que, en lo que a mí concierne: Los conceptos sostenidos por la iglesia sobre Daniel 8:9-12 están completamente apegados a la palabra de Dios.

La parábola del rico y Lázaro


La parábola del rico y Lázaro

Si los muertos están inconscientes, ¿cómo debemos enten­der la parábola del rico y Lázaro según Lucas 16:19-31?

Si aceptamos que esta parábola nos enseña que al morir vamos de inmediato al paraíso o al infierno, nos encontraríamos con las siguientes contradicciones bíblicas:
Jesús y los apóstoles enseñaron que la recompensa de losjustos les será dada recién en ocasión de la segunda venida deCristo (Mat. 16:27; 25:31-41; 1 Cor. 15:51-55; 1 Tes. 4:16,17;Heb. 9: 28; Apoc. 22: 12 y otras).
Además, la Biblia enseña que los muertos nada saben, niparticipan en ninguna actividad en la tierra (Ecl. 9: 5,6-10; Sal.146:4, etc.).
3. Por otra parte, en la parábola, el rico con versación Abrahán, quien supuestamente está en el paraíso (vers. 24-31). Pero la Biblia dice que Abrahán aún no está en el cielo. En la epístola a los Hebreos, se mencionan muchos nombres de hombres de fe de la antigüedad, entre ellos Abrahán (Heb. 11: 8-19). Después de referir esos nombres dice: "Y todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros" (vers. 39, 40). Como se ve, ni Abrahán ni ninguno de los fieles de la antigüedad han recibido el cumplimiento de la promesa de Dios respecto a la salvación, pues El ha dispuesto que "no fuesen ellos perfecciona­dos apañe de nosotros". En efecto, cuando venga Jesús, todos los redimidos recibirán, en el mismo día, el galardón de la vida eterna prometido por la gracia de Dios (1 Tes. 4:16,17; 2 Tim. 4:6-8). Por otro lado encontramos contradicciones con la misma doctrina de la inmortalidad del alma, como ser:
1. Según ella, al morir la persona, el espíritu queda libre desu cuerpo, sin embargo, en la parábola, las supuestas almas oespíritus del rico y Lázaro tienen ojos, dedos y lengua (vers. 21,22). ¿Es que los espíritus tienen los mismos órganos físicos que
los cuerpos?
2. Además el rico pide que vaya "alguno de entre los muer­tos" (vers. 30), para advertir a sus familiares de su error. ¿Nohubiera correspondido pedir que alguno de entre los vivos fueraa hacer esa obra?
3. Y por último, ¿podría admitirse como realidad eterna queel lugar del supuesto castigo, el así llamado infierno, esté tan cercadel paraíso de modo que pueda existir comunicación entre unos yotros? ¿Haría felices a los redimidos el oír por la eternidad lasquejas y los gemidos de los réprobos y observar su eternosufrimiento?
En vista de todas estas contradicciones que emanan de una interpretación literal de la parábola, como lo sugiere la pregunta, concluimos que esta parábola, como todas las parábolas, es una ilustración cuya aplicación corresponde darla solamente al que la usó, en este caso Jesús. Se dice que oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él" (vers. 11). Deducimos por ello que el Señor usó esta parábola para advertir a sus oyentes avaros y confiados en sus riquezas, que la salvación no depende de los bienes materiales que se poseen, sino de la conducta y el correcto proceder de la persona. En ese entonces era popular la idea de que la pobreza y o la enfermedad eran maldi­ciones de Dios (véase Juan 9:1-3), y que la riqueza era bendición divina. Esta parábola contradice tan equivocada creencia, por cuyo motivo la refirió el Señor.

La prédica de Cristo a los espíritus antediluvianos

La prédica de Cristo a los espíritus antediluvianos

Si los muertos nada saben, ¿por qué el apóstol Pedro nos dice que Cristo predicó a los espíritus antediluvianos en 1 Pedro 3:18-20?
La enseñanza de la Biblia es muy clara y terminante respecto a la naturaleza del hombre durante la muerte. La hemos explicado en preguntas anteriores. Siendo que "los muertos nada saben" (Ecl. 9: 5), que en el mismo día de la muerte "perecen sus pensamientos" (Sal. 146:4) y que "no alabarán los muertos a Jah, ni cuantos desciendan al sepulcro" (Sal. 115:17), sería un absurdo pensar que Cristo predicara a los muertos que se encuentran en estado de inconsciencia. Analizando el texto encontramos la respuesta.
En el versículo 18 se nos dice que después de morir Jesús para nuestra salvación, fue "vivificado en espíritu". ¿A qué espíritu vivificador se pudo referir el apóstol Pedro? En Romanos 8: 11 encontramos la respuesta: "Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mor­tales por el Espíritu que mora en vosotros". Por esto queda claro
que Pedro se refería al Espíritu Santo que lo levantó de los muertos. Sigue diciendo en el versículo 19: "En aquel [o sea en la persona del Espíritu Santo] también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron". ¿Quién fue el instrumento del Espíritu Santo para predicar alos antediluvianos? "Noé, pregonero de justicia. .."(2 Ped. 2:5). El fue el que predicó el mensaje de salvación durante 120 años, y fue guiado para ello, como todos los profetas de Dios que "hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 Ped. 1:21).
¿Por qué dice "espíritus encarcelados"? Sin duda se refería a los antediluvianos encarcelados en sus pecados. Los cristianos de aquellos tiempos solían referirse al pecador como a un ser "encar­celado". Jesús dijo: "La verdad os hará libres" (Juan 8: 32). El apóstol Pablo afirmó: "Y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de justicia... Mas ahora habéis sido libertados del peca­do..." (Rom. 6:18,22). De manera que aquí el apóstol Pedro está usando una expresión apostólica común al referirse a los pecadores como encarcelados por el pecado.
¿Por qué dice entonces "espíritus" y no "personas"? La palabra pneuma que se traduce como "aliento", "soplo de vida", también en algunas ocasiones se la usa para referirse a personas. El apóstol Pablo se refirió a su persona como "mi espíritu" (1 Cor. 16:18) y a la persona de Timoteo, como "tu espíritu" (2 Tim. 4:22). Por lo tanto, nada tiene de particular que un apóstol hable de los "espíritus" al referirse a personas. Nótese además que elapóstol Pedro recuerda que esa prédica guiada por el Espíritu Santo se realizó "cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca" (1 Ped. 3: 20), pues no podría ser cuando ya no tenía ningún objeto predicar el Evangelio, cuando ya todos estaban perdidos.
Alguien podría pensar que queremos forzar una explicación, pero no es así. Lo único que hacemos es no contradecir la doctrina de las Escrituras sobre la naturaleza del hombre en la muene, la
que es terminante, y además atenernos al contexto bíblico, re­cordando expresiones propias de la época de los apóstoles. De lo contrario, además de esa contradicción resultante de la mala comprensión de estos textos, nos encontraríamos con que tendría­mos que aceptar el dogma del purgatorio que tampoco es bíblico, pero donde sí hubiera sido razonable, de acuerdo con el dogma, el predicar a los espíritus. En el infierno no correspondería tal prédica, pues allí, según la misma doctrina no bíblica, están los que ya no tienen salvación. Y además tendríamos que explicar la parcialidad de Jesús al hacer acepción de personas, dado que en esa supuesta visita a los muertos, solamente atendió a los antediluvianos y no a los demás.
La respuesta que ofrecemos concuerda con todas las enseñan­zas bíblicas, lo cual es importante, porque en la Santa Biblia no hay contradicción. También concuerda con expresiones apostó­licas utilizadas en aquel tiempo, y no nos obliga a aceptar un dogma totalmente anti bíblico como lo es el del purgatorio.

Dios es Dios de vivos y no de muertos


Dios es Dios de vivos y no de muertos

Si los muertos están inconscientes, ¿qué quiso decir Jesús cuando afirmó, refiriéndose a Abrahán, Isaac y Jacob, que Dios no era Dios de muertos?

El incidente que provocó esta declaración lo relatan tres de los Evangelios (Mal. 22:23-33; Mar. 12:18-27; Lúe. 20:27-40). Para entender correctamente este pasaje necesitamos atenemos al contexto. Nótese que fueron palabras dirigidas a los saduceos, personas que creían en Dios, pero negaban la resurrección de los muertos (MaL 22: 23; Mar. 12:18; Lúe. 20: 27). Para explicar el problema que ellos le presentaron, Jesús hizo referencia a la resurrección. Por eso citó un pasaje del Pentateuco, los cinco libros de Moisés en los que ellos sí creían. Con Éxodo 3: 6, 16, Jesús comprobó la doctrina de la resurrección (MaL 22: 31,32), demostrando que para Dios, gracias a la esperanza de la resurrec­ción de los muertos, esos tres patriarcas no están muertos, sola­mente descansan, sólo duermen el sueño de la muerte del que serán despertados en el día de la resurrección.
Jesús recordó en sus enseñanzas muchísimas veces la resurrec­ción dejos muertos. Una vez dijo que "todos los que están en los sepulcros (no en el cielo) oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida..." (Juan 5: 24-29). En esa resu­rrección se levantarán Abrahán, Isaac, Jacob y todos los que aceptaron la salvación ofrecida por el Señor. El apóstol Pablo explica lo mismo en 1 Tesalonicenses 4:13-18 respecto a los "que duermen" y a la resurrección de los justos. Al escribirles a los corintios hace una afirmación terminante acerca del lugar que le corresponde a la resurrección en el proceso de salvación de los hombres. Afirmó que "si no hay resurrección de muertos, tampo­co Cristo resucitó... y si Cristo no resucitó vuestra fe es vana, aún estáis en vuestros pecados. Entonces los que durmieron en Cristo perecieron" (1 Cor. 15: 12-23).
En la mente de Jesús no había dudas respecto a la resurrección de los muertos, pues El mismo es "la resurrección y la vida" (Juan 11: 25). Y para que nadie dudara de esta verdad, ni los que escucharon esa declaración ni los que la leemos, resucitó a Lázaro después de haber estado en el sepulcro cuatro días. Del mismo modo, cuando Jesús, el Autor y Dador de la vida vuelva en gloria, "todos los que están en los sepulcros (no en el cielo) oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación" (Juan 5:28, 29). En esa ocasión los sepulcros de Abrahán, Isaac y Jacob, que todavía están en la cueva de Macpela, protegidos por un monu­mental edificio en la ciudad de Hebrón, en Palestina, se abrirán y esos patriarcas que tuvieron fe en la simiente prometida que es Cristo (Gal. 3: 16), se levantarán de entre los que duermen, conforme a la promesa de la resurrección.
Es importante y significativo recordar que en muchísimos pasajes de la Biblia se afirma que los que murieron "duermen". En verdad no podría ilustrarse mejor el significado de la muerte. Así como una persona que duerme no tiene conciencia de lo que

sucede en su derredor, del mismo modo lo está el que duerme el sueño de la muerte. Pero así como el que duerme despertará en algún momento, el que duerme el sueño de la muerte también despertará. Jesús afirmó que "todo el que vive y cree en mí, no morirá eternamente" (Juan 11: 26), es decir, no estará incons­ciente eternamente, sino que despertará. Por lo tanto, para Dios no está muerto, solamente duerme. Por eso, para Dios, Abrahán, Isaac y Jacob no están muertos, sino que duermen.

¿El alma es inmortal?

¿El alma es inmortal?

Yo pensaba que el alma del hombre era inmortal, pero se me ha dicho que no y que no existe. ¿Podría explicarme cuál es la verdad?

Es muy popular la creencia de que al morir una persona, sale de ella un algo invisible llamado alma o espíritu, y que mantiene las características sensoriales y mentales que tenía el ser humano cuando estaba vivo, y que va al cielo a gozar, o al purgatorio a reparar sus pecados, o al infierno a sufrir entera mente por ellos. Se afirma que en todos los casos es inmortal y gozará o sufrirá eternamente. La Santa Biblia nos ayudará a conocer la verdad.
Cuando Dios creó al hombre lo formó "del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente" (Gen. 2:7). Obsérvese que la unión del "polvo de la tierra" con el "aliento de vida" dado por Dios constituyó un ser viviente. A este ser se le advirtió en el Edén que la desobediencia a la voluntad de Dios significaría la muerte (Gen. 2:17). El hombre desobedeció, cometiendo lo que la Biblia llama pecado (1 Juan 3:4), por lo que se le comunicó la sentencia: "Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás" (Gen. 3: 19). Así pues, la muerte aparece como resultado del pecado, y no como el comien­zo de una existencia nueva o diferente.
Cuando se produce la muerte, el proceso es el inverso: "El polvo vuelve a la tierra, como era, y el espíritu vuelve a Dios que lo dio" (Ecl. 12: 7). O sea que termina y deja de existir el "ser viviente". El "aliento de vida" o "el espíritu" que Dios agregó al "polvo de la tierra" para formar un "ser viviente", al morir vuelve a él y el cuerpo, al polvo. Nos preguntamos ahora: ese "aliento de vida" o "espíritu" que vuelve a Dios, ¿es una entidad completa, consciente y capaz de realizar las actividades físicas y mentales del hombre vivo? ¿Sigue viviendo el hombre sin el cuerpo? Solamente Dios mediante su Palabra puede respondemos con
verdad.
Salmo 104: 29: "Le quitas el espíritu, dejan de ser".
Salmo 146: 4: "Pues sale su aliento... en ese mismo día perecen sus pensamientos".
Salmo 115:17: "No alabarán los muertos a Jah, ni cuantos descienden al silencio".
Eclesiastés 9:5,6,10: "...los muertos nada saben... También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya;... porque en el Seol (sepulcro), adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría".
Ezequiel 18:4: "El alma que pecare, esa morirá".
Job 14:12,21: "Así el -hombre yace y no vuelve a levantarse; hasta que no haya cielo, no despertarán... Sus hijos tendrán honores, pero él no lo sabrá; o serán humillados, y (él) no en­tenderá de ello".
Daniel 12:2: "Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados".
Estas afirmaciones categóricas, confirmadas por otras muchas que no estamos mencionando, no nos permiten dudar respecto al estado de inconsciencia de los muertos. Por lo tanto, ese "espíritu" que vuelve a Dios que lo dio no es un ser inteligente, incorpóreo, que sigue viviendo la vida del hombre en otra esfera. Es única­mente la vida que proviene de Dios, y que unida al polvo produce el ser viviente. Sin ese aliento de vida "dejamos de ser", "perecen nuestros pensamientos", o sea que al morir no participamos en ninguna actividad común al ser vivo. El polvo solo o el espíritu solo, no forman un ser viviente.
¿Cuál es entonces la esperanza de los que mueren? Será su despertar, como lo dicen dos pasajes citados (Job 14:12; Dan. 12: 2). Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, observa­mos en centenares de ocasiones que se usa el verbo "dormir" para referirse a la muerte. Así como el que duerme está en estado de inconsciencia, pero despertará de nuevo a un estado de conoci­miento, del mismo modo el que muere, duerme, porque está inconsciente, pero tiene la promesa de despertar, que se cumplirá en el día de la resurrección.
La doctrina de la resurrección es tan vital en el plan de la salvación, que el apóstol Pablo la recuerda en frases que destaca­mos: "Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe... Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana;... entonces también los que durmieron en Cristo perecieron". Pero como la resurrección es una verdad divina, el apóstol concluye diciendo: "Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho... Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo en su venida" (1 Cor. 15: 13-23).
Ahora bien, si el alma fuera inmortal y después de salir del cuerpo estuviera gozando en el cielo su recompensa eterna, todo lo dicho por el apóstol Pablo respecto de la importancia de la resurrección estaña equivocado.
No podría decir que si los muertos no resucitan están perdidos, pues ya estarían en el cielo. Y si el espíritu goza en el cielo librado de su cuerpo material, ¿para qué la necesidad de encerrarlo de nuevo por medio de la resurrección? (véase la última parte de la
pregunta 5).
También el Señor indicó que por medio de la resurrección no se perderían los que creyeran en él: "Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda nada, sino que lo resucite en el día postrero" (Juan 6: 39). Ese día postrero de la resurrección será el de la feliz reunión de todos los hijos de Dios de todos los siglos, pues los resucitados y los que estén vivos en ese día glorioso, "seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor" (1 Tes. 4: 13-18).
Nótese otro detalle importante señalado por el apóstol Pablo a los corintios. Afirma que al realizarse la resurrección el Señor ganará una victoria sobre todos sus enemigos, "y el postrer ene-

migo que será destruido es la muerte" (1 Cor. 15: 24, 25). Si la muerte fuera la que nos libera de la cárcel del cuerpo para ir a la presencia del Señor, no podría señalársela como un enemigo, sino como un bienaventurado libertador. Pero la verdad es que la muerte es el enemigo causante de nuestra perdición eterna, un enemigo del que solamente Jesucristo puede librarnos puesto que El es "la resurrección y la vida" (Juan 11: 25). Gracias a la resurrección nada se perderá, sin ella todo estaría perdido. Por eso Jesús dijo que de todo lo que le diere el Padre "no pierda yo nada" sino que lo resucite en el día postrero" (Juan 6: 39).Así concluimos que no existe un alma inmortal. El creyente, al morir, duerme el sueño de la muerte, del que será despertado por Jesucristo, el Dador de la vida, en el día de la resurrección

Las almas debajo del altar


Las almas debajo del altar

Si los muertos están inconscientes en el sepulcro, ¿por qué
dice Apocalipsis 6:9-11 que "las almas de los que habían sido muertos... clamaban a gran voz"?

Si deseamos usar este pasaje para sostener la doctrina según la cual el alma es inmortal, encontraremos que el mismo texto contradice sus postulados, pues según tal doctrina, los fíeles cristianos que "habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían" (vers. 9), deberían estar en el cielo, sin embargo aparecen alojados debajo de un altar reclaman­do "a gran voz" por las injusticias cometidas contra ellos. Por lo demás, los que sufrieron el martirio por la Palabra de Dios, no necesitaban clamar venganza, porque según esa misma doctrina, los martirizadores ya estarían en el infierno purgando sus iniqui­dades. Además, un poco más adelante pedía a esas "almas" que siguieran debajo del altar y soportaran su angustia "todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos" (vers. 11). Esto significaría que esas almas todavía estarían esperando su redención, porque todavía no se ha comple­tado la lista de los que habrían de morir por la Palabra de Dios.
Por lo tanto, siendo que estos textos contradicen definidamente lo que enseña la doctrina de la inmortalidad del alma, es un absurdo usarlos con tal propósito. Para entenderlos bien, analice­mos todo el capítulo.
Todo el libro de Apocalipsis es profetice y está por lo tanto cargado de símbolos con los que se ilustran hechos históricos y experiencias de la iglesia cristiana. La mayoría de los comentado­res descubren en los siete sellos del capítulo seis, siete etapas de un aspecto histórico de la iglesia desde su iniciación "hasta la venida del Señor. Repasemos rápidamente el capítulo seis.
El primer sello presenta a un caballo blanco y a su victorioso jinete, como admirable representación de la iglesia apostólica en su triunfante trayectoria durante el primer siglo de nuestra era
(vers. 1, 2). Los caballos rojo, negro y amarillo, y los detalles indicados en cada sello, representan la creciente contaminación espiritual dentro de la iglesia, a medida que la misma se fue apartando de la Palabra de Dios para ajustarse a tradiciones humanas. Este peligro lo advirtieron el apóstol Pablo (2 Tes. 2:7) y el apóstol Juan (1 Juan 4: 3).
Ese "misterio de iniquidad" o "espíritu del anticristo" en acción, creó una época de persecuciones por un lado, y propició la entrada de herejías en la iglesia por otro, simbolizadas por el caballo rojo y su jinete (vers. 3,4), acontecimientos cumplidos en los siglos II y III. A éste sigue un tercer período de escaso alimento espiritual y consecuente oscurantismo, representados por el caba­llo negro y su jinete (vers. 5,6), que dominaron los siglos IV y V. La cuarta etapa profética, con símbolos que claramente muestran el desarrollo de la decadencia espiritual de los siglos VI al XVI, está representada por el caballo amarillo con la muerte como jinete (vers. 7, 8). Al término de este largo periodo la profecía predice el levantamiento de una protesta, una reclamación justa motivada por todas las acciones cometidas en los siglos anteriores contra los que murieron acusados de herejía, cuando en realidad eran fieles a la Palabra de Dios.
Así llegamos al quinto sello (vers. 9-11) donde aparecen las almas debajo del altar. Esas "almas" simbolizan o representan el clamor de aquéllos que por haber sido tratados injustamente por su fidelidad a Dios, esperan justicia. En este caso se usa la figura de lenguaje llamada "personificación", por la que se atribuye vida, acción o inteligencia a cosas inanimadas. Así se la usa al decir que la "sangre de Abel" clamaba ante Dios (Gen. 4:9,10), o que la piedra clamaba desde la pared y la viga le contestaba (Hab. 2:11), o que la piedra clamaba desde la pared y la viga le contestaba (Hab. 2:11), o que el salario defraudado a los trabaja­dores clamaba ante Dios (Sant. 5:4). En el texto que nos ocupa, las personas o mártires llamados "almas", sacrificadas injusta
Mente en aras del fanatismo religioso equivocado durante los siglos anteriores, clamaban a Dios por justicia. Y Dios contestó su clamor.
En la vida, esos cristianos perseguidos y martirizados habían sido considerados como el apóstol Pablo lo dijera: "escoria del mundo" y "desecho de todos" (1Cor. 4: 13). Pero gracias a los movimientos espirituales de los siglos XII al XVI, esos muertos recibieron "ropas blancas", desde que fueron reconocidos como mártires de la fe verdadera, y no herejes. Hoy se comprueba que ellos murieron "por causa de la Palabra de Dios y por el testimonio que tenían".
A esas "almas", o sea a los mártires, se pidió que "todavía reposaran un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos". En verdad, desde los días de los reformadores, millares de tumbas fueron abiertas para recibir nuevos mártires de la fe, y todavía seguirán las fuerzas del mal luchando contra los que viven conforme a "la Palabra de Dios", pues "el diablo ha descendido a vosotros con grande ira, sabiendo que tiene poco tiempo" (Apoc. 12: 12).
Próximo está el día glorioso de la venida de Jesús, cuando por la resurrección de los muertos, todos se levantarán para recibir juntos el galardón de la vida eterna (1 Tes. 3:13-18; Heb. 11:32-40). Esos mártires estarán en la magna congregación (Apoc. 7:9, 10), porque fueron resucitados de acuerdo con la promesa del Señor (Juan 5: 29).

La pitonisa de Endor y el rey Saúl

La pitonisa de Endor y el rey Saúl

La experiencia del rey Saúl y la pitonisa relatada en 1 Samuel 28, ¿no demuestra que los espíritus de los muertos existen?
Siendo que la Biblia asegura que los muertos están en estado de inconsciencia, que duermen, nos preguntamos qué sucedió en el caso de Saúl. ¿Era lo que le apareció realmente el espíritu de Samuel?
En el versículo 6 se afirma que Jehová no contestó a Saúl por los medios correctos y usuales de comunicación: los sueños, el Urim o los profetas. En el versículo 3 se recuerda que Saúl había echado de su reino a los adivinos. ¿Por qué? Así lo había ordenado
Dios, como puede leerse en Éxodo 22: 18; Levítico 19: 31 y muchos otros pasajes. En Deuteronomio 18:10-12 se afirma que consultar presuntos adivinos es "abominación a Jehová".
Teniendo en cuenta esto y admitiendo por un momento la posibilidad de que Samuel no estuviera muerto, nos preguntamos: ¿Podría ser que Samuel utilizara un instrumento de comunicación que era "abominación a Jehová"? ¿Haría Samuel en la muerte lo que había condenado cuando estaba vivo? ¿Enviaría Dios a Samuel, muerto, con un mensaje mediante un instrumento abo­minable, como era la pitonisa? De ninguna manera.
Lo que sucedió fue que el rey Saúl estaba tan apartado de Dios, que en su desesperación buscó comunicarse con Él a través de ese medio abominable. Hizo lo que suele hacer el creyente que se aparta de Dios. Al no tener la paz que le ha quitado su propio pecado, busca la paz en el alcohol o en las drogas, hallando 1 que en realdad no es paz, sino engaño. Obsérvese que cuando Saúl le preguntó a la pitonisa lo que veía, ésta le dijo: "Un hombre anciano viene cubierto con un manto". A esto se dice que Saúl "entendió que era Samuel (1 Sam. 28:14). Nótese que la pitonisa no le dijo que era Samuel.¿Quién era, entonces, ese supuesto espíritu de Samuel? El apóstol Pablo lo declara: "Porque estos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, transfigurándose en apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se transfigura en ángel de luz" (2 Cor. 11: 13,14). En efecto, ese "anciano" que vio la pitonisa y que Saúl creyó que era Samuel, era sencillamente un demonio disfrazado y de ningún modo Samuel. Porque "los muertos nada saben, ni tienen más paga:... y no "tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol..." (Ecl. 9: 5, 6).

Fuego eterno. Fuego que nunca se apagará

Fuego eterno. Fuego que nunca se apagará.
Atormentados por los siglos de los siglos
Si el castigo final de los pecadores no es un fuego eterno, ¿por qué se habla en la Biblia del "fuego eterno" (Mal 25:41), y del "fuego que nunca se apagará" (Mat. 3:12)7
" El fuego eterno". La palabra griega correspondiente a eterno, esaionios. Al analizarla se descubre que el tiempo de duración de ese "eterno" tiene que ver con la duración de la existencia del sujeto al cual se refiere. Por ejemplo, en antiguos papiros griegos se usó para referirse a la continuidad del mandato de los empera­dores romanos. En el caso de Tiberio César su "mandato eterno (aionios)", duró 23 años, o sea desde que subió al trono hasta su muerte.

En la Biblia tiene el mismo sentido. Judas 7 dice que Sodoma, Gomorra y las ciudades vecinas, "fueron puestas como ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno". Ese fuego eterno no está quemando todavía. Se conoce el lugar donde estuvieron esas ciudades en Palestina, pero allí no hay fuego. Sin embargo, fue eterno en sus resultados, porque el lugar donde estaban esas ciudades ha sido inundado por las aguas saladas del Mar Muerto. El apóstol Pedro confirma lo explicado cuando dice que Dios "condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas como ejemplo a los que habían de vivir impíamente" (2 Ped. 2:6). Siendo ese fuego eterno un "ejemplo a los que habían de vivir impíamente" y siendo que solamente dejó cenizas y destrucción para siempre, del mismo modo sucederá con el fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles (Mat. 25:41). El fuego eterno es eterno en sus resultados.
"Fuego que nunca se apagará". Probablemente Juan el Bau­tista se inspiró en Malaquías 4: 1-3, donde el profeta recuerda el "día ardiente como un horno", cuando todos los "que hacen maldad serán estopa" y "no les dejará ni raíz ni rama"! Vale decir que se trata de un fuego que nadie podrá apagar. Se apagará cuando haya terminado su obra de purificación y de destrucción de todo lo malo.
Un ejemplo bíblico corrobora esta conclusión. Jeremías advir­tió a sus contemporáneos que si seguían siendo rebeldes, Dios haría "descender fuego en sus puertas, y consumiría los palacios de Jerusalén, > no rc apagará" (Jer. 17:27). En2Crónicas 36:19-21 se registra que ese día de destrucción había llegado habiéndose consumido "al fuego todos sus palacios", con lo que se cumplió "la palabra de Jehová por la boca de Jeremías ". En verdad el fuego que destruyó a Jerusalén en los días del profeta, no pudo ser apagado. Dejó de quemar cuando completó su obra. Del mismo modo, nadie podrá apagar el fuego final. Sólo se extinguirá cuando haya terminado de destruir al pecado."Serán atormentados por los siglos de los siglos" (Apoc. 20: 10). Al observar que en el versículo 9 se dice que "de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió", descubrimos que esta expresión es similar a las otras. Es evidente que una cosa consu­mida no puede seguir quemándose ni ser atormentada. Por eso deducimos que es lógico concluir que la expresión "atormentados por los siglos de los siglos", tiene el mismo sentido que "fuego eterno" o "fuego que nunca se apagará". Se trata de un fuego que cumplirá la misión de destruir para siempre el pecado y a los que lo amaron. Arderá hasta no dejar "ni raíz ni rama", hasta que sean "ceniza", hasta que sean "consumidos". Entonces el fuego se apagará solo, como se apagó el "fuego eterno" que consumió a Sodoma y Gomorra, y que "no se apagará" que en los días de Jeremías destruyó puertas y palacios de Jerusalén. Arderá todo el tiempo que sea necesario hasta que haya dejado destruido para siempre al pecado y a los pecadores, por los siglos de los siglos. Si rechazáramos esta aclaración bíblica, sostendríamos la in­aceptable doctrina del infierno con su fuego eterno que es total­mente anti bíblica


El Infierno

El infierno

¿No le parece que el infierno como castigo para los réprobos es una injusticia de parte de Dios? Cómo será posible que las personas ardan eternamente sin consumirse?
La idea de un infierno eterno, donde se dice que existen las más

Terribles formas de sufrimiento mental y físico por toda la eterni­dad, es un concepto heredado de la mitología pagana, cargada de dioses tiranos, vengativos y crueles. Lamentablemente esa equi­vocada idea comenzó a introducirse en el ambiente cristiano y finalmente se la aceptó. Cuando se comenzó a traducir la Biblia a los diferentes idiomas, las palabras hebreas y griegas que se refieren al sepulcro o lugar donde descansan los muertos, en muchas ocasiones fueron traducidas por "infierno", lo cual es un error que confunde al estudiante bíblico. Algunas reflexiones nos ayudarán a entender la enseñanza bíblica sobre el particular.
De acuerdo con nuestra limitada y humana manera de entender la justicia, comprendemos que las equivocaciones de los hombres deben ser pagadas con penas carcelarias o materiales en confor­midad con la falta cometida. Acusamos de tiranos, deshumanizados o hasta de criminales a los que además de encarcelar al culpable le aplican castigos físicos o de cualquier orden. Consideramos que van contra los derechos humanos que Dios ha dado a cada ser. Sin embargo, con la doctrina del infierno eterno le estamos endosando a Dios la monstruosidad de encarcelar a los pecadores en un lugar donde hay toda clase de espantosas penas físicas, terribles sufri­mientos morales en un ambiente aterrador, con el agregado de que los réprobos padecerán esas condiciones inenarrables por los siglos de los siglos sin fin. ¿Será esa injusticia la justicia de Dios? De ninguna manera.
La Biblia nos enseña que cuando Dios permite el sufrimiento o alguna prueba al ser humano, es para purificar su fe (1 Ped. 1: 6,7). Que su amor nunca admite que las pruebas sean mayores que las que podamos soportar (1 Cor. 10: 13). Que nos disciplina porque nos ama y quiere preparamos para la salvación, y que cuando deja sin disciplina a alguien, es porque ya nada se puede hacer por él (Heb. 12:4-11). Además se hace claro que Dios no quiere que nadie perezca, sino que todos procedan al arrepenti­miento (2 Ped. 3:9).
Frente a este breve esbozo del carácter y proceder de Dios para
con el pecador, preguntamos: ¿Qué objeto tendría Dios al hacer sufrir a los impenitentes en un infierno eterno? Para esas pobres criaturas endurecidas en el pecado que ya no buscarán arrepenti­miento, ¿qué objeto tendría el sufrimiento eterno? ¿Acaso sentirá Dios placer en hacer sufrir a los malos por la eternidad? Jesús dijo que pagará a cada uno según sus obras (Mal 16:27). ¿Será ése un pago conforme a sus obras? ¿Será justo que unos pocos años de vida equivocada, tengan que pagarse con sufrimientos que se prolonguen por la eternidad?
Las Escrituras enseñan que el fuego final será purificador (2 Ped 3: 10-13). Que cuando llegue ese día "ardiente como un homo... todos los soberbios y los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejérci­tos, y no les dejará ni raíz ni rama" (Mal. 4: 1,3).
Con esto entendemos que los que amaron el pecado, junto con el diablo y sus demonios, serán destruidos para siempre. No existirá un lugar en el universo de Dios donde los rebeldes vayan a vivir sufriendo por la eternidad. La triste historia del pecado terminará y terminarán los que amaron más el pecado que el bien.


¿El cuerpo es mortal, pero el alma es inmortal?
¿Acaso no es mortal sólo el cuerpo; pero el alma o espíritu que actúa en el cuerpo, inmortal?
La Biblia nos enseña que solamente Dios es inmortal (1 Tim. 6: 15, 16). Si Dios es el "único que tiene inmortalidad", es evidente que no pueden existir otros seres inmortales. Nosotros y todos los seres creados por Dios tenemos el don de la inmortalidad condicional. Como el hombre la perdió porque no respetó la condición: la obediencia, y la perdió por el pecado o sea la desobediencia (1 Juan 3: 4), se nos aconseja que la busquemos (Rom. 2:7). Nótese que quien tiene que buscar algo es porque lo ha perdido. En efecto, el hombre perdió la inmortalidad por causa del pecado.
El que la busca la hallará, pues Dios mismo por medio de Jesucristo "sacó a luz la vida y la inmortalidad por el Evangelio" (2 Tim. 1: 10). Por eso quien cree en Jesús no se perderá, mas tendrá vida eterna (Juan 3:16). ¿Cuándo recibiremos de nuevo la inmortalidad perdida? Será en ocasión de la venida del Señor, cuando lo mortal será revestido de inmortalidad y "se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte con victoria" (1 Cor. 15: 51-54). Es decir que hasta entonces la muerte fue victoriosa sobre sus víctimas. No las había liberado para que vayan a estar con Dios. Obsérvese que el pasaje citado (1 Cor. 15: 51-54), explica que los que serán revestidos de inmortalidad, estaban "durmiendo" el sueño de la muerte. El que duerme está en estado de inconsciencia, con la esperanza de despertar, pero mientras duerme no está actuando en otra parte (Sal. 104:29; 146:4; 115:
17;Ecl. 9:5,6,10;Eze. 18:4). Por lo tanto, los muertos descansan y no están actuando a través de un alma o espíritu.
Siendo tan clara la Escritura respecto a la inmortalidad, es evidente que no existe un alma inmortal después de la muerte. Y esta enseñanza bíblica queda corroborada como verdadera cuan­do nos hacemos las siguientes reflexiones:
Si el alma fuera el verdadero yo, y su naturaleza esrefractaria a la burda materia, ¿qué necesidad tiene del cuerpo?¿Por qué hizo Dios alma y cuerpo, si bastaba para la existenciafeliz del hombre poseer solamente el alma?
Si el alma necesita formar un todo con el cuerpo paraexperimentar la conciencia de la felicidad, entonces se supone quelos justos que ya están en el cielo no podrán gozar de una plenafelicidad, pues les falta el cuerpo.
Si, por otro lado, el cuerpo es innecesario para tal efecto,¿qué necesidad hay de la resurrección de los muertos? ¿Regresaráel alma a su antigua "cárcel", el cuerpo, para llevarlo al cielo o alinfierno?
Si el alma sola puede sufrir los tormentos del infierno,¿por qué debe resucitar el malo y retomar un cuerpo que el almano necesita? O a la inversa, si las culpas son del cuerpo, ¿para quélos sufrimientos del alma?
Estos evidentes contrasentidos demuestran que la teoría de la inmortalidad del alma no es verdadera. Y, por lo tanto, no es bíblica.
Significado de la palabra "alma" en la Biblia

Unos dicen que en el hombre existe un alma eterna y que sale de él al morir; otros dicen que no hay tal cosa; ¿podría decirme qué enseña la Biblia sobre esto?
La palabra "alma" es una de las traducciones de la palabra hebrea nefesh en el Antiguo Testamento, y de la griega psujé en el Nuevo.
En las 775 veces que aparece la palabra nefesh en el Antiguo Testamento, más de cien veces es traducida por "vida", otras por "aliento", "respiración", "persona", emociones o deseos. En el Nuevo Testamento de las cien veces que aparece psujé, sucede algo semejante, pues además de "alma" se la traduce por "vida", o "aliento", "seres vivientes", "persona o personas", o afectos o sentimientos. Como se ve, tanto nefesh como psujé tienen va­riadas acepciones además de "alma".
La primera vez que se usa nefesh en el Antiguo Testamento es en Génesis 2:7, en donde algunas versiones la traducen por "alma viviente" y otras por "ser viviente". En ese versículo se explica que la unión del cuerpo formado del polvo de la tierra con el aliento de vida que Dios le dio, formó un "alma" o un "ser" viviente. Por lo tanto comprendemos que no hay dos entidades en el ser o la persona, sino que la unión del espíritu de vida y el cuerpo físico, o polvo de la tierra, forman una sola: el ser viviente. Por eso en muchas ocasiones se traduce nefesh por "persona" (Gen. 14: 21; Núm. 5: 7; Deut. 10:22, etc.); más de cien veces por "vida" (Gen. 9:4, 5; 1 Sam. 19: 5; Job. 2: 4,6; Salmos 31: 13, etc.). En Números 31: 19 por "persona" (haya dado muerte a nefesh). En Jueces 16: 30 por "yo": muera yo (nefesh).
En el Nuevo Testamento sucede algo similar con la palabra griega psujé. Más de cuarenta veces se la traduce por "vida" (Mateo 6:25; 16:25, etc.). Se la usa para referirse a la vida del ser humano como la de los animales (Apoc. 16: 3). También se la traduce por "persona" o "personas" (Hech. 7:14; 27:37;Rom. 13: 1; 1 Ped. 3: 20, etc.). También como pronombre personal (Mat. 12:18), o las emociones (Mar. 14:34), la mente o el corazón (Efe. 6:6).
La idea de que el "alma" es una entidad que puede existir fuera del cuerpo, como un ser inteligente y capaz de continuar la existencia del ser humano, poseyendo una naturaleza inmortal, es algo totalmente ajeno al pensamiento de la Biblia. Esa idea se originó en el antiguo paganismo y luego se introdujo en el sistema filosófico griego y paulatinamente fue adoptada por el cristianis­mo (véase la pregunta 41).
Por otra parte, es importante tener presente que a pesar de que se usa la palabra "alma" muchas veces en la Biblia, nunca dice que sea inmortal. En cambio Jesús afirmó específicamente que será destruida en el infierno (Mateo 10: 28) y el profeta dijo que "el alma que pecare morirá" (Eze. 18:4). Algo que se destruye o muere no es inmortal.Significado, sin agregarle el que no es bíblico: el de un ente inteligente y espiritual que vive fuera del cuerpo.



Filipenses 1:20-25 y 2 Corintios 5:6-8,
¿no nos enseñan que el alma va a Dios cuando la persona muere?
La enseñanza popular de que el alma va al cielo cuando un creyente en Cristo muere, pareciera estar confirmada en estos textos, pero obsérvese que en ninguno de los dos el apóstol Pablo indica cuándo sucederá el encuentro con el Señor, pero sí lo dice en muchos otros lugares de sus escritos.
A los tesalonicenses les explica que cuando venga el Señor se producirá ese feliz encuentro, y que los que "duermen" (los muertos) y "los que vivimos... seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor" (1 Tes. 4: 13-18). A Timoteo le recuerda que el día de su muerte estaba cercano, pero que recibiría "la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida" (2 Tim. 4:7,8). Jesús mismo así lo indicó cuando dijo: "Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras" (Mat. 16: 27).
El pasaje de 2 Corintios 5:6-8 nos permite confirmar lo dicho. Obsérvese el contexto: en los versículos 1-4 hace referencia a la muerte y explica que deseamos "ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial" (vers. 2), "porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos para que lo mortal sea absorbido por la vida (vers. 4). ¿Cuándo seremos revestidos de inmortalidad? ¿En ocasión de la muerte? No, sino en ocasión de la segunda venida del Señor, como lo explica más adelante al decir: "a la final trompeta... los muertos serán resucitados incorruptibles, y noso­tros seremos transformados" (1 Cor. 15: 51-54). Y es tan irrenunciable y determinante la esperanza de la resurrección en el plan de salvación, que si no hay resurrección, Cristo no ha resucitado, seguimos en nuestros pecados, y "entonces también los que durmieron en Cristo perecieron" (vers. 14-18).
Si fuese cierto que el creyente al morir va al cielo y recibe su recompensa, ¿qué necesidad habría de resurrección? No podría decirse que los que durmieron en Cristo "perecieron", puesto que estarían ya con Cristo. Pero la verdad es que todos juntos nos reuniremos con el Señor, los que duermen y los que están vivos, en el mismo día, el de la venida gloriosa del Señor, cuando se producirá la resurrección de los muertos.
"El alma no pueden matar" Mateo 10:28.

Me han enseñado que el alma es inmortal, pero encuentro en Mateo 10: 28 que, aparentemente, Jesús se contradice, porque primero dice que el alma no se puede matar y luego afirma que se la puede destruir en el infierno.

¿Cómo se entiende esto?

La contradicción existe cuando se sostiene una enseñanza que no es bíblica: "la inmortalidad del alma". No hay tal entidad en el ser humano que sea inmortal por naturaleza. El hombre perdió su derecho a la vida eterna, o sea a la inmortalidad, por causa del pecado, cuya "paga" es la muerte (Romanos. 6:23). Desde que perdió la inmortalidad, tiene el privilegio de buscarla de nuevo (Romanos. 2: 7), y solamente le será devuelta por Jesucristo "el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio" (2 Timoteo. 1: 10).
Ante lo dicho, analicemos el texto. Descubrimos primeramen­te que la palabra "auna" que ha sido traducida de la palabra griega "psuche", es la misma que en otros lugares se la traduce por 'Vida" o "vidas" (Mat. 6:25; 16:25, etc.). Varias veces por "persona" o "personas" (Hech. 7: 14; 27: 37, etc.). Y aun otras veces por pronombres, o la mente, o el corazón, etc., pero nunca se refiere a una entidad separada del cuerpo que sobreviva a la persona al morir. (Véanse las preguntas 35 y 41.).
La palabra "infierno" fue traducida de la griega geenna, que en nuestro idioma se escribe "gehenna", y que es la transliteración de la palabra hebrea "ge'hinnon", o sea el "vallede Hirmom", que era un valle al suroeste de Jerusalén, donde se echaban la basura de la ciudad, los animales muertos y aun los cuerpos de maleantes ajusticiados, y donde el fuego se mantenía encendido a fin de evitar la contaminación del ambiente. Quizá por eso "gehenna" llegó a ser un símbolo del fuego final
Nótese ahora que desde el versículo 16 de Mateo 10, Jesús advierte a sus discípulos acerca de las severas persecuciones a las que iban a ser sometidos, que para muchos de ellos significarían el martirio. En efecto, todos los discípulos murieron por su fe, excepto Juan, al que Dios libró milagrosamente de una muerte violenta. En vista de ese futuro peligroso, para alentar a sus discípulos les recordó que no necesitaban temer a los que mataban el cuerpo, porque el "alma", o sea la vida, no puede ser destruida por el hombre. En cambio, convenía confiar definidamente en quien no solamente puede destruir el cuerpo, sino también el "alma"; o sea, "la vida" o la "persona", lo cual significaría la pérdida de la vida eterna prometida por el dador de la vida (Juan 1:4; 3:16). Este acontecimiento trágico sucederá el día cuando los que no creyeron serán echados "al fuego preparado para el diablo y sus ángeles" (MaL 25: 41). Ese será el "gehenna" o infierno donde serán destruidos para siempre los que rechazaron la inmor­talidad que les fue ofrecida por el Evangelio.
Todos los mártires que murieron por su fe, no fueron destrui­dos, pues recibirán de nuevo la vida en el día de la resurrección, cuando lo "mortal se vista de inmortalidad" (1 Cor. 15:51-55). Los que no se interesaron por la vida eterna, porque amaron más al pecado que a su Salvador, quedarán destruidos y no recibirán la vida, porque "el que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida" (Juan 3: 36). Serán destruidos por el fuego eterno, que será eterno en sus resultados. Lo que queme lo quemará o destruirá eternamente.

El ladrón arrepentido, ¿fue al paraíso después de morir en la cruz?
¿por qué Jesús le prometió al ladrón que estaría con él ese día en el paraíso,
según Lucas 23: 43?
El ladrón arrepentido le dijo a Jesús: "Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino". Entonces Jesús le dijo:
"De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso"
(Lucas. 23:42,43).
Jesús fue sepultado el viernes antes de la puesta del sol, pasó el sábado en la nimba y el primer día de la semana resucitó (Lúe. 23:54-56; 24:1); al encontrarse con María, el domingo temprano, Jesús le dijo: "No me toques, porque aún no he subido a mi Padre: mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre..." (Juan 20:17). Siendo que Jesús no había subido al paraíso hasta ese domingo de mañana, ¿sería que engañó al ladrón con una promesa que no cumplió?
Esta aparente contradicción la creó una equivocada tradición sustentada por algunos traductores bíblicos que creían que al morir el hombre se iba al paraíso. Y facilitó este error, el hecho de que en los antiguos originales griegos del Nuevo Testamento no se usaban signos de puntuación, ni se separaban las palabras entre sí. La coma que hace falta en la respuesta de Jesús, recién fue inventada por un impresor de Venecia en el año 1490.
Además, en Lucas 23: 43 no se encuentra en el original la palabra "que" incluida en varias versiones, diciendo: "De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso". ¿Es necesaria esa palabra?".
En primer lugar notemos que el pedido del ladrón fue: "Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino". Este ruego está en con­cordancia con la enseñanza de Jesús quien dijo que iba a preparar un lugar para sus hijos (no estaba preparado), y que iba a venir

"otra vez" para buscar a los suyos (Juan 14:1-3). Había enseñado que vendría "en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras" (Mat. 16: 27). Los apóstoles sostuvieron la misma enseñanza, indicando que la salvación y reunión con Dios sería en ocasión de la venida de Jesús. El apóstol Pablo explica que los vivos "no precederemos a los que durmieron...", sino que seremos "arrebatados juntamente con ellos", es decir con los que serán resucitados (1 Tes. 4:15-17).
Tan fundamental es la doctrina de la resurrección en el plan de salvación que se dice que si los muertos no resucitan.es vana nuestra fe, y los que durmieron en Cristo están perdidos (véase 1 Cor. 15:13-19).
Teniendo presente esta enseñanza de Jesús y sus apóstoles, comprendemos por qué el ladrón pidió a Jesús que se acuerde de 61 "cuando vengas en tu reino", o sea en su segunda venida, cuando los que duermen y los que estarán vivos, "juntamente" serán redimidos por el Señor siendo transformados de mortales en inmortales (1 Cor. 15:51-55). Por lo tanto, teniendo en cuenta esta doctrina sustentada por Cristo y la iglesia cristiana primitiva, en ninguna manera pudo Jesús haberle prometido al ladrón algo contrario a su propia enseñanza. Y tampoco pudo haberle dicho que ese viernes estaría con El en el paraíso, siendo que El no fue, como se lo explicó a María el domingo de mañana.
Por lo tanto, volviendo al texto, saquemos la palabra que, que no está en el original, y pongamos la coma donde corresponde, y todo quedará aclarado: "De cierto te digo hoy [este viernes], estarás conmigo en el paraíso". ¿Cuándo? Cuando venga en mi reino. En efecto el ladrón será uno de los que oirán la voz del Señor y despertará para vida eterna.
De ese modo queda todo explicado: Jesús no mintió al ladrón, ni le prometió algo que estaba en total desacuerdo con su enseñan­za. El día de la venida del Señor será el día cuando "el postrer enemigo" del hombre, la muerte, sea vencido (1 Cor. 15: 26).
Luz En Las Tinieblas

El mas distinguido de todos los que fueron llamados a guiar a la iglesia de las tinieblas del papado a la luz de una fe más pura, fue Martín Lulero. Celoso, ardiente y abnegado, sin mas temor que el temor de Dios y sin reconocer otro fundamento de la fe religiosa que el de las Santas Escrituras, fue Lulero el hombre de su época. Por su medio realizó Dios una gran obra para reformar a la iglesia e iluminar al mundo.
A la edad de dieciocho años ingresó en la universidad de Erfurt. Por su buena memoria, su rápida imaginación, sus sólidas facultades de razona­miento y su incansable consagración al estudio vino a quedar pronto al frente de sus condiscípulos. Un día, mientras examinaba unos libros en la biblioteca de la universidad, descubrió Lulero una Biblia latina. Jamás había visto aquel libro. Hasta ignoraba que existiese. Había oído porciones de los Evangelios y de las Epístolas que se leían en el culto público y suponía que eso era todo lo que contenía la Biblia. Ahora veía, por primera vez, la Palabra de Dios completa. Con reverencia mezclada con admiración hojeó las sagradas páginas; con pulso tembloroso y corazón perturbado leyó con atención las palabras de vida, deteniéndose a veces para exclamar: "¡Ah! ¡Si Dios quisiese darme para mí otro libro como éste!"
Un sincero deseo de librarse del pecado y de reconciliarse con Dios le indujo al fin a entrar en un claustro para dedicarse a la vida monástica. Allí se le obligó a desempeñar los trabajos más humillantes y a pedir limosnas de casa en casa. Aquellas viles ocupaciones le mortificaban y ofendían sus
Sentimientos naturales; pero todo lo soportaba con paciencia, creyendo que lo necesitaba por causa de sus pecados.
Se deleitaba en el estudio de la Palabra de Dios. Dedicaba al estudio todo el tiempo que le dejaban libre sus ocupaciones de cada día. Había en­contrado una Biblia encadenada en el muro del convento, y allá iba con frecuencia a escudriñarla. A medida que se iba convenciendo más y más de su condición de pecador, procuraba por medio de sus obras obtener perdón y paz. Procuraba dominar por medio de ayunos y vigilias y de castigos corporales sus inclinaciones naturales, de las cuales la vida monástica no le había librado. Dijo Lulero,
"Verdaderamente, yo fui un fraile piadoso y seguí con mayor severidad de la que puedo expresar las reglas de mi orden. Si algún fraile hubiera podido entrar en el cielo por sus obras monacales, no hay duda que yo hubiera tenido ese derecho. Si hubiera durado mucho tiempo aquella rigidez, me hubiera hecho morir a fuerza de austeridades."
A pesar de todos sus esfuerzos, su alma agobiada no hallaba alivio, y al fin fue casi arrastrado a la desesperación,

MIRANDO A CRISTO

Cuando Lulero creía que todo estaba perdido, Dios le envió un amigo que le ayudó. El piadoso Slaupitz le expuso la Palabra de Dios y le indujo a apartar la mirada de sí mismo, a dejar de contemplar un castigo venidero infinito por haber violado la ley de Dios, y mirar a Jesús, el Salvador que le perdonaba sus pecados. "En lugar de martirizarte por tus faltas, échate en los brazos del Redentor. Confía en El, en la justicia de Su vida, en la expiación de Su muerte.... Escucha al Hijo de Dios, que se hizo hombre para asegurarte el favor divino." "¡Ama a quien primero te amó!" -D'Aubigné, lib. 2, cap. 4. Sus palabras hicieron honda impresión en la mente de Lulero. Después de una gran lucha contra los errores que por tanto tiempo alber­gara, pudo aferrarse de la verdad y la paz reinó en su alma atormentada.
Lulero fue ordenado sacerdote y se le llamó del claustro a una catedral de la universidad de Willenberg. Allí se dedicó al estudio de las Sanitas Escrituras en las lenguas originales. Staupitz, su amigo y superior, le insistía a que ocupara el pulpito y predicase la Palabra de Dios. Lulero vacilaba, sintiéndose indigno de hablar al pueblo en lugar de Cristo. Sólo después de larga lucha consigo mismo comenzó a dar conferencias sobre la Biblia. El libro de los Salmos, los evangelios y las epístolas fueron abiertos al en­tendimiento de multitudes de oyentes que escuchaban aquellas enseñanzas con verdadero deleite

LA VISITA DE LUTERO A ROMA

Lútero seguía siendo hijo obediente de la iglesia papal y no pensaba cambiar. La providencia de Dios le llevó a hacer una visita a Roma. Emprendió el viaje a pie, hospedándose en los conventos que hallaba en su camino. En uno de ellos, en Italia, quedó maravillado de la riqueza, la magnificencia, y el lujo que se presentaron a su vista. Los monjes vivían en espléndidas mansiones, se ataviaban con los trajes más ricos y preciosos y se deleitaban en suntuosas mesas. Consideró Lulero todo aquello que tanto contrastaba con la vida de abnegación y de privaciones que él llevaba, y se quedó perplejo.Finalmente vislumbró en la distancia la ciudad de las siete colinas. Con profunda emoción, cayó de rodillas y exclamó: "¡Roma Santa, yo te saludo!" - Entró en la ciudad, visitó las iglesias, prestó oídos a las maravillosas narraciones de los sacerdotes y de los monjes y cumplió con todas las ceremonias de ordenanza. Por todas partes veía escenas que le llenaban de extrañeza y horror. Notó que había iniquidad entre todas las clases del clero. Oyó a los sacerdotes contar chistes indecentes y se escandalizó de la espantosa profanación de que hacían gala los prelados aun en el acto de decir misa. "Sin verlo," escribió él, "no se podría creer que en Roma se cometan pecados y acciones infames; deben ser vistos y oídos para ser creídos. Y por lo mismo acostumbran decir: 'Si hay un infierno, no puede estar en otra parte que debajo de Roma; y de este abismo salen todos los pecados
LA ESCALERA DE PILATO

Por decreto expedido poco antes prometía el papa indulgencia a todos aquellos que subiesen de rodillas la "escalera de Pílalo" que se decía ser la misma que había pisado nuestro Salvador al bajar del tribunal romano, y que, según aseguraban, había sido llevada de Jerusalén a Roma de un modo milagroso. Un día, mientras estaba Lulero subiendo devotamente aquellas escaleras, recordó de pronto estas palabras que como trueno repercutieron en su corazón: "El justo por la fe vivirá." Romanos 1:17. Se levantó rápidamente y huyó de aquel lugar sintiendo vergüenza y horror. Ese pasaje bíblico no dejó nunca de ejercer una poderosa influencia en su alma. Desde entonces vio con más claridad que nunca el engaño que significa para el hombre confiar en sus obras para su salvación y lo necesario que es tener fe constante en los méritos de Cristo. Sus ojos se habían abierto y ya no se cerrarían jamás para dar crédito a los engaños del papado. Al apartarse de Roma sus miradas, su corazón se apartó también, y desde entonces la separación se hizo más pronunciada, hasta que Lulero concluyó por cortar todas sus relaciones con la iglesia papal.

LA AUTORIDAD DE LAS ESCRITURAS

Después de su regreso de Roma, recibió Lulero en la universidad de Wittenberg el grado de doctor en teología. Había formulado el voto solemne de estudiar cuidadosamente y de predicar con toda fidelidad y por toda la vida la Palabra de Dios, y no los dichos ni las doctrinas de los papas. Ya no sería en lo sucesivo un simple monje, o profesor, sino el mensajero autorizado de la Biblia. Declaraba firmemente que los cristianos no debi­eran admitir más doctrinas que las que tuviesen apoyo en la autoridad de las Sagradas Escrituras. Estas palabras minaban los cimientos en que descansaba la supremacía papal. Contenían los principios vitales de la Reforma.
Se encendió en Wittenberg una luz cuyos rayos iban a esparcirse por todas partes del mundo y que aumentaría en esplendor hasta el fin de los tiempos. Pero la luz y las tinieblas no pueden conciliarse. Entre el error y la verdad se encuentra un conflicto inevitable. Sostener y defender uno de ellos es atacar y vencer al otro. El mismo Lulero dijo pocos años después de principiada la Reforma: "No me conducía Dios, sino que me impelía y me obligaba; yo no era dueño de mí mismo; quería permanecer tranquilo, y me veía lanzado en medio de tumultos y revoluciones
CONSTRUYENDO LA CATEDRAL DE SAN PEDRO

La Iglesia Romana hacía comercio con la gracia de Dios. Con el pretexto de reunir fondos para la construcción de la iglesia de San Pedro en Roma, se ofrecían en venta pública, con autorización del papa, indulgencias por el pecado. Con el precio de los crímenes se iba a construir un templo para el culto divino — la piedra angular se echaba sobre cimientos de iniquidad. Aquellos medios fueron lo que exasperó a Lulero y le hizo iniciar la lucha que estremeció el trono de los papas e hizo tambalear la Triple corona en la cabeza del pontífice.El encargado de la venta de indulgencias en Alemania — un monje llamado Tetzel—era reconocido como culpable de haber cometido las más horribles ofensas contra la sociedad y contra la ley de Dios; pero habiendo escapado del castigo que merecieran sus crímenes, recibió el encargo de propagar los planes mercantiles y nada escrupulosos del papa. Con enorme cinismo divulgaba las mentiras más desvergonzadas y contaba leyendas maravillosas para engañar al pueblo crédulo, ignorante y supersticioso. Si éste hubiese tenido la Biblia no se habría dejado engañar. Pero por cientos de años fue prohibida la circulación de la Biblia. No se permitía a la gente que la leyese ni que la tuviese en sus casas. Para poder sujetar al pueblo bajo el dominio del papado, y para aumentar el poderío y los tesoros de los ambiciosos jefes de la iglesia, se le había privado de la Escritura.
INDULGENCIAS / PECADO EN VENTA

Cuando entraba Tetzel en una ciudad, iba delante de él un mensajero gritando: "La gracia de Dios y la del padre santo están a las puertas de la ciudad.
El infame tráfico se establecía en la iglesia, y Tetzel ponderaba las indulgencias desde el pulpito como si hubiesen sido el más precioso don de Dios. Declaraba que en virtud de los certificados de perdón que ofrecía, se les perdonaba al que comprara las indulgencias aun aquellos pecados que desease cometer después, y que "ni aun el arrepentimiento era necesario.
También aseguraba a sus oyentes que las indulgencias tenían poder para salvar no sólo a los vivos sino también a los muertos, y que en el instante en que las monedas resonaran al caer en el fondo de su cofre, el alma por la cual se hacía el pago escaparía del purgatorio y se dirigiría al cielo
Ningún prelado se atrevía a levantar la voz para condenar el inicuo tráfico, pero los hombres empezaban a desconcertarse y a inquietarse, y muchos se preguntaban ansiosamente si Dios no obraría por medio de alguno de Sus siervos para purificar Su iglesia.Lutero estaba horrorizado por las blasfemas declaraciones de los ne­gociantes en indulgencias. Muchos de sus feligreses habían comprado certificados de perdón y no tardaron en acudir a su pastor para confesar sus pecados esperando de él la absolución, no porque fueran penitentes y desearan cambiar de vida, sino por el mérito de las indulgencias. Lutero les negó la absolución y les advirtió que como no se arrepintiesen y no reformasen su vida morirían en sus pecados. Llenos de dudas recurrieron a Tetzel para quejarse de que su confesor no aceptaba los certificados; y hubo algunos que con toda energía exigieron que les devolviese su dinero. El monje se llenó de ira. Lanzó las más terribles maldiciones, hizo encender hogueras en las plazas públicas, y declaró que "había recibido del papa la orden de quemar a los herejes que osaran levantarse contra sus santísimas indulgencias.
La voz de Lutero se oyó desde el pulpito en solemne exhortación. Expuso al pueblo el carácter ofensivo del pecado y les enseñó que es imposible para el hombre reducir su culpabilidad o evitar el castigo por sus propias obras. Sólo el arrepentimiento ante Dios y la fe en Cristo podían salvar al pecador. La gracia de Cristo no podía comprarse; era un don gratuito. Aconsejaba a sus oyentes que no comprasen indulgencias, sino que tuviesen fe en el Redentor crucificado- Les contaba su dolorosa experiencia personal, diciéndoles que en vano había intentado por medio de la humillación y de las mortificaciones del cuerpo asegurar su salvación, y afirmaba que desde que había dejado de mirarse a sí mismo y haber confiado en Cristo, había alcanzado paz y gozo para su corazón.

¡NOVENTA Y CINCO VECES NO!
Lutero resolvió hacer una protesta más fuerte contra semejantes abusos. La iglesia del castillo de Wittenberg era dueña de muchas reliquias que se exhibían al pueblo en ciertos días festivos, en ocasión de los cuales se concedía plena remisión de pecados a los que visitasen la iglesia e hiciesen confesión de sus culpas. Una de estas oportunidades, y de las más importantes por cierto, se acercaba: la fiesta de "todos los santos." La víspera, Lutero, uniéndose a las muchedumbres que iban a la iglesia, fijó en las puertas del templo un papel que contenía noventa y cinco proposiciones contra la doctrina de las indulgencias. También declaró que estaba listo para defender aquellas tesis al día siguiente en la universidad, contra cualquiera que quisiera rebatirlas.Estas proposiciones atrajeron la atención general. Fueron leídas y vueltas a leer y se repetían por todas partes. Fue muy intensa la excitación que produjeron en la universidad y en toda la ciudad. Demostraban que jamás
se había otorgado al papa ni a hombre alguno el poder de perdonar los pecados y de remitir el castigo consiguiente. Todo ello no era sino una artimaña un artificio para ganar dinero valiéndose de las supersticiones
Del pueblo probaba además con toda evidencia que el evangelio de Cristo es el tesoro más valioso de la iglesia, y que !a gracia de Dios revelada en el se gratuitamente a los que la buscan por medio del arrepentim­iento y de la fe.
Las proposiciones hechas por él se esparcieron luego por toda Alema­nia y en pocas semanas se extendieron por todos los dominios de la cristiandad. Muchos devotos romanistas, que habían visto y lamentado las terribles iniquidades que prevalecían en la iglesia, leyeron las proposiciones de Lulero con profundo regocijo. Les pareció que el Señor extendía Su mano misericordiosa para detener el rápido avance de la ola de corrupción que procedía de la sede de Roma. Los príncipes y los magistrados se alegraron secretamente de que iba a ponerse un dique al orgulloso poder que negaba todo derecho a apelar de sus decisiones.
A pesar de ser movido Lulero por el Espíritu de Dios para comenzar la obra, no había de llevarla a cabo sin duros conflictos. Las censuras de sus enemigos, la manera en que falsificaban los propósitos de Lulero y la mala fe con que juzgaban contraria e injustamente el carácter y los motivos del Reformador, le envolvieron como ola que todo lo sumerge; y no dejaron deTener su efecto. El Reformador tuvo que hacer frente a crueles acusadores, algunos de los cuales le culpaban de ser violento y ligero para apreciar las cosas. Otros le acusaban de presuntuoso, y declaraban que no era guiado por Dios, sino que obraba a impulso del orgullo y de la insolencia. "¿Quién no sabe," respondía él, "que rara vez se proclama una idea nueva sin ser tildado de orgulloso, y sin ser acusado de buscar disputas? ¿Por qué fueron inmolados Jesucristo y todos los mártires? Porque parecieron despreciar
orgullosamente la sabiduría de su tiempo y
por que anunciaron novedades, sin haber consultado previa y humildemente a los órganos de la opinión contraria.
Muchos dignatarios de la iglesia y del estado estaban plenamente convencidos de la verdad de las tesis; pero pronto vieron que la aceptación de estas verdades entrañaba grandes cambios. Dar luz al pueblo y realizar una reforma equivalía a minar la autoridad de Roma y detener en el acto miles de corrientes que ahora iban a parara las arcas del tesoro, lo que daría por resultado hacer disminuir la magnificencia y la ostentación de los eclesiásticos. Además, enseñar al pueblo a pensar y a obrar como seres responsables, mirando sólo a Cristo para obtener la salvación, equivalía a derribar el trono pontificio y destruir por tanto su propia autoridad. Por estos motivos rehúsa ron aceptar el conocimiento que Dios había pues toa su alcance y se declararon contra Cristo y la verdad, al oponerse a quien él había enviado para que les iluminase.Lutero temblaba cuando se veía a sí mismo solo frente a los más opulentos y poderosos de la tierra. Dudaba a veces, preguntándose si en verdad Dios le impulsaba a levantarse contra la autoridad de la iglesia. "¿Quién era yo," escribió más tarde, "para oponerme a la majestad del papa, a cuya presencia temblaban... los reyes de la tierra?... Nadie puede saber lo que sufrió mi corazón en los dos primeros años, y en qué abatim­iento, en qué desesperación caí muchas veces
LA BIBLIA Y SOLAMENTE LA BIBLIA

Mientras que los enemigos recurrían a las costumbres y a la tradición, o 3 los testimonios y a la autoridad del papa, Lutero los atacaba con la Biblia y sólo con la Biblia. En ella había argumentos que ellos no podían rebatir; y por esta razón, los esclavos del formalismo y de la superstición pedían a gritos la sangre de Lutero, como los judíos habían pedido la sangre de Cristo. "Es un hereje," decían los fanáticos romanistas. "¡Es un crimen de alta traición contra la iglesia dejar vivir una hora más tan horrible hereje: que preparen al punto un cadalso para él
Lutero fue citado a Roma para que contestara el cargo de herejía que pesaba sobre él. Este mándate llenó de espanto a sus amigos. Comprendían muy bien el peligro que correría en aquella ciudad corrompida y emborra­chada con la sangre de los mártires de Jesús. De modo que protestaron contra su viaje a Roma y pidieron que fuese examinado en Alemania.Así se convino al fin y se eligió al delegado papal que debería entender el asunto. En las instrucciones que a éste dio el pontífice, se hacía constar que Lutero había sido declarado ya hereje. Se encargaba, pues, al legado que Ir procesara y obligara "sin tardanza." En caso de que se mantuviera firme, y el legado no lograra apoderarse de su persona, tenía poder para "prescribirle de lodos los puntos de Alemania, así como para desterrar, maldecir y excomulgar a todos sus adherentes.
Además, para arrancar de raíz la pestilente herejía, el papa dio órdenes a su legado de que excomulgara a todos los que fueran negligentes en cuanto a prender a Lulero y a sus correligionarios para entregarlos a la venganza de Roma, cualquiera que fuera su categoría en la iglesia o en el estado, exceptuando al emperador.
Esto nos enseña el verdadero espíritu del papado. No hay en todo el documento un vestigio de principio cristiano ni de la justicia más elemental. Antes que su caso fuese investigado, se le declaró resumidamente hereje, y en el mismo día fue exhortado, acusado, juzgado y sentenciado; ¡y todo esto por el que se llamaba padre santo, única autoridad suprema e infalible de la iglesia y del estado!
Augsburgo era el punto señalado para la verificación del juicio, y allá se dirigió a pie el Reformador. Sus amigos sintieron despertarse en sus ánimos serios temores por él. Se habían pronunciado amenazas sin ocultar de que le secuestrarían y le matarían en el camino, y sus amigos le rogaban que no se arriesgara. Hasta llegaron a aconsejarle que saliera de Wittenberg por una temporada y que se refugiara entre los muchos que gustosamente le protegerían. Pero él no quería dejar por nada el lugar donde Oíos le había puesto.
Las noticias de la llegada de Lulero a Augsburgo dieron gran satisfac­ción al legado del papa. El molesto hereje que había despertado la atención del mundo entero parecía hallarse ya en poder de Roma, y el legado estaba resuelto a no dejarle escapar. El Reformador no se había cuidado de obtener un salvoconducto. Sus amigos le rogaron a que no se presentase sin él y ellos mismos se prestaron a conseguirlo del emperador. El legado quería obligar a Lulero a retractarse, o si no lo lograba, a hacer que lo llevaran a Roma para someterle a la suerte que habían corrido Hus y Jerónimo. Así que, por medio de sus agentes se esforzó en inducir a Lulero a que compareciese sin salvoconducto, confiando sólo en el arbitrio del legado. El Reformador se negó a ello resueltamente. No fue sino después de recibido el documento que le garantizaba la protección del emperador, cuando se presentó ante el embajador papal.

LUTERO EN JUICIO

Los romanistas pensaron que convenía conquistar a Lulero por una apariencia de bondad. El legado, en sus entrevistas con él, fingió gran amistad, pero le exigía que se sometiera implícitamente a la autoridad de la Iglesia y que cediera a todo sin reserva alguna y sin alegar. En realidad no había sabido valorar el carácter del hombre con quien tenía que habérselas. Lulero, en debida respuesta, manifestó su veneración por la iglesia, su deseo de conocer la verdad, su disposición para contestar las objeciones que se hicieran a lo que él había enseñado, y que sometería sus doctrinas a la decisión de algunas de las principales universidades. Pero, a la vez, protestaba contra la actitud del cardenal que le exigía que se retractara sin probarle primero que se hallaba en error.
La única respuesta que se le daba era: "¡Retráctate! ¡Retráctate!" El Reformador adujo que su actitud era apoyada por las Santas Escrituras, y declaró con firmeza que él no podía renunciar a la verdad. El legado, no pudiendo refutar los argumentos de Lutero, le abrumó con una aglomera­ción de reproches, burlas y palabras de adulación, entremezcladas concitas de las tradiciones y dichos de los padres de la iglesia, sin dejar al Reformador oportunidad para hablar. Viendo Lutero que, de seguir así, la conferencia resultaría inútil, obtuvo al fin que se le diera, aunque de mala gana, permiso para presentar su respuesta por escrito.
En la subsiguiente entrevista, Lutero présenlo una clara, concisa y rotunda exposición de sus opiniones, bien apoyada con muchas citas bíblicas. Este escrito, después de haberlo leído en alta voz, lo puso en manos del cardenal, quien lo arrojó desdeñosamente a un lado, declarando que era una mezcla de palabras tontas y de citas absurdas. Lutero se levantó con toda dignidad y atacó al orgulloso prelado en su mismo terreno el de las tradiciones y enseñanzas de la iglesia refutando completamente todas sus aseveraciones.

"YO TE EXCOMULGARE"

Cuando vio el prelado que aquellos razonamientos de Lutero eran indisputables, perdió el dominio sobre sí mismo y en un arrebato de ira exclamó: "¡Retráctale! que si no lo haces, te envío a Roma, para que comparezcas ante los jueces encargados de examinar tu caso. Te excomulgo a ti, a todos tus secuaces, y a todos los que te son o fueren favorables, y los expulso de la iglesia." Y en tono arrogante y airado dijo al fin: "Retráctate o no vuelvas
El Reformador se retiró luego junto con sus amigos, demostrando así a las claras que no debía esperarse una retractación de su parte. Pero esto no era lo que el cardenal se había propuesto. Se había halagado así mismo de que por la violencia obligaría a Lutero a someterse. Al quedarse solo con sus partidarios, miró de uno a otro desconsolado por el inesperado fracaso de sus planes.
Esta ves los esfuerzos de Lulero no quedaron sin buenos resultados. El vasto concurso reunido allí pudo comparar a ambos hombres y juzgar por si mismo el espíritu que habían manifestado, así como la fuerza y veracidad de su aspecto cuán grande era el contraste El Reformador se apoyaba en la fuerza de Dios teniendo de su parte a la verdad; mientras que el representante del papa, dándose importancia, intolerante, hinchado de orgullo, falto de juicio, no tenía un solo argumento de las Santas Escrituras, y sólo gritaba con impaciencia: "Si no te retractas, serás despachado a Roma para que te castiguen."
Aunque Lulero tenía un salvoconducto, los romanistas intentaban apresarle. Sus amigos insistieron en que, como ya era inútil su presencia allí, debía volver a Wittenberg sin demora y que era necesario ocultar sus propósitos con el mayor secreto. Conforme con esto salió de Augsburgo antes del alba, a caballo, y acompañado solamente por un guía que le proporcionara el magistrado. Llegó a una pequeña puerta en el muro de la ciudad; le fue abierta y pasó con su guía sin impedimento alguno. Antes que el legado se enterara de la partida de Lulero, ya se hallaba éste fuera del alcance de sus perseguidores.
AI saber que Lulero se había ido, el legado quedó abatido por la sorpresa y el furor. Había pensado recibir muchos honores por su sabiduría y aplomo al tratar con el perturbador de la iglesia. Expresó su enojo en una carta que dirigió a Federico, elector de Sajonia, para quejarse amargamente de Lutero, y exigir que Federico enviase a Roma al Reformador o que le desterrase de Sajonia.
Lutero había pedido en su defensa, que el legado o el papa le demos­trara sus errores por las Santas Escrituras, y se había comprometido sol­emnemente a renunciar a sus doctrinas si le probaban que estaban en contradicción con la Palabra de Dios. Más tarde él dijo:
"Ya que su serenísima majestad y sus altezas exigen de mí una respuesta sencilla, dará y precisa, voy a darla, y es ésta: Yo no puedo someter mi fe ni al papa ni a los concilios, porque es tan claro como la luz del día que ellos han caído muchas veces en el error así como en muchas contradicciones consigo mismos. Por lo cual, si no se me convence con testimonios bíblicos, o con razones evidentes, y si no se me persuade con los mismos textos que yo lie citado, y si no sujetan mi conciencia a la Palabra de Dios, yo no puedo ni quiero retractar nada, por no ser digno de un cristiano hablar contra su conciencia. Heme aquí; no me es dable hacerlo de otro modo. ¡Que Dios me ayude! ¡Amén!"
El elector tenía escasos conocimientos de las doctrinas reformadas, pero le impresionaban profundamente la fuerza, el candor y la claridad de las palabras de Lutero; y Federico resolvió protegerle mientras no le demos­trasen que el Reformador estaba en error. Contestando las peticiones del prelado, dijo: '"En vista de que el doctor Martín Lutero compareció a vuestra presencia en Augsburgo, debéis estar satisfecho. No esperábamos que, sin haberlo convencido, pretendieseis obligarlo a retractarse. Ninguno de los sabios que se hallan en nuestros principados, nos ha dicho que la doctrina de Martín fuese impía, anticristiana y herética.' Y el príncipe rehusó enviara Lutero a Roma y arrojarle de sus estados
¿EL MISMO ANTICRISTO?

Lulero no estaba aún convertido del todo de los errores del romanismo. Pero cuando comparaba los Sagrados Oráculos con los decretos y las constituciones papales, se maravillaba.
"Leo," escribió, "los decretos de los pontífices, y no sé si el papa es el mismo Anticristo o su apóstol, de tai manera está Cristo desfigurado y crucificado en ellos."
En un llamamiento que dirigió Lutero al emperador y a la nobleza de Alemania a favor de la reforma del cristianismo, decía refiriéndose al papa:
"Es una cosa horrible contemplar al que se titula vicario de Jesucristo ostentando una magnificencia superior a la de los emperadores. ¿Es esto parecerse al pobre Jesús o al humilde Pedro? ¡El es, dicen, el señor del mundo! Mas Cristo, del cual se jacta ser el vicario, dijo; 'Mi reino no es de este mundo.' El reino de un vicario ¿se extendería más allá que el de su Señor?"
Este llamamiento circuló con rapidez por toda Alemania e influyó poderosamente en el ánimo del pueblo. Los enemigos de Lutero que se consumían en deseos de venganza, exigían que el papa tomara medidas decisivas contra él. Se decretó que sus doctrinas fueran condenadas inmediatamente. Se concedió un plazo de sesenta días al Reformador y a sus correligionarios, al cabo de los cuales, si no se retractaban, serían todos excomulgados.
Fue un tiempo de crisis terrible para la Reforma. Durante siglos la sentencia de excomunión pronunciada por Roma había sumido en el terror a los monarcas más poderosos, y había llenado los más soberbios imperios con desgracias y angustias. Aquellos sobre quienes caía la condenaciónEran mirados con espanto y horror; quedaban incomunicados de sus semejantes y se les trataba como a bandidos a quienes se debía perseguir hasta exterminarlos. Lulero no ignoraba la tormenta que estaba a punto de desencadenarse sobre él. Escribió: "¿Qué va a suceder? No lo sé, ni me Interesa saberlo.... Sea donde sea que estalle el rayo, permanezco sin temor; ni una hoja del árbol cae sin el beneplácito de nuestro Padre celestial; ¡cuánto monos nosotros! Es poca cosa morir por el Verbo, pues que este Verbo se hizo carne y murió por nosotros; con El resucitaremos, si con El morimos; y pasando por donde pasó, llegaremos adonde llegó, y moraremos con El durante la eternidad
Cuando supo de la bula papal, dijo:
"La desprecio y la ataco como impía y mentirosa El mismo Cristo es quien está condenado en ella, Me regocijo de tener que sobrellevar algunos males por la mas justa de las causas. Me siento ya más libre en mi corazón; pues sé finalmente que el papa es el Anticristo, y que su trono es el del mismo Satanás."
En presencia de gran número de estudiantes, doctores y personas de todas las clases de la sociedad, Lulero quemó la bula del papa con las leyes canónicas, las decretales y otros escritos que sostenían el poder papal. "Al quemar mis libros," dijo él, "mis enemigos han podido causar descrédito a la verdad en el ánimo de la plebe y destruir sus almas; por esto yo también he destruido sus libros. Ha principiado una lucha reñida; hasta aquí no he hecho sino chancear con el papa; principié esta obra en nombre de Dios, y ella se acabará sin mí y por Su poder.
UNA SEPARACIÓN FINAL

No fue sino después de haber sostenido una terrible lucha en su propio corazón, cuando finalmente decidió Lutero separarse de la iglesia. En aquella época de su vida, escribió lo siguiente: "Cada día comprendo mejor lo difícil que es para uno desprenderse de los escrúpulos que le fueron imbuidos en la niñez. ¡Oh! ¡cuánto no me ha costado, a pesar de que me sostiene la Santa Escritura, convencerme de que es mi obligación encararme yo solo con el papa y presentarlo como el Anticristo! ¡Cuántas no han sido las tribulaciones de mi corazón! ¡Cuántas veces no me he hecho a mí mismo con amargura la misma pregunta que he oído frecuentemente de labios de los papistas! '¿Tú solo eres sabio? ¿Todos los demás están equivocados? ¿Qué sucederá si al fin de todo eres tú el que estás en error y envuelves en el engaño a tantas almas que serán condenadas por toda la eternidad?' Así luché yo contra mí mismo y contra Satanás, hasta que Cristo, por Su Palabra Infalible, fortaleció mi corazón contra estas dudas.
El papa había amenazado a Lutero con la excomunión si no se re­tractaba, y la amenaza se cumplió. Se expidió una nueva bula para publicar la separación definitiva de Lulero de la Iglesia Romana. Lo declaraban maldito por el cielo, y se incluía en la misma condenación a todos los que recibiesen sus doctrinas. La gran lucha comenzaba de lleno.

UNA LECCIÓN DEL PASADO
La oposición es la suerte que les toca a todos aquellos a quienes emplea Dios para que prediquen verdades aplicables especialmente a su época. Había una verdad presente o de actualidad en los días de Lutero - una verdad que en esos días revestía especial importancia; y así hay ahora una verdad de actualidad para la iglesia en nuestros días. Pero hoy en día la mayoría no tiene más deseo de la verdad que los papistas enemigos de Lutero. Existe hoy la misma disposición que antaño para aceptar las teorías y tradiciones de los hombres antes que las palabras de Dios. En nuestros días el espíritu del mundo no está más en armonía con el espíritu de Cristo que en tiempos pasados; y los que predican la Palabra de Dios en toda su pureza no encontrarán mejor acogida ahora que entonces. Las formas de oposición a la verdad pueden cambiar, la enemistad puede ser menos aparente en sus ataques porque es más sutil; pero existe la misma oposición que seguirá manifestándose hasta el fin de los siglos.

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